Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de octubre de 2017

Jornadas del 19 y 20 de diciembre en Argentina:

Una vez más sobre las jornadas revolucionarias del 19 y 20/12

31 Dec 2001 | En este trabajo vamos a desarrollar y ampliar los conceptos planteados en las “Reflexiones sobre las jornadas revolucionarias del 19 y 20-12 en Argentina” publicadas el 22 de diciembre.   |   comentarios

1. LOS MARXISTAS Y LAS INSURRECCIONES Y LEVANTAMIENTOS SEMIESPONT˜áNEOS
"El movimiento huelguístico... ha tomado...después de la proclamación de la República, un incremento verdaderamente gigantesco. Ese movimiento, en la mayor parte de los casos, ha tenido un carácter puramente espontáneo, y las organizaciones sindicales, en realidad, no han hecho más que sancionarlo, poniéndose al frente del mismo, a menudo contra su voluntad, para no enajenarse la confianza de las masas trabajadoras. A veces el motivo aparentemente más futil ha bastado para movilizar a grandes masas obreras. La cosa no tiene nada de sorprendente. Los que se alarman, e incluso se indignan, ante el carácter "caótico", "anárquico", "irresponsable" de estos movimientos parecen ignorar una circunstancia esencial: que España se halla en plena revolución, y que esta no se realiza de acuedo un plan escrupulosamente elaborado de antemano. En tales períodos, las huelgas espontáneas, las acciones "caóticas", inconexas, aisladas, y los "excesos" de todas clases constituyen un fenómeno puramente normal. Tratar de oponerse a ello es como querer contener el avance arrollador de un torrente, detener la tempestad. Todas las revoluciones, sin excepción, han conocido esos períodos; es más, son inconcebibles sin ellos. La revolución no es un acto de un día, el grand soir en que soñaban los sindicalistas revolucionarios de antes de la guerra, sino un proceso prolongado y doloroso, durante el cual las masas van buscando su camino en una lucha sembrada de dificultades, de acciones "caóticas", de ofensivas parciales, de victorias y de derrotas." (Andrés Nin, "La huelga general de Barcelona", octubre de 1931, en Comunismo N° 5) <?XML:NAMESPACE PREFIX = O /><O:P></O:P> <br>Con las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre Argentina ha entrado en una etapa revolucionaria, en la que la dinámica de los acontecimientos (como rápidamente se ha mostrado con la vuelta de las protestas contra el nuevo gobierno de Rodríguez Saá en la noche del 28 y madrugada del 29-12 y la posterior renuncia de éste apenas a una semana de su asunción) está signada por las características que mencionaba Nin. Quien no parta de esta definición no comprende nada de lo que está ocurriendo. <O:P></O:P> <br>Las jornadas constituyeron un salto respecto del proceso de protesta popular que se venía desarrollando casi ni bien Cavallo anunció la retención de los depósitos (el famoso "corralito") y la bancarización generalizada de los depósitos, que afectó directamente a los comerciantes y a todo el sector de la economía "en negro", que según cálculos llegaría al 40 % del total. Cortes de calles y cacerolazos de comerciantes; un paro general masivo el 13 de diciembre; reclamos de comida y saqueos frente a los supermercados, que se van generalizando con el correr de los días; movilizaciones de protesta de trabajadores en La Plata, Neuquén y Córdoba... Venía aconteciendo una irrupción simultánea de las distintas fracciones de las clases explotadas y oprimidas de la sociedad en una situación signada por cuatro años de recesión, división interburguesa y un desgaste mayúsculo del gobierno y el conjunto del régimen político. El 19 y 20 la irrupción de las masas se aceleró: los "tres actos" que conformaron las jornadas (multiplicación de los saqueos, el cacerolazo y las manifestaciones a Plaza de Mayo Congreso en Buenos Aires -y en menor medida en otros centros urbanos- contra el estado de sitio y la Batalla de Plaza de Mayo del jueves 20) <I style="mso-bidi-font-style: normal">iban directo a una insurrección generalizada si De la Rúa no renunciaba esa tarde</I>. Se estaba gestando un &#8220;cuarto acto&#8221; de la irrupción de las masas, esta vez con el movimiento obrero como actor principal: la de una huelga general con características revolucionarias. La presencia de jóvenes trabajadores que se trasladaron desde sus