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Carta abierta a mis compañeros
¿Te acordás cuando grité? Vos me escuchaste y no pudiste reaccionar, vos me ayudaste y me llevaste a enfermería, vos trataste de revivirme. Yo les quiero contar porque grité. Grité de miedo, grité de terror porque me parecía que era demasiado joven para morir; porque tenía proyectos... Recién terminaba de pagar la moto y pensaba en un terrenito. Tenía muchos proyectos. Quería aclarar cual era mi vocación por eso me estaba haciendo un test. Quería crecer como persona, quería seguir alguna carrera social. ¡Cuántas cosas podría haber hecho! Pero la inseguridad en mi lugar de trabajo, la complicidad, la falta de responsabilidad de los que tienen que velar por el desarrollo seguro de nuestra tarea, me robaron esa posibilidad, la posibilidad de seguir viviendo. Yo quiero que ahora sean ustedes los que griten, no de miedo ni de terror sino que griten porque tienen la posibilidad de que no nos sigan matando. Que griten juntos en busca de justicia, defendiendo sus derechos. Una vida ya es suficiente para que reaccionen. Que mi muerte, que mi grito sea escuchado hoy por ustedes. No se olviden de mi grito que a lo mejor fue de libertad.
Aydé, mamá de Alejandro
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