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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  21 de abril de 2024
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Obreros, soldados y campesinos:
EL AUGE REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO
Por: Comisión del IPS

19 Oct 2007 | A 90 años, la actualidad de la Revolución Rusa hace de su estudio pormenorizado una tarea imprescindible para todos aquellos que luchamos por derrotar al capitalismo e instaurar una sociedad socialista. En esta sección que se extenderá durante todo 2007, La Verdad Obrera junto con el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”, se proponen (...)

En la explicación de la concepción marxista de la “insurrección como arte” Lenin plantea que uno de los elementos en el que se apoya este hecho trascendental de la revolución es en el auge revolucionario del pueblo. Ese momento particular de ascenso del proceso revolucionario cobró dramática expresión durante septiembre y octubre. En todos los terrenos, en el campo, en el frente y en las ciudades se evidenciaban las tendencias hacia la insurrección en las masas campesinas, obreras, en los soldados. Cada vez más el gobierno provisional estaba en el aire y los ejemplos que marcaron la situación subjetiva de las masas abundan por doquier. Lenin, y Trotsky también, supieron percibir este estado, y el primero será quien insista que el momento ha llegado, que no se puede esperar, el “ahora o nunca” como escribía al Comité Central del partido bolchevique. Había que preparar la insurrección.

Los campesinos se sublevan

Un elemento insoslayable era la situación en el campo que cambia rápidamente luego de las jornadas de julio y se acelera tras la intentona contrarrevolucionaria de Kornilov en agosto. El campo se insurrecciona, llega a un punto de guerra civil. Y no es un dato menor. Si en las discusiones sobre la conveniencia de tomar el poder durante julio, el elemento de aislamiento del centro revolucionario, Petrogrado, en este caso era un dato fundamental, luego será el campo el que se acerque a la situación de insubordinación al gobierno provisional y al debilitado poder burgués.
El campesino agota su paciencia, ya no espera la promesa de los socialrevolucionarios sobre la Asamblea Constituyente para resolver el problema de la tierra. Se pasa a la acción directa. Son los comités locales y los soviets los que toman la iniciativa contra los propietarios, toman sus tierras, las reparten. Lenin remarca en la “Carta a los camaradas” la importancia que “la mayoría de los soviets de campesinos, apartándose de su Soviet central (…) se pronunciase en contra de la coalición. Ser contrarios a la coalición equivale en la realidad a votar por los bolcheviques”. En la realidad los campesinos toman las medidas y los métodos de los bolcheviques, la toma directa de tierras, reparten el trigo, se sublevan contra los terratenientes, los capitalistas y los acaparadores.
A los largo de estos meses se profundiza la relación entre el campo y la ciudad, los obreros y los bolcheviques avanzan en su influencia entre los campesinos, se ganan su confianza. Los campesinos aprendieron de los obreros y de los soldados a proceder “según su propia conciencia”.
Como relata Trotsky, estas enseñanzas “tenían un carácter permanente, molecular, omnipresente, y, por eso mismo poco susceptible de cálculo pero que fluía a través de los muchos vínculos que tenían los obreros de Petrogrado con sus aldeas natales. (...) Entre los campesinos de la región de Moscú -cuenta Muralov, bolchevique del lugar- se produjo un formidable movimiento hacia la izquierda... En Burgos y aldeas hormigueaban desertores. Y allí también penetraba el proletariado de la capital que todavía no había roto con la aldea”1.

Los organismos de los campesinos, los comité cantorales van a ir tomando medidas “bolcheviques”, librándose de la influencia de los socialistas revolucionarios que les imponían una política moderada y les decían que había que esperar a la Asamblea Constituyente para poder avanzar en la revolución agraria, para obtener la tierra que era el reclamo central de los campesinos. Pero a esta altura dicha perspectiva era muy remota. Por el contrario, los campesinos comenzaron a darse cuenta que no era necesario esperar a esta instancia legal, que ellos podían imponer sus demandas contra los propietarios y terratenientes. Y así lo hicieron. La llama del campo ya estaba encendida. Y la única manera de cumplir con sus demandas era que los soviets tomaran el poder.

El descalabro del frente y los padecimientos de los soldados

La situación de la guerra y en los frentes era calamitosa. El avance alemán amenazaba Petrogrado, el centro revolucionario. La respuesta de la flota y los marinos del Báltico fue contundente. Mientras que el gobierno provisional cargado de odio hacia Petrogrado pretendía trasladar la capital hacia Moscú y dejar Petrogrado librado a su suerte, fue la sección de soldados del soviet que el 6 de octubre adopta por unanimidad la resolución presentada por Trotsky donde declaran que “Si el gobierno provisional es incapaz de defender Petrogrado, tiene el deber de concertar la paz o dejar libre el puesto a otro gobierno”. Persuadidos por la resuelta actitud de obreros y soldados de defender la “fortaleza revolucionaria” de Petrogrado el gobierno provisional retrocede en su plan de traslado. El gobierno provisional cada día estaba más en el aire. Luego de las sesiones del Preparlamento, Kerensky decide persuadir a la escuadra del Báltico, la respuesta fue que “el Congreso de los marinos se dirigió al Comité Central Ejecutivo con la exigencia de que fuera eliminado el gobierno provisional”. Trotsky cuenta que hasta entonces Kerensky no había oído un lenguaje así de parte de los marinos. Este acontecimiento y la posición de enfrentar a Kerensky si este encarcelaba a los comisarios soviéticos, expresaba el estado de sublevación de la escuadra del Báltico.
En los frentes la situación de hambruna se agudizaba día a día a la par de la inoperancia e impotencia del gobierno provisional. Ya hacia octubre la desmoralización del ejército era extendida. Relata Trotsky citando a un comisario del frente occidental que “El estado de espíritu de los soldados es muy alarmante, con motivo de la proximidad de los fríos y el empeoramiento del rancho... los bolcheviques hacen avances evidentes”2. La cadena de mando estaba rota, los soldados protagonizaban constantes hechos de rebeldía contra sus oficiales y mostraban una hostilidad hacia el gobierno cada vez más profunda. Estos dos elementos, oficiales y gobierno, eran identificados como los culpables de la continuación de la guerra y los padecimientos. Los regimientos mandan delegados a Petrogrado e informan la situación en las trincheras, cuentan la falta de pan, de equipos y de fe en la guerra. Marcando el estado de ánimo de estos sectores reaparece la fraternización entre los soldados y el ajusticiamiento de oficiales

