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Estado Español

EL MAYO ESPAÑOL

Confluir con los trabajadores en la perspectiva de la Huelga General

Tras la derrota de la represión a la acampada de Barcelona el viernes 27/5, el movimiento de los “indignados” ha logrado ampliar el apoyo social.

Santiago Lupe

2 de junio 2011

Confluir con los trabajadores en la perspectiva de la Huelga General

Tras la derrota de la represión a la acampada de Barcelona el viernes 27/5, el movimiento de los “indignados” ha logrado ampliar el apoyo social. Las discusiones de cómo seguir y cómo extenderse atraviesan las plazas y se están empezando a reproducir asambleas en barrios y municipios periféricos. Sin poder aventurar los ritmos y las formas que adoptará, los últimos días están sacando a la luz las primeras grietas por las que se puede terminar derrumbando el Régimen de la Monarquía de Juan Carlos I. Publicamos a continuación algunos de los artículos de la edición especial del periódico ContraCorriente de nuestros compañeros de Clase contra Clase del Estado Español. La edición completa está disponible en www.clasecontraclase.org y www.ft-ci.org


por Santiago Lupe, desde el Estado Español

La derrota del intento de desalojo realizado por los Mossos (policía antidisturbios) en Barcelona el pasado viernes 27 constituye un importante triunfo para el movimiento. Ese día el operativo fue rebasado por la resistencia de los miles que rodearon la plaza y los cientos que estaban retenidos ilegalmente en su interior. Al final fueron ellos quienes tuvieron que salir huyendo en desbandada. Al día siguiente miles de personas defendimos la plaza organizando cordones de seguridad en todas sus entradas para evitar que las cargas policiales contra los aficionados del Bar˜ça terminaran en un nuevo intento de desalojo.

Estas dos pequeñas victorias han servido para fortalecer la acampada de Barcelona y del resto del Estado. En todas las ciudades se realizaron multitudinarias concentraciones y manifestaciones contra la represión y por la dimisión de Puig (ministro de interior). El movimiento que arrancó el 15M ha ganado moral y nuevas energías -tras el “jarro de agua fría” que supuso la victoria del PP para muchos- que se expresan en la extensión territorial y en el mantenimiento de asambleas bastante masivas, así como cientos de activistas que participan de las comisiones y acciones. Además el apoyo social hacia los “indignados” ha crecido junto al rechazo de la brutal represión.

Esta “buena salud” nos ubica en una situación en la que es imprescindible abrir la discusión de qué pasos tenemos que seguir dando, qué estrategia adoptamos para conseguir extendernos más allá de las plazas, confluir con todos los sectores en lucha y lograr imponer nuestras reivindicaciones, llegando al conjunto de los sectores explotados y oprimidos del Estado. Igualmente se amerita una reflexión sobre los métodos de debate y organización de los que se está dotando el movimiento y si éstos son los mejores para poder desarrollarse políticamente y de manera efectivamente democrática y asamblearia.

La necesidad de un debate democrático entre los luchadores

Apoyándose en el sentimiento de rechazo a los partidos del Régimen y la burocracia sindical, existen sectores autonomistas y anarquistas que fomentan que éste se transforme en un rechazo a toda organización de trabajadores y grupo político. Así justifican la negación del derecho a que las diferentes tendencias, plataformas y/o partidos, en las que muchos luchadores nos organizamos, puedan expresar sus diferentes estrategias para someterlas a la discusión del conjunto de los luchadores y que éstos hagan mediante su sana discusión y sobre todo por su acción una experiencia y elección con las mismas. Esto también afecta a muchos independientes que tampoco pueden agruparse con aquellos que comparten una determinada orientación para tratar de defenderla y luchar por ella. Se trata pues de un método que supone un lastre para que el conjunto del movimiento pueda avanzar.

Igualmente ocurre con la cuestión del “consenso”. Si bien es necesario que las diferencias puedan discutirse al máximo con el fin de poder llegar a buenas síntesis, éstas no son siempre posibles. En ese caso el método de consenso en sus diferentes variantes (desde la prohibición del voto -como en Zaragoza-, hasta que un pequeño grupo que pide “posponer la discusión” pueda tirar para atrás la voluntad de la inmensa mayoría -como en Barcelona-) termina transformándose en un mecanismo de veto, ajeno a cualquier principio de una verdadera democracia. Esto demuestra que el argumento de que el consenso evita que las minorías sean oprimidas por las mayorías es completamente falso, pues sólo el voto garantiza que la minoría pueda ver claramente reflejado el apoyo y el peso de sus posiciones aunque nos se aprueben.

Frente a este “modelo” de asambleas, que muchos lo ven como el único, e incluso hacen cursos y manuales de su “asamblearismo”, desde Clase contra Clase proponemos una verdadera democracia de los que luchan, es decir asambleas basadas en los métodos de la democracia obrera. Somos partidarios de que todas las decisiones sean sometidas a la discusión abierta y franca de la asamblea, y que en caso de imposibilidad de síntesis que las diferencias sean votadas. Si bien las decisiones de la mayoría debemos asumirlas el conjunto de los luchadores, las minorías deben seguir teniendo el derecho a poder expresar su parecer dentro y fuera de la asamblea, a elaborar sus propuestas y a seguir discutiendo y tratando de convencer a la mayoría de la justeza de sus posiciones.