fábricas en el gran Buenos Aires entre los combatientes el jueves en Plaza de Mayo mostraba una tendencia de lo que iba a suceder el próximo día si el gobierno no renunciaba. Incluso, en la tarde del jueves el transporte comenzó a parar y en algunas fábricas se paró la producción. En otras, como SIDERAR (la principal acería del país) y terminales automotrices del Gran Buenos Aires, se paró igualmente el viernes, a pesar de la caída del gobierno. Llamando a un paro general para el viernes 21-levantado tras la renuncia de De la Rúa- luego de su completa ausencia en los acontecimientos de los días anteriores (<I style="mso-bidi-font-style: normal">"¿Adónde está, que no se ve, esa famosa CGT?"</I>, coreaban los manifestantes; grito que igualmente podría extenderse a la CTA y a los dirigentes de la Asamblea Piquetera), los dirigentes sindicales no hacían más que sancionar lo que se iba transformando en un hecho consumado frente al reclamo generalizado de las masas que exigían la caída del gobierno y repudiaban la salvaje represión. Las renuncias de Cavallo y De la Rúa fueron triunfos que la burguesía debió conceder a las masas en acción a fin de evitar que los enfrentamientos tomaran una dinámica aún más aguda. <br>"La insurrección como arte", semiinsurrecciones y jornadas revolucionarias <br>En el pasado tenemos varios puntos de referencia en el que los grandes clásicos del marxismo revolucionario se enfrentaron frente a procesos similares al de las jornadas revolucionarias de diciembre, en el que levantamientos o insurrecciones semi-espontáneas de las masas abren una etapa revolucionaria (por nombrar sólo algunos a los que haremos referencia Rusia 1905, otra vez Rusia en febrero de 1917,&nbsp; España 1931, etc.; el Cordobazo en nuestro país es también otro ejemplo).<O:P></O:P><BR>Lo que une estos acontecimientos con las jornadas argentinas es que las acciones de masas rompen con la legalidad burguesa: de ahí el carácter revolucionario de todos ellos. A la vez tienen en común que el levantamiento de masas no es un proceso insurreccional donde las masas cuentan con una clara dirección a su frente que concientemente indica los objetivos a seguir, es decir, "la insurrección como arte", que Trotsky distinguía como un momento específico del proceso más amplio de la guerra civil: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"La verdad es que la guerra civil constituye una etapa determinada de la lucha de clases cuando ésta, al romper los marcos de la legalidad, llega a situarse en el plano de un enfrentamiento público y, en cierta medida físico, de las fuerzas en oposición. Concebida de esta manera, la guerra civil abarca las insurrecciones espontáneas determinadas por causas locales, las intervenciones sanguinarias de las hordas contrarrevolucionarias, la huelga general revolucionaria, la insurrección por la toma del poder y el período de liquidación de las tentativas de levantamiento contrarrevolucionario. Todo esto entra en el marco de noción de la guerra civil, todo esto es más amplio que la insurrección así como infinitamente más estrecho que la noción de la lucha de clases que se da a través de toda la historia de la humanidad. Si se habla de la insurrección como de una tarea por realizar, hay que promoverla con entero conocimiento y no deformándola como se hace corrientemente al confundirla con la revolución."</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn1" name=_ftnref1 style="mso-footnote-id: ftn1" title="">[1]</A>. Es en el sentido de diferenciarlos del momento de "la insurrección por la toma del poder" que señalamos el carácter espontáneo o semiespontáneo de estos levantamientos. <BR>En este marco, nosotros hemos diferenciado la noción de "jornadas revolucionarias" de la categoría de "semi-insurrección" que Nahuel Moreno utilizó para caracterizar el Cordobazo y el Rosariazo. Moreno decía: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"Lo que ha ocurrido en Rosario y principalmente en Córdoba, tiene un nombre muy claro, ha sido una semiinsurrección. Habrá que ajustar muy bien el estudio de lo acontecido en Córdoba para ver si no empleamos mal los términos y lo que ocurrió allí no es directamente una insurrección. Nos inclinamos en principio por el término semiinsurrección, por la falta de lucha armada en serio."