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Claves N° 7

¿Cómo impactará la crisis en Argentina?

El severo golpe que está asestando la crisis mundial a la economía brasilera significa nuevos problemas para la economía argentina.

16 de octubre 2008

El severo golpe que está asestando la crisis mundial a la economía brasilera significa nuevos problemas para la economía argentina. Brasil no es un pilar del superávit comercial del que viene gozando el país. Llamativamente, a pesar de la fuerte devaluación del peso desde 2002, el comercio bilateral, que fue ligeramente superavitario para Argentina hasta 2003, incluso a pesar de que Brasil había devaluado su moneda en 1998 mejorando su competitividad, de ahí en adelante viene arrastrando déficits crecientes. Se han cumplido 64 meses continuados de déficit del lado argentino. Para este año, se calcula que el déficit comercial con Brasil puede alcanzar los 4.500 millones de dólares. Esto expresa, entre otras cosas, la brecha de productividad que separa ambas economías incluso a pesar de que la ecuación de costos sigue siendo favorable a la Argentina.

Si embargo, que no sea el pilar del superávit, no implica que no tenga un peso importante para la economía argentina. El comercio entre ambos países tiene mucho peso para el crecimiento industrial argentino y también para otros sectores. La industria automotriz, que es la que viene a la cabeza en el aumento de la producción en los últimos tres años, es la que puede sufrir los principales impactos. El 70% de las exportaciones del sector automotriz tienen como destino a Brasil. También en los hidrocarburos, la industria química, las molineras y la industria plástica el golpe puede ser importante. De la misma forma, en la exportación de cereales, donde vienen cayendo en picada los precios internacionales, Argentina coloca un 20% de su producción en Brasil. Por todo esto, la crisis en el país vecino puede significar un parate en sectores clave que explican el crecimiento extraordinario de los últimos años.

Sin embargo, lo que los empresarios miran con más preocupación, y por lo que empiezan a reclamarle al gobierno kirchnerista, es por los impactos de la devaluación de la moneda brasileña. Agitan el fantasma de que puede haber una avalancha de importaciones desde Brasil, que impacten sobre la producción nacional. Por eso han sugerido que debe haber “mayor control de las importaciones”, presionando al gobierno para que negocie con Brasil algunas pautas para administrar el comercio entre ambos países. Pero también buscan transformar esta nueva situación en un caballito de batalla en la puja distributiva. En el marco de una inflación que no cede, no tienen forma de imponer una fuerte devaluación del peso como les gustaría (el segundo de la UIA, De Mendiguren pedía hace unos meses un dólar a 4 pesos). Por eso, dicen, “es necesario mantener la competitividad”. En criollo, el nuevo panorama va a ser una nueva excusa para mantener cerradas las paritarias, y en lo posible no otorgar ni siquiera aumentos no remunerativos. El gobierno, haciéndose eco, rechazó los pedidos del líder de la CGT, Hugo Moyano, para otorgar este tipo de aumentos. Además de esto, ya se han anunciado suspensiones y hay amenazas de despidos en las principales fábricas automotrices, como General Motors, Mercedes Benz y Peugeot.

Hay un último aspecto, difícil de medir, que puede impactar sobre la economía argentina, que es el peso que la inversión de las transnacionales brasileñas ha adquirido para la economía local. Mientras que grandes grupos locales, como Bemberg, Fortabat, o Acevedo se retiraban de sus negocios industriales para concentrarse en la explotación sojera o fugar capitales, las inversiones brasileñas han crecido exponencialmente al calor del último ciclo de crecimiento. Desde el acero hasta el biodiesel, pasando por el cemento y la soja, nombres como Petrobrás, Camargo Correa, Gerdau, son de los muchos que aparecen en todas las ramas de fuerte crecimiento de los últimos años. Esta inversión, cuyo peso en la inversión total en el país no puede desdeñarse, ha dependido de la política de crédito barato que pudo impulsar Brasil gracias al financiamiento internacional. El cambio de panorama en el país vecino, va a impactar entonces también por el lado de la entrada de capitales.

El crecimiento de los últimos años, ha vuelto a Argentina mucho más Brasil-dependiente. Mientras que el gobierno de Cristina Fernández esperaba resistir el panorama complicado a nivel internacional recostándose en el crecimiento económico y la disponibilidad de reservas –y haciendo concesiones al capital financiero-, estas posibilidades se muestran hoy mucho más dudosas.

Tanto el gobierno de Cristina Fernández como el de Lula intentarán descargar la crisis sobre la espalda de los trabajadores a ambos lados de la frontera como ya lo demuestran los anuncios de despidos y suspensiones.

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