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A 70 años de la fundación de la IV° Internacional

A 70 AÑOS DE LA FUNDACION DE LA IV INTERNACIONAL

La era de los procesos de Moscú

A fines de 1935, Stalin utilizó el caso del asesinato de Kirov1 como apertura de una serie de juicios públicos y purgas partidarias (expulsiones en masa) que en los cuatro años siguientes liquidarán literalmente lo que quedaba de la dirección de la Revolución Rusa y de cientos de miles de oposicionistas2. Se completaba así la transformación del PC en una sumisa agencia de la burocracia

Andrea Robles

18 de septiembre 2008

A fines de 1935, Stalin utilizó el caso del asesinato de Kirov1 como apertura de una serie de juicios públicos y purgas partidarias (expulsiones en masa) que en los cuatro años siguientes liquidarán literalmente lo que quedaba de la dirección de la Revolución Rusa y de cientos de miles de oposicionistas2. Se completaba así la transformación del PC en una sumisa agencia de la burocracia. Lejos de responder a medidas de un dictador maniático, los Juicios de Moscú fueron la fachada con la que encubrieron el exterminio de las tendencias revolucionarias que en la URSS aún pervivían en tres generaciones, y que junto al descontento de sectores de masas, emergieron desde 1935, testigo de las consecuencias desastrosas de la política de la dirección de PCUS y la Internacional Comunista.

Pese a las duras condiciones, 1935-1938 fue un período de enorme actividad de los trotskistas. Además de luchar por el triunfo de la revolución española, su avance en Francia y la construcción de la IV Internacional, León Trotsky y su corriente, particularmente su sección más importante, la rusa, enfrentarán al estalinismo no sólo en una lucha política y física sino también en el plano de las ideas, la elaboración e investigación teórica, constituyendo la única oposición y alternativa revolucionaria en la URSS. Paralelamente, Trotsky escribirá en 1936 su magistral libro, La Revolución Traicionada, donde analiza tanto los logros y las contradicciones, agudizadas por el régimen bonapartista como las perspectivas revolucionarias y la lucha por el socialismo en la URSS.

En esta primer parte, mostraremos el significado de los Juicios de Moscú y el nuevo viraje de Stalin. En la segunda, abordaremos su repercusión e implicancias en el terreno internacional.

La situación en la URSS

Como vimos anteriormente, la aplicación de la colectivización forzosa y de la industrialización acelerada de Stalin, entre 1930-19343, fue a costa de grandes padecimientos para el pueblo soviético de la ciudad y el campo. Pero a partir de 1935, la economía comenzó a mejorar y se consolidaron los progresos en la industria. El gobierno puso entonces fin al racionamiento y cedió la presión sobre los campesinos. El plan quinquenal se proponía el aumento de la producción de bienes de consumo y el desarrollo de la industria ligera, ampliando el trabajo a destajo a toda la industria soviética para ello.

La promoción de Stalin del movimiento Stajanov4 como el que “prepara las condiciones de la transición del socialismo al comunismo” era el camuflaje social que ocultaba que las formas de control del trabajo y del consumo eran las inventadas por el capitalismo: el aumento del rendimiento de trabajo basado en la autoexplotación, que para Marx “correspondía mejor al modo capitalista de producción”5. De este modo, la masa de mercancías creció y los precios bajaron, logrando un aumento del bienestar de la población pero a costa de la baja calidad de los productos, el desbarajuste entre fábricas y el caos completo en muchas de ellas, al tiempo que crecía la desigualdad.

El aumento de las desigualdades y de los antagonismos sociales
En la vida cotidiana, la sociedad soviética se dividía en una minoría privilegiada y una mayoría que vivía en la miseria, con polos severamente marcados. Mientras que los campesinos de los koljoses habitaban, como antaño, viviendas precarias de madera, la burocracia gobernante se quejaba porque en las habitaciones construidas para ellos no siempre había “cuarto de criados”. Como afirmaba Trotsky: “Limusinas para los ‘activistas’, buenos perfumes para sus mujeres; para los obreros, margarina; almacenes de lujo para los privilegiados; el espectáculo de los manjares finos expuestos en la vitrina para la plebe. Este socialismo no puede ser, ante los ojos de las masas, más que un capitalismo que regresa. Apreciación que no es del todo falsa. En el terreno de la ‘miseria socializada’, la lucha por lo necesario amenaza con resucitar ‘todo el antiguo caos’, y lo resucita parcialmente a cada paso”6.