</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn2" name=_ftnref2 style="mso-footnote-id: ftn2" title="">[2]</A> Frente a los levantamientos populares contra el régimen de Suharto en Indonesia en 1998 aclarábamos el concepto de "jornadas revolucionarias": <I style="mso-bidi-font-style: normal">"Definimos a las acciones del movimiento de masas de mayo de 1998 como jornadas revolucionarias para diferenciarlos de otros procesos revolucionarios, como la revolución rusa de 1917, que logró desarticular el pilar del estado burgués, el ejército, y estableció una dualidad de poderes, aunque planteó la paradoja de entregarle el poder a la clase enemiga, que como plantea Trotsky "no se ha adueñado de él por un golpe blanquista sino por cesión franca y generosa de las masas triunfantes". Las jornadas revolucionarias de mayo en Indonesia no alcanzaron esta instancia, aunque incluyeron acciones independientes de las masas que incipientemente dividieron al ejército, pero que al no derrotarlo permitieron que el régimen se recomponga, al precio de sacrificar a su principal figura, el general Suharto, y con un mínimo de concesiones democráticas."</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn3" name=_ftnref3 style="mso-footnote-id: ftn3" title="">[3]</A><I style="mso-bidi-font-style: normal"> </I>Precisando más esta definición, el concepto de "jornadas revolucionarias" da cuenta de procesos que no sólo no logran desarticular al ejército y establecer dualidad de poderes como el febrero ruso, sino que tampoco logran derrotar al menos parcial y temporalmente a las fuerzas de represión del estado como ocurrió en el Cordobazo. Más adelante nos referiremos al conjunto del proceso que abren las jornadas, ya que aún siendo inferior en magnitud revolucionaria al Cordobazo, la totalidad de los elementos que definen la etapa, dan posiblemente menos margen a las clases dominantes que el que tenían a fines de los "60.<BR>La precisión de estas caracterizaciones no es un mero ejercicio de rigurosidad intelectual (la cual, por otra parte, debe ser un patrimonio del análisis marxista en tanto este pretende un carácter científico) sino que define el tipo de intervención de los revolucionarios en los acontecimientos. Errores secundarios en acontecimientos como las jornadas pueden cobrar una magnitud muy superior en situaciones de tipo insurreccionales, incluso a graves claudicaciones. <br>2. SOBRE EL CAR˜áCTER SEMIESPONT˜áNEO DE LEVANTAMIENTOS E INSURRECCIONES <br>Las jornadas del 19 y 20 han abierto un debate acerca del carácter espontáneo o conciente de las mismas, una polémica también presente a la hora de analizar el Cordobazo y otros acontecimientos del mismo tipo. Altamira ha polemizado con quienes enfatizan su carácter puramente espontáneo, afirmando que un acontecimiento "totalmente preparado" y diciendo "espontaneidad, las pelotas". Sacando las aristas más ridículas de su artículo (que sugiere que el rol clave en el levantamiento fue jugado por la difusión del PO de la consigna "Fuera De la Rúa-Cavallo", una conclusión a la que llegaron las masas mucho más producto de las consecuencias de la crisis económica y social que de la agitación del PO o de toda la izquierda junta) su argumentación es unilateral y, por ende, falsa. Tiene razón Altamira cuando señala que el levantamiento estuvo precedido de acontecimientos (siete paros generales contra De la Rúa -a los que Altamira curiosamente no da importancia-, generalización de los cortes de ruta como método de lucha del conjunto de las clases oprimidas, levantamientos de desocupados con elementos de guerra civil como en Mosconi y Tartagal, surgimiento de la Asamblea Piquetera, luchas como la de Zanón, Aerolíneas o Luz y Fuerza de Córdoba, etc.) que fueron creando una conciencia política en las masas que se expresó en las reivindicaciones de las jornadas de diciembre, incluso en los saqueos, donde los protagonistas decían que eran contra el gobierno de De la Rúa y Cavallo. Esta reivindicación claramente política, común a los distintos sectores que intervinieron de las jornadas, muestra la diferencia de calidad entre estos acontecimientos y las revueltas donde se manifiestan lo que Trotsky llamaba <I style="mso-bidi-font-style: normal">"insurrecciones de fuerzas elementales"</I>. Pero la negativa