PTS
Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  3 de octubre de 2022
Facebook
Twitter
Instagram
 
Después del brutal atentado:
Estados Unidos y la OTAN preparan represalias imperialistas
14 Sep 2001 | Ante el impacto de los hechos de trascendencia mundial desatados con el atentado contra las "Torres gemelas" y el Pentágono, del martes 11 de septiembre, presentamos esta primer declaración política de la Fracción Trotskista Estrategia Internacional.

1. El atentado de dimensiones terroríficas del martes 11 en EE.UU. ha causado una enorme conmoción de alcances mundiales. La magnitud de esta acción se tradujo en la destrucción reinante en el corazón financiero de Manhattan; en las imágenes de los enormes "Boeing" estrellándose y causando el derrumbe de las "torres gemelas" (emblema de la "globalización" y el poder financiero); en el Pentágono con un ala en llamas.
Aunque ha quedado al desnudo la vulnerabilidad de la gran potencia dominante, acciones terroristas como esta, en la cual se mata indiscriminadamente a miles o decenas de miles de trabajadores, tiene un contenido reaccionario. Porque no hace avanzar un solo paso la lucha de los explotados y oprimidos contra el imperialismo y tiene repercusiones negativas para las masas, dentro de los Estados Unidos y a nivel internacional. Bush y el imperialismo intentarán utilizar el atentado para justificar una ofensiva contra las masas del mundo semicolonial, y la propia clase obrera y los jóvenes de los países centrales, intentando restablecer poder imperial.
2. Las cadenas imperialistas como CNN y la prensa mundial afirman que el ataque fue realizado por sectores pertenecientes al "integrismo islámico" y muchos señalan como responsables a Bin Laden y su grupo (con bases en Afganistán).
Al momento, nadie se ha atribuido la autoría del atentado y no podemos saber a quién corresponde. De todas formas, sean quienes sean sus autores, la salvaje política imperialista es la causante principal de la masacre de las Torres Gemelas: el papel de "gendarme internacional" que EE.UU. se ha arrogado en los últimos años, para afirmar su dominio mundial, bombardeando y sumiendo en el desastre a países como Irak y Serbia, le ha ganado el odio de millones en todo el mundo, en los países semicoloniales empobrecidos, endeudados y humillados por el imperialismo y en particular entre las masas palestinas y en el mundo islámico.
Si el autor ha sido el demonizado Bin Laden, debe recordarse que éste fue armado junto a la guerrilla afgana, por la CIA y los Estados Unidos contra la invasión de la URSS en Afganistán y era considerado por el gobierno de Reagan como un "combatiente de la libertad".
Ni que decir si el atentado, o la complicidad con él, sea expresión de los elementos de descomposición en el seno del imperialismo, como fue el atentado de Oklahoma, obra de un ex combatiente condecorado de la guerra del Golfo, con relaciones no determinadas con las milicias fascistas norteamericanas.
3. Como marxistas revolucionarios, reafirmamos nuestra posición de principios, que tiene como objetivo desarrollar la movilización permanente de los trabajadores y la unidad del proletariado internacional y los pueblos oprimidos del mundo, para acabar con el sistema capitalista e imperialista, responsable de los más sanguinarios actos de barbarie y terror que ha conocido la Humanidad.
Desde esta perspectiva, nos oponemos terminantemente al método del terrorismo individual o de pequeños grupos al margen de las masas, porque no eleva la movilización, organización y moral de los explotados, y es impotente para liquidar los cimientos de la explotación de clases, la persecución racial o la opresión nacional que el sistema imperialista entraña. Como ya afirmaba León Trotsky, líder de la insurrección de Octubre y constructor del Ejército Rojo, a principios del Siglo XX, haciendo un balance de la política de los terroristas populistas rusos. "El humo de la explosión se disipa, el pánico desaparece, el sucesor del ministro asesinado hace su aparición, la vida nuevamente entra en su vieja ruta, la rueda de la explotación capitalista gira como antes; sólo la represión policial se hace más salvaje y brutal."
En este caso, puede constatarse que cualquier miembro de la elite financiera puede ser reemplazado y los edificios reconstruidos, los símbolos del poder han sido dañados, pero el poder imperial sigue en pie y prepara sanguinarias represalias.
4. Las consecuencias reaccionarias del atentado indiscriminado del martes 11 ya se hacen sentir claramente.
En primer lugar, como internacionalistas, nos solidarizamos con el dolor de los familiares de los miles de víctimas inocentes, que eran simples trabajadores, entre ellos, muchos latinos y negros e inmigrantes de todo el mundo semicolonial.
Pero estamos en la vereda opuesta a la hipocresía de los gobernantes imperialistas y la prensa que se han unido para combatir "el diabólico terrorismo" que no guarda "ningún respeto por la sagrada vida humana". En esto hacemos nuestras las palabras de Trotsky: "no tenemos nada en común con aquellos que posan de moralistas que, en respuesta a cualquier acto terrorista hacen declaraciones solemnes sobre el valor absoluto de la vida humana. Estos son los mismos que, en otras ocasiones, en nombre de otros valores absolutos, por ejemplo el honor de la nación o el prestigio del monarca, están dispuestos a hundir a millones de personas en el infierno de la guerra".
