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Nacionales

Una nueva jornada de lucha en Lear

El dibujo de Matías

Entonces llegó el día. Pero ya había llegado con anterioridad, y en este
nuevo día no hacían más que ponerse a prueba. Una prueba más. Estos treinta
corazones, con sus treinta pares de ojos que miran firmes, con su camuflaje
de gorro y bufanda. Como cualquier día de invierno en el que se anda con la
nariz fría.

Roberto Ebro

4 de julio 2014

El dibujo de Matías

Entonces llegó el día. Pero ya había llegado con anterioridad, y en este nuevo día no hacían más que ponerse a prueba. Una prueba más. Estos treinta corazones, con sus treinta pares de ojos que miran firmes, con su camuflaje de gorro y bufanda. Como cualquier día de invierno en el que se anda con la nariz fría. Aunque hoy no muerde el frío como lo hizo el lunes, con ese atuendo espectral de neblina. Nuevamente estas mujeres, las obreras de Lear.
La cubierta a la hoguera, esa que no hace más que crecer, alambre sobre alambre, día tras día. Arden esas cubiertas a más no poder, y las mejillas, con ese rubor rústico de los piquetes. Dame fuerza, diosito, reza en silencio. Y el milagro que no está en el cielo...
Y porque lo votaron están ahí, y cuando se vota en asamblea, se vota. Y la infantería también está ahí, y no solo ellos, no. También está la seguridad privada. Pero a quién puede importarle, si a ellas no les importa que las bestias las merodeen como presas. Porque está el dibujo de Matías, y como él hay cientos... cientos, miles. Y para ellos, todo. Como dice Gabriela cuando le preguntás por qué está ahí, acordonada junto a sus compañeras: "Para demostrarles a nuestros compañeros que detrás de cada una de nosotras tenemos una familia... Yo soy madre soltera, mantengo yo sola a mi hija". Y otra agrega: "Ya estamos en la calle, no tenemos nada que perder. [Rompe en llanto y muerde con rabia cada palabra.] Yo me lastimé los dos brazos, tengo túnel carpiano. Me largaron como un perro a la calle. ¿Dónde consigo yo trabajo con los brazos rotos? Y así como estoy yo tengo un montón de compañeros, todos lastimados, con años, todos rotos. Nosotras para la fábrica somos un número nomás, y cuando no servimos más, te echan como un perro". No se puede trabajar sin los delegados en la planta, y la voz al unísono, y los compañeros y las compañeras lo saben y comprenden... No se trabaja sin nuestros delegados en la planta. Yanina, por momentos envuelto su mentón bajo un colorido pañuelo. Ella también tiene algo que decir y lo dice: "Nos hemos convocado, autoconvocado con los compañeros. Ya agotamos todas las instancias legales. Los delegados ya fueron haciendo todas las cosas bien... No nos están dando bola. Dicen que lo van asolucionar, que van a ver [Habla del Ministerio de Trabajo.], que hay una mesa de diálogo. Que estamos negociando, pero nosotros no vemos nada".
Estas mujeres que se desembarazaron, o lo están haciendo, del vestigio sepulcral de la rutina, esa que por momentos se torna infranqueable a punto tal de que la propia voz hace temblar. Y temblaron. Pero cualquiera tiembla cuando desde niño te enseñan a agradecer y nunca a tomar lo que por derecho es nuestro.
Una nueva jornada, una nueva línea para esta lucha, que ya tiene camino trazado de ser una lucha nacional. Como dijo Gustavo, delegado de la
Comisión Interna, el objetivo que se quería llevar a cabo se ha llevado a cabo, nadie entró a planta. Así como se hizo el lunes, parando tres horas, hoy los trabajadores de Lear, junto a sus valientes compañeras en primera línea, han parado la producción. Y la asamblea que vota jornada nacional de lucha.
¿Por qué peleamos, me pregunto, entre el febril cansancio del poco descanso? Y el dibujo de Matías, la sonrisa de Matías. Aun siendo garabato, es arte lo del niño. Y el adhesivo que sostiene la sonrisa eterna, la mano en el corazón de su madre. Peleamos por ellos, abriendo camino entre la hierba brava. Haremos el intento, Matías.

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