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Partido de los Trabajadores Socialistas
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FEBRERO – INSTITUTO DEL PENSAMIENTO SOCIALISTA “KARL MARX”
Comienzan los cursos “Marx ha vuelto” sobre el Manifiesto Comunista
Por: Matías Maiello

23 Jan 2015 | En febrero el Instituto del Pensamiento Socialista comenzará en todo el país la serie de cursos sobre el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, en los cuales vamos a abordar algunas de las principales ideas del marxismo sobre la crítica a la sociedad capitalista, el comunismo, la lucha de clases, el Estado y la revolución. Como parte de los cursos (...)

La historia como historia de la lucha de clases

El Manifiesto Comunista fue escrito por Marx y Engels en 1847 y publicado por primera vez en febrero de 1848. El Manifiesto sentó las bases del marxismo y a pesar de haber sido escrito hace tanto tiempo muchas de sus principales tesis conservan enorme actualidad. Se trata de un texto en muchos sentidos anticipatorio.

Como punto de partida, El Manifiesto plantea una tesis que no solo va a cobrar un gran valor teórico sino que va a marcar la acción de millones de trabajadores del mundo desde aquel entonces: “la historia de la humanidad [cuando alcanza un determinada nivel de desarrollo] es la historia de la lucha de clases”. El concepto de lucha de clases ya estaba presente en historiadores franceses anteriores, en teóricos como Saint Simon. Pero Marx y Engels precisan el concepto para el análisis de la lucha de clases bajo las condiciones específicamente capitalistas, donde los protagonistas fundamentales de esta lucha son la clase obrera y la burguesía, lo que no implica que fueran las únicas clases, desde luego. Para los autores del Manifiesto este antagonismo es irreconciliable.

No es entonces el entendimiento entre las clases, la búsqueda del “bienestar común” como proponían diferentes reformadores, o determinados valores “eternos”, los que mueven la historia sino el conflicto entre clases con intereses materiales contrapuestos. La teoría de la lucha de clases se opone así a la teoría de la conciliación entre las clases en todas sus variantes.

La explotación como fundamento del sistema capitalista

“La clase de los obreros modernos –dice el Manifiesto- tan solo puede vivir a condición de hallar trabajo y tan solo pueden hallar trabajo a condición de que este acreciente el capital.” Los obreros están “obligados a venderse uno a uno como piezas, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio…”. De esta forma Marx y Engels comenzarán a develar el fundamento del sistema capitalista basado en la explotación de los trabajadores.

Sin embargo, no será sino hasta años después de publicado el Manifiesto que Marx planteará explícitamente que el obrero no se vende a sí mismo (no es él mismo una mercancía), ni tampoco su trabajo (lo que produce) sino que vende su “fuerza de trabajo” (su capacidad de poner en movimiento sus músculos, nervios y cerebro). De esta forma el obrero le vende su fuerza de trabajo al capitalista que la combina con maquinas y materias primas, poniéndola a trabajar, por ejemplo, por una jornada de 8 horas. Con una parte de su trabajo, supongamos 4 horas, el obrero repone lo que el capitalista gasta en su salario. Pero el obrero vendió su trabajo por una jornada completa con lo cual está obligado a seguir trabajando. Estas horas trabajadas por encima de la cantidad necesaria para reponer su salario, Marx las llamó plusvalía. Se trata de tiempo de trabajo que el capitalista roba al trabajador y que constituye la única fuente de ganancias de los capitalistas. (Ver: “El salario y la ganancia capitalista”)

El comunismo como “movimiento real”

Los autores del Manifiesto Comunista no fueron los primeros, ni mucho menos, en hablar de comunismo o socialismo, tampoco los únicos en su época. Había muchas corrientes que lo hacían pero concebían al socialismo como una utopía, como la construcción de una sociedad ideal al margen de la existente. Robert Owen en Inglaterra, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia, fueron algunos de los grandes inspiradores de estas tendencias. (Ver: “El Comunismo en Marx y Trotsky”)

Para Marx y Engels ni la propiedad privada de los medios de producción, ni el Estado, ni la explotación, ni la existencia de clases sociales son cuestiones “eternas”. No existieron siempre, ni por lo tanto tienen por qué seguir existiendo indefinidamente. Así, la perspectiva de una sociedad sin Estado, sin clases sociales, libre de explotación y de toda opresión no es para ellos un simple ideal sino un objetivo a conquistar a partir de la transformación revolucionaria de la sociedad. “Las proposiciones teóricas de los comunistas –dice el Manifiesto- no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas ellas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se desarrolla ante nuestros ojos.”

Este “movimiento real” se expresa en la lucha constante de la clase trabajadora por liberarse del trabajo como imposición. Las condiciones materiales para esta aspiración tienen sustento también real en el propio desarrollo de las fuerzas productivas (maquinarias, organización del trabajo, destreza de los obreros, etc.) bajo el capitalismo. Pero para ello es necesario poner los enormes avances de la ciencia y de la técnica moderna al servicio de las necesidades sociales y no de la ganancia. Y de esta forma, hacer posible la disminución del tiempo que cada individuo dedica al trabajo hasta que represente una porción insignificante y que las personas puedan dedicar sus energías al ocio creativo de la ciencia, el arte, y la cultura, y desplegar así todas las capacidades humanas.

Estado y Revolución

Los autores de El Manifiesto plantean cómo para enfrentar estas tendencias de la lucha de clases la burguesía cuenta, no solo con el dominio económico sino también con el dominio político a través del Estado. “El estado representativo moderno –señalan- no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la burguesía.” Es decir, el Estado no es neutral, no se trata de un guardián de un supuesto “interés general” por encima de las clases, sino que es una herramienta de la burguesía tanto para reprimir (con sus fuerzas represivas, sus servicios de inteligencia, etc.) y como para contener (con sus mecanismos de cooptación, la ficción de “igualdad ante la ley”, etc.) la lucha de clases. (Ver “El Estado según Marx… y según Lear”)

Hasta aquí señalamos algunos elementos parciales en torno a la anatomía del capitalismo y la dominación burguesa que se desarrollan en El Manifiesto Comunista, también sobre la concepción del comunismo en Marx y Engels. Ahora bien, ¿cómo avanzar hacia la conquista del comunismo partiendo de aquellas condiciones? La respuesta a esta pregunta atraviesa todo El Manifiesto. El carácter político de toda lucha de clases, la constitución de la clase obrera en partido político, el derrocamiento violento de la burguesía, la transformación de la clase obrera en clase dominante, la utilización del poder político para arrancarle los medios de producción a la burguesía y centralizarlos para ponerlos al servicio de transformar todo el sistema de producción para avanzar en una transición hacia el comunismo, el carácter internacional de la lucha revolucionaria de la clase, son algunos de los temas con los que Marx y Engels ensayan una respuesta.

Estos aspectos, así como los que desarrollamos muy brevemente en estas líneas son algunos de los debates fundamentales que desarrollaremos en los cursos sobre El Manifiesto Comunista. Los abordaremos a la luz de los importantes cambios de nuestra época respecto a la que le tocó vivir a Marx, así como de la experiencia de los últimos más de 150 años de la clase obrera (que incluyó triunfos como la Revolución Rusa de 1917), y con la intención de recuperar la perspectiva comunista (bastardeada por el stalinismo durante gran parte del siglo XX) que hoy en el marco de la crisis, el guerrerismo imperialista y los nuevos fenómenos de la lucha de clases se muestra cada vez más necesaria.

 

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