Por eso denunciamos la utilización del pesar ante la muerte de inocentes que hacen Bush, los demócratas y republicanos yanquis y la OTAN, para justificar represalias militares contra Afganistán y eventualmente otros países de Medio Oriente. ¡El imperialismo, genocida de pueblos y el mayor terrorista de la historia (como mostró con Hiroshima, Vietnam, Irak y la resiente guerra contra Yugoslavia) prepara una política de mayor represión contra las luchas de las masas árabes en general, y en particular contra los palestinos! Ya el Estado racista de Israel ha lanzado sus tanques y tropas sobre las ciudades de Jenin y Jericó, en territorio de Cisjordania, como parte de su escalada contra el pueblo palestino.
Dentro de Estados Unidos, el atentado ha generado un clima ultrarreaccionario y de racismo antiárabe y antiislámico, alentando una política de ataque a las libertades democráticas y aumento de los gastos militares y crea condiciones desfavorables para los trabajadores norteamericanos que deben enfrentar los despidos en masa de los grandes monopolios producto de la recesión económica.
La conmoción en la opinión pública dentro de los países centrales, ha alineado momentáneamente a la mayoría de la población detrás de sus gobiernos imperialistas, es un factor de desorientación de la juventud anticapitalista que viene denunciando los pilares del poder del gran capital en las enormes movilizaciones desde Seattle a Génova, y conspira en lo inmediato en la posibilidad de avanzar en una alianza entre ésta y los pueblos oprimidos.
5. En otro orden, el atentado liquidó la certeza en la invulnerabilidad de los Estados Unidos y humilló a su aparato de defensa y seguridad de alta tecnología. Esto no hace más que poner en evidencia que, como pronosticamos los marxistas revolucionarios, luego de la implosión de la URSS no surgió un "nuevo orden mundial" duradero, sino que Estados Unidos quedó mucho más expuesto para lidiar casi en soledad con los agudos conflictos que recorren el mundo y que, con el atentado, entran brutalmente en su interior.
La potencia dominante no había sufrido ataques directos en su propio territorio. El atentado ha conmovido las bases de la "seguridad" interna norteamericana, que se basaba en su abrumador poder militar y económico y en las características de su territorio de dimensiones continentales y protegido entre dos océanos.
El gobierno de Bush, que inició su mandato deslegitimado por el escándalo electoral, enfrenta el desafío de restablecer la imagen del poderío imperial humillado. Esto lo pone frente a un complejo dilema: necesita dar una respuesta rápida y contundente para no aparecer como indeciso y débil, mientras que no le resulta fácil elegir el blanco de las represalias. Todo esto en medio del agravamiento de las tendencias recesivas de la economía internacional, aceleradas por la propia conmoción actual.
6. En estos momentos, el gobierno de Bush, para intentar salir de esta complicada situación, baraja tres opciones de respuesta militar, para las que cuenta en principio con la complicidad de sus socios de la OTAN: a) Una "intervención quirúrgica" contra las bases de los supuestos autores del atentado, como fueron los bombardeos de Clinton en 1998 contra Afganistán y Sudán, tras los atentados a las embajadas yanquis en Kenya y Tanzania. Esta respuesta sería rápida y de poco riesgo, pero difícilmente sea efectiva. b) Una campaña de bombardeos masivos, aéreos y misilísticos, incluyendo el posible despliegue de tropas terrestres, contra Afganistán (o algún otro estado), acusado de albergar a los terroristas. Esta variante entraña enormes dificultades logísticas y riesgos políticos y militares, pues podría terminar empantanando al imperialismo en un conflicto bélico de larga duración y dudosos resultados. c) La tercera variante, a la que parece estarse inclinando Bush, sería una "guerra no convencional" contra el terrorismo islámico, parecida a la estrategia que EE.UU. impulsa en América Latina en nombre de la "lucha contra el narcotráfico". Esta variante le evitaría tener que identificar como blanco a un país específico, y le permitiría a Washington ampliar sus objetivos a todo lo que considere una amenaza a su "seguridad nacional" al mismo tiempo que enlistar una amplia coalición de países en nombre del "combate común contra el terrorismo".
Esta no sería una guerra rápida ni tendría un objetivo definido, aunque implicaría variadas formas de intervención y represalias contra Afganistán y otros países, y podría extenderse por el gran arco de países islámicos y hasta podría justificar una mayor injerencia en otras zonas, como Colombia y otros países de América Latina.
La resolución de la OTAN en su sesión extraordinaria del 12/09, dándole aparentemente "carta blanca" a Bush en la "lucha antiterrorista" avalaría esta variante y ha llevado a muchos analistas a hablar de una nueva coalición como la que encabezó Bush padre en 1991 contra Irak, con el objetivo de hacer avanzar sus propios intereses.
