logo PTS

Córdoba

UNA INTERPRETACION MARXISTA

A 90 años de la Reforma Universitaria: Vigencia y actualidad

La reforma universitaria constituye sin duda un hito en la historia del movimiento estudiantil. Ha sido, por ello, objeto de múltiples investigaciones, estudios y análisis. Al cumplirse 90 años de la misma, el Consejo Superior de la UNC ha declarado “el año de la reforma universitaria”.

21 de febrero 2008

La reforma universitaria constituye sin duda un hito en la historia del movimiento estudiantil. Ha sido, por ello, objeto de múltiples investigaciones, estudios y análisis. Al cumplirse 90 años de la misma, el Consejo Superior de la UNC ha declarado “el año de la reforma universitaria”.

Sin embargo, las autoridades intentan instalar una visión simplista, tal es así que llegan al extremo de señalar que “el legado más vivo de la reforma (es): pensar la Universidad” . Quieren mostrar a la Reforma como un movimiento tendiente sólo a lograr el gobierno tripartito y la docencia libre contra las cátedras feudos. Pero este punto de vista esconde las profundas contradicciones sociales y económicas que enmarcan y se enlazan en el accionar de los reformistas del ‘18, son estas contradicciones las que cruzan, en primer lugar, el Manifiesto Liminar y las que van a expresar los protagonistas de este proceso en nuestro país y en el resto de América Latina en discursos y acciones.
Esta simplificación del proceso reformista obedece a un objetivo concreto: buscan borrar el contenido profundamente subversivo de ese movimiento. Al mismo tiempo se liquida así la posibilidad de entender la potencialidad de este movimiento y sus límites. Quiénes editamos esta boletín de discusión pensamos la realidad social desde la teoría marxista. No creemos en la falsa neutralidad del conocimiento y del estudio de los hechos históricos. La realidad demuestra hoy, así como hace 90 años, que todo proceso social está cruzado por un múltiple entramado de intereses de clase. Intereses que chocan, a veces de manera abierta, a veces de manera velada. Los años en los que se inicia el proceso de la Reforma son profundamente convulsivos. Son años de guerra mundial y años de revoluciones.

No se puede entonces abstraer a la Reforma de ese entramado social. No sólo por que el conocimiento que se produce entonces es parcial, incompleto, sino además porque impide extraer conclusiones de esos hechos para pensar nuestra realidad actual e intervenir en la misma.

Hace 90 años América latina se veía sacudida por una enorme convulsión que se iniciaba en la Córdoba clerical. Es que Córdoba, expresaba tanto o más que el resto del conteniente las contradicciones sociales existentes que salían a la superficie, producto de una coyuntura mundial marcada por la convulsión que generaba la guerra y marcada además por la enorme importancia de la triunfante revolución rusa.

En nuestro subcontinente, la vieja oligarquía ligada al campo y subordinada a las grandes potencias capitalistas como Inglaterra o EEUU, había perdido peso político dentro del estado, pero poseía un peso enorme dentro de las instituciones educativas, en particular en la universidad. Este peso estaba además respaldado por la relación con la Iglesia, que seguía legitimando el orden social existente.

Estas oligarquías sin embargo eran un elemento de peso central en América Latina porque impedían el desarrollo de estas naciones. Su ligazón y subordinación a los dictados de las grandes potencias despertaba el rechazo de sectores importantes de las clases medias, que se expresaban a través de intelectuales que habían adquirido una importancia enorme, como era el caso de José Ingenieros en Argentina o José Vasconcelos en México.

Un sentimiento marcadamente antiimperialista se expresaba en estos intelectuales que serían quiénes influenciarían a los protagonistas del proceso de la reforma universitaria.

No existía pues una auténtica burguesía nacional que cumpliera el rol de “resolver los problemas de la sociedad burguesa”. A esto se sumaba la imposibilidad que tenía aún el movimiento obrero de ser un actor en la vida política nacional, como señala Trotsky “Cuando la burguesía renuncia consciente y obstinadamente a resolver los problemas que se derivan de la crisis de la sociedad burguesa, cuando el proletariado no está aún presto para asumir esta tarea, son los estudiantes los que ocupan el proscenio”. Si bien se habían llevado a cabo importantes luchas en el movimiento obrero desde fines del siglo XIX, se combinaban dos factores centrales a la hora de quitarle protagonismo a la clase trabajadora. Por un lado, la enorme composición social de inmigrantes que era, de hecho y de derecho, marginada de la vida política. Y por otro lado, el carácter de sus direcciones que, centralmente el anarquismo y el sindicalismo revolucionario, negaban la participación en la política del movimiento obrero.

