Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
12 de diciembre de 2017

La Verdad Obrera N° 520

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GRAN PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS SELECTAS EN LA FERIA DEL LIBRO

Sobre la actualidad del legado de Lenin

02 May 2013 | A sala llena, con más de quinientas personas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se presentaron las Obras selectas de Lenin. Julio Patricio Rovelli, de Ediciones IPS, presentó en la mesa a Cecilia Feijoo, una de las compiladoras de la obra e integrante del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”; a Eduardo Grüner, sociólogo y ensayista; y a Christian Castillo, dirigente nacional del PTS.   |   comentarios

Cecilia Feijoo - Presentación Obras Selectas de Lenin - Video TVPTS (Clic Acá para ver ampliado)

Eduardo Grüner - Presentación Obras Selectas de Lenin - Video TVPTS (Clic Acá para ver ampliado)

Christian Castillo - Presentación Obras Selectas de Lenin - Video TVPTS (Clic Acá para ver ampliado)

Cecilia Feijoo comenzó mencionando cómo Lenin es un revolucionario atacado “por todos los flancos”, y cómo su experiencia vital –acompañando a las generaciones de su época, que luchaban, con diversos métodos, por derrocar a la autocracia zarista– fue marcada por el asesinato de Sasha Ulianov, como relata el historiador Philip Pomper en El hermano de Lenin. Y que así como Sasha estuvo 6 meses preparando un ataque al zar, Lenin también preparó la revolución… durante toda su vida.

De ahí que en la selección de textos para el tomo uno de las Obras selectas se priorizara reflejar, justamente, todo ese trabajo de preparación, del cual ¿Qué hacer?, es un texto clásico.

También explicó que están presentes los textos donde Lenin analiza la Revolución Rusa de 1905, como Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, donde discute con los mencheviques y en pos de que el proletariado cumpla un rol dirigente o hegemónico. Y que luego, tras el fracaso de la revolución, Lenin deberá retirarse nuevamente de Rusia, exiliarse, y allí están los textos donde se esfuerza porque el bolchevismo retroceda en orden, aquellos en los que intenta impedir que la oleada de escepticismo que se extiende entre las masas destruya los pasos en la organización política conquistada por los socialdemócratas. Es una tarea difícil y surgen disensos dentro de la socialdemocracia y dentro de las fracciones. Lenin discute tanto con los izquierdistas bolcheviques que insisten en mantener las viejas tácticas ofensivas cuando en realidad se plantea una retirada debatiendo la utilización de inclusive los parlamentos reaccionarios como la Duma para realizar agitación política contra el zarismo, hasta los debates con los mencheviques que quieren abandonar la necesidad de una organización clandestina porque el zarismo ahora a la ofensiva desbarata círculos, prensas, arresta militantes, exilia a miles, etc.”.

El tomo concluye con el giro de la situación que provocó la Primera Guerra Mundial. “Aquí incluimos”, explicó Cecilia, “desde el clásico El imperialismo, etapa superior del capitalismo hasta el debate con la izquierda de la II Internacional a propósito del programa militar del marxismo. […] Debate con Rosa Luxemburg y un sector de la izquierda socialdemócrata europea que lucha contra el militarismo imperialista y contra la guerra con la consigna de ‘desarme’; Lenin insiste que esa consigna no debe implicar el abandono del proletariado de toda guerra y menos de la guerra revolucionaria del proletariado contra la burguesía; ni que tampoco el rechazo del militarismo imperialista debe implicar el rechazo a las guerras nacionales que libran los pueblos oprimidos que aún conservan un carácter progresivo”.

En relación al tomo dos, comentó que los textos van desde abril de 1917, cuando comienza la revolución, hasta 1923, poco antes de la muerte de Lenin.

“Allí están las batallas que da Lenin en esa “situación de doble poder”, donde las masas, con los soviets, conviven con el gobierno provisional de Kerensky. Y cómo Lenin compara todo el tiempo la actual experiencia con la historia: “Lenin repite a lo largo de los textos de este tomo, en El estado y la revolución claro, pero también en otros, que los comuneros fueron magnánimos, generosos, que no marcharon sobre Versalles para derrotar militarmente a la burguesía, que como dice Marx tuvieron prejuicios en utilizar ‘el terror’ contra sus enemigos, que fueron benevolentes. Este error costó a los comuneros su aplastamiento: 30 mil muertos en una semana, miles de presos y desterrados. La burguesía no es una clase benevolente; para defender sus intereses organiza guerras, genocidios, represiones, asesinatos sistemáticos, cárceles, campos de tortura, etc.
Tras el triunfo de los soviets y el bolchevismo, los textos dan cuenta de múltiples cuestiones: la economía, el internacionalismo y, hacia el final, el debate acerca de la burocratización del Estado, que Lenin combatió. Cecilia finalizó: “”Ofrecemos estos tomos para que los lectores puedan formarse una opinión propia sobre el significado de Lenin como militante revolucionario. Sabemos que su figura sigue generando controversias, muchos rechazos bien ganados y la adhesión de quienes aspiramos al cambio revolucionario porque él es ante todo el jefe de un Estado basado en una clase emancipada de la explotación capitalista y terrateniente”.

