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EDITORIAL

A 36 años del golpe, lecciones y perspectivas

Hace 36 años las Fuerzas Armadas tomaban sangrientamente el poder para liquidar la insurgencia obrera y popular que recorría el país desde 1969, en uno de los ascensos más formidables del Cono Sur. Las semiinsurrecciones como el Cordobazo y demás “azos” recorrieron las principales ciudades; se tomaban fábricas con sus directivos como rehenes; surgía una poderosa vanguardia clasista y la juventud, influenciada por la revolución cubana, se radicalizaba buscando la unidad con la clase obrera.

Ruth Werner

15 de marzo 2012

A 36 años del golpe, lecciones y perspectivas

Hace 36 años las Fuerzas Armadas tomaban sangrientamente el poder para liquidar la insurgencia obrera y popular que recorría el país desde 1969, en uno de los ascensos más formidables del Cono Sur. Las semiinsurrecciones como el Cordobazo y demás “azos” recorrieron las principales ciudades; se tomaban fábricas con sus directivos como rehenes; surgía una poderosa vanguardia clasista y la juventud, influenciada por la revolución cubana, se radicalizaba buscando la unidad con la clase obrera.

La vuelta de Perón en 1973 fue una jugada de la clase dominante que comprendió que era el único capaz de lidiar con el proceso revolucionario. Perón pudo desviar el ascenso, pero no derrotarlo. El Pacto Social (congelamiento de precios y salarios) firmado por los burgueses nacionales de la Confederación General Económica, el gobierno y la burocracia sindical, se caía a mediados de 1974, desbordado por izquierda por las luchas obreras y por derecha por los patrones que aumentaban los precios. La crisis mundial, disparada en 1973, comenzaba a impactar en Argentina.

A mediados de 1975 el reaccionario gobierno de Isabel y López Rega lanzaba un ataque brutal contra la clase obrera: el “Rodrigazo”, en “honor” al ministro Celestino Rodrigo. La crisis mundial ya se sentía catastróficamente, con un mazazo al nivel de vida de las masas: aumento de tarifas y de los productos esenciales y la no homologación de convenios.

La clase trabajadora, pese a los golpes del gobierno de Perón y de Isabel, que derrotaron las posiciones conquistadas por la izquierda en el interior del país, y pese al asesinato de cientos de luchadores por las bandas fascistas de las Tres A, responderá decididamente con las jornadas revolucionarias de junio y julio de 1975.

Las coordinadoras interfabriles, que unían fábricas y establecimientos, dirigidas por la izquierda peronista y marxista, surgirán en la zona norte, oeste y sur del Gran Buenos Aires y en La Plata-Berisso y Ensenada. Serán el fenómeno más avanzado del período. Desde el anuncio del “Rodrigazo”, la clase obrera retomará las calles con huelgas y movilizaciones. En el corazón del proletariado industrial, la provincia de Buenos Aires, las Coordinadoras dirigirán la lucha. Sobre ellas Adolfo Gilly describió: “nadie ha dejado nunca de considerar un hecho revolucionario la constitución de una federación local o nacional de consejos de fábrica o la formación de un consejo central de delegados de consejos de fábrica”.

La burocracia de la CGT debió llamar a la huelga general. Fue una huelga política que paró el país y abrió una crisis revolucionaria que dejó al gobierno en el aire. La huelga general del 7 y 8 de julio derrotó el Plan Rodrigo, logró algunas reivindicaciones obreras y, sobre todo, echó al odiado López Rega. Con sus métodos, la clase obrera mostraba, además, cómo derrotar a las bandas fascistas. Pero la burocracia sindical, que acudirá en auxilio del gobierno, impidió la caída revolucionaria de Isabel Perón.

El gobierno sufrió un duro golpe. Las jornadas de junio y julio mostraron la incapacidad del peronismo para seguir conteniendo a la clase trabajadora cuando la crisis capitalista exigía respuestas urgentes para salvar a la burguesía. El fracaso del peronismo aceleró la salida golpista. El ensayo revolucionario de la clase obrera argentina sufrió una derrota histórica.