7. Aunque el atentado ha creado unidad inmediata entre los estados imperialistas, acompañada por declaraciones de apoyo de Rusia y hasta de China, así como por muchos gobiernos del mundo semicolonial, es poco probable que esta unidad puntual se extienda a otros campos o se mantenga de forma duradera, reeditando las consecuencias del triunfo imperialista sobre Irak en 1991 que permitieron una década de fortalecimiento de la hegemonía norteamericana.
El casi seguro ingreso de la economía internacional en una recesión que afecta en forma simultánea a las principales potencias imperialistas tensiona las relaciones interimperialistas. Las agrias discusiones previas a la próxima cumbre de la OMC en Qatar, muestran que las diferencias que ya llevaron al fracaso de la reunión de Seattle a fines del 2.000, no han dejado de desarrollarse.
El proyecto norteamericano de "escudo antimisiles" (discusión que, dicho sea de paso, mostró el despiste del liderazgo americano sobre los verdaderos peligros inmediatos) ha exacerbado las disputas estratégicas con Rusia, y en particular con China, nación con las que Estados Unidos viene teniendo fuertes fricciones, como mostró el "incidente del avión espía".
En el mundo semicolonial las secuelas de una década de políticas neoliberales, con el masivo endeudamiento y empobrecimiento, está llevando a un distanciamiento de las políticas norteamericanas.
En particular, en Medio Oriente, principal foco de desestabilización en la actual situación internacional, la política norteamericana, francamente proisraelí, ha llevado a los gobiernos árabes, que temen verse arrastrados por una desestabilización mayor de la región, a una creciente reticencia a seguir los designios de Washington.
Junto con esto, la política imperialista choca con una importante resistencia de amplios sectores del movimiento de masas, como muestran, desde la lucha de liberación nacional del pueblo palestino, el levantamiento de masas en Argelia, y las masivas movilizaciones obreras y campesinas que en América Latina se han venido sucediendo, a través de varios países, desde Argentina, pasando por Bolivia o Paraguay, hasta Colombia.
Por otra parte, el movimiento antiglobalización, que desde Seattle se ha ido extendiendo por los países centrales, y que ha tenido en la masiva movilización de Génova un hito, muestra el descontento entre sectores de la juventud y de los trabajadores en el seno de los propios países imperialistas.
Todos estos elementos configuran una situación internacional inestable cualitativamente distinta al período de relativa estabilidad de que gozó Estados Unidos durante la década pasada. La propia conmoción causada por el atentado ha sido una muestra contundente de que esta década ha quedado atrás. En este marco, el intento de restablecer el poder imperial norteamericano, mediante políticas cualitativamente reaccionarias en lo interno y de agresión imperialista, debe avanzar sobre un campo minado de obstáculos.
8. Frente a esta perspectiva, el interés elemental de los trabajadores y las masas oprimidas de todo el mundo es detener los preparativos guerreristas del imperialismo norteamericano y sus aliados.
El camino para ello no es el método del terrorismo individual, que por el contrario contribuye a separar a las masas de los países semicoloniales de sus aliados, los jóvenes y trabajadores de los países imperialistas. El único camino para derrotar al sistema capitalista e imperialista es la movilización revolucionaria de las masas del mundo contra el enemigo común, en la perspectiva de la revolución socialista mundial.
Esto es lo que mostró ese gran ejemplo histórico que fue Vietnam. La resistencia heroica de las masas vietnamitas, junto con la masiva movilización contra la guerra en el propio Estados Unidos y en Europa, paralizó la poderosa maquinaria bélica yanqui y le propinó a Estados Unidos su primer derrota militar.
Se trata de unir al proletariado y a los oprimidos del mundo entero en una lucha común para liberarse de este sistema de explotación y opresión.
Por eso, el primer paso, exige condenar incondicionalmente toda intromisión o ataque imperialista contra cualquier nación oprimida, sea cual fuere el pretexto. Luchamos por el triunfo de la justa guerra de liberación nacional del pueblo palestino y por la derrota del agresor sionista y exigimos el retiro de las tropas imperialistas de todo el Medio Oriente. Denunciamos toda campaña xenófoba o antimusulmana, intento represivo y ataque a las libertades democráticas en el seno de los países imperialistas. Luchamos por impulsar junto a los jóvenes anticapitalistas de los países centrales un gran movimiento de masas internacional contra toda intervención imperialista.
14 de septiembre de 2001
Liga de Trabajadores por el Socialismo - Contra Corriente (LTS-CC), de México
Estratégia Revolucionaria (ER), de Brasil
Liga Obrera Revolucionaria por la Cuarta Internacional (LOR-CI), de Bolivia
Grupo Clase Contra Clase (CCC), de Chile
Partido de Trabajadores por el Socialismo (PTS), de Argentina

 

Ver online | Ir a www.pts.org.ar



Redacción de la Verdad Obrera: [email protected]
La Rioja 853 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - C1221ACG - Argentina / Te.: (54-11) 4932-9297