Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
16 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 455

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TERCERA ENTREGA DE LA SERIE A 10 AÑOS DEL 19 Y 20 DE DICIEMBRE DE 2001

El movimiento piquetero y las jornadas revolucionarias

01 Dec 2011   |   comentarios

A partir de la rebelión popular de diciembre de 2001 el movimiento piquetero fue un emergente de la crisis y la movilización social, que destacó la llamada alianza del “piquete y la cacerola”, como representación de una fracción de los trabajadores desocupados. Si bien los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre tuvieron la impronta plebeya de la juventud y los desocupados en los saqueos del Gran Buenos Aires y en la batalla de Plaza de Mayo, el movimiento piquetero no se destacó por su participación organizada en los acontecimientos. La responsabilidad principal recae fundamentalmente en la Asamblea Nacional Piquetera encabezada por Luis D’Elía de la FTV y Juan Carlos Alderete de la CCC (el PO también integraba la dirección), que se negaron a movilizar en esos días.

Movimiento social urbano

El movimiento piquetero recibe su nombre de los levantamientos provinciales que desde mediados de los ‘90 protagonizaron los trabajadores desocupados de Cutral-Co y Plaza Huincul (1996-97), General Mosconi y Tartagal (1997-1999-2000-2001) y Libertador General San Martín (1997), para nombrar a los más emblemáticos, y que enarbolaron la consigna de “trabajo para todos”. Utilizando el piquete, método extraído del arsenal histórico de la lucha de clases del proletariado, para el corte de ruta y el bloqueo de las petroleras, que impedía la circulación de mercancías, los desempleados ocuparon el centro de la escena política nacional como fuerza de resistencia al menemismo y luego a la Alianza. Teresa Rodríguez de Cutral-Co y Aníbal Verón de General Mosconi, caídos por las balas asesinas de las fuerzas represivas del Estado burgués, se convirtieron en los mártires de la clase obrera desocupada. En el caso de Mosconi la rebelión armada fue la respuesta a la represión estatal.

Sin embargo, la masificación del movimiento piquetero cobró impulso cuando ganó las barriadas del Gran Buenos Aires durante la resistencia al gobierno de la Alianza -con los masivos cortes de la Ruta 3 en La Matanza durante los años 2000-2001- y luego de la caída de De la Rúa, cuando el gobierno de Eduardo Duhalde otorgó más de dos millones de planes sociales para amortiguar los efectos de la miseria y la crisis social. Esta masificación del movimiento significó un retroceso de la demanda original de trabajo para todos y en el pedido de planes asistenciales y bolsas de comida. El 26 de junio de 2002 los esbirros de la Bonaerense enviados por el gobierno nacional y provincial -donde figuraban personajes como Felipe Solá, Carlos Soria y Aníbal Fernández- intentaron liquidar al movimiento piquetero asestándole un golpe criminal en el Puente Pueyrredón, en el marco de lo cual cayeron asesinados en la estación de Avellaneda Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. La respuesta de la movilización popular obligó a Duhalde al abandono anticipado del poder.

Según señalábamos hace unos años, el movimiento piquetero se ajustaba a la siguiente caracterización: “movimiento social urbano de un sector de la clase obrera desocupada, que se nutre esencialmente de trabajadoras del servicio doméstico y amas de casa de las barriadas populares, viejos trabajadores fabriles, ex obreros de la construcción, además de una generación de jóvenes que nunca accedió al mercado de trabajo y una pequeña franja de las poblaciones marginales de pobres urbanos. Su organización es esencialmente barrial y sus demandas van del empleo y los subsidios hasta reivindicaciones de índole comunal. En este sentido, los movimientos piqueteros se asemejan a los movimientos sociales reivindicativos de Latinoamérica”1.

Piqueterismo

El movimiento piquetero luego de diciembre de 2001 estuvo dividido en dos grandes bloques. Uno conciliador, encabezado por la FTV-CTA y la CCC, y otro de oposición al gobierno nucleado, por un lado, en la ANT donde se encontraba el PO, Raúl Castells y el MTL del Partido Comunista y, por el otro, en los MTDs. Más allá de que la ANT se diferenciaba del sector conciliador levantando un programa de confrontación con el gobierno, en la práctica las movilizaciones piqueteras se limitaban a enarbolar las consignas generales y pedir en concreto planes de empleo y bolsones de comida al igual que el sector de D’Elía y Alderete. Por otra parte, el vuelco de las corrientes políticas a la organización de los desocupados transformó al movimiento piquetero en una miríada de colaterales de las agrupaciones y partidos.