La principal corriente en la vanguardia era Montoneros, organización que combinaba un guerrillerismo a ultranza con una política de colaboración de clases que encumbró primero a Perón y luego, bajo Isabel, reeditó el Peronismo Auténtico buscando unirse a burgueses “nacionales” mientras franjas de la clase obrera ya empezaban a enfrentarse con el peronismo. La otra corriente de peso, el PRT-ERP, siempre privilegió la construcción de su ejército, ajeno a las necesidades de las masas. El trotskista PST tampoco fue alternativa. No aprovechó la etapa previa al ascenso para construir una gran organización obrera revolucionaria, cediendo políticamente a corrientes ultraizquierdistas como el PRT de Santucho y, tras el Cordobazo, aun comprendiendo el carácter obrero del proceso abierto, terminó en 1974/1975 promoviendo “frentes democráticos” de colaboración de clases con partidos como la UCR y el PC, para “enfrentar” a las Tres A, en vez de impulsar el frente único obrero y los comités de autodefensa (para ampliar en este tema ver Insurgencia obrera en la Argentina 1969-1976, Ruth Werner y Facundo Aguirre).

Grandes desafíos

Las lecciones de los ’70 son imprescindibles frente a los futuros momentos revolucionarios. La crisis capitalista mundial ya provoca las primeras respuestas de la lucha de clases. Ahí están los quince paros generales en Grecia, las movilizaciones de “indignados” y el llamado a la huelga general en el Estado Español, o los miles de obreros luchando en Roma contra el cierre de fábricas. En Egipto y Túnez los procesos revolucionarios voltearon dictaduras que hace décadas sometían a estos países al imperialismo.
La crisis es una fogonera incansable que agudizará la lucha de clases y generará nuevas radicalizaciones políticas. La catástrofe a la que nos está llevando esta crisis, con millones de desocupados, provocó que en sectores de jóvenes y trabajadores la palabra “revolución”, la idea del “socialismo” e incluso del “comunismo” haya reaparecido como una perspectiva necesaria. Más que nunca, como dijera Marx en el Manifiesto: “el comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones”.

En Argentina aún la crisis internacional no golpea de frente. Pero la emergencia de problemas estructurales como la vivienda y el transporte ya provocó importantes crisis al gobierno y desató el odio entre sectores pobres y explotados. La izquierda demuestra ser una fuerza real en el sindicalismo de base, en el movimiento estudiantil y entre los intelectuales.
Si la crisis golpea en nuestro país la burguesía necesitará avanzar sobre los trabajadores y el pueblo pobre, acrecentando la miseria y la desigualdad. El PTS viene preparándose para esos momentos convulsivos. Por eso impulsamos una combativa corriente clasista en numerosas fábricas, y en el movimiento estudiantil la Juventud del PTS avanza a paso firme. Pero no nos conformamos con lo alcanzado.

Aspiramos a contar con miles de militantes experimentados en la lucha de clases y en la lucha de estrategias contra las corrientes reformistas que querrán transformar las oportunidades históricas de la clase obrera en oportunidades para la burguesía. Los ‘70 muestran que no hace falta que haya revolucionarios para que haya revoluciones, pero sí para que triunfen.
El PTS viene de realizar una gran campaña electoral con el Frente de Izquierda promoviendo ampliamente una alternativa de independencia de clase; interviene en las elecciones sindicales, como en la alimentación, gráficos y jaboneros; impulsa una gran campaña contra el espionaje del Proyecto X. Pero lo hace desde un claro objetivo estratégico: prepararnos para ser una alternativa revolucionaria influyente para vencer.

León Trotsky decía, al fundar la IV Internacional, “no somos un partido igual a los demás. No ambicionamos solamente tener más afiliados, más periódicos, más dinero, más diputados. Todo eso hace falta, pero no es más que un medio. Nuestro objetivo es la total liberación, material y espiritual, de los trabajadores y de los explotados por medio de la revolución socialista. Si no la hacemos nosotros, nadie la preparará ni la dirigirá”.


Marchemos el 24

Este 24 marchamos a plaza de mayo y en todo el país junto a los luchadores y la izquierda.

Marchamos por la cárcel a todos los genocidas, por la derogación de la Ley Antiterrorista, contra el espionaje de la Gendarmería y el Proyecto X y por el desprocesamiento de más de 5.000 compañeros. Contra los techos salariales y los tarifazos. Por la renacionalización de los ferrocarriles y todo el transporte bajo administración de trabajadores y usuarios. Por el castigo a los responsables de la masacre de Once. Para acabar con la minería a cielo abierto y para que los recursos naturales sean reestatizados sin pago. Y también por la solidaridad con los trabajadores que en el mundo hoy se ponen de pie para enfrentar a los gobiernos que quieren descargar sobre sus espaldas la crisis capitalista. Con estas banderas,te invitamos a marchar con el PTS.

Prensa

Virginia Rom 113103-4422

Elizabeth Lallana 113674-7357

Marcela Soler115470-9292

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