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NACIONAL

A un año de Once: fuerte cuestionamiento al Gobierno

Familiares de las víctimas y sobrevivientes criticaron duramente al gobierno nacional y a la Presidenta, exigiendo que se juzgue hasta al último responsable y se realicen mejoras de fondo en el ferrocarril.

Verónica Zaldívar

28 de febrero 2013

“Todos los mecanismos del Estado funcionaron” dijo esta semana Juan Pablo Schiavi, ex secretario de Transporte de la Nación, refiriéndose a la masacre ferroviaria ocurrida un año atrás. En cierto sentido, tiene razón: los mecanismos del Estado funcionaron a la perfección, porque el Estado está puesto al servicio de intereses opuestos a los de los trabajadores. Funcionaron para amparar y promover un gran negocio alrededor del transporte público de pasajeros, que involucró (y sigue involucrando) a empresarios, funcionarios y burócratas sindicales. Funcionaron para que todas las víctimas, 51 muertos y 700 heridos, fueran sólo trabajadores o sus hijos, que son quienes usan estos medios de transporte.

Unos días antes del aniversario, Cristina Fernández desató la furia de familiares y sobrevivientes de Once en una de las pocas menciones que hizo del hecho. El documento leído por los familiares la noche del 22 en Plaza de Mayo fue una respuesta a esto, planteando que todos en el gobierno fueron responsables de alguna forma de lo que ocurrió, sea por acción u omisión. La Presidenta fue abucheada frente a la propia Casa Rosada esa noche, y ni siquiera Aníbal Fernández pudo quitar legitimidad al acto con el que culminó la jornada, por más que trató. También lo intentó el consultor y bloguero k Artemio López, quien advirtió que “estas organizaciones de víctimas históricamente fueron cooptadas, con mayor o menor dificultad, por aquellos que intentan imprimir sentido político, en este caso opositor, a sus reclamos específicos” (1). Aunque López dice que finalmente la oposición fracasó al intentar adueñarse del reclamo por Once, sus palabras podrían tomarse casi como una confesión, ya que el kirchnerismo hizo de la cooptación una de sus herramientas preferidas durante la última década, utilizando infinidad de recursos para atraer a organizaciones que antes luchaban contra las injusticias de este sistema.

“¡A-se-sinos! ¡A-se-sinos!”

Ese calificativo se gritaba una y otra vez cuando se mencionaba a funcionarios, empresarios y burócratas, en las actividades que se hicieron el viernes 22 en homenaje a las víctimas de la masacre. Se exigió el fin de la impunidad, para que caigan todos los cómplices de lo que fue un verdadero crimen. El nombre del ministro de Planificación Julio de Vido fue uno de los más gritados por la multitud; era el jefe de Schiavi cuando ocurrió el choque y tuvo bajo su control el área de transporte durante una década, pero sin embargo no está imputado en la causa, y continúa a cargo de uno de los ministerios más importantes del país, manejando partidas de millones de pesos cada mes. Bajo su gestión se realizaron formidables negociados con empresarios del transporte como los Cirigliano, quienes a pesar de haber perdido la concesión de los ferrocarriles Sarmiento y Mitre siguen recibiendo dinero del Estado para reparar trenes, y también subsidios para las decenas de líneas de colectivos que controlan.

Un año después

El bombardeo de anuncios de reformas en el ferrocarril que viene haciendo el ministro de Interior y Transporte Florencio Randazzo es una máscara para tapar que no se hizo ningún cambio de fondo, y que el ferrocarril funciona peor aun que antes: hay menos cantidad de servicios, van más lento, y sigue habiendo descarrilamientos y otros incidentes, como el incendio en un vagón del Sarmiento esta misma semana. Se están haciendo arreglos superficiales, más visibles (como pintura o pantallas gigantes para anuncios en las estaciones) en vez de atacar los problemas estructurales más graves del ferrocarril. Mientras tanto, las víctimas sobrevivientes y los familiares de los fallecidos denuncian que no reciben ayuda de ningún tipo por parte del gobierno, ni siquiera asistencia psicológica o médica. “La tragedia de Once fue consecuencia de la voluntad de enriquecerse sin importar las consecuencias. (…) Para ser más claros, los empresarios y funcionarios corruptos mataron a nuestros seres queridos” dice el documento que se leyó en Plaza de Mayo la noche del 22. En ese mismo escenario, el hermano de una víctima afirmó que “fueron 51 asesinados sólo por ir a trabajar; es mentira que tenemos que estar agradecidos por tener trabajo, no nos queda otra”.

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