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CHRISTIAN CASTILLO: "La democracia burguesa no es un horizonte insuperable"

19 de septiembre 2008

“(...) Partamos de lo más general, no hay un sentido de la historia, es evidente que depende del sentido que le demos voluntariamente y que logremos hacer que ésta tenga. Es decir, el socialismo o el comunismo, la posibilidad de la emancipación humana, es una construcción conciente y voluntaria a partir de ciertas condiciones materiales de existencia. Lejos de todo fatalismo creo que Benjamin tenía razón cuando escribía en las Tesis sobre el concepto de la historia, durante la “noche negra” del nazismo, que no hubo otra cosa que hubiera corrompido más a la clase trabajadora alemana que la idea de que ella nadaba con la corriente, cuestión sostenida por el estalinismo y la socialdemocracia. Hoy es evidente que esta visión de un evolucionismo lineal, propia de una concepción vulgar del marxismo era falsa.

Venimos de 30 años de una “restauración conservadora”. El neoliberalismo no implicó sólo pérdida de conquistas materiales de la clase trabajadora, sino que, luego del desafío que el ascenso de los ‘70 le planteó al orden político dominante, al no triunfar y ser barrido contrarrevolucionariamente, el capital descargó toda su saña sobre los sectores populares y produjo un hecho que acompañó esto: una restauración conservadora desde el punto de vista ideológico. Es decir, la adaptación a que no hay otro horizonte posible más que reformas dentro del sistema. Esto puso un límite desde el cual la intelectualidad, que fue de izquierda en su momento, se adaptó para pensar. Me da la impresión que, polémicamente, es necesaria mayor “imprudencia”, que debería tener la intelectualidad crítica.

La “intelectualidad social-liberal”, hegemónica hasta hace poco en las Ciencias Sociales, impuso una visión de por qué se dio la derrota de los ‘70 y pretendió leer el proceso revolucionario que se abre con el “Cordobazo” y los “Rozariazos” como un producto de una voluntad subjetiva, un cierto modelo de la política que produjo una violencia “pasada de rosca” que llevó a la represión. Los antagonismos de clase explotan en la lucha directa entre los explotados y las clases dominantes así como también entre los Estados. No se puede explicar que el nazismo fue el producto de la locura de Hitler o que la guerra de Malvinas fue porque Galtieri estaba borracho. Los antagonismos son producto de contradicciones económicas, sociales y políticas, que se expresan luego en formaciones políticas y estrategias que intentan resolverlos.

Hubo una lectura enormemente “subjetivizante” de la historia proyectada al futuro. Esto lo expresó Alfonsín con su frase “con la democracia, se come, se cura y se educa”. En las Ciencias Sociales eso vino acompañado por el retiro del debate político; el nuevo “modelo del intelectual” que no intervenía en la vida política u ocultaba su proyecto detrás de la “neutralidad” académica. Hubo una “despolitización”, en parte encubierta desde una ubicación de “especialista” (desde allí muchos apoyaron al Frepaso y a la Alianza).

La crisis agraria planteó barajar y dar de nuevo y hay una repolitización de la intervención de la intelectualidad y resurge la idea del “intelectual general”, del “intelectual crítico”, el “intelectual militante”. Hay un debate mayor de ideas, programas, perspectivas que obligan a tomar alineamientos, posicionamientos, análisis.

En este marco, en Carta Abierta hay dos afluentes, uno el que llamo “reincidente” que se “autoengaña” nuevamente. En los ‘70 creyeron que Perón venía a hacer el “socialismo nacional” mientras vino a frenar el proceso de los 70´, alentó la Triple A, etc. Y ahora, el autoengaño con Kirchner quien sería algo distinto de lo que realmente es. El otro afluente no viene de esa tradición y ve que lo anterior era terrible y opina que ahora hay algo por perder. Pero se separan las palabras de los hechos: lo que Kirchner dice de sí y de su gobierno se toma por lo que es. Perón hacía discursos incendiarios, en su táctica de enfrentamiento con Lanusse, alentaba a la guerrilla y a la JP; alababa a Castro. Seducía para contener al ala izquierda.

Kirchner, en ese sentido, es peronista, tiene una estrategia similar: para contener un ala izquierda tiene gestos y algunas acciones mientras lleva adelante una política que beneficia fundamentalmente a fracciones de la clase capitalista. Benefició, en cinco años de crecimiento, al sector capitalista más ligado a la industria y a la denominada “nueva burguesía K” -empresarios enriquecidos alrededor de la obra pública y negocios vinculados al Estado favorecidos por las “argentinizaciones” y devenidos accionistas de empresas reprivatizadas. La clase capitalista gana de conjunto, aunque estos dos sectores más fuertemente. El capital industrial se apoyó en la devaluación que barrió el nivel salarial brutalmente, hubo un 33% de transferencia de ingresos de los trabajadores hacia la clase dominante. Bajo el kirchnerismo el salario apenas llega a los niveles del 2001.

Los beneficiados por su política propician que esto no cambie. El kirchnerismo es la consolidación de una clase trabajadora con un 44% de trabajadores precarios, un nivel de pobreza enorme, relaciones laborales brutales con el único elemento de que ahora sí hay trabajo, pero malo. Su acuerdo con la burocracia de Moyano y la CGT no es para ir sobre las patronales sino para contener y atacar a las direcciones sindicales díscolas con tendencias al clasismo (como vimos en Casino, Fate o Mafissa).

En estos 5 años de crecimiento a tasas chinas a los desocupados no se les aumentó ni un centavo. Según Eduardo Basualdo, la participación de los trabajadores baja del 33 al 28% en el reparto de la torta general. Durante la pelea con el “campo” se mantuvo la videlista ley del peón rural porque el gobierno no está en contra de este esquema agroganadero de la Argentina sino que recurre a las retenciones por la crisis internacional que se avecina y que plantea un problema de caja más complejo (...). Lamentablemente, hubo una parte de la izquierda que siguió a la Rural en un hecho inédito que nos pareció desastroso, desde el ‘55 no pasaba algo así.

Planteamos: no hay que hacerse ilusiones en que el gobierno va a redistribuir la riqueza. “Imprudentemente” creemos que hay que expropiar a los capitalistas. Apostamos a la fuerza social de los trabajadores que cuando el momento lo plantee, ataque el interés de la clase dominante y resuelva los problemas de las masas populares. Hay que plantear la idea de expropiación a los terratenientes para que la riqueza de la producción agrícola-ganadera esté en manos de las mayorías populares y vaya a hospitales, salud, vivienda, reformar el sistema ferroviario, la jubilación del 82% móvil y alimentación barata y de calidad para todo el pueblo. No estamos condenados a la actual situación. Se puede nacionalizar el petróleo, la minería o inclusive la banca, cuestiones que la propia crisis capitalista mundial pone a la orden del día. Hoy, temas que antes sólo se planteaban desde la izquierda, se discuten masivamente porque hay politización y entonces se puede plantear una salida más profunda.

Por último, si hay un golpe de Estado, nosotros nos movilizaremos contra él y plantearemos luchar en común con todos los que enfrenten ese golpe; ese es hoy el caso de Bolivia donde hay que movilizarse para aplastar a la derecha y a la reacción. Ahora, en nuestro análisis, no había un golpe de Estado en curso. Una cosa es que no pensemos que la democracia burguesa es el horizonte insuperable que hay, porque apostamos a una forma de democracia superior de las masas explotadas y otra cuestión es no valorar las libertades democráticas y cada vez que se las ataque hay que enfrentar esto sin apoyar políticamente al gobierno que sea”.

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