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Debates

DEBATE CON EDUARDO SARTELLI Y RAZÓN Y REVOLUCIÓN

Rendido ante el “imperio de las circunstancias”

Parece ser que a Eduardo Sartelli, director de Razón y Revolución (RyR) le han molestado algunas críticas que realizamos en Lucha de Clases N° 81.

7 de agosto 2008

De la “eficiencia” a la “abnegación”: una falsa polémica

Para Sartelli no debimos atrevernos a “decir cosas tales como que Mao y Fidel no fueron revolucionarios honestos y abnegados, que lo que hicieron no salió de sus cabezas sino de la casualidad y que los resultados políticos a los que llegaron eran contrarios a su voluntad, pura expresión de las circunstancias”2. Luego dirá que “Mao y Fidel fueron auténticos revolucionarios y la china y la cubana fueron auténticas revoluciones socialistas (...) creer que alguien escapa veinte años a las balas y recorre todo China arriando campesinos para una revolución a la que quiere traicionar, es una estupidez”

Parece ser que Sartelli no leyó seriamente nuestro artículo. Allí es imposible hallar tales afirmaciones. No está puesto en discusión si Mao y Fidel fueron honestos y abnegados. Tampoco que encabezaron verdaderas revoluciones sociales. Lo que se debate son las estrategias que ambos desarrollaron. Fidel Castro, en el momento que llega al poder, no era socialista. Citamos al Che Guevara cuando afirmaba que los objetivos del “M-26 de Julio” no eran socialistas sino democrático burgueses. Por su parte, Mao planteaba que, en una primera etapa, era necesaria una alianza con la burguesía para derrotar al imperialismo japonés, alianza expresada en su planteo de realizar un gobierno de coalición con el Kuomintang. Esto implicaba limitar la lucha contra la burguesía.
Nuestra crítica es que el maoísmo y el castrismo, aunque tomaron el poder y expropiaron a la burguesía (pese a sus objetivos iniciales y como producto de circunstancias excepcionales), tomaron como propia la política stalinista del “socialismo en un solo país” y la implementación de un régimen burocrático interno. Es decir, bloquearon la perspectiva permanentista de las revoluciones china y cubana en lo que hace a las transformaciones socialistas en el plano interno y al desarrollo de la lucha por la revolución socialista internacional.

Teoría, práctica y estrategia

Pero, para Sartelli, cualquier estrategia resulta válida si resuelve el problema de la toma del poder. Tanto Mao como Fidel, bajo el “imperio de las circunstancias”, supieron resolver “de manera genial” ese problema. No es cuestión entonces de andar con críticas. Pero además, agrega Sartelli, todos los revolucionarios han hecho cosas que no tenían previstas. ¿Por qué criticar a Fidel que tenía en mente una revolución democrática, si hasta el propio Lenin tenía una idea distinta de la revolución rusa que la que realmente se dio? ¿Por qué discutir contra Mao cuando Trotsky tenía una idea sobre la construcción de partido distinta a la bolchevique, a la que luego adhirió? TODOS cambiaron su punto de vista en el momento de la revolución “por imperio de las circunstancias” señala Sartelli.

Aquí el “imperio de las circunstancias” es la dictadura total de los hechos. Lo que ocurrió fue necesariamente así. No había caminos alternativos. La historia es lo que ha acontecido y quienes triunfaron circunstancialmente no pueden ser cuestionados. Habría que preguntarse entonces ¿para qué desvelarse por tener una estrategia correcta si todo depende exclusivamente de las circunstancias?

La comparación entre Mao y Fidel con Lenin y Trotsky no resiste el menor análisis. Lenin planteaba originalmente la necesidad de luchar por una “dictadura democrática de obreros y campesinos”, pero aunque esta fórmula tenía un carácter algebraico (no definía qué clase encabezaría esa alianza revolucionaria), implicaba la lucha sin cuartel contra la burguesía liberal, con la cual los mencheviques sostenían que era necesario aliarse en la lucha contra el zarismo. En abril de 1917 Lenin le da un carácter preciso y plantea la lucha por la dictadura del proletariado, arrastrando tras de sí a las masas campesinas. Lenin no sólo consideró siempre que la alianza revolucionaria obrero-campesina se daba en oposición a la burguesía liberal sino que consideró a la revolución rusa como el prólogo de la revolución socialista en Europa. La indefinición de la fórmula leninista nacía de un enorme interrogante: los más de 100 millones de campesinos rusos, verdadero mar que rodeaba a unos 10 millones de obreros urbanos y rurales. Pero la revolución rusa de 1917 y la china de 1925-27 mostraron claramente como actúan los partidos “campesinos” en los momentos de revolución social abierta, orientándose bajo la dirección de la burguesía o del proletariado. Tanto Mao como Fidel contaban con esas experiencias a su favor. Pero su estrategia, al contrario de la de Lenin, partía de impulsar la colaboración de clases con sectores capitalistas. Para Sartelli, esta posición completamente divergente respecto a la actitud a tomar con la burguesía “liberal”, “democrática” o “nacional”, no tendría ninguna importancia ya que se podría poner un signo igual entre la formula “algebraica” de Lenin (que excluía tajantemente a la burguesía) con el “bloque de las cuatro clases” de Mao o el gobierno provisional con la burguesía “democrática” de Castro.
La confluencia entre Lenin y Trotsky se preparó durante décadas. No surgió sólo en el fragor de la batalla. Ambos pelearon desde principios de siglo contra toda forma de colaboración de clases con la burguesía. Esta “unidad de perspectiva”, por llamarlo de algún modo, se plasmó en 1917. La teoría de la revolución permanente era irrealizable sin el partido construido por Lenin. Éste, que se preparó durante casi 20 años para la entrada en escena de la revolución socialista, al precisar su concepción, confluyó con el planteo de Trotsky, cuya diferencia no estaba en la necesidad de construir un partido revolucionario sino en la valoración que hacía de las tendencias existentes en la socialdemocracia rusa. No fue el “imperio de las circunstancias” sino la existencia de una estrategia de independencia de clase lo que llevó a ambos a una política revolucionaria común.

