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ACERCAMIENTO AL FMI, INDEC Y CANJE DE BONOS

Al Fondo a la derecha

La cosa no da para más. El superávit fiscal de julio fue de $766 millones, cuando en el mismo mes de 2008 fue de $4.022 millones, una caída del 80,9%. Las provincias tienen un abultado déficit fiscal, que en Buenos Aires llega a $5.000 millones y en total alcanza los $10.500 millones (Clarín, 26/7/09). En muchas de ellas no recaudan para abonar los sueldos y se están planteando emitir cuasimonedas como en el 2002.

Armando Mouzo

27 de agosto 2009

La cosa no da para más. El superávit fiscal de julio fue de $766 millones, cuando en el mismo mes de 2008 fue de $4.022 millones, una caída del 80,9%. Las provincias tienen un abultado déficit fiscal, que en Buenos Aires llega a $5.000 millones y en total alcanza los $10.500 millones (Clarín, 26/7/09). En muchas de ellas no recaudan para abonar los sueldos y se están planteando emitir cuasimonedas como en el 2002.

Esta situación es consecuencia, por un lado, de la crisis internacional que deprime la economía y, por el otro, de la fuga de capitales de la burguesía que en lugar de invertir sus ganancias se las lleva al exterior.
El gobierno pretende emparchar la situación recurriendo al crédito externo: más endeudamiento. El ministro de Economía, Amado Boudou, planteó la estrategia de “volver al mercado de capitales”.

Pero, las primeras negociaciones con los emisarios del FMI, aunque Boudou haga todo lo posible por tener el visto bueno del capital financiero y conseguir fondos externos, deja en claro que no tiene fortaleza para imponer la condición que declaman “para mantener el modelo” y rehuir de los ajustes fiscales: que esto se haga sin injerencia del Fondo en una revisión de la economía argentina.

De todos modos, el gobierno se propone disimular el escándalo del INDEC mediante la primera reunión del titular de este organismo con el Consejo Académico encargado de auditarlo. Esta reunión coincide con la visita del director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, el chileno Nicolás Eyzaguirre, quien se entrevistó con Boudou para discutir esta vuelta al FMI. El segundo paso consistiría en un plan de pagos para cancelar la deuda con el Club de París y un acuerdo con los fondos buitres que no aceptaron el canje de deuda.

Como parte del plan, el gobierno lanzó un canje de deuda de los bonos que se ajustan por el CER (la inflación), con vencimientos desde el 2010 hasta el 2012. Dichos bonos se cambiarían por otros de más largo plazo, que se ajustarían por la tasa Badlar (el interés que se paga por los plazos fijos de más de $1.000.000), más un 2,75%. Los analistas financieros consideran que este canje tendrá un rotundo éxito ya que “sólo el 35% de la deuda con CER está en manos de privados, mientras que el resto se reparte entre ANSeS, BCRA y otras reparticiones del Estado” (Cronista 21/08/09). Pero además es un jugoso negocio para los especuladores, porque al estar “dibujado” el CER la tasa de interés de los bonos será mucho más alta (ver Cuadro 1). También hay que tener en cuenta la comparación con los países imperialistas, donde se calcula que la tasa Badlar del 2008 fue del 13,5%, a lo que se debe sumar el 2,75%, lo que da un interés del 16,25%, mientras en Europa la tasa de los bonos es del 2% y en EE.UU. prácticamente 0%. Pero también supera la de los países latinoamericanos (ver Cuadro 2). Como si esto fuera poco hay que recordar que las transacciones financieras no pagan impuestos, una rémora del menemismo que el gobierno se empeña en mantener.

Llamativamente, la oposición patronal y la centroizquierda encabezada por Pino Solanas y Sabatella, mantienen silencio, hasta ahora, sobre estas operaciones.

Esta es una nueva entrega del gobierno kirchnerista. Hay que recordar que las patotas de Moreno y UPCN, y hasta la presidenta, acusaron a los trabajadores del INDEC que luchan contra la intervención de hacerle el juego a los bonistas. Hoy, mientras los K siguen ocultando la inflación real, les salvan los intereses a los especuladores, mientras las mediciones truchas cumplen el rol de ocultar la pobreza e impedir que los salarios se ajusten por la inflación real.

De “nacional y popular” este gobierno no tiene nada, y sus famosos anuncios de obras públicas, amén de insuficientes, no se llevarán adelante. Para los trabajadores y el pueblo no hay otra alternativa que terminar con esa soga al cuello que significa la deuda externa, luchando por el no pago. Boudou afirmó que en este año se pagaron U$S 20.000 millones y el año que viene se pagarán U$S 13.000 millones. Con estas cifras astronómicas, se puede comenzar de inmediato por dar un seguro a todos los desocupados de $1.500 y comenzar a implementar un plan de obras públicas que satisfaga las necesidades de viviendas, agua, cloacas, gas natural, escuelas y hospitales.

Esta medida debe ir acompañada por otras como la nacionalización de la banca y el comercio exterior, controlados por los trabajadores. Son las únicas medidas realistas para impedir la fuga de capitales, y para poner estos recursos en función de los intereses del pueblo pobre. De la misma manera, gravar la renta financiera es otra fuente de recursos para implementar los planes mencionados.

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