Resolver estos déficits es un nudo estratégico si queremos ser un ejemplo de democracia directa no solo en el nombre sino en los hechos.

Por la confluencia con los trabajadores en la perspectiva de la huelga general

Dentro de las diferentes estrategias que están contenidas en el movimiento los compañeros de Clase contra Clase levantamos la de apostar por confluir con la clase trabajadora siguiendo el ejemplo del Mayo Francés del ‘68. Para conseguirlo es necesario que la juventud de las acampadas nos dirijamos a los trabajadores y otros sectores oprimidos -como los inmigrantes-, comenzando por aquellos que se encuentran en lucha y los tratemos de sumar a esta rebelión juvenil. Las experiencias pequeñas pero alentadoras de Zaragoza, Barcelona y Terrasa que reflejamos en estas páginas son buenos ejemplos de lo que para nosotros tendríamos que generalizar, multiplicar y profundizar en el conjunto de las acampadas del Estado español. El movimiento 15M tiene la oportunidad de demostrar una vía alternativa combativa y democrática a la dinámica de paz social impuesta por Toxo y Méndez en el movimiento obrero.

Una extensión de este tipo permitirá estructurar el movimiento en los institutos, las universidades, los barrios y sobre todo los lugares de trabajo, levantando comités de base y asambleas para ampliar y consolidar el movimiento, que se coordinen entre sí, logrando un poderoso frente único de todos los explotados y los oprimidos.
Dentro de esta perspectiva, es fundamental que los trabajadores intervengan con sus propios métodos para darle la “puntilla” al Gobierno, al Régimen y a la burguesía. En este sentido la izquierda sindical y los sectores combativos y de base de los sindicatos más numerosos que lamentablemente hasta ahora han jugado un rol muy escaso deben también sumarse a esta lucha, combatiendo junto con la extrema izquierda los prejuicios anti-sindicales y anti-política existentes en parte de esta vanguardia juvenil que dificultan que la lucha pueda dar un salto. Su presencia activa en las acampadas podría hacer cambiar la actitud hacia los sindicatos de muchos jóvenes que se sienten abandonados con justa razón por éstos y por el contrario ganarlos como aliados para echar a la burocracia traidora del sillón que ocupa en los mismos. Se trata entonces de encontrar las vías para superar la política de paz social de los dirigentes sindicales vendidos imponiéndoles un plan de lucha, en la perspectiva de la huelga general política para derrotar los planes de ajuste y a los gobiernos capitalistas que los aplican.

En esta dirección las jornadas de manifestaciones previstas para las próximas semanas -como la del 15 de junio en Barcelona frente al Parlament contra la aprobación de los recortes o la jornada de movilizaciones en todo el mundo del 19- debemos difundirlas entres los trabajadores e intentar que todos los conflictos obreros existentes puedan manifestarse aprovechando las protestas como punto de confluencia y coordinación de todas las luchas para avanzar en el camino de una huelga general indefinida que ponga en jaque al Régimen y el sistema capitalista.

Por una Asamblea Constituyente Revolucionaria, por una República de los trabajadores

En perspectiva, lo que está planteado es imponer a través de la lucha un proceso constituyente de todo el Estado español. Pero no queremos reeditar una nueva “Transición”. De manos de la burguesía, sus representantes y las direcciones vendidas del movimiento obrero no podremos acabar con la Monarquía borbónica, con la negación de los derechos nacionales de los pueblos del Estado español, con la segregación de los inmigrantes como “ciudadanos de segunda, liquidar la opresión económica, política y militar que el imperialismo español realiza sobre decenas de pueblos hermanos del mundo... Debemos luchar por una Asamblea Constituyente Revolucionaria, conformada por representantes elegidos mediante el sufragio universal por cada cierto número de habitantes y donde discutamos cómo resolvemos todas las cuestiones democráticas y donde también discutamos qué alternativa revolucionaria damos a las consecuencias de la crisis que recaen sobre los trabajadores y la juventud, como el alto nivel de paro, la creciente precariedad laboral, el problema de la vivienda con miles de familias que sufren desahucios quedando endeudados con los bancos de por vida, los recortes en la sanidad y en la educación... En este proceso de lucha revolucionaria, los trabajadores, la juventud combativa y los sectores populares oprimidos, como muestra la experiencia histórica, iremos construyendo nuestras propias organizaciones democráticas para la lucha (como fueron los Soviets en la Revolución Rusa o -a pesar de sus límites- los Comités Revolucionarios en la Guerra Civil) que se constituirán en la base de la organización de un nuevo estado, una República de los trabajadores en la que las diferentes nacionalidades puedan ejercer soberanamente el derecho de autodeterminación.

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