Eduardo Grüner, tras destacar la republicación de los textos, dijo que “como dice bien la nota preliminar a las obras, que hicieron Cecilia y Demian, hacía décadas que estaban ausentes, más allá de alguna edición fragmentaria que pueda haber por ahí. Estaban ausentes de las librerías, de las bibliografías, de la posibilidad de poder leerlas en castellano”. Y que se encontraba sorprendido “del efecto de lectura que produce esta posibilidad de ir y venir por los dos tomos y hacer dialogar los textos”.
Siguiendo la “Nota a la presente edición”, señaló que era interesante lo que se dice allí acerca del posible “retorno” de Lenin, y del “susto” que tienen historiadores reaccionarios como Robert Service, ya que “Lenin no estaría del todo muerto”. Y recordó “la larga historia” que tiene la “metáfora del fantasma”, desde El Manifiesto Comunista a Espectros de Marx de Derrida…
Retomó la pregunta de la “Nota: “La pregunta de a qué estuvimos, estaríamos renunciando de no tener a Lenin. De no tener una lectura actualizada, contemporánea. Casi extemporánea de Lenin hoy. Y yo diría que estamos renunciando a algo peor que admitir ese carácter fantasmático que es que estaríamos haciendo de Lenin una especie de monumento”. En relación a esto recordó la escena de la estatua destruida de la película Goodbye Lenin, y la de una de las películas de la “tetralogía del poder” de Alexander Sokurov, acerca del “regalo” que le hace el comité central a un Lenin enfermo: un bastón (con el único voto en contra de Trotsky, de hacerle una dedicatoria grandilocuente, llena de alabanzas).

Trotsky, dijo Eduardo, “sabe perfectamente que justamente esa monumentalización es la que paradójicamente ha permitido todas las deformaciones y degeneraciones de la figura de Lenin, tanto por parte del stalinismo como del conservadurismo burgués, etc.”; y planteó: “El problema claro, es que Lenin, al igual que Trotsky en ese sentido, es alguien muy difícil de monumentalizar. Stalin nunca pudo hacerlo del todo –aunque erigió todos los monumentos posibles, porque se dio cuenta, en su política perversa, que [para] su traición a la revolución, [para] su –si queremos ser elegantes, diríamos, su restauración termidoriana (yo diría: su corrupción profunda)– aplicación sistemática del terror, tuvo que recurrir siempre al monumento de Lenin, a las palabras tergiversadas, falsificadas, sacadas de contexto, etc., para legitimar precisamente –o intentar– esa perversión, con lo cual cometió –como si no hubiera cometido suficientes crímenes– también el crimen de hacerle un fenomenal favor a los argumentos de la reacción hasta el día de hoy”.

Volvió sobre la “lectura cruzada” de textos (¿Qué hacer? y El Estado y la revolución), proponiendo ver cómo de allí se pueden desmentir “muchas otras imposturas de las lecturas que se han hecho de Lenin”: acusaciones sobre el “partido sustituísta” de la clase obrera, vanguardista, etc. Y cómo el “posmarxismo” incluso no puede prescindir de los fantasmas de Marx y de Lenin para “de algún modo legitimarse. Que así como a Lenin se lo reivindica como teórico de la política” por sobre la economía, a Marx se lo ha acusado de “reduccionismo económico”: “Bastaría recordar que el subtítulo de El capital es ‘crítica de la economía política’. Lo que está haciendo Marx es, al contrario, demostrar que los reduccionistas económicos son Smith, Ricardo, la economía burguesa clásica, que intenta separar la economía como si fuera una técnica o una ciencia autónoma; separar la ciencia de la política, de la cultura, de incluso la religión o lo que sea… Marx está haciendo el movimiento contrario. Y la operación simétrica inversa que se intentó –se sigue intentando– con Lenin es la misma, es decir, Lenin no tendría nada que ver con la economía, en el sentido marxista fuerte del término, sino que sería un pensador de la política.”

