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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  29 de noviembre de 2020
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FORMACION: PARLAMENTO Y ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA
Intervención de Antonio Gramsci en la cámara de diputados el 16 de mayo de 1925
30 Jun 2011 | El texto completo puede verse en losgalosdeasterix.blogspot.com

El que sigue es un extracto de la transcripción de la primera y última intervención de Antonio Gramsci en el parlamento italiano controlado por los fascistas, antes de que éstos ilegalizaran al Partido Comunista. Tiene un gran valor político porque muestra la forma en que los revolucionarios utilizan la intervención parlamentaria al servicio de la lucha revolucionaria incluso en las peores condiciones. En el curso de la discusión, Gramsci polemiza con el mismo Mussolini y los diputados fascistas. El texto completo puede verse en losgalosdeasterix.blogspot.com

Presidente: Tiene la palabra Su Señoría Gramsci.

Gramsci: El proyecto de ley contra las sociedades secretas se ha presentado a la Cámara como proyecto contra la masonería; es el primer acto real del fascismo para afirmar lo que el Partido Fascista llama su revolución. Nosotros, como Partido Comunista, queremos precisar no sólo el porqué de la presentación de este proyecto de ley contra las organizaciones en general, sino también lo que significa el que el Partido Fascista presente la ley como predominantemente orientada contra la masonería.

Nosotros nos contamos entre los pocos que se tomaron en serio el fascismo, ya cuando éste no parecía ser más que una farsa sangrienta, cuando a propósito del fascismo solían repetirse simplemente los tópicos sobre la “psicosis de guerra”, cuando todos los partidos intentaban adormecer a la población trabajadora presentando el fascismo como un fenómeno superficial de breve duración.

En noviembre de 1920 previmos que el fascismo llegaría al poder —cosa entonces inconcebible para los mismos fascistas— si la clase obrera no conseguía frenar a tiempo, con las armas, su avance sangriento (…)
La burguesía industrial no ha sido capaz de frenar el movimiento obrero, no ha sido capaz de controlar ni el movimiento obrero ni el movimiento rural revolucionario. La primera consigna, instintiva y espontánea, del fascismo tras la ocupación de las fábricas fue, por eso mismo, la siguiente: “Los rurales controlarán a la burguesía urbana, que no sabe ser fuerte contra los obreros”.

Si no me engaño, ésa no era entonces la tesis de Su Señoría Mussolini, que entre el fascismo rural y el fascismo urbano decía preferir el urbano (...)

Examinada desde este punto de vista la presente ley contra las asociaciones, ¿será una fuerza, o bien estará destinada a ser vano objeto de burla? ¿Corresponderá a la realidad, podrá ser el instrumento de una estabilización del régimen capitalista, o será sólo un nuevo y perfeccionado instrumento confiado a la policía para facilitar la detención de fulano o mengano?...

(…) Esta ley no conseguirá en absoluto frenar el movimiento que vosotros mismos estáis preparando en el país. Como la masonería pasará en masa al partido fascista y constituirá una tendencia dentro de él, está claro que con esta ley lo que esperáis es impedir el desarrollo de grandes organizaciones obreras y campesinas. Este es el valor real de la ley, su significación verdadera. Algún fascista [Mussolini.] recuerda aún nebulosamente las enseñanzas de sus viejos maestros, de cuando era revolucionario y socialista, y cree que una clase no puede mantenerse permanentemente como tal ni desarrollarse hasta la conquista del poder sin tener un partido y una organización que recoja su parte mejor y más consciente. Algo hay de verdad en esa oscura perversión reaccionaria de las enseñanzas de los marxistas. Es sin duda muy difícil que una clase pueda llegar a la solución de sus problemas y a la consecución de las finalidades inscritas en su existencia y en la fuerza general de la sociedad sin que se constituya una vanguardia que conduzca a esa clase a la consecución de aquellos fines. Pero no está dicho que ese enunciado sea siempre verdadero en su mecanicidad exterior para uso de la reacción. La presente ley es una ley que sirve para Italia, que tendrá que aplicarse en Italia, donde la burguesía no ha conseguido de ninguna manera, ni conseguirá nunca, resolver, por de pronto, la cuestión de los campesinos italianos, resolver la cuestión de la Italia meridional. No en vano se presenta esta ley al Parlamento al mismo tiempo que algunos proyectos relativos a la regeneración del sur.

