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EL VERSO DEL "NUNCA MENOS"

“Como nunca”, los empresarios genocidas ganan con los K

Comienza a hablarse tibiamente de “colaboradores civiles”, pero hasta utilizar esta figura oculta el grado real de compromiso de estos empresarios con el Golpe, del que no fueron ni cómplices ni colaboradores, sino instigadores y mentores.

Verónica Zaldívar

17 de marzo 2011

“Como nunca”, los empresarios genocidas ganan con los K

Se acerca un nuevo aniversario del golpe del ’76, y un sector del kirchnerismo incorporó a su discurso de los derechos humanos ciertos aspectos que hasta ahora no había abordado. Es cierto que ya el año pasado Estela de Carlotto había mencionado a varias empresas golpistas en la Plaza; y que hubo informes televisivos sobre los trabajadores desaparecidos de algunas fábricas. Pero este año, a meses de lanzada la nueva “política de seguridad” de Garré, se organizan actividades que se concentran en mostrar específicamente la relación entre algunas empresas y el secuestro de sus operarios. Esto es difundido desde los oficialistas Página/12 y Tiempo Argentino, seguramente ante la necesidad de satisfacer a su auditorio de centroizquierda, difícil de complacer a puro patrullero nuevo y gendarme apostado en el conurbano.

Luis Alén encabeza la Unidad de Investigación de Delitos de Lesa Humanidad con motivación económica, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Su trabajo es investigar los casos puntuales donde se sospecha que hubo algún interés económico por parte de los represores, abarcando desde la apropiación de empresas (como fue el caso de Papel Prensa) hasta el secuestro de comisiones internas completas en importantes fábricas.

La cuestión que sigue ocultando este abordaje de la investigación es que la dictadura no fue una suma de hechos aislados, cada cual con una motivación particular, que puede ir desde la económica hasta la ideológica. Se trató de una respuesta de la burguesía (que abarcó tanto a multinacionales como a locales como Techint o Acindar, junto con empresarios rurales e instituciones como la Iglesia) ante la emergencia de un proceso revolucionario que se venía gestando desde el Cordobazo, y que tenía como protagonista a la clase obrera organizada. El regreso de Perón, última esperanza de los capitalistas para contener este proceso, no logró ese objetivo, aunque sí lo desvió. Muerto el General, gobierna su viuda, quien ante la crisis económica que se desata intenta implementar el plan de su ministro Celestino Rodrigo, un gran golpe sobre las conquistas de la clase trabajadora. Ésta contesta con la primera huelga general contra un gobierno peronista, momento en el cual deja de servir como contención y en el que la burguesía decide acudir a la salida golpista para cambiar de cuajo la estructura económica, social y política del país, aplicando finalmente a sangre y fuego medidas económicas similares a las de Rodrigo, de la mano del nuevo ministro Martínez de Hoz. Para esto llevó adelante un plan de exterminio del sector de la sociedad que era un impedimento para hacerlo, la clase trabajadora, que venía de años de experiencia en organizarse, con derrotas y victorias parciales en su haber.

Todos para uno, uno para todos

El Golpe comenzó a gestarse antes del ’76. En 1975 se formó la APEGE (1), que comienza a organizar reuniones llamando a poner fin a la “anarquía” en la que se estaba viviendo, y advirtiendo sobre el creciente grado de “subversión” entre los trabajadores. Esta entidad tuvo un rol central en los preparativos del poderoso lock-out patronal de febrero del ’76, que fue la antesala del golpe del 24 de marzo. Muchas de las empresas que parieron el Golpe genocida siguen existiendo en la actualidad, agrupadas en diferentes entidades como la UIA (que ya existía mucho antes del ’76) y la AEA. Algunas tienen los mismos propietarios de entonces, como los Rocca de Techint, los Blaquier de Ledesma y los Curi de Mafissa. Otras cambiaron de manos, pero lo que es seguro es que las que todavía existen (aunque sea bajo otros nombres), en general se vieron altamente beneficiadas por la política económica implementada por la dictadura, que fue luego continuada en lo esencial por los posteriores gobiernos democráticos. Por poner un ejemplo, la industria automotriz en su conjunto experimentó un crecimiento enorme con ganancias extraordinarias en los 8 años de gobierno kirchnerista, dato que la misma presidenta se encarga de resaltar en sus discursos. Estas empresas son las mismas que en los años de plomo les dieron listas de obreros para secuestrar a los milicos como hizo Fiat, o tuvieron campos de detención en sus predios; son las que militarizaron sus plantas como la Ford, o llamaron al ejército para que liquidara una huelga asesinando trabajadores, como hizo la Renault, o hicieron secuestrar a toda una comisión interna como la Mercedes Benz.

Cabe preguntarse si más allá de las charlas-debate organizadas en la ex ESMA, se tomaron medidas concretas contra los propietarios y directivos de la época de esas empresas genocidas… pregunta que será respondida negativamente. Comienza a hablarse tibiamente de “colaboradores civiles”, pero hasta utilizar esta figura oculta el grado real de compromiso de estos empresarios con el Golpe, del que no fueron ni cómplices ni colaboradores, sino instigadores y mentores. Como denunciamos siempre desde La Verdad Obrera, este gobierno no tiene la intención de llevar hasta el final una verdadera “política de derechos humanos”, ya que implicaría ir en contra de la propia clase social a la cual representa. Hay que exigir meter presos ya mismo a todos los genocidas uniformados y civiles que gozan de la más absoluta impunidad, así como la apertura inmediata de todos los archivos de la dictadura (como los de la DIPBA)(2) para que se conozcan los nombres de todos los participantes del genocidio, de todos los apropiadores de bebés, para que se enjuicie y castigue a todos estos criminales que ya llevan 35 años de impunidad.

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