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Con la soga al cuello de los Préstamos Garantizados

Si algo demuestra la crisis económica internacional, es que los bancos y el resto de las instituciones financieras tuvieron un rol activo en los acontecimientos que la desataron. También quedaron en evidencia los organismos financieros internacionales como el FMI o el Banco Mundial, que no sólo avalaron los mecanismos que utilizaron dichas entidades, sino que fueron incapaces de prevenir los acontecimientos.

Armando Mouzo

19 de febrero 2009

Si algo demuestra la crisis económica internacional, es que los bancos y el resto de las instituciones financieras tuvieron un rol activo en los acontecimientos que la desataron. También quedaron en evidencia los organismos financieros internacionales como el FMI o el Banco Mundial, que no sólo avalaron los mecanismos que utilizaron dichas entidades, sino que fueron incapaces de prevenir los acontecimientos. Como frutilla del postre salen a la luz la estafa lisa y llana de financistas de renombre mundial como Robert Madoff y ahora Robert Stanford. Una vez más se demuestra certera la frase de Bertold Brech: “peor que robar un banco es fundarlo”. Hay que señalar que dichos bancos e instituciones son los que, en connivencia con los gobiernos locales y capitalistas nativos, instauraron la deuda externa como un mecanismo de expoliación y dominación de países semicoloniales como el nuestro. Esta deuda fraudulenta no sólo es reconocida por los Kirchner, sino que actualmente el gobierno lleva adelante determinados mecanismos financieros que permiten su incremento, y en un mismo pase de manos la legitimación de los índices truchos del “INDEK”, con la venia del FMI.

Los Préstamos Garantizados

Lejos del desendeudamiento del que se pavoneó Kirchner, el peso de la deuda se incrementó durante su gestión, a pesar de ser el más pagador de la historia. También es claro que pretenden cancelar la deuda con el Club de París, que están ensayando alternativas para arreglar con los fondos buitres que no entraron al canje de deuda y que buscan alternativas para volver al redil del FMI, aunque sin tantos condicionamientos de este organismo. Actualmente se está llevando a cabo el canje de los Préstamos Garantizados por bonos de deuda a cinco años, con una tasa de interés difícil de resistir.

Los Préstamos Garantizados son papeles de deuda emitidos por Cavallo en el 2001, mediante los cuales los bancos y aseguradoras entregaron viejos títulos Global emitidos en los ’90 (entre otros). Estos papeles no entraron en el default, pero sí fueron pesificados y tienen un interés que se rige por la evolución de la inflación. Otra de sus características es que no se pueden vender en el mercado. Además estos títulos comienzan a vencer en el corriente año.

Con el objetivo de patear para adelante la deuda, el gobierno emite nuevos bonos de deuda que vencen en el 2014. Estos bonos pagan un interés del 15,4% en el primer año y a partir de allí se rigen por la tasa BADLAR. Esta tasa se paga para depósitos de más de un millón de pesos, y actualmente ronda el 15% pero llegó al 20%, a lo que se suma un 2,75%. Estos bonos se pueden vender libremente en el mercado. La oferta fue tan buena que tuvo una acogida del 99% en el país, y ahora se abre el canje para los tenedores de dichos Préstamos Garantizados en el exterior.

El beneficio para los que canjearon los bonos reside en la tasa de interés. Tomemos en cuenta que la inflación, calculada por el INDEK, fue del 7,2%, con el canje los tenedores de esos títulos se llevan el doble.
De esta manera se entiende que el FMI, se apreste a avalar los índices truchos, que se aplicarían a nivel local, por ejemplo para discutir los aumentos de salarios, mientras para los banqueros locales y extranjeros se les reconoce un interés muy superior. Hay que afirmar también que hay otros bonos atados al crecimiento del PBI, en este caso el gobierno al afirmar que hay un crecimiento superior al real, les paga pingües dividendos a los especuladores internacionales.

De esta forma, el gobierno nos ata cada vez más de pies y manos a los banqueros y especuladores locales e internacionales, justo en momentos de la crisis económica y financiera más grande desde 1929. Para parar esta sangría no hay que pagar un solo peso más de la fraudulenta deuda externa.

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