Una voz: Hable de la masonería.

Gramsci: Quieren que hable de la masonería. Pero en el título de la ley no se alude siquiera a la masonería, se habla sólo de organizaciones en general. En Italia el capitalismo se ha podido desarrollar en la medida en que el Estado ha apretado a las poblaciones campesinas, especialmente en el sur. Vosotros notáis hoy la urgencia de esos problemas, y por eso prometéis mil millones a Cerdeña, y obras públicas y centenares de millones a todo el sur; pero para hacer la cosa en serio y concretamente tendríais que empezar por devolver a Cerdeña los cien o ciento cincuenta millones de impuestos que arrancáis cada año a la población sarda. Tendríais que devolver al sur los centenares de millones de impuestos que arrancáis cada año

Mussolini: a la población meridional. ¡Como si en Rusia no hicierais pagar los impuestos...!

Una voz: ¡En Rusia roban, no pagan los impuestos!

Gramsci: Esa no es la cuestión, egregio colega que debería conocer al menos los informes parlamentarios que sobre esas cuestiones existen en las bibliotecas. No se trata del normal mecanismo burgués de los impuestos; se trata de que cada año el Estado extorsiona a las regiones meridionales una suma de impuestos que no devuelve de ninguna manera, ni con servicios de ningún género...

Mussolini: No es verdad.

Gramsci: ... sumas que el Estado arranca a las poblaciones campesinas meridionales para dar una base al capitalismo de la Italia septentrional [Interrupciones, comentarios]. En este terreno de las contradicciones del sistema capitalista italiano se formará necesariamente, pese a todas las leyes represivas, a pesar de las dificultades para constituir grandes organizaciones, la unión de los obreros y de los campesinos contra el enemigo común. Vosotros, fascistas, vosotros, gobierno fascista, a pesar de toda la demagogia de vuestros discursos, no habéis superado esa contradicción que era ya radical, sino que hasta la habéis hecho sentir más duramente a las clases y a las masas populares.
Habéis actuado en esta situación y por la necesidad de esta situación. Habéis añadido más pólvora a la acumulada ya por el desarrollo de la sociedad capitalista, y creéis que con una ley contra las organizaciones vais a suprimir los efectos más modernos de vuestra misma actividad [Interrupciones]. Esta es la cuestión más importante de la discusión de la presente ley: vosotros podéis “conquistar el estado”, podéis modificar los códigos, podéis intentar impedir que las organizaciones existan en la forma en que han existido hasta hoy; pero no podéis prevalecer por encima de las condiciones objetivas en las que no tenéis más remedio que moveros. No haréis más que obligar al proletariado a buscar una orientación distinta de la que hasta ahora era la más común en el terreno de la organización de masas. Esto queremos decir al proletariado y a las masas campesinas italianas desde esta tribuna: que las fuerzas revolucionarias italianas no se dejarán aplastar, que vuestro sueño siniestro no conseguirá realizarse (…)

Mussolini: ¡El Partido Comunista tiene menos inscriptos que el Partido Fascista italiano!

Gramsci: Pero representa a la clase obrera.

Mussolini: ¡No la representa!

Farinacci: La traiciona, no la representa.

Gramsci: Vosotros no contáis con más consenso que el obtenido a palos.

Presidente: Repito que no interrumpan. Dejen hablar. Pero usted, diputado Gramsci, no ha hablado de la ley.

Rossoni: La ley no es contra las organizaciones.

Gramsci: Diputado Rossoni: Su Señoría misma es un párrafo de la ley contra las organizaciones. Los obreros y los ciudadanos deben saber que no conseguiréis impedir que el movimiento revolucionario se refuerce y se radicalice [Interrupciones, rumores]. Porque sólo él representa hoy la situación de nuestro país... [Interrupciones].

Presidente: Su Señoría ha repetido ya este concepto tres o cuatro veces. Tenga la bondad. No somos jurados a los que haya que repetir muchas veces las mismas cosas.

Gramsci: Pues hay que repetirlo; tenéis que oírlo hasta la náusea ¡el movimiento revolucionario vencerá al fascismo!

 

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