Los obreros y marinos revolucionarios de Petrogrado y la flota del Báltico

Luego de la retirada del Preparlamento, los bolcheviques salen a las calles, agitan, denuncian lo que se oculta en los despachos y oficinas. Trotsky relata que “El poder persuasivo de esta infatigable propaganda debíase a que los bolcheviques comprendían la marcha de los acontecimientos, subordinaban a ella su política, no tenían miedo a las masas, y creían inquebrantablemente en su razón y en su victoria”3.
Y refi riéndose al proceso más profundo que se desarrollaba en la conciencia de las masas Trotsky cuenta que “en este último periodo que precedió al golpe decisivo, era incomparablemente más efectiva, la agitación molecular que llevaban a cabo los obreros, marinos y soldados anónimos, haciendo prosélitos mediante una labor de propaganda individual destruyendo las últimas dudas, venciendo las postreras vacilaciones. Aquellos meses de febril vida política, habían creado numerosos cuadros de militantes de fi la, educado a centenares y miles de trabajadores que estaban acostumbrados a observar la política desde abajo y no desde arriba, y que precisamente por ello apreciaban los hechos y los hombres con un acierto no siempre accesible a los radores de tipo académico.” Miles de hombres y mujeres que pertenecían al proletariado de Petrogrado se habían educado al calor de los acontecimientos políticos forjando un carácter revolucionario excepcional. Los marinos del Báltico conquistaban a los regimientos atrasados de las comarcas agrarias o formaban brigadas de agitadores. Al calor de todo este proceso los bolcheviques se convertían en una fuerza irresistible. Trotsky dice que “En ese descontento general, en ese agudo malestar político de todas las clases, reside uno de los síntomas más importantes de una situación revolucionaria a madura”4.
En Petrogrado, al consolidarse los bolcheviques en el soviet, las Guardias Rojas cambian su situación, desarrollan toda una actividad en las fábricas, se entrenan, se procuran armas, pasan a convertirse en el órgano armado oficial del soviet. El 22de octubre realizan su conferencia y se definen como “la organización de las fuerzas armadas del proletariado para combatir la contrarrevolución y defender las conquistas de la revolución”.
La insurrección avanzaba, la disposición de fuerzas era claramente beneficiosa para las masas, donde quiera que se mirase había ejemplos de lo próximo que estaba el desenlace. Sin embargo esto no era comprendido por los dirigentes conciliadores. En palabras de Trotsky “lo mismo el gobierno que los jefes del Comité Ejecutivo, no podían dejar de conocer el profundo descontento de las masas. Pero los políticos de tipo conciliador, que carecen de una comprensión viva de la realidad y de un serio adoctrinamiento teórico, miran con tanto desprecio a las masas grises e ignorantes”5. Los jefes del gobierno, en la jornada del 24 de octubre, opinaban que es un buen momento para pasar a la ofensiva contra los bolcheviques, expresando con esta iniciativa lo descolocados que estaban ante la efusividad revolucionaria que fluía por todos los costados. Dictan una orden para apresar al Comité Militar Revolucionario, suspender los periódicos bolcheviques, hacer venir a las tropas de confianza del frente a los alrededores de la ciudad. También dieron orden a las academias militares para ponerse en pie de guerra y se dispuso que el crucero Aurora se hiciera a la mar. Estas medidas llegaron a oídos de los centinelas del edificio del Estado Mayor. Rápidamente lo trasmitieron a las barriadas obreras y al Smolny, donde a partir del 20 de octubre se puso en función el Comité Militar Revolucionario del soviet. Los obreros y soldados se enteraron así de los propósitos del enemigo. En la madrugada el crucero Aurora se comunica con el Smolny, y consulta por la acción a tomar, si parte a la mar o se queda en el Neva, el Comité Militar Revolucionario anula la orden del gobierno de hacerse a la mar. Los marinos acatan con entusiasmo la orden del Smolny. El crucero Aurora se queda en el Neva y desde allí comunica a las guarniciones apostadas en las entradas de Petrogrado que no dejaran pasar a las fuerzas contrarrevolucionarias. La principal fuerza armada no responde ya al gobierno provisional. La voz del poder ordena pero es desoído, desobedecido, ya no tiene pie en donde apoyarse. En las próximas horas los acontecimientos se desarrollan irrefrenablemente. El poder pasa a manos de los soviets.
Estos eran algunos elementos en la disposición de las fuerzas de la revolución. La insistencia de Lenin y la lucha que dio dentro del mismo partido bolchevique para organizar la insurrección y no dejar pasar el momento estaba asentada en la profunda comprensión de esta dinámica, de la predisposición de las masas a la acción, de hacerse del poder a través de sus organizaciones, de los soviets dirigidos por los bolcheviques. En la próxima entrega veremos cómo se desarrolló la jornada del 25 de octubre, de la toma el poder.

 

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