Sartelli nos podrá contestar que Mao y Fidel cambiaron su concepción de la revolución por imperio de las circunstancias ¿Es así? Sí y no es la única respuesta posible. En la práctica, ellos sí llevaron adelante “a su modo” la primera de las leyes de la revolución permanente, es decir que sólo mediante la dictadura del proletariado es posible resolver el problema agrario y la independencia nacional. Pero precisamente, “ese modo” limitó el desarrollo en los otros dos aspectos constituyentes de la misma: las transformaciones socialistas en el conjunto de la vida social y cultural en el estado obrero naciente (fuertemente limitadas por los regímenes burocráticos implementados en ambos países) y la extensión de la revolución a escala internacional. Allí intentaron establecer condiciones para la coexistencia pacífica con el imperialismo después de los primeros años de la revolución. En este terreno sus concepciones se adaptaron a su manera a los planteos que había formulado previamente el stalinismo en la URSS.

Un pragmatismo a prueba de balas

El pragmatismo de Sartelli parece no tener límites. Señala: “es por imperio de las circunstancias, porque se frena la revolución mundial, por lo que se adopta de hecho el socialismo en un sólo país. Por imperio de las circunstancias se burocratiza la revolución”. La realidad es lo que es y punto. Para él, poco importan entonces las estrategias, la lucha de corrientes, de ideas políticas o de organización. El proceso objetivo determina mecánicamente las características de la revolución y también determinará la contrarrevolución. Para él, el stalinismo es el producto necesario e inevitable de las circunstancias. Entonces ¿Para qué habrán peleado denodadamente Trotsky y sus seguidores frente a semejantes “circunstancias” inmodificables? ¿Es preciso reivindicar el intento de desarrollar el socialismo en un sólo país, ya que surgió por “imperio de las circunstancias”?

Si todo depende de las circunstancias, ¿qué importancia pueden tener la teoría marxista y la construcción de un partido? Dicen abiertamente nuestros polemistas que las tareas “que van de la agitación inmediata hasta la dirección estratégica del movimiento revolucionario, no nos corresponden (...) porque ya hay quien las hacer mejor”. Ellos se dedican al “estudio científico de las posibilidades de la revolución argentina”. Pero si la revolución y la acción de los revolucionarios no pueden ser previstas y cada uno actuará bajo el implacable imperio de las circunstancias ¿qué sentido tiene estudiar la realidad? ¿Para qué sirve la teoría sino permite prever y en función de eso, definir una línea política, si igualmente las circunstancias van a imponerse por el imperio de su fuerza?

Los integrantes de RyR han venido a ser intelectuales que no construyen partido en la práctica de forma confesa y teóricos que aportan un conocimiento completamente innecesario, ya que nada puede ser previsto y todo se improvisará “bajo el imperio de las circunstancias”. Si esto no se llama academicismo, la verdad es que no sabemos como llamarlo.

La estructura de clases en Argentina. Un “debate” sin fundamentos

Nuevamente Sartelli insistirá con su argumento de costumbre: existe una tendencia histórica a la expulsión de la clase obrera de las fábricas. Quiénes “osamos” cuestionar esta definición somos propagandistas del kirchnerismo. Dirá que “esta recuperación kirchnerista, ya llegó a sus límites (...) estamos al borde del desempleo de masas abierto y furioso al estilo 2002”. Hace pocos meses la expulsión de los obreros de las fábricas era ya la realidad. Hoy, estamos al borde. Es difícil debatir cuando el interlocutor cambia de opinión tan seguido3.

Ahora “la clase obrera ocupada no va a protagonizar ningún episodio político importante hasta que la hiperinflación la saque a la calle”. En el libro La Plaza es nuestra se puede leer que “para que la clase obrera ocupada entre en el proceso de lucha, es necesario que la desocupación se transforme en descomposición social”4. Una vez más Sartelli dice una cosa distinta de la que dijo hace algún tiempo, sin explicar su cambio de postura ¿Habrá que acostumbrase?