La reforma universitaria expresaba pues la contradicción entre los avances sociales de principios de siglo, el avance de los regímenes democráticos, el desarrollo de la ciencia en término generales y la decadencia de las “casas de altos estudios” donde, aún en el siglo XX se enseñaban materias como “Derecho para con los siervos”. Esta contradicción era un fenómeno continental que se expresará de distintas maneras a lo largo de estos países y por ende, dará lugar a diversos desarrollos del movimiento reformista.

Los hechos

El movimiento reformista en Argentina, puede dividirse en tres etapas o momentos, cada una de las cuáles representa un avance en la conciencia estudiantil:

1) el movimiento comienza a fines de 1917, con la elevación de petitorios al Ministro de Instrucción Pública, reclamando la democratización del sistema de asignación de cátedras. En 1918, ante las no satisfechas demandas estudiantiles, el movimiento resurge con mayor fuerza. Asambleas y marchas callejeras de por medio, surge la primera organización real de lucha, el Comité Pro-Reforma, organización de la cuál surgió, meses más tarde, la Federación Universitaria de Córdoba, la FUC. “El comité pro-reforma universitaria (…) resuelve: declarar la huelga general de estudiantes universitarios y mantenerla hasta tanto se proceda por quién corresponda a la implantación de las reformas solicitadas” La cita es parte de un texto dado a conocer por el comité días antes de que comenzaran las clases. La huelga general convocada fue masiva y demostró el apoyo casi total del estudiantado cordobés.

Sin embargo esta huelga general perseguía sólo la intervención del gobierno de Yrigoyen. Éste último, para no perder el apoyo que los universitarios daban a su gobierno, decretó la intervención.

Este hecho marcó el cierre de la primera etapa del proceso, puesto que posibilito la primera reforma del estatuto, permitiendo que el cuerpo docente de conjunto interviniera en la elección de las autoridades universitarias. Los estudiantes confiaban en que a través de los docentes jóvenes y aquellos otros que no ocupaban posiciones de privilegio en la estructura de la universidad, fuese posible la elección de decanos y rectores no comprometidos con la Iglesia. Veían a un aliado suyo en los docentes sin privilegios.

2) la segunda fase del proceso de lucha comienza el 15 de junio, día que debía reunirse la Asamblea Universitaria para elegir al nuevo rector.
Contra la expectativa del conjunto de los estudiantes, resultó elegido Antonio Nores, candidato de la iglesia y de las “oligarquías profesorales”; los docentes liberales se inclinaron en la votación por el candidato más conservador. Se rompía así la débil alianza entre los estudiantes y un sector del cuerpo docente.

Esta segunda etapa tendrá dos características centrales: por un lado, la aparición de la acción directa, la violencia estudiantil, y por otro, la elevación de las reivindicaciones. La primera de estas se hace realidad a través de varios enfrentamientos con la policía. La segunda cristaliza en el proyecto de ley que el primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios aprueba. En este proyecto se encontraban contenidos ya los reclamos de “gobierno tripartito y paritario” y de “docencia libre”. Aparecerán de esta forma por primera vez, el reclamo de participación estudiantil y de libertad profesoral.

Otro de los hechos destacable de este período es la publicación del Manifiesto Liminar”. Esta publicación es un hecho de suma importancia, ya que en éste aparecen elementos centrales de la ideología de la Reforma. En dicho manifiesto, cuya redacción se encarga a Deodoro Roca, sobresalen dos cosas: por una parte el americanismo, y por otro el anticlericalismo. El primero se manifiesta ya desde su título (“La juventud de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”), se refleja a lo largo de todo el texto como una declaración romántica a favor de la independencia de los estados latinoamericanos. Los reformistas entendían esta independencia sólo como una cuestión nacional sin tener en cuenta que las burguesías nacionales eran y son un escollo fundamental para liberarse del imperialismo y que por lo tanto queda esta tarea en manos de la clase trabajadora.

Otro hecho de especial importancia en esta segunda etapa, es la adhesión a la lucha estudiantil de la Federación Obrera de Córdoba (máximo organismo sindical local), hecho de vital importancia un año más tarde.

3) La tercera etapa es justamente el máximo intento de los estudiantes de volcar la balanza a su favor.

Dando un gran salto en la metodología aplicada, los reformistas toman y ponen bajo su control la Universidad.

Esta última parte de la lucha de Córdoba, se cierra con la victoria de los reformistas y la intervención directa del ministerio de Instrucción y la reforma de los estatutos.

La docencia libre y el co-gobierno fueron incorporados a los estatutos; y por primera vez en Latinoamérica la Universidad admitía a los estudiantes en la dirección.

Dos hechos merecen destacarse en el análisis de los sucesos de Córdoba: el cambio de los medios pacíficos por la violencia y el crecimiento cualitativo de las reivindicaciones.