Respecto a eso agregó: “El pensamiento de Lenin es un pensamiento práctico y estratégico de la política por excelencia. Cada uno de los textos que ustedes pueden leer en estos dos gordos tomos están profundamente enraizados en su situación histórica, siguiendo su famoso dictum del ‘análisis concreto de la situación concreta’; pero al mismo tiempo no se detienen en eso; todo el tiempo uno tiene la sensación de que se disparan hacia adelante. De que se disparan hacia el futuro. De que en ese análisis concreto de la situación concreta Lenin está ya anticipando siempre algo, está ya pensando en lo que vendrá. Y cómo vendrá. Y qué es lo más deseable a partir de ese análisis que suceda, y qué es lo más posible que suceda, simultáneamente. Y esta dialéctica de lo deseable y lo posible me parece un eje absolutamente central para leer hoy a Lenin”.

Y ligado a esto planteó “cómo en determinadas situaciones particulares de crisis se produce una condensación de elementos que obligan a una decisión”, aunque no en el sentido del “decisionismo” de Carl Schmitt, sino, en el caso de Lenin, “en el de reordenar” o replantear la situación, produciendo condiciones nuevas”. Recordó entonces la frase que se le atribuye a Maquiavelo, de que “la política es el arte de lo posible”: “Esa frase se puede entender de muy diferentes maneras”, dijo, “según en qué palabra que compone ese enunciado se pone el acento. Por supuesto que lo políticos y los intelectuales burgueses y muchos que no son burgueses en el sentido estricto (socialdemócratas o la llamada centroizquierda) siempre ponen el acento en la palabra ‘posible’. […] Lenin pone el acento en la palabra ‘arte’; la palabra arte es la creación de lo posible. La palabra arte es aquello que –por supuesto, basándose en la realidad existente, no partiendo de cero […] ni remontándose a las nubes– hace posible aquello que hasta ese momento, dadas determinadas condiciones […] parecía imposible; crear las condiciones de posibilidad que me van a obligar seguramente a tomar una nueva decisión y a decidir un nuevo pasaje al acto”.

Christian Castillo comenzó señalando que: “la lectura de los dos tomos, podría haber “dos tipos de lecturas posibles”: una sería seguir de corrido lo que son “25 años de historia revolucionaria”, de “documentación de la lucha revolucionaria de la clase obrera rusa”, y del mismo Lenin “como uno de los grandes protagonistas de esa historia”.

Christian señaló que en las más de mil páginas está “esa historia viviente de cómo se fue forjando esa organización revolucionaria, en contacto con la experiencia real de movimiento de masas. De cómo aun estando en el exilio, permanentemente Lenin va informándose: lo que pasaba en la clase obrera, su experiencia de lucha, nutriéndose de las anécdotas de la clase obrera que va contando y viviendo su experiencia. La importancia que Lenin le va dando a dónde se colocan los obreros” en las discusiones de la socialdemocracia rusa: “permanentemente Lenin insiste una y otra vez si la política del partido cuajaba en los sectores avanzados y combativos de la clase obrera”.

La “segunda lectura” es la de los “libros que [se] van a leer una y otra vez, que van a marcar, que van a releer, que los van a mirar salteados, que van a buscar este artículo o este libro, en el sentido de que nos dicen muchas cosas que son adquisiciones de la teoría revolucionaria. Si Lenin no hubiese llegado a esas conclusiones nosotros las tendríamos que hacer de nuevo. En ese sentido la gran cantidad de textos y las conclusiones que saca Lenin, para momentos precisos, particulares, de luchas situadas históricamente, trascienden ese momento histórico. Y esa es la lectura de la actualidad de Lenin, sabiendo que no estamos en las mismas condiciones en que está Lenin”.

Y explicó que el pensamiento de Lenin, al igual que el de Marx y Trotsky, es “un pensamiento en progreso”, nutriéndose de la experiencia de las masas. Y leyó un fragmento del texto “Lenin como tipo nacional”, de Trotsky, donde habla de la “capacidad práctica de un espíritu inventivo” en Lenin.

A lo que agregó: “Es muy interesante esta cita de Trotsky; uno la podría relacionar con esa idea que señalaba Clausewitz acerca de la importancia del ‘golpe de ojo’; en el caso de Clausewitz, del líder militar; en el caso de Lenin, del líder revolucionario. Los textos que van a leer son textos de combate: de combate contra la burguesía, contra el oportunismo, contra el reformismo, contra sus adversarios de facción. Lenin, en esos combates, va adquiriendo la capacidad, esa intuición revolucionaria de la acción creadora de la política revolucionaria que está en él””.