La quietud general de la clase obrera ocupada por el papel de las burocracias sindicales impidió que el movimiento piquetero pudiera fortalecer la fuerza de clase mediante el frente único obrero y por el contrario dió impulso a la idea de que se trataba de la constitución de un nuevo sujeto social superador del proletariado. Esta ideología fue pregonada centralmente por la CTA con su famoso lema de que “el barrio es la nueva fábrica” y su concepción de que el sujeto a organizar eran los “excluidos” y retomada de diversas maneras por las distintas corrientes que actuaron en el movimiento.

Nos centraremos en dos de ellas. MTDs, que, en consonancia con el pensamiento autonomista, visualizaban en la organización de los desocupados una nueva forma de relación social solidaria que podía reemplazar a las relaciones capitalistas mediante iniciativas cooperativistas. La otra, la del Partido Obrero, que, reconociendo a los desocupados como parte de la clase trabajadora, enarboló la idea de que el movimiento piquetero era el embrión de la dirección revolucionaria de la clase obrera argentina.

Para los autonomistas del movimiento piquetero, la lucha debía centrarse en aprovechar los recursos obtenidos del Estado para desarrollar cooperativas y otras formas de organización social que permitieran negar en la práctica cotidiana las relaciones capitalistas. Rehuían de esta manera del enfrentamiento político con el Estado burgués y sus partidos que a través de los punteros realizaban el reparto de los planes y condenaban al movimiento a construir una sociabilidad que partía de repartir la miseria y no de un programa y una política para expropiar a los expropiadores.
En el caso de PO su posición lo llevó a formar junto al Partido Comunista el Bloque Piquetero Nacional y definir que este frente de tendencias más las que conformaban parte del activo de la ANT, entre ellos Raúl Castells, constituía, como dirección del movimiento piquetero, “una guía histórica para la clase obrera de todo el mundo (...), una prueba de que en medio de la barbarie del capital el proletariado se planta como la alternativa socialista a la barbarie capitalista (...)”2. No es el objetivo de esta nota profundizar en las consecuencias estratégicas de este planteamiento, pero señalemos que resulta difícil ver que una alianza con partidarios de la conciliación de clases como el PC o Castells sea una alternativa socialista de dirección, es decir de independencia de clase y lucha revolucionaria contra el capital y su Estado. Poco tiempo después, en 2003, el PC cerró filas con el kirchnerismo y el dirigente del MIJD con el derechista Blumberg.
Lo cierto es que los desocupados ni constituyen una realidad distinta a la de la clase obrera, sino que son obreros sin trabajo, ni por ende un sujeto diferenciado llamado a sustituir a la clase trabajadora en la lucha contra el capital, ni portadores en la miseria de nuevas relaciones sociales. Lo que mostró la rebelión popular de 2001 es que la fuerza y organización de los desocupados escindida de la de los trabajadores de la industria y los servicios -por responsabilidad central de la burocracia sindical y el terror producido por la desocupación- se vio limitada a pedir planes y ayuda estatal -en gran medida por responsabilidad de las direcciones piqueteras- sin destacar, salvo esporádicamente como en la defensa de Brukman y Zanon, tendencias reales a conformar el frente único obrero con los trabajadores ocupados. La alternativa a la barbarie capitalista que desplegaba la ANT y el Bloque Piquetero se negó constantemente a unificar las filas de los desocupados y los ocupados, como planteaban y practicaban los ceramistas neuquinos en la Coordinadora del Alto Valle. Y no sólo eso sino que además, en las distintas ANT, se opusieron a plantear, tal como sosteníamos desde el PTS, la consigna de preparar la huelga general con cortes de rutas, ocupaciones de empresas y movilización general sobre el poder político como forma de superar los límites del movimiento de diciembre y unificar a la clase obrera y el pueblo pobre en una gran acción en común, limitándose por el cambio a agitar la unidad del piquete y cacerola.

Desde el PTS, junto a los compañeros de Zanon, dimos la pelea por unificar las filas de los desocupados en un movimiento común con libertad de tendencias, de todas las corrientes antigubernamentales, para disputar la base masiva de la CCC y la FTV y enfrentar las trampas de la cooptación y el asistencialismo que era el papel al que lo reducía la política estatal y la orientación que lamentablemente sostenían sus direcciones.
El balance de los movimientos de lucha de 2001 y 2002 es a la luz de los acontecimientos presentes un gran capital político para preparar a las nuevas generaciones de militantes obreros y populares.

1 Ruth Werner y Facundo Aguirre, Movimiento piquetero entre la lucha de clases y la institucionalización. Estrategia Internacional N° 21.

2, Discurso de Jorge Altamira en el Acto del microestadio de Ferro (8/8/2002). Prensa Obrera N° 766

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