Un movimiento de carácter continental

Pero la rebelión en Córdoba es la chispa que enciende la llama, primero a nivel nacional y en segundo lugar, a nivel de América Latina. Como ya hemos señalado, las oligarquías tradicionales se oponían a reformas que atacaran sus privilegios materiales. La reforma a nivel continental viene a expresar la lucha de la juventud de clase media contra el viejo orden.

Tal es así que la reforma alcanzó distintas repercusiones en diversos países. A grandes rasgos se puede hablar de dos oleadas reformistas, una primera que se inicia con la Reforma del ’18 en Córdoba y se desarrolla durante la década del ’20 en Perú, Chile y Cuba entre otros países y una segunda oleada que se desarrollará en la década del ’30 en países como Brasil, Paraguay y México.

A nivel continental, el movimiento reformista alcanza sus puntos más altos en la experiencia de Perú y Cuba. Es un aporte en este sentido la reflexión de Juan Carlos Portantiero que señala que la Reforma en la Argentina solo logró objetivos universitarios, mientras que en Perú y en Cuba fue parte de importantes procesos político sociales que se expresaron, en el primer caso en la fundación del APRA (alianza popular revolucionaria antiimperialista) y en el segundo fue parte de un importante proceso revolucionario y dio origen, entre otras organizaciones al Partido Comunista cubano.

En Argentina, el reformismo llegó a esbozar una ligazón entre la transformación universitaria y la transformación de la sociedad. Deodoro Roca lo expresó diciendo que “el puro universitario es una monstruosidad” y que “toda reforma universitaria es una reforma social”.
Surgió también un ala del movimiento expresada a través de Julio V. González, quién proponía la formación de un “partido nacional reformista”. Este proyecto no pudo prosperar porque ese lugar, el de la expresión política de las clases medias, estaba ya ocupado por el Partido Radical.

En Perú, el movimiento reformista rápidamente chocará con los límites del régimen político, que bajo el control de la vieja oligarquía terrateniente era más asfixiante y opresor que en la Argentina. Esto implicaba, para los reformistas, la necesidad de transformar su lucha en una lucha política contra el gobierno. Es a partir de esta necesidad que surge el APRA, fundado por Víctor Haya de la Torre. Este se proponía en su programa, la unidad política de América Latina y la nacionalización progresiva de tierras e industrias, entre otros puntos.

En Cuba, el proceso fue incluso más allá empalmando con una situación profundamente convulsiva de la clase obrera y del conjunto del pueblo. El movimiento estudiantil había sacado, en este caso, las conclusiones de los procesos anteriores, Julio Antonio Mella lo expresaba así: “luchamos por una universidad vinculada con las necesidades de los oprimidos (…) queremos una universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el de la producción harán las fabricas del mañana sin accionistas parásitos ni capitalistas explotadores”. Para Mella un concepto socialista de la Reforma Universitaria implica que “cada avance no es una meta, sino un escalón, para seguir ascendiendo, o un arma más que se gana al enemigo para vencerlo en la lucha final”. La perspectiva de Mella y de los reformistas cubanos implicaba una crítica profunda al sistema capitalista y estaba ligada a una perspectiva revolucionaria de la mano de la clase obrera.

Un movimiento estudiantil ligado a la clase trabajadora

El cuestionamiento a la universidad clerical, cerrada sobre si misma, implicó un intento de ligazón a las problemáticas sociales y a la clase trabajadora. Esto se expresó, en la Argentina, en el apoyo a los trabajadores que protagonizaron la “semana trágica” por parte de las federaciones universitarias de Córdoba y Santa Fe; pero este apoyo fue sólo de una minoría del movimiento estudiantil.

En Perú y Cuba por el contrario surge un gran ejemplo de la búsqueda de unidad con el movimiento obrero y de generar un conocimiento útil a los explotados. Surgirán así las Universidades Populares que tendrán por objetivo acercar el conocimiento producido por los estudiantes a la clase trabajadora. Dirá Mella: “La Universidad Popular José Martí (…) no es el arma definitiva y única con la que el pueblo cuenta para su emancipación (…) ella destruye una parte de las tiranías de la actual sociedad: el monopolio de la cultura.”.Las universidades populares González Prada y José Martí expresan un avanzado intento de unidad entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero. Esto se expresa por ejemplo en los estatutos de las mismas; la universidad cubana establecerá por ejemplo que “la universidad popular de acuerdo con los principios enunciados, procurará formar en la clase obrera de Cuba, una mentalidad culta, completamente nueva y revolucionaria. Su correlato en Perú será el establecimiento, en el estatuto de la Universidad González Prada de la obligación de intervenir en los conflictos obreros sobre la base de la “justicia social” .

