Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
20 de julio de 2019

La Verdad Obrera N° 309

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A PROPOSITO DE LA CONFERENCIA DE DAVID HARVEY

Crisis, imperialismo y lucha de clases

08 Jan 2009 | Cerrando un 2008 repleto de debates, el pasado lunes 22 de diciembre, desde el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” realizamos la charla-debate con David Harvey “Crisis, imperialismo y lucha de clases” en el salón principal del Hotel Bauen ante un auditorio de más de 400 personas. David Harvey es profesor de la City University of New York y autor, entre otros libros, de Los límites de El Capital, La condición del la posmodernidad y Espacios del Capital. En sus elaboraciones teóricas ha propuesto una manera de entender el despliegue espacial del desarrollo capitalista –con sus consecuencias de desarrollo desigual y dominio imperialista–, ha aportado una lectura propia –y sumamente estimulante– de El capital de Karl Marx, y ha analizado los problemas de la cultura realizando una de las más acabadas críticas del posmodernismo. A pesar de sus aportes y originalidad, Harvey no escapa a lo que son “signos de época” entre muchos marxistas que influenciados fundamentalmente por los ámbitos académicos han dejado de lado la perspectiva de la revolución social quebrando el vínculo entre la reflexión teórica y la reflexión estratégica característico de la tradición clásica del marxismo revolucionario. De esta forma desarrollos teóricos profundos contrastan con un pensamiento político confinado a lo que Gramsci llamaba “pequeña política”. A continuación haremos una breve reseña crítica de algunos de sus conceptos y posiciones políticas enunciadas en la charla.   |   comentarios

  • David Harvey y Alejandra Rios (moderadora/traductora del IPS)

“Acumulación por desposesión” y “acumulación por explotación”
En relación a la dinámica del imperialismo, Harvey analiza el papel de lo que llama “soluciones espacio-temporales” que tienen como objetivo superar la sobreacumulación en determinadas regiones evitando la devaluación de los capitales que permanecen ociosos. El elemento temporal de estas “soluciones…” hace referencia a mecanismos que operan ante la imposibilidad de inversiones de corto plazo, frente a los cuales se puede apelar a la inversión en infraestructura, gasto social, o aumento de la capacidad productiva. El elemento espacial consiste en la migración de capitales a regiones que no hayan agotado sus potencialidades de inversión.

Por otro lado, también nos habla de “acumulación por desposesión” como la utilización de los mismos métodos de la “acumulación originaria” de los orígenes del capitalismo para en la actualidad hacer que los sectores más empobrecidos de los países más pobres paguen los costos de las crisis de sobreacumulación regionales. Estos mecanismos consistirían en utilizar formaciones sociales no capitalistas o sectores del capitalismo donde está relativamente vedada la valorización. Ejemplos de esto serían las privatizaciones de empresas públicas y servicios sociales, las políticas del FMI de ajuste fiscal, la deuda externa, las devaluaciones y crisis controladas.

Harvey destaca que en los momentos de reproducción ampliada cuando el capital expande la producción mediante el desarrollo de las fuerzas productivas prevalecen las “soluciones espacio-temporales”. Es decir, aquellas sustentadas en la explotación del trabajo asalariado. Esto ocurrió durante el “boom” de posguerra. En cambio, cuando el capitalismo no logra una acumulación ampliada prevalecen los mecanismos de “acumulación por desposesión”. Esto es lo que ocurriría con neoliberalismo.

A partir de esta consideración, destaca correctamente la importancia que tuvieron los mecanismos de “acumulación por desposesión” bajo el neoliberalismo. Pero al mismo tiempo, se desliza hacia una visión que tiende a separar “acumulación por desposesión” y “acumulación por explotación”, y donde en la actualidad, la producción generalizada de mercancías como elemento característico del modo de producción capitalista se convertiría en un elemento secundario, cuando es allí donde el capital se produce y reproduce, y se genera todo el valor apropiable. De hecho, la mayoría de los mecanismos de desposesión actuaron sobre las condiciones de vida de los trabajadores aumentando los niveles de explotación.