Pero, tal como lo reseñamos en el último número de la revista Lucha de Clases, existe un proceso de recuperación social y sindical de sectores de la clase obrera, a la que nuestro polemista, no sabemos porqué motivos, omite referirse.

Cómo explicar una teoría sin comprenderla

Sartelli repetirá que en Argentina “no hay tareas democrático burguesas que cumplir y que esa parte de la revolución permanente no tiene sentido aquí”. Para justificar esta afirmación, increíblemente dice que “la burguesía agotó su potencialidad histórica”.

Esto es lisa y llanamente no comprender la teoría de la revolución permanente. Precisamente el nudo del primer aspecto de dicha teoría reside en el entrelazamiento entre las tareas democrático-burguesas y las socialistas. La revolución se vuelve permanente porque la burguesía es incapaz de llevar adelante sus propias tareas, es decir porque “agotó su potencialidad histórica”. Da un poco de vergüenza ajena tener que explicar el ABC de la teoría de la revolución permanente al “experimentado” prologador de un libro de Trotsky. Más aún, Sartelli elimina de un plumazo el carácter “semicolonial” de nuestro país, modificándolo por el de “capitalista desarrollado” (una categoría no marxista), como si la opresión imperialista (y con ello la tarea “democrático estructural” de la liberación nacional que debe llevar adelante el proletariado) hubiese desaparecido por arte de magia. Esto no es una cuestión menor porque justamente la distinción entre países opresores y oprimidos es lo que define el campo en el que nos ubicamos los revolucionarios en caso de guerra. ¿Estarían Sartelli y los compañeros de RyR por el triunfo de la Thatcher y el imperialismo británico en la guerra de Malvinas? ¿O con Trotsky cuando afirmaba que el proletariado internacional en caso de guerra debía estar con el Brasil “fascista” de Vargas contra la Inglaterra “democrática”?

Un “novedoso” programa para el campo

Sartelli se asombra de que señalemos la existencia de decenas de miles de pequeños campesinos. Mal que le pese, el conflicto entre las patronales agrarias y el gobierno lo mostró. Miles de campesinos fueron privados de sus tierras por terratenientes y por los llamados “pequeños y medianos productores”5. Se calcula que son alrededor de 280 mil familias numerosas de pueblos originarios y 220 mil familias campesinas, una población estimada en tres millones de personas, que están fuera del “régimen sojero” y viven fundamentalmente en la zona extrapampeana6. RyR niega la existencia de ese sector social para plantear una de las políticas más extravagantes frente al conflicto actual.

En El Aromo se afirma que “la concentración no es una maldición, sino nada menos que la premisa elemental del socialismo”7. Si esto es así sin más que agregar, los socialistas deberíamos optar por la concentración contra la pequeña propiedad. El pequeño campesino que pide tierra es una traba al desarrollo socialista. Desechemos pues su reclamo. Cierto es que la concentración de la tierra y la tecnificación son una premisa necesaria para la construcción de un estado obrero, pero si se toma esta definición de forma abstracta se puede llegar a la conclusión absurda de que, en función de buscar las “premisas elementales para el socialismo”, deberíamos apoyar el desarrollo de los pooles de siembra y el desalojo de los pequeños campesinos8. Para no llegar a esas increíbles conclusiones, RyR prefiere negar la existencia de los campesinos. Para ellos, el único programa para el campo es “el socialismo, a secas y sin aditivos”. Digamos de paso que lo que se debería estar discutiendo son las condiciones para la construcción de un estado obrero, no del socialismo que presupone la conquista de los más altos niveles de desarrollo de las fuerzas productivas de conjunto (no sólo en el campo, sino sobre todo en la industria) y el comienzo de disolución del Estado, cuestión impensable en un país semicolonial atrasado como el nuestro. Nuevamente nos da un poco de vergüenza tener que explicar esto a alguien que dice conocer a Trotsky y prologa sus libros.

El campo argentino está en condiciones de desarrollar una verdadera revolución sin pasar por la etapa de la pequeña propiedad. Se trata de luchar por la expropiación de los terratenientes y la gran burguesía agraria. Pero en esta lucha los campesinos que son expulsados de sus tierras por estos sectores son un aliado del proletariado, que debe defenderlos contra la tendencia a la “concentración” que defiende Sartelli, quien desdeña la voluntad de miles de campesinos pobres. Apoyar su lucha es un principio básico de la política revolucionaria. Fue el stalinismo el que resolvió el problema campesino “a lo Sartelli” es decir, “a secas y sin aditivos” bajo el “imperio de las circunstancias”. Esto se llamó “colectivización forzosa”.

Pero esta reflexión carece de importancia para los miembros de RyR. Ellos no llevan adelante tareas políticas prácticas. Si esto no es academicismo ¿de qué se trata?

Para quiénes militamos en el PTS, estudiando y debatiendo las posibilidades de la revolución, así como llevando adelante las tareas de agitación y organización, el marxismo es una guía para la acción. Siguiendo a Marx, se trata de comprender que “la coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria”9.

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