Los “stajanovistas” se constituyeron en una capa superior de la clase obrera, cuyas posibilidades de adquirir bienes estaba relacionada no sólo con un salario 20 o 30 veces mayor al de un obrero común, sino también por múltiples privilegios exclusivos (habitaciones nuevas, vacaciones en casas de reposo, médicos y maestros a domicilio, entradas gratuitas al cine, etc.). Esta diferenciación social se trasladaba al campo, en los sovjoses (explotaciones agrícolas del Estado) y los koljoses (cooperativas).

Recibido con desagrado e incluso con marcada hostilidad por los obreros rusos, un importante sector participó del movimiento, no por principios socialistas, sino por el ansia de “ganar más”. El gobierno aplicó fuertes medidas de represión contra el personal técnico y los obreros acusados de sabotaje, que atestiguaban la fuerza de la resistencia pero sobre todo las dificultades técnicas, económicas y culturales, que provenían incluso de la misma burocracia.

Al presentar los avances industriales del Estado obrero, como frutos del “socialismo”, la burocracia estalinista tenía que ocultar todas las contradicciones que emanaban de su real carácter transitorio -entre el capitalismo y el socialismo-, motivo por el cual, su desarrollo no podía ser armonioso sino contradictorio entre uno y otro polo. La fisonomía definitiva del Estado obrero debía definirse por la relación dinámica entre sus tendencias burguesas y socialistas: “La victoria de las últimas debe significar la supresión irrevocable del gendarme o, en otras palabras, la reabsorción del Estado en una sociedad que se administre a sí misma. Esto basta para hacer resaltar la inmensa importancia del problema de la burocracia soviética, hecho y síntoma”7.

Alimentadas por la lucha de clases mundial, el triunfo del fascismo, el horizonte de una nueva guerra mundial y la revolución actuando, las contradicciones de clase al interior de la URSS agudizaron sus antagonismos. La reacción estalinista tomaba prestados los métodos de la burguesía para frenar el desarrollo hacia el socialismo de manera de conservar sus privilegios; en esto consistía “el socialismo en un solo país”. La nueva aristocracia obrera junto a los sectores pequeños burgueses de la ciudad y el campo junto a la casta gobernante de cientos de miles de funcionarios estalinistas, conformaron las fuerzas de apoyo del thermidor soviético8.

El significado de los Juicios y el thermidor soviético

Para Trotsky, el punto de partida para entender los actos de Stalin era la existencia de la nueva capa social privilegiada, ávida de poder, que luchaba en defensa de sus posiciones, temía a las masas y destilaba un odio mortal a toda oposición. La situación de esta burocracia en una sociedad que se llamaba a sí misma socialista, no era sólo contradictoria, sino falsa. “Mientras más brutal es la situación de contraste entre la Revolución de Octubre, que pone al desnudo la mentira social, y la situación actual, más la casta de advenedizos está obligada a ocultar las plagas sociales, más debe crecer la mentira y el embuste thermidorianos. No se trata, pues de la culpabilidad individual, sino de la situación viciosa de todo un grupo social para el cual el embuste se ha convertido en una función política vital (…) Es así como Stalin, que antes fue un revolucionario, se ha convertido en el jefe de una casta thermidoriana”9. La mentira y la calumnia se derivaban orgánicamente de la viciada situación de la burocracia en la sociedad soviética. Puesto que la realidad comprometía las mentiras oficiales y rehabilitaba la crítica de la oposición: “De ahí la necesidad de recurrir cada día a medios más y más enérgicos para demostrar la infalibilidad de la burocracia…Cómo el público se ha cansado con los artículos polémicos que no le inspiran ninguna confianza, ha sido preciso recurrir a procesos sensacionales”10.

La burocracia que se había apropiado de las conquistas de Octubre, después de una severa lucha contra los revolucionarios de la Oposición, necesitaba eliminar todo lo que le recordaba “su pasado revolucionario, los principios del socialismo, la libertad, la igualdad, la fraternidad, las tareas pendientes de la revolución mundial”11. Pero tampoco los termidorianos eran homogéneos. La capa superior de privilegiados estaba formada por hombres todavía atados a la tradición del bolchevismo. Y el régimen no podía constituirse en esta formación intermedia. De ahí que las depuraciones comenzaron en la juventud comunista, siguieron en el PCUS, la NKDV y el Ejército, que junto a toda la Oposición de Izquierda eran, en su gran mayoría, “acusados de trotskismo”.