Ellen Meiksins Wood le critica con razón a Harvey que, a pesar de dar cuenta de fenómenos reales, su visión de la “acumulación por desposesión” se emparenta más al concepto de “acumulación originaria” de la economía política clásica que al de Marx1. Para ella se trataba de la constitución de una masa de riqueza inicial, mientras que para Marx era “el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción”2. Es decir, la diferencia se encontraba justamente en la estrecha relación que establecía Marx entre “la acumulación originaria” y la “acumulación por explotación”.

En cuanto a la relación que podemos establecer hoy entre “acumulación por desposesión” y “acumulación por explotación” tenemos el mejor ejemplo en la crisis actual. El neoliberalismo permitió recuperar la tasa de ganancia pero esto no fue acompañado por una vigorosa inversión de conjunto sino con determinados “nichos” de fuerte acumulación sobre los cuales se han desarrollado burbujas especulativas (Este de Asia, puntocom, mercado inmobiliario, etc.). El crecimiento exponencial del capital ficticio ha sido una respuesta a la sobreacumulación, pero la estrecha generación de valor real ha desembocado en la crisis demostrando que el capitalismo no puede evitar pasar por el doloroso trance de la “acumulación por explotación”.

Neoliberalismo: un término ambiguo

Harvey, en la conferencia, definió al neoliberalismo como “estrategia de control de clase”, distinguiendo dos aspectos. Uno ideológico que refiere a “la libertad del mercado, la responsabilidad del individuo, el retiro al estado de la provisión social e incentiva las iniciativas de empresas privadas, y nos dice que el mercado es el vehículo para lograr el progreso y condiciones de vida dignas”. El otro aspecto práctico, consiste en “aplastar el poder de la clase obrera”. “El neoliberalismo –sostuvo– era la ideología que estaba detrás de esa práctica, porque entre finales de 1960 y principios 1970 la clase obrera había adquirido un poder considerable y la tasa de ganancia del capitalismo estaba en declive, [frente a esto] la clase capitalista tuvo que organizar un contra-ataque.”
Partiendo de la ambigüedad del término “neoliberalismo”, y una vez hecha la distinción entre su aspecto ideológico y su aspecto práctico, queda por responder si el neoliberalismo, como práctica, representó la única respuesta viable a cuestiones estructurales que hacen a la subsistencia del sistema capitalista, o si por el contrario, es sólo un tipo de política entre otras que se podrían haber adoptado. La primera afirmación nos lleva a ver a la crisis actual como una crisis que involucra al capitalismo como sistema; la segunda, a pensar esta crisis como producto de los límites de una política.

La explicación de Harvey se emparenta con esta última respuesta, por eso nos habla del “colapso particular del modelo estadounidense del capitalismo”. Así es que en su libro El Nuevo Imperialismo, que hemos criticado oportunamente (Martín Noda, “Países imperialistas e imperialismo capitalista”, Lucha de Clases n° 4, 2004), considera posible la existencia de un capitalismo no-salvaje capaz de reeditar un “compromiso socialdemócrata”, que ejemplifica como la reedición de un “New Deal”.

Sin embargo, al igual que con el neoliberalismo, también habría que distinguir el aspecto ideológico y el aspecto práctico del mítico “New Deal”. Su aspecto ideológico es que fue este “nuevo trato”, el que sacó a EE.UU. de la crisis de los ’30 mediante un compromiso entre el capital y el trabajo. Sin embargo, su “práctica” fue muy diferente, y consistió en salvar al capitalismo a toda costa, guerra interimperialista incluida.
El intento asociado al keynesiano de dar salida al capital sobreacumulado mediante crédito a la inversión, realización de obra pública, estímulo a la demanda y a la iniciativa empresaria ya mostró su fracaso frente a la crisis del ’30. En aquel entonces, la recuperación del empleo y de la actividad económica fue sólo por unos años. El “New Deal” fracasó no porque el gobierno de EE.UU. no pudo o no supo redistribuir excedentes –tal es la visión de Harvey– sino porque los límites estructurales de la sobreacumulación llevaron nuevamente en 1937/38 a un colapso económico, con nuevos derrumbes de la bolsa, que hizo trepar el desempleo al 20%. El capital sobreacumulado sólo encontró una salida efectiva posteriormente en torno a los preparativos para la segunda guerra mundial, y luego basado en la muerte de 60 millones de personas y la destrucción en masa de fuerzas productivas. Sin embargo, reiteró su impotencia hacia finales de los ’60 cuando el aumento de la composición orgánica del capital y la caída de la tasa de ganancia, a pesar de la intervención estatal, condujo al estancamiento económico. 3

