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Balanza comercial: se erosiona uno de los pilares del “modelo”K
28 Aug 2008 | Por Emiliano Trotta

La caída de los precios internacionales de las materias primas de las últimas semanas y la apreciación del tipo de cambio real (que ha abaratado las importaciones) están amenazando a uno de los pilares de la estabilidad del “modelo” K: el superávit comercial.

Es que los últimos años las importaciones vienen creciendo más rápidamente que las exportaciones. Esta tendencia se ha profundizado aún más durante 2008 y el superávit comercial en junio ya se encontraba a niveles similares a los de 2001.

Pero tratándose del INDEC, cuanto peor es el panorama para la balanza comercial, mejor la situación que describe. En un comunicado reciente muestran que se recuperaron las exportaciones y crecieron a mayor tasa que las importaciones durante el mes de julio. Ahora se cuidan de no mencionar que es muy probable que este incremento esté explicado por ventas retenidas durante el conflicto del campo. De todos modos, en el acumulado del año se muestra el deterioro comercial. Si bien los primeros siete meses de 2008 arrojan un superávit comercial de U$S 6.145, el comunicado expresa “En los primeros siete meses de 2008, las exportaciones aumentaron 37% con respecto a igual período del año anterior, llegando a 40.296 millones de dólares, en tanto las importaciones se incrementaron 45%, totalizando 34.151 millones de dólares” (comunicado de fecha 25/08/08).

Lo llamativo en cuanto a las exportaciones totales, es que el aumento registrado durante los primeros siete meses se deben principalmente al efecto precios. Del 37% del aumento de las exportaciones 33% es por efecto precios y 3% por aumento de las cantidades exportadas. Ya incluso para junio se registra una caída en las cantidades exportadas del 8% que no sólo se explica por las materias primas (producto del lock out agrario), sino también por una pronunciada caída de las exportaciones de combustibles y energía (que registra una caída en las cantidades exportadas del 45%). Las exportaciones de combustibles y energía disminuyeron un 16% en junio a pesar de la suba de los precios (54%).

Por el lado de las importaciones, se viene dando un crecimiento cada vez más acelerado, principalmente en el rubro bienes intermedios, combustibles y lubricantes, piezas y accesorios para maquinaria, y bienes de capital. En términos absolutos, los productos que más se importaron en los primeros siete meses de 2008 fueron vehículos de transporte, partes y accesorios para la industria automotriz, gasoil, porotos de soja (para la elaboración de aceites), celulares, glifosatos, etc.

La importación de combustibles pegó un salto incrementándose en un 101% respecto a 2007, producto de una crisis energética que se está devorando una porción cada vez mayor del superávit comercial.
La tendencia depresiva del superávit comercial puede acelerarse aún más de continuar la caída de los precios de las exportaciones. Esto es así porque la balanza comercial argentina es altamente vulnerable a los vaivenes de los precios de las materias primas. Para darnos una idea, sólo el complejo sojero (soja, aceite de soja, y derivados) representa el 24% del total de las exportaciones.

A su vez, el ciclo de crecimiento económico es profundamente dependiente de las importaciones de bienes intermedios y bienes de capital, que juntos representan el 58% de las importaciones totales. La consultora del ex Ministro Lavagna viene alertando que el déficit del sector industrial con la tendencia actual llegaría a los 30.000 millones de dólares producto de “La apreciación real del peso y los problemas de oferta interna que afectan a la industria y el sector energético amenazan el superávit comercial: el excedente comercial en productos primarios y en las manufacturas de origen agropecuario compensan el déficit industrial pero sólo gracias al boom de precios agrícolas” (“Ecolatina calcula...”, La Nación, 25/08/08).

Un primer problema que plantea la disminución de los saldos comerciales tiene que ver con la forma en que se compensa la salida de divisas al exterior. Desde el punto de vista de la balanza de pagos (es decir, del saldo que arroja el ingreso y egreso total de divisas del sector público y privado), el superávit en la balanza comercial representa una vía “interna” para el financiamiento tanto de las importaciones de bienes y servicios, como también para la remisión de ganancias al exterior por parte de las empresas extranjeras a sus casas matrices, el pago de intereses al capital especulativo y un colchón para amortiguar posibles fugas repentinas de divisas.

Los últimos 5 años el ingreso neto de divisas le ha permitido al BCRA acumular cerca de U$ 50.000 millones de reservas, que por ahora el gobierno intenta tocar lo menos posible. Sin embargo, una pequeña corrida como la que se dio a partir de la incertidumbre de los especuladores en medio del conflicto con el campo y que representó una fuga de U$ 8000 millones durante el segundo trimestre de 2008, hizo que el BCRA tuviese que salir a vender dólares para sostener el tipo de cambio haciendo caer las reservas a aproximadamente U$ 47.000 millones.

De profundizarse el deterioro del superávit comercial, el gobierno se verá en la disyuntiva de comenzar a usar las reservas y/o buscar nuevas vías de financiamiento profundizando aun más el endeudamiento externo, para lo cual es probable que intente recomponer la relación con los organismos internacionales.

En este sentido, recordemos que hace algunos meses el gobierno de Cristina se predisponía a cancelar la deuda con el Club de París, además de que ya está analizando acudir al BID para lanzar una nueva tanda de bonos.

Si el deterioro comercial por baja de precios se profundiza, puede generar un impacto directo sobre el superávit fiscal ya que los derechos de exportación representan el 14% del total de la recaudación.
El gobierno podría llegar a optar por poner trabas para la importación de algunos bienes (una especie de “proteccionismo” al bolsillo de los capitalistas argentinos). Esta salida es alentada por sectores de la burguesía industrial, que buscan una nueva devaluación para encarecer las importaciones, y por sectores del campo como la Federación Agraria de Buzzi, alineados con el “proyecto productivo” de Duhalde.

Cualquiera de las alternativas que empieza a barajar el gobierno (“enfriamiento” o “nueva devaluación”), plantea un ataque directo al salario al servicio de beneficiar a uno u otro sector de la burguesía.

 

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