También polemizó contra las versiones canónicas del stalinismo, funcionales al mantenimiento de la burocracia; y con los autonomistas, quienes ya en el siglo XXI discutían, en el libro A 100 años del ¿Qué hacer?, contraponiendo la lucha de lo social a la lucha política. Y discutió con los “sentidos comunes de lectura” del medio universitario: “Por ejemplo hay una lectura que dice: después del creador Marx vino un marxismo ortodoxo economicista hasta que apareció Gramsci. Bueno: de Lenin nunca se podría decir que es un economicista; [es] el teórico de la autonomía política relativa. El ¿Qué hacer? justamente muestra cómo no hay una relación […] entre la existencia de la clase en sí y la voluntad de su organización política; cómo espontáneamente la lucha de la clase obrera no lleva a la idea de que se tiene que luchar por el poder, sino que la lucha por el poder deviene justamente de la comprensión científica del programa, y en esa comprensión científica del programa se llega mediante una elaboración intelectual, teórica. […] Dice Lenin: a esa conclusión no se llega espontáneamente: hay un trabajo de elaboración teórica que da el programa político y que da los fundamentos para que la clase obrera no sea una clase que simplemente se queda en el estadio tradeunionista –corporativo diríamos hoy– de la lucha sindical, sino que trasciende y se plantea efectivamente la conquista del poder. […] Justamente la burguesía domina por […] el Estado, y para enfrentarlo […] le tiene que oponer un aparato propio de lucha por el poder, que sería justamente el partido revolucionario”; agregando que “la idea de la autonomía relativa de la política siempre está ligada al carácter de clase que siempre tiene que tener un partido para luchar por el poder del proletariado”.

Christian recordó también el texto de 1905, “Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros”, y señaló cómo para Lenin los soviets son la institución de las masas (donde el partido revolucionario tiene que dar la lucha política por ganar la mayoría) para la revolución, “embrión de gobierno revolucionario”, la base del nuevo Estado. “Van a ver cómo siempre en Lenin, ese paso práctico, inmediato, que eran ‘los soviets al poder’, [que en 1917] podían ser la base de nuevo Estado, está ligado a ese objetivo final, que es la lucha por el comunismo”.

Finalizó diciendo: “Lenin da una batalla muy grande cuando, después de años, de peleas entre exiliados, de las ‘peleas de círculo’ como dice él, los bolcheviques tenían un desafío muy grande: cómo ligarse al movimiento de masas […], y aspirar a lograr una sensibilidad militante, […] llegar a esa fusión con las masas. Y en un sentido yo lo quería relacionar porque estamos en un tiempo donde parte de ese desafío se nos empieza a plantear. Vivimos los últimos 10 años de reformismo kirchnerista (por llamarlo de alguna forma), que tiende a agotarse. Vivimos tiempos que se vuelven más convulsivos. Vivimos tiempos donde lo que hemos acumulado, lo que hemos construido leninistamente –en ese sentido la perseverancia, la persistencia contra la corriente–, de que los pasos dados en tratar de forjar una nueva generación de obreros revolucionarios, en tratar de desarrollar esa fusión […] se nos puede plantear en un nivel superior. Y en ese sentido desarrollar una sensibilidad para dialogar con el movimiento de masas es una necesidad que tenemos, si de lo que se trata no es simplemente de ser una tendencia contestataria –que no es para lo que nos preparamos, aunque lo seamos durante un tiempo histórico– sino para preparar aquella herramienta que puede plantearse la lucha por el poder y ganar el apoyo de la mayoría de la clase obrera y poder desarrollar para la militancia revolucionaria a una vanguardia de la clase obrera. Creo que ese es un desafío muy grande, […] esmerarnos una y otra vez por poder escuchar, por poder aprender del movimiento de masas –a la vez no adaptándonos a la conciencia media que haya en la clase obrera o en la juventud–, siempre ligándonos para desarrollar el objetivo estratégico de nuestra lucha: la conquista de la dictadura del proletariado, la conquista de una república basada en la democracia directa, en lo que serán los futuros soviets o consejos de la revolución social en nuestro país, o en otros países que se den. Y el objetivo de llegar a la sociedad comunista y eliminar toda forma de explotación y opresión”.

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