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Notas

La capitulación “por izquierda” a la restauración capitalista en Cuba

PTS

2 de octubre 2010

El destino de la revolución cubana divide aguas en la izquierda latinoamericana y mundial. Por un lado, los sectores populistas y los débiles partidos comunistas del continente, confundiendo la defensa de las conquistas de la revolución con la defensa incondicional de la burocracia gobernante, mantienen una posición de apoyo acrítico al régimen cubano y justifican todas las medidas que toma el gobierno, sin siquiera asumir que la propia burocracia, en particular las FAR, constituye la principal fuerza interna de la restauración capitalista. En ese sentido, estos “amigos de Cuba” juegan un rol similar a los que Trotsky llamaba los “amigos de la URSS”.

Esta izquierda populista apela al viejo argumento de que cualquier crítica al gobierno de Raúl “le hace el juego a la derecha y al imperialismo” para obturar toda discusión seria sobre el futuro de la revolución cubana, tanto al interior de la isla, donde son partidarios del régimen de partido único, como en el resto del continente.

Aunque estemos dispuestos a la unidad de acción contra el imperialismo y en defensa de las conquistas de la revolución con todo aquél que diga defenderlas, estas corrientes están repitiendo la misma política nefasta que las llevaron a sostener durante décadas a la burocracia estalinista de la URSS, la ex RDA y Europa del Este como los “representantes del socialismo”, los mismos que no dudaron en transformarse en capitalistas y “nuevos ricos” por medio del robo y el saqueo de la propiedad pública.

En el extremo opuesto, se ubican las corrientes socialdemócratas y los intelectuales liberales que consideran que el principal problema que enfrenta el pueblo cubano no es el imperialismo y el peligro de la restauración capitalista, sino la necesidad de un cambio de régimen basado en libertades democráticas formales, y en consecuencia se hacen eco de la campaña demagógica por los “derechos humanos” y la “democracia” lanzada por el imperialismo.

A la rastra de esta posición se ubican algunas organizaciones que se reclaman trotskistas como la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) y su principal organización el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) de Brasil, que plantea que en Cuba el eje es la “lucha frontal contra la dictadura” y reclama abiertamente libertades democráticas para todas las corrientes, incluidas las burguesas. El Partido Obrero de Argentina, ante la crisis abierta por la muerte de Tamayo, ha cedido a esta línea “democratizante”, exigiendo al gobierno cubano la apertura de los centros de detención a la “inspección humanitaria internacional”, nada menos que una de las excusas que usa el imperialismo para encubrir su injerencia (Prensa Obrera 1120, 18-3-10), aunque después haya abandonado este reclamo sin dar ninguna explicación.

La LIT sostiene no sólo que en Cuba se ha restaurado el capitalismo con las reformas constitucionales introducidas a comienzos de la década de 1990, y que no quedan conquistas que defender, sino que incluso esto se ha llevado a cabo sin que se entere la burguesía cubana en el exilio en Miami y sin que surja una nueva clase explotadora nacional, ya que Cuba se habría transformado en una semicolonia del capital español y canadiense. Coherente con esta teoría disparatada, la LIT define al régimen cubano como una “dictadura capitalista” o “burguesa” del PCC (sic), para la que habría que tener la misma política que si se tratara, por ejemplo, de la dictadura de Videla y otras dictaduras del Cono Sur de la década de 1970 (ver “Frente a la muerte de Orlando Zapata Tamayo y las libertades en Cuba”, 18-03-2010, disponible en www.litci.org), y llama a derrocarla mediante los métodos de la “revolución democrática”, es decir con un programa mínimo de libertades democráticas generales.

Esta política ubica a la LIT en un frente único con el gobierno de Obama, los gusanos de Miami, la iglesia y los “disidentes” internos, y significa una capitulación escandalosa a una de las vías probables de la restauración capitalista: la contrarrevolución democrática.

Pero para la LIT esto ya forma parte de su tradición política. Durante los procesos antiburocráticos de 1989 que culminaron con la caída de los regímenes estalinistas, la LIT sostenía que había triunfado una primera etapa democrática, a la que llamaba “febrero”, caracterizada por un frente único de todos los que estaban contra la burocracia, independientemente de si su programa era procapitalista, a la que supuestamente le iba a seguir el “octubre”, una segunda etapa de revolución obrera. Esta teoría etapista se demostró completamente falsa. Sin un programa de revolución política, los levantamientos de 1989 terminaron en una gran derrota histórica y llevaron a la restauración del capitalismo. Pero la LIT no se rinde ante la evidencia y reformuló su teoría para mantener lo esencial: ahora afirma que la restauración capitalista ya se había consumado en la ex URSS en 1985 y que las revoluciones de 1989 fueron “anticapitalistas” y triunfaron porque frenaron los planes de terapia de shock de la restauración (¡sic!). De esta manera, sigue sin admitir la profunda crisis que significó la restauración capitalista. Ahora repite esto para Cuba y justifica su política claudicante y liquidacionista de las conquistas que aún se conservan de la revolución con el argumento de que el capitalismo ya está restaurado y que de lo que se trata es de derribar la “dictadura capitalista” del PCC, incluso junto con los gusanos y la “disidencia” financiada por Washington.

Contra estas dos posiciones que llevan por distintas vías a apoyar a los diferentes agentes de la restauración capitalista, los marxistas revolucionarios luchamos por una revolución política que cree las bases de un estado obrero revolucionario y llamamos a los trabajadores y las masas populares de la región a luchar contra el bloqueo imperialista y a defender con este programa las conquistas de la revolución cubana.

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