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Informaciones Obreras

Así nos organizamos en Coca Cola (Parte 1)

7 de septiembre 2006

Durante mas de 15 años en la Coca Cola de Pompeya, los trabajadores no tuvimos ningún tipo de representación sindical y sobre esta base, la patronal avanzó en el quite de decenas de conquistas.
Fueron años donde los trabajadores éramos sometidos a todo tipo de atropellos y los despidos eran moneda corriente. Existía una dura dictadura patronal que impuso un gran terror sobre el conjunto de la planta.
Cuando por el año 1994 se hizo cargo la empresa FEMSA, las cosas cambiaron para peor ya que la metodología de trabajo que impusieron tendió a la baja de salarios, a incrementar los ritmos de producción, a discriminar a los trabajadores por sus pensamientos, a que los trabajadores afiliados tengan que renunciar de forma compulsiva a su afiliación gremial, etc.
Una tarde nos viene a plantear gente de la empresa que teníamos que renunciar al sindicato, y los que se negaron, al poco tiempo fueron despedidos como parte de una reestructuración empresarial. 
Frente a esto, el Sutiaga (Sindicato Unido de Trabajadores de la Industria de Aguas Gaseosas y Afines) no defendió a ningún compañero afiliado y en muchos casos le decían a los trabajadores que renuncien, que cambiaron los tiempos y que así se maneja FEMSA. Los dirigentes del Sutiaga Capital estuvieron por más diez años avalando y acatando las ordenes de FEMSA.
Sin embargo y sobre las condiciones de total ilegalidad en la que se manejaba la empresa, algunos trabajadores a paso de hormiga y con mucha paciencia nos comenzamos a organizar. Había que cuidarse mucho, y que no nos vieran, por eso cuando obligados por las circunstancias lo hacíamos era lejos de los ojos de la patronal. Esta forma que tuvimos para organizarnos algunos laburantes existió por años, ya que por entonces decir lo que uno pensaba, tanto sobre los problemas laborales como los sindicales, era sinónimo de despido asegurado.
En los 90 no se podía hacer mucho. Pero algo se hizo. Por ejemplo, una vez alguien tiró la idea de empezar a reducir los ritmos y entorpecer la producción y en cuestión de minutos algunas líneas empezaron a tener problemas y no alcanzaban los promedios requeridos por la empresa.
Pero a los pocos que se animaban a cuestionar a la empresa, los despedían y eso hacía que por miedo y por la falta de laburo que había en los 90 se termine siempre “aceptando”.

Cambia, todo cambia
Pero después del 2001 la cosa empiezó a cambiar. Distintos comentarios circulaban por la planta que apuntaban a que el problema era que no había una organización gremial que frenase los atropellos y eso llevaba al individualismo, al sálvese quien pueda.
La falta de organización y la dictadura que venía imponiendo FEMSA, llevó a que un sector de trabajadores comience a engendrar la idea de que esto o lo cambiamos nosotros o no lo cambia nadie.
Así fue como comenzaron a realizarse reuniones con gente del Sutiaga en bares de la avenida Sáenz. Uno de estos compañeros fue despedido en Mayo de 2005, al poco tiempo de haber participado en una reunión con gente del sindicato.
A éste compañero se lo conoce en toda la planta como quien inició el cambio que todos estaban esperando. Es conocido por todos como el “Negro Lubumba”. Él fue quien de alguna manera rompió el hielo como dicen muchos compañeros. Es que fue el primer trabajador que se animó a desafiar a FEMSA y lo hizo de tal forma que dejó dentro de la planta una gran conclusión “Coca Cola es fuerte, pero no por eso invencible”.
Los trabajadores decían que “Lubumba era una espina en la pata del elefante”. No se equivocaron.
El negro Lubumba combinó la pelea por su reincorporación con todas las demandas que sus compañeros no se animaban a plantear y se transformó de hecho en la voz de los que no tenían voz. Tuvo el asesoramiento de abogados del CeProDH, logró que 40 diputados firmaran en su apoyo y denunciando a la empresa imperialista, e incluso consiguió un gran apoyo de adentro de la planta. Su caso tuvo repercusión en los medios, como también la tuvo en estas semanas la del compañero Omar Rombolá que tuvo que ser reinstalado en su puesto.
Aunque no logró su reincorporación, uno de los mayores logros de Lubumba fue haber denunciado públicamente todas las irregularidades que cometía la empresa. En especial el tipo de contrato que existía con los trabajadores contratados.
Como nos cuenta un viejo compañero: una noche estábamos todos laburando y de repente se ve que se prenden las luces de la oficina de recursos humanos, cagamos dijimos, seguro que hoy hay raje. Comenzaron a llamarnos a los contratados y de a uno nos fueron efectivizando. Todos dijimos se vino el ‘efecto Lubumba’, la patronal tuvo que efectivizar a los 142 contratados. Esa noche - y la siguiente - la fábrica sonrió por primera vez en al menos 10 años.
Otra idea comenzó a recorrer la fábrica. Los trabajadores decían: “Si esto lo pudo lograr la lucha de un sólo trabajador, qué pasaría si nos juntamos, nos unimos y peleamos todos por mejorar nuestras condiciones”. El trabajo paciente, de años de un puñado de pioneros empezaba a dar frutos.
Así empezó la organización de los trabajadores de Coca Cola FEMSA.
En el próximo número continuaremos informando sobre la continuidad de esta importante experiencia obrera hasta el día de hoy.


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