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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  25 de julio de 2021
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¿Qué hay detrás del conflicto del INDEC?
Por: Ana Laura Lastra

05 Jul 2007 |

A 5 meses de iniciado el conflicto contra la intervención del IPC, Alfredo Zaiat de Página 12, descargó munición gruesa contra los trabajadores del INDEC1.

Zaiat sostiene que esta lucha es “una puja absurda” que “se ha transformado en un símbolo de la descomposición … de la estructura estatal y del oportunismo mezquino del sector privado”. Paso seguido, cuestionó la clase publica realizada en el Congreso junto a diputados del ARI como Macaluze, Norma Morandini del partido Nuevo y Federico Pinedo de PRO, atribuyendo el accionar de los trabajadores a una política funcional a los intereses de los empresarios y a las necesidades de la derecha.

Semejante juicio se desliza hacia las posiciones defendidas por el gobierno que acusa a los trabajadores de servir a los objetivos de la oposición. Pero la derecha tiene propósitos opuestos a los trabajadores. Utiliza la manipulación de los datos para hacer campaña contra Kirchner, acusándolo de “autoritario”, operando en desmedro de la “seguridad jurídica” necesaria para el flujo de capitales de inversión que deberían garantizar las “instituciones republicanas”. Esa “calidad institucional” es la que precisan empresarios y banqueros para restaurar la normalidad que exigen los negocios, tales como los generosos réditos obtenidos por los intereses de los bonos de la deuda externa indexados por inflación. Esa es la “transparencia institucional” que buscan la derecha y los grandes empresarios. En todo caso, utilizan el conflicto del INDEC como ariete para eliminar cualquier tipo de control de precios que establezca límites a sus siderales ganancias, aún el ineficiente control ejercido por Guillermo Moreno desde la Secretaría de Comercio, alentando la escalada inflacionaria para redoblar sus ganancias.

Zaiat exige “sensatez” ante un conflicto que “no se trata de lucha política ni cuestiones de poder”. Sólo un ciego puede ignorar que el gobierno ordenó la intervención del IPC ante el fracaso de la política de control de precios y que el “control de precios” se sustituyó por el control del índice. Vaya si no es una “cuestión política o de poder”. La escalada inflacionaria observada en distintos productos fue reemplazada por los precios “regulados” de Moreno, desechando los datos recabados por los encuestadores del Instituto2. En pleno año electoral, el gobierno necesita mantener a raya la inflación. Pero, el aumento de los precios en alquileres, educación privada, impuestos inmobiliarios y revaluación de propiedades, auguran una inflación muy superior al exiguo 3,4% acumulado durante los primeros cinco meses del año, en tanto las consecuencias inflacionarias de la crisis energética aún se hallan en estado embrionario. De todos modos, el mismo gobierno manifiesta poco interés en el control de los precios de los principales productos, por eso dejó sin efecto los precios de los 22 cortes populares exhibidos en los supermercados y liberó los precios de las carnes.

“Todos tienen una cuota de razón”, declama Zaiat. Falso: si en verdad el gobierno se preocupara por las derivaciones del conflicto del INDEC sobre los dividendos que debe abonar a los bonistas propietarios de los papeles de la deuda ajustados por el CER, inmediatamente desconocería esa deuda fraudulenta que reprogramó hipotecando los destinos de las próximas generaciones. El índice de desocupación revela otra “cuota de razón” del gobierno: si bien el empleo aumentó, Kirchner mantiene la distorsión sostenida por Lavagna que no consideraba desocupados a las personas que sólo tienen planes sociales. Esa razón política obedece a la necesidad de registrar una desocupación inferior a los dos dígitos para eliminar la doble indemnización, un compromiso adquirido con los esclavistas de la UIA.

El fastidio de Zaiat parece olvidar que todos los gobiernos de turno intentaron echar mano del INDEC en aras de intereses patronales: Martínez de Hoz impulsó el índice “descarnado” para ocultar los incrementos del precio de la carne, Alfonsín expresó su voluntad de planchar los precios, Menem y Cavallo se quejaban constantemente por los números de desocupación y el ex ministro Lavagna desistió cientos de veces de los datos arrojados en pobreza.

Zaiat dice que muchos directores se valen de la información producida para hacer negocios con destacadas consultoras de la city. Es muy probable. Pero sus contubernios son ajenos a la vida de los trabajadores del Instituto que dependemos de un salario y sufrimos el alza de los precios. La asamblea del INDEC surgió para luchar contra la intervención del IPC. Compartimos la sensación de los sectores populares que señalan que antes tampoco el IPC reflejaba la realidad de los precios. En ese sentido, el economista de la CTA Claudio Lozano afirmó que, de actualizarse los patrones de consumo mantenidos hace veinte años, la pobreza y la indigencia alcanzarían respectivamente a 3 millones de personas y a 1,5 millones de personas más que las registradas actualmente. Sin embargo, la intervención del IPC constituye un agravante que distorsiona a un grado exponencial los números de la realidad, hasta el punto de registrar deflación. Cuestión más perjudicial aún para los trabajadores y desocupados ya que su poder adquisitivo está destinado fundamentalmente a los artículos de primera necesidad. Cualquier orientación progresiva hacia el IPC supone en primera instancia la expulsión de la intervención.

Los compañeros de la agrupación Marrón creemos que los trabajadores del INDEC debemos revelar la verdad a todo el pueblo trabajador. Esa verdad que el gobierno, la derecha y los empresarios quieren ocultar para esquilmar a los trabajadores en las paritarias, para mantener congelados los planes sociales y las jubilaciones y para pagar lo menos posible en los juicios por indemnización y accidentes de trabajo. Desde ese punto de vista, la CTA, que habla de lucha contra la pobreza, debería ser la primer organización interesada en aglutinar sindicatos y organizaciones sociales para generar grandes hechos políticos que amplifiquen nuestra voz desde una política independiente.

El INDEC es un organismo estatal dirigido por funcionarios nombrados a dedo como el actual director Barrios, acompañado por una casta de directores que persiste desde la época de Menem e incluso antes como la subdirectora Ana Edwin. Estos funcionarios no sólo avalan la intervención sino que son responsables de la instrumentación de programas afines al gobierno y al servicio de los grandes grupos económicos. Por eso es necesario separar el INDEC del dominio del poder político, construyendo un directorio de trabajadores y técnicos elegidos por todos los trabajadores del Instituto con carácter revocable y controlado por las organizaciones obreras y populares, que no vacile en rechazar la integración de profesionales comprometidos con políticas anti populares. Y que dirija el INDEC en forma democrática en todo lo atinente al organismo, programas, contrataciones, sueldos, etc. Desde la Marrón sostuvimos esta propuesta en las asambleas que fue rechazada por la Junta Interna de ATE. Los aliados de los trabajadores del INDEC son los trabajadores y los sectores más vulnerables de la sociedad que pelean por sus demandas. Así podremos dejar atrás el INDEC de los dibujos y las cometas y avanzar en función de los intereses históricos de las mayorías populares.

 

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