La sección rusa de la IV Internacional

Bajo el régimen opresivo de la burocracia, la juventud surgió como expresión del malestar de las masas. Elementos aislados tomaron la senda del terrorismo individual pero la gran mayoría se orientaron hacia la IV Internacional. “Entre los 10.000 a 20.000 ‘trotskistas’ expulsados [del partido] en los últimos meses de 1935, los representantes de la vieja generación, los participantes del movimiento de 1923-1928 constituyen decenas, quizás cientos, pero no más. La masa fundamental la constituyen las fuerzas jóvenes (…) ¡También existen la Liga Juvenil Comunista, con sus millones de jóvenes!12 Y entre ellos el descontento es más agudo”13. Los problemas obreros, las cuestiones salariales, de vivienda, de abastecimientos y de relaciones con los responsables revelaban la situación explosiva a nivel de las empresas y la creciente oposición de los obreros comunes a los stajanovistas.

Si bien para los jóvenes el acceso a las ideas de la Oposición de Izquierda era sumamente difícil en la URSS14, las publicaciones de los bolcheviques-leninistas penetraban clandestinamente desde el exterior. La literatura de la IV Internacional y el Boletín de la Oposición rusa (Bulletin Oppozitsi) se difundía públicamente en muchos países e ingresaba por miles de canales15. La publicación de éste último, a cargo de León Sedov, reunía documentos, artículos y testimonios escritos por los bolcheviques-lennistas desde las cárceles o el exilio.

En 1936, el trotskismo “sino como doctrina, entonces como sentimiento, como tradición, como bandera” tenía un carácter de masas en la URSS y atraía nuevas fuerzas.16 Karl Radek, acusado en el segundo juicio, lo “confesaba” en estos términos: “En este país existen trotskistas a medias, trotskistas en una cuarta parte, trotskistas en una octava parte, personas que nos han ayudado ignorando la existencia de la organización terrorista y gentes que han simpatizado con nosotros y que por liberalismo o por mero espíritu de rebeldía frente al partido nos han ayudado” 17.

Esto explica porqué liquidar a la Oposición de Izquierda era un problema de vida y muerte para Stalin: “en 1935‑36 existía el peligro real de una coincidencia entre una vanguardia obrera que trataba de encontrarse a sí misma y las ideas de la Oposición” 18 en el marco de un fuerte descontento de masas, que sin embargo finalmente no tuvo expresión activa.

A partir de 1936, los trotskistas, muchos aún en el exilio, fueron desterrados en su mayoría al ártico de Vorkuta. Aislados absolutamente, infraalimentados, trabajando diez o más horas, expuestos a menos de 40° bajo cero, organizaron huelgas de hambre contra las condiciones de vida en los campos, siendo una de las más importantes la de Vorkuta19. Meses después, los trotskistas y los que los habían acompañado en la huelga fueron llevados aparte, a una vieja fábrica de ladrillos, rodeados de púas y controlados militarmente. Aún cuando Stalin les aplicó las mayores torturas para hacerlos capitular y subir al banquillo de los acusados a alguno de los “irreductibles”, desde mediados de 1937 y hasta finales de 1938, los trotskistas, en su gran mayoría, fueron asesinados, sin proceso, en sistemáticas ejecuciones colectivas20.

Un informe dirigido al XVIII Congreso reveló que en 1938 el 31% de los miembros de los comités locales, el 41% de los miembros de los Comités de distrito y el 60% de los miembros de los Comités regionales fueron elegidos por primera vez. De un total de 333 Secretarios del Partido de las Repúblicas y de las regiones, el 80,5 % ingresó al PCUS tras la muerte de Lenin, un 91% tenía menos de 40 años y no había participado ni en la revolución ni en la guerra civil, como militantes comunistas. De los 10.902 Secretarios de los Comités de distrito y locales, el 92% tiene menos de 40 años y un 93,5 % de ellos ingresó al partido después de 1924. Stalin declaró con satisfacción que durante los tres años que duró la purga, 500.000 “Jóvenes bolcheviques” han ascendido a cargos de responsabilidad21. Estos datos hacen más evidente el sentido de la transformación del PCUS. La generación revolucionaria había sido exterminada.

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