Ya no es posible volver a las condiciones originales del neoliberalismo, se han restringido enormemente los “otros preexistentes” sobre los que el capitalismo podía avanzar con la “acumulación por desposesión” para evitar la devaluación de capitales. Pero menos que menos, es posible volver a las condiciones de la posguerra donde las “soluciones espacio-temporales” tenían todo un terreno para desarrollarse, producto de la destrucción masiva de fuerzas productivas, a no ser, obviamente que medien catástrofes de semejante magnitud.

“Pequeña política”

A la hora de abordar los problemas políticos actuales, dedicado a la búsqueda de un nuevo “New Deal”, Harvey confina su reflexión a la “pequeña política” que Gramsci definía como “las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida por las luchas de preeminencia entre las diversas facciones de una misma clase política”, dejando de lado la “gran política”, que para el revolucionario italiano “comprende las cuestiones vinculadas con la fundación de nuevos Estados, con la lucha para la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales”.4

De esta forma, ve la política norteamericana como una disputa por presionar a Obama. “Creo –sostuvo Harvey– que va a haber una gran lucha entre la gente alrededor de Obama que es bastante conservadora y el resto de nosotros que vamos a presionar por soluciones más radicales”. Y propone como medidas para que adopte el nuevo gobierno, cuestiones como “recortar el presupuesto militar por la mitad” o “que el dinero que se pide se utilice para hacer cosas para la gente en lugar de que simplemente se utilice para la especulación”.

Estas medidas no parecen muy coherentes con el apoyo de Obama al rescate financiero, por no hablar del reforzamiento de las tropas en Afganistán. A lo que hoy se suma, como una muestra más, el escandaloso silencio ante la masacre sionista en la Franja de Gaza, que responde a que no tiene ninguna diferencia con el apoyo brindado por el gobierno de Bush.

Volviendo a la analogía con la “acumulación originaria” sería algo así como proponerle a Enrique VIII que en vez de azotar y encarcelar a los campesinos expropiados que se convertían en mendigos, les devuelva las tierras para que produzcan con sus propios medios y cierre la mitad de los calabozos para ahorrar fondos.

Es que al separar “acumulación por explotación” de “acumulación por desposesión”, donde esta última sería la predominante, queda en segundo plano la necesidad de una lucha anticapitalista y por lo tanto la clase obrera queda sumergida en un movimiento popular de todos los que están a favor de un capitalismo que abandone los métodos de la “acumulación originaria”. Un frente donde los oprimidos del mundo podrían convivir con sectores de la burguesía imperialista, que se concienticen de los inconvenientes de la “acumulación por desposesión”.
A diferencia de lo que sostiene David Harvey, la ligazón entre los procesos de “acumulación por explotación” y los de “acumulación por desposesión” hacen indisociable la lucha antiimperialista consecuente con la lucha anticapitalista. Justamente por esto ponen a la clase obrera, su programa histórico obrero y socialista, y un partido revolucionario nacional e internacional que luche por él, en el centro de la alianza de los oprimidos, capaz de enfrentar los ataques de los capitalistas en todo el mundo que querrán hacer pagar a los trabajadores los costos de la brutal crisis que se está desarrollando. Y esto definitivamente no será un asunto de “pequeña política”.

1 E. M. Wood, “Logics of power: a conversation with David Harvey”, Historical Materialism, n° 14.

2 Karl Marx, El Capital, cap. XXIV.

3 Paula Bach, “Falacias del ‘humanismo’ keynesiano”, EconoCrítica N° 6.

4 Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel.

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