Partido de los Trabajadores Socialistas

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6 de diciembre de 2019

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Contra la dictadura de los servicios médicos y el régimen de ART

23 Sep 2010   |   comentarios

22/9: Movilización de los trabajadores de Kraft y Pepsico al Ministerio de Trabajo

Como en Kraft: luchemos en defensa de la vida y la salud de los trabajadores


Tres trabajadores mueren por día en nuestro país por “accidentes” de trabajo, más de 1.000 por año. Pero esta vez la denuncia contra este flagelo se hizo sentir en las calles debido al fallecimiento de Marcela Ortega, trabajadora administrativa de Kraft.

Cuando la combativa comisión interna de Kraft dice que el “servicio médico” contratado por la empresa tiene por único fin garantizar que los trabajadores vuelvan a sus puestos de trabajo, no importando su salud, están levantando la voz por gran parte de la clase obrera. Como en otras fábricas, como en otros establecimientos, en Kraft tampoco se aceptan los certificados médicos particulares o los emitidos por hospitales públicos y sólo reconocen a “sus” médicos, que nunca quieren aceptar las enfermedades. A esto hay que sumar que las ART se niegan normalmente a reconocer las enfermedades laborales.

Esto lo pueden hacer gracias a los cambios en la Ley de Contrato de Trabajo ordenados por el mismísimo Jorge Rafael Videla (ver recuadro). En 8 años los Kirchner nada hicieron para que esto cambie.

La impunidad de la que gozan los empresarios con respecto a las muertes obreras y los “accidentes” en los lugares de trabajo cuenta también con el silencio cómplice de la CGT. Héctor Recalde presentó un proyecto en Diputados para que se reinstale el artículo derogado por la dictadura, pero como ya es toda una costumbre con sus propuestas, nunca se hizo efectivo. ¿Qué medidas tomó la CGT para imponerlo? ¿Qué plan de lucha encaró Hugo Moyano por este flagelo? Ninguno.

Tampoco hemos visto medidas de fuerza por parte de la CTA de Yasky-Micheli.

Accidentes ‘a tasas chinas’

Cada vez que hay una muerte por desidia patronal o por un “accidente” de trabajo, para los empresarios la culpa es del trabajador. Siempre actúan como si nada tuvieran que ver con el aumento de los ritmos de producción, el trabajo en negro, la subcontratación que implica jornadas laborales de 10 o 12 horas, la falta de medios de seguridad y protección. Es el colmo del cinismo empresarial y de sus voceros en los medios de comunicación (¿o alguien escuchó alguna vez a Clarín decir algo sobre las muertes obreras en los lugares de trabajo? ¿Algún informe de archivo de 6-7-8?).

El crecimiento a “tasas chinas” se descarga sin piedad sobre los obreros de la construcción que arriesgan su vida en las torres y los trabajadores del neumático que ven extenderse las hernias como plaga, sobre los choferes que quedan en las rutas, o los siderúrgicos expuestos a las explosiones, desde Acindar hasta Zapla. Por más que Cristina Fernández presente a su “modelo” como “nacional y popular”, los trabajadores pagan con la muerte o la discapacidad mientras los patrones que se llenan los bolsillos aprovechando de las condiciones laborales heredadas desde los 90.

Porque entre los trabajadores precarizados la siniestralidad es peor todavía. Como pasó en la fábrica Aerosoles Argentinos en 2006 cuando el lugar voló en mil pedazos y provocó la muerte de siete trabajadores. En ese entonces la empresa pagaba 5 pesos la hora, exigía entre 12 y 16 horas laborables diarias, reinaba el trabajo en negro y se negaba el descanso del fin de semana. Las condiciones de seguridad e higiene eran una farsa y además trabajaban menores de edad.

Tomar nuevamente la bandera de Kraft

La combativa comisión interna de Kraft, otra vez, levanta un programa para todos los trabajadores. Reclaman una comisión de trabajadores con plenos poderes para esclarecer las responsabilidades por la muerte de la compañera. Y exigen el reconocimiento pleno de los certificados particulares, que se prohíba al departamento médico enviar nuevamente a trabajar a quienes presenten malestares, la reforma completa del actual servicio médico, estableciendo la participación de los trabajadores en la selección del personal. Además plantean que todos los delegados de sector se hagan cargo de denunciar toda falta o anomalía, y así formar una Comisión de Salud de los Trabajadores para controlar el funcionamiento del departamento médico y garantizar el cuidado de su salud.

Las direcciones de la CGT y la CTA, en vez de ser cómplices, deberían iniciar una lucha nacional en defensa de la salud de los trabajadores, levantado un programa como el que plantean los obreros de Kraft. Para controlar a los servicios médicos patronales por parte de los trabajadores en todos los lugares de trabajo, organizando comités obreros que puedan controlar la higiene y seguridad en el lugar de trabajo, con poder de veto para impedir los trabajos inseguros y para parar la producción ante cualquier irregularidad que ponga en riesgo a los trabajadores. Y dar una pelea para controlar también los ritmos de producción que provocan los accidentes, por reducir la jornada de trabajo para que nadie trabaje más de 40 horas semanales y se puedan crear puestos para los desocupados, y terminar con el trabajo en negro y precario. Y para anular el régimen noventista de las ART, que deja la salud de los trabajadores en manos de los propios capitalistas.

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