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INTERNACIONAL

Debate con Izquierda Socialista

Una consigna etapista para la lucha palestina

Si bien defendemos incondicionalmente el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, no coincidimos con quienes señalan como perspectiva la consigna de una Palestina democrática, laica y no racista porque una república en estos términos, es un Estado burgués.

Eduardo Molina

6 de diciembre 2012

Si bien defendemos incondicionalmente el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, no coincidimos con quienes señalan como perspectiva la consigna de una Palestina democrática, laica y no racista (consigna histórica de la “Carta nacional palestina” de la OLP abandonada por todos los movimientos y organizaciones árabes) porque una república en estos términos, es un Estado burgués. Izquierda Socialista en su periódico n° 204, dice: “(…) Por eso la lucha histórica por la destrucción del Estado de Israel (tal como se destruyó el Estado racista sudafricano) y la construcción de una Palestina laica y democrática (es decir, con igualdad de todos sus habitantes) en todo su territorio histórico y con el derecho al retorno de los exiliados, vuelve a tener vigencia” [destacado nuestro]. Es decir que IS les propone a los trabajadores y el pueblo palestino que encabecen la lucha por una república burguesa, lo cual es a la vez una utopía (no se puede resolver plenamente el problema nacional palestino sin romper con la burguesía y el imperialismo) y una trampa (porque ata a las masas palestinas a la estrategia de sus direcciones, que no quieren ir más allá de esos límites). Adoptar esa consigna como programa propio fue una forma de adaptación o seguidismo a los movimientos nacionalistas árabes, como en tiempos de la OLP de Arafat. Ahora se sostiene expresando una concepción objetivista y semi-etapista de la revolución, que plantea que las tareas democráticas formales (burguesas) -la autodeterminación del pueblo palestino- son una etapa necesaria, separada de las tareas transicionales y socialistas, en el camino de la revolución socialista convirtiendo de hecho a la consigna de Palestina laica y democrática, en estratégica.

IS llega al absurdo, cuando compara “la lucha histórica por la destrucción del Estado de Israel (tal como se destruyó el Estado racista sudafricano)”. En primer lugar la analogía es doblemente falsa, por un lado Sudáfrica era un (solo) estado burgués con un régimen en el que una minoría blanca colonialista segregaba a la mayoría negra, mientras que Israel es un enclave imperialista creado artificialmente a costa de eliminar al pueblo palestino, expulsándolo y condenándolo a vivir en dos porciones de tierra diferentes –o peor, en "archipiélagos" o bantustanes como se menciona en el artículo central (ver “Por una estrategia revolucionaria para la autodeterminación palestina”)-. Por otra parte, bajo la rimbombante abstracción de la "destrucción del estado racista" en Sudáfrica, se esconde que los cambios y concesiones en el régimen político como subproducto del ascenso del proletario negro y las masas, fueron parte de un plan de desvío pactado entre la dirección del CNA, los principales representantes de la burguesía blanca y el gran capital sudafricano e imperialista, con el objetivo de salvaguardar al Estado que sigue siendo burgués e impedir el desarrollo de la revolución. Ya no rigen las leyes del apartheid que impedían la “mezcla de razas” -derogadas en 1991-, se lograron derechos civiles como el voto para los negros y la incorporación a cargos de gobierno –que llegó a la aceptación de un gobierno negro como el de Nelson Mandela en 1994- y la asimilación de una élite negra al régimen burgués, mientras la minoría blanca junto al imperialismo mantienen el control de los principales recursos del país: las tierras, la minería, la industria.

Lo que no dice IS es que si se derrotó el Estado racista sudafricano, ¿en la actualidad que tipo de estado hay? Su esquematismo estratégico, defendiendo revoluciones democráticas aún en los marcos del régimen político burgués, los lleva al ridículo de ver triunfos por todos lados, incluso cuando las masas son políticamente expropiadas y los procesos revolucionarios desviados, como ocurrió a la salida del apartheid, con la instalación del gobierno negro de Mandela.

Además, la política de IS para Palestina es completamente utópica ya que ni siquiera es posible una salida política burguesa a la sudafricana -lo que IS llama "revolución democrática triunfante", salvo que consideren que tal sería la proclamación del estado palestino en las dos porciones de tierra de Gaza y Cisjordania cercadas por el Estado de Israel. La justa aspiración histórica a la autodeterminación palestina, idea básica a la que trata de responderse al plantear una Palestina laica, democrática y no racista en todo el territorio histórico, es imposible de lograr sin derrotar a la burguesía sionista y expulsar al imperialismo, tareas que evidentemente van mucho más allá de una revolución limitada en su primer etapa y de antemano a encarar exclusivamente tareas democráticas formales, tal como se desprende de la idea de “revolución democrática” que trasunta la posición de IS y su paralelo con Sudáfrica. Por el contrario, son la perspectiva y los métodos de la revolución permanente, que demandan establecer con claridad el objetivo estratégico de una palestina obrera y socialista, los que responden a la tarea de acabar con el Estado de Israel y sus bases fundamentales y asegurar el pleno derecho palestino a la autodeterminación nacional. Esto, como explicamos en el artículo central, se articula estrechamente con la dimensión internacional porque es parte de las tareas de la clase obrera árabe en su conjunto y se integra en la perspectiva estratégica de una federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente.

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