Vigencia y actualidad de la Reforma

A diferencia de las referencias lejanas que evitan comparaciones con la realidad actual para no perturbar así el status quo de esta Universidad que tanto resguarda la progresista rectora Scotto, vemos fundamental poner en discusión la vigencia de los postulados de lucha de la Reforma. Para empezar, quienes más interesados están en mantener un corte histórico radical son quienes hoy ocupan posiciones de privilegio en la UNC. Tal como combatían los reformistas, hoy todavía existe, comenzando el SXXI, el “derecho sagrado del profesorado universitario” que se “crea a sí mismo”: un reducido grupo, solo el 30% de los docentes, únicos que gozan de ciudadanía universitaria plena pudiendo elegir, y ser elegidos, autoridades de la universidad. Y son esos funcionarios también quienes se aumentan sin ningún complejo sus sueldos quedando muy por encima de gran parte de la planta docente, considerados ciudadanos de segunda de nuestra universidad.

Por otro lado, ese derecho sagrado del “alto profesorado” se expresa también en la escasa representación que se permite al obviamente mayoritario claustro estudiantil (9 docentes a 6 estudiantes en los consejos directivos y de 36 miembros del Consejo Superior 24 son docentes). Los argumentos de que el saber enciclopédico de algunos (que, en la mayoría de los casos no es más que rejunte de caros títulos) les otorga una incuestionable idoneidad que se tiene que reflejar en el arcaico voto calificado, no es más que el pánico que les despierta el posible cuestionamiento a sus privilegios absolutos de una amplia participación estudiantil.

Incluso Deodoro Roca (ni hablar de un Mariátegui), de quién Scotto y compañía publican un libro que parecen no haberse dignado a leer, era quien anunciaba la “necesidad de ponerse en contacto con el dolor y la ignorancia del pueblo, ya sea abriéndole las puertas de la Universidad o desbordándola sobre él”. Lejos de esto la Universidad no para de abrir de par en par sus puertas a la injerencia de todo tipo de empresas privadas que buscan mano de obra barata y reformar los planes de estudios según sus intereses de ganancias, diametralmente opuestos a los intereses de los trabajadores.

Esta subordinación a los convenios con las empresas llegan al nivel de que la UNC tuvo la caradurez de publicar un estudio que decía que las condiciones de trabajo en los Call Center era óptima, cuando es ampliamente conocida la insalubridad de los ritmos que se imponen a los trabajadores de los mismos.

Esta ingerencia se da en todas las universidades nacionales y se hizo patente en la Universidad de Río Cuarto que lo mostró de manera brutal cuando un experimento mandado por importantes empresas se cobró la vida de 6 personas entre docentes y estudiantes, por no tener las medidas mínimas de seguridad.

Por otro lado, el conocimiento completamente fragmentado de las ciencias sociales y humanísticas tiene como fin un saber enciclopédico que nada tiene que ver con las necesidades del pueblo trabajador, sigue siendo como se denunció en la Reforma sólo una “fabrica de títulos”.

Lejos así, de abrir la puerta al pueblo, siguen existiendo aranceles encubiertos en numerosas unidades académicas, horarios de cursado más restrictivos en otras y la ausencia de cualquier sistema serio de becas, haciendo imposible, para miles de jóvenes, imaginarse estudiar una carrera de grado.

Muy por el contrario, creemos que el movimiento estudiantil hoy tiene que ponerse un objetivo. Una universidad puesta realmente al servicio de las necesidades populares se propondría, por ejemplo, desde la Medicina, una seria política de salud preventiva que se plantee eliminar enfermedades que ya tienen cura y que se padecen producto de la pobreza como la parasitosis, el raquitismo o la desnutrición; desde la Agronomía opciones al monocultivo de Soja que agota la fertilidad de la tierra; desde la Arquitectura planes de viviendas populares confortables; ingenieros que busquen evitar inundaciones como las de Tartagal; generación de conocimiento crítico en el campo de las Ciencias Sociales y Humanísticas que combata la ideología dominante y transforme el anticuado sistema educactivo.

Ninguna medida así se realizará bajo la actual Ley de Educación Superior menemista que rige la Universidad, el ahogo presupuestario al que la somete el gobierno nacional y bajo las antidemocráticas formas de gobierno universitario. Por todo esto es necesario poner en pie un nuevo movimiento estudiantil que retomando la lucha de quienes protagonizaron la Reforma, se enriquezca también de la tradición de la unidad obrero estudiantil que se forjó tomando las calles en el Cordobazo y cuestione así tanto esta universidad como la sociedad de clases. Solo de la mano de la movilización estudiantil podremos conmover las bases de esta universidad que en pleno SXXI tanto nos recuerda a la que se enfrento en 1918.

AGRUPACION TESIS XI - PTS (Universidad Nacional de Córdoba)

Prensa

Virginia Rom 113103-4422

Elizabeth Lallana 113674-7357

Marcela Soler115470-9292

Paola Balma116693-2837

Temas relacionados: