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MENDOZA: OTRA POSTAL DE LA SITUACION OBRERA (Nota exclusiva en internet)

Algarrobal, ladrillos y niños.

El programa Investigación 7 de Mendoza, realizó una importante denuncia sobre las condiciones de esclavitud en los hornos de ladrillos de El Algarrobal, donde “un puñado de 20 propietarios son los que explotan estas extensas tierras o las alquilan para esta actividad” en la que miles de jornaleros bolivianos con sus familias “reciben entre 60 y 70 pesos a cambio de los mil ladrillos cortados que deben completar en el día”.

Alejandro Cámac

9 de diciembre 2010

Algarrobal, ladrillos y niños.

El programa Investigación 7 de Mendoza, realizó una importante denuncia sobre las condiciones de esclavitud en los hornos de ladrillos de El Algarrobal, donde “un puñado de 20 propietarios son los que explotan estas extensas tierras o las alquilan para esta actividad” en la que miles de jornaleros bolivianos con sus familias “reciben entre 60 y 70 pesos a cambio de los mil ladrillos cortados que deben completar en el día”.

La vida en los hornos es extrema. Pies descalzos, cubierta de barro y temperaturas inclementes. ¿Quiénes van a trabajar a un lugar tan hostil? Sólo los dispuestos a vivir en cuartos sin mas suelo que la tierra y sin mas baños que el que uno logre cavar. Allí transcurren labores completamente manuales; donde la única herramienta asimilable al siglo XX es el tractor que mezcla el barro con el aserrín y la carbonilla, moviendo en círculos la rueda del pisadero; el resto son moldes, carretillas y ordenar en una tirada perfecta los ladrillos que debe secar el sol. ¿Quiénes están dispuestos a ofrecer su fuerza a este trabajo? Sólo aquellos dispuestos a tener sus hijos bajo las costras del mismo barro, aprendiendo el oficio que no levantará más muros que los que cerraran su paso a la propiedad enajenada. Luego el horno, cuatro paredes de hasta 3 metros de alto, con seis bocas pequeñas debajo, cocinará por días los bloques baqueteados a enormes temperaturas, ardiendo toneladas de leña que espera en los camiones un precio a negociar.

Postal del “subdesarrollo” o paisaje neoliberal?

¿Una economía marginal que ha quedado congelada en el tiempo? ¿Una tarea pendiente para el “modelo” del gobierno “nacional y popular”? Nada más falso, las 30mil manos de obra esclava, arrojadas en este paraje que antes sólo miraba pasar viajeros desde y hacia San Juan, crecieron con el neoliberalismo de las últimas décadas y, no sólo no se revirtió, durante el gobierno de los Kirchner, sino que se agudizó, alcanzando su pico en el 2007. El mercado del ladrillo está atado al boom inmobiliario que, aún manteniendo una magra productividad del trabajo, multiplica su capacidad productiva reclutando a miles de jornaleros, rápidamente “descartables” ante eventuales caídas de las ventas. Una autentica postal semicolonial bajo la dirección del capital financiero, esclavitud laboral… perdón, “mano de obra intensiva”, en nichos de extraordinario crecimiento.

¿Y qué nicho más sometido a la gran especulación capitalista se desarrolló hasta entonces sino fue el inmobiliario? “Los negocios inmobiliarios en su conjunto y en todas sus manifestaciones reflejan más del 14% del PBI argentino (que supera los 300.000 millones de dólares) en los últimos años. (…) la construcción ha llegado (en 2009) a representar el 3% del PBI argentino y ha crecido mucho, porque en 2003 era un 0,2 por ciento.
La relación entre el boom inmobiliario y la producción ladrillera es tan estrecha que en el 2008-09, con el primer estornudo de la crisis internacional golpeando la Argentina, los horneros pagaban la leña con ladrillos que no tenían ya donde vender, la desocupación se disparó. Situación que se revirtió con la intervención estatal subsidiando a la “patria contratista” y la inversión de pequeños capitales en viviendas y edificios frente a la volatilidad de los mercados financieros, por lo que en los últimos dos años la actividad ladrillera a retomado un vigoroso desarrollo.

Frente a ello el gobierno municipal de Las Heras a cargo del presidente del PJ provincial, aliado incondicional del kirchnerismo, sostiene vigentes dos ordenanzas para “regular” la presencia de los hornos en el departamento, que bajo ninguna forma impiden la vulneración de la legislación vigente por parte de los patrones esclavistas. Los medios de comunicación han recalcado que la Subsecretría (provincial) y el Ministerio (nacional) de trabajo “son los grandes ausentes” en este territorio. Difícilmente se pueda explicar como en una actividad que emplea entre 10mil y 15mil obreros puedan estar “ausentes” estos organismos de gobierno, sino es por un acuerdo estratégico con los empresarios de la construcción que requieren de este insumo elemental a “bajo costo”.

La intervención del consulado ha sido de una total condescendencia con la situación de esclavitud en la que se encuentra la colectividad boliviana, limitándose a señalar que están trabajando con “empresarios responsables” y las autoridades nacionales para lograr el reconocimiento de los derechos de sus conciudadanos. El gobierno de Evo, que despertó una simpatía masiva en la colectividad de Mendoza en las pasadas elecciones, ha tenido un rol peor. No sólo silenció cualquier denuncia sobre esta reducción a la servidumbre en su visita a la cumbre de San Juan (a la que viajaron cientos de miembros de la colectividad mendocina), sino que estuvo a punto de jugar un partido de futbol con empresarios bolivianos de la actividad ladrillera (!) de esta provincia . Años de ilusiones en que esta realidad cambie en manos de los nuevos gobiernos de la región, empiezan a esfumarse.

“Una lamentable falta de espíritu celestial”

En “la quema” de los hornos, nacen las partículas suspendidas del humo, el monóxido de carbono y el dióxido de azufre, que se estacionan a pocos metros del suelo, para formar la bruma característica de la biósfera que cruzan las calles Quintana y Lavalle, Las fincas en las que se perdía la calle Newbery perecen hoy bajo el implacable avance de la desertificación salitrosa. Las fábricas que a mediados de siglo explotaron, hasta su agotamiento, la blanca cubierta de carbonato de calcio que ostentaban las lomas, para hacer “puloil”, hoy son ruinas ocupadas por las “viviendas” del subproletariado, que custodian el corto paso al Borbollón donde los “inempleables” expulsados de las chacras con sus hijos y nietos, “viven” del enorme basural lasherino al que van las carretas que salen de El Algarrobal.

El descarte de la expoliación capitalista pasada, ve el humear de la despiadada explotación del presente. Un estudio de impacto ambiental de la FFyL de la UNCuyo sobre este suelo que antes proveyó de algarroba a generaciones de pueblos originarios, concluyó que “la pérdida, (de suelo) en el área trabajada, se estimó en 15.375 m3. Si se considera que un cm3 de suelo se forma en, como mínimo, 100 años, se tendrá una referencia para comprender que la valoración objetiva equivale a pésima.”

Para terminar de entrañar al lector en el paisaje terrenal de este distrito no podemos omitir la “lamentable falta de espíritu celestial” , que supo ilustrar el Arzobispo de Mendoza, Monseñor Arancibia, para enfilar sus huestes contra el culto de este pueblo hacia “la Rosa Mística”, que chacareros del lugar aseguran haber visto bajar de los cielos. Sus insolentes fieles relajan sus penurias en“el uso indebido de la Palabra de Dios y de los signos cristianos”; el “poco espíritu de comunión con la Iglesia, sus criterios y orientaciones pastorales” es una herejía por la que la Iglesia sugiere a las familias católicas de El Algarrobal que los niños estudien cuatro años de catecismo, en lugar de uno. Los marxistas que tan lejos estamos de reparar esperanzas en el misticismo y alentar el culto a las rosas que florecen sobre las cadenas de la opresión capitalista; jamás podríamos hablar en forma tan venenosa de la fe de un pueblo tan castigado. Si una maldición faltaba a estos niños obreros, que antes pasaban sus horas libres jugando con cigarras y pichiciegos (quirquinchos), era tener que aprender a usar la “Palabra Díos” bajo la inquisición del monseñor.

Dos colectividades y dos clases.

Los barrios que crecieron para albergar a este nuevo proletariado estacional, que corta y quema los ladrillos, corta y pela ajos, corta y levanta las cosechas del tomate y la vendimia, aún no logra cortar del todo con el pasado campesino del lugar. Es una clase trabajadora herida por las divisiones de los prejuicios “nacionales”, que aún no logra la necesaria unidad y organización de combate que le permita conquistar sus derechos elementales. La discriminación y el desprecio nacional contra los bolivianos “que vienen a robarnos el trabajo”, es la falsa conciencia creada por el veneno ideológico de los explotadores que necesitan dividir a los obreros entre “duros y sumisos” y “vagos inempleables”. Terminar con esta discriminación brutal, es una condición indispensable para luchar contra la esclavitud.

Lentamente la comunidad empieza a tomar dimensión de su propia fuerza. Algunos enfrentando con cortes de ruta el desabastecimiento de gas en el invierno , otros rebelándose contra las condiciones de esclavitud de los cuadrilleros . Los trabajadores de la Salud del Gahilac llevan meses de protestas contra el desastre las condiciones en las que tienen que curar: “Infecto contagioso para todos”, dice una de las pancartas de denuncia.
Las maestras hacen milagros para contener y educar a los niños, enseñan las primeras letras a menores que ya son oficiales en la agricultura y los hornos, mientras la educación pública se derrumba ellas se empiezan a organizar desde las bases. ¿Qué hace la DGE para que los niños que levantan las cosechas tengan el “derecho” a los 180 días de clase? Sólo las denuncias de los docentes de las escuelas del Algarrobal, donde al menos un 35% de sus alumnos están sometidos al trabajo infantil , han sacado a la luz la silenciada explotación de los niños.

La clase trabajadora de El Algarrobal cuenta con grandes contingentes que aún no se despiertan, pero que están allí: en el umbral del “espíritu celestial” al que sólo podrán acceder por asalto. El mejor homenaje que podemos hacerle a estos niños es unir a la clase obrera inmigrante y “nativa” luchar por una sociedad sin explotadores ni explotados.

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