de Altamira a reconocer el aspecto imprevisto y espontáneo que tuvo la intervención de las masas (y este se manifestó en los tres eventos de las jornadas, los saqueos, la movilización de las clases medias y la batalla de Plaza de Mayo) no puede tener otro resultado que el embellecimiento de las direcciones oficiales del movimiento de masas, en especial las corrientes que encabezaban la Asamblea Piquetera (y a las que el PO se vino subordinando) que estuvieron vergonzosamente ausentes, a contramano de las masas; y, como es costumbre en el PO, a sobrestimar hasta el ridículo su influencia en el devenir de los acontecimientos. Muy distinta era la forma en que Trotsky y Lenin analizaban eventos cuyo nivel de conciencia y organización fueron infinitamente superiores a las jornadas de diciembre, no obstante lo cual el elemento central fue la irrupción imprevista de las masas, y donde estas, siguiendo una ley de toda acción revolucionaria de este tipo, estuvieron claramente a la izquierda de sus direcciones. <br>Trotsky y la revolución de febrero <br>En febrero de 1917, los acontecimientos tomaron una dinámica de enfrentamiento que superó las previsiones de las direcciones actuantes, aún de los destacamentos revolucionarios. Trotsky dice sobre la revolución de febrero, a la que llama en ocasiones las "jornadas revolucionarias" de febrero: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"nadie, absolutamente nadie... pensaba en aquel entonces que el día 23 de febrero señalaría el principio de la ofensiva declarada contra el absolutismo (...) la Revolución de Febrero empezó desde abajo, venciendo la resistencia de las propias organizaciones revolucionarias; con la particularidad de que esta espontánea iniciativa corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado: las obreras del ramo textil..."</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn4" name=_ftnref4 style="mso-footnote-id: ftn4" title="">[4]</A>. Tanto el comité bolchevique de Petrogrado como el comité de la barriada de Viborg (el más combativo y cuyos dirigentes jugarán un rol importante durante los acontecimientos) habían aconsejado en la víspera del 23 no ir a la huelga que comenzaron las obreras textiles, que reclamaban "pan" en la fecha que se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer. La actitud conservadora de la dirección bolchevique (ni hablar de los mencheviques y otros) ante los acontecimientos continuó con el correr de los días, en donde se iba tornando decisiva la lucha por el ejército: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"El arte de conducir revolucionariamente a las masas en los momentos críticos consiste, en nueve décimas partes, en saber pulsar el estado de ánimo de las propias masas, y así como Kajurov (dirigente bolchevique de la barriada de Viborg, NdeR) observaba las guiñadas de los cosacos, la gran fuerza de Lenin consistía en su inseparable capacidad para tomar el pulso a la masa y saber cómo sentía. Pero Lenin no estaba aún en Petrogrado. Los estados mayores "socialistas" públicos y semipúblicos, los Kerensky, los Cheidse, los Skobelev y cuantos los rodeaban, preferían hacer amonestaciones de toda índole y resistir al movimiento. El estado mayor bolchevista, compuesto por Schliapnikov, Zalutski y Mólotov, reveló en aquellos días una impotencia y una falta de iniciativa asombrosas. De hecho, las barriadas obreras y los cuarteles estaban abandonados a sí mismos. Hasta el día 26 no apareció el primer manifiesto a los soldados, lanzado por una de las organizaciones socialdemócratas, afín a los bolcheviques. Este manifiesto, que tenía un carácter muy indeciso y ni siquiera hacía un llamamiento a los soldados para que se pusieran al lado del pueblo, empezó a repartirse por todos los barrios el día 27 por la mañana (...) Por lo que al centro bolchevique se refiere, conviene advertir que, hasta el día 27 por la mañana, Schliapnikov no se decidió a escribir, a instancias de Chugurin, uno de los mejores caudillos obreros de las jornadas de febrero, una manifiesto dirigido a los soldados. ¿Fue impreso ese manifiesto? En todo caso, vería la luz cuando su eficacia era ya nula. En modo alguno pudo tener influencia sobre los sucesos del día 27. No hay más remedio que dejar sentado que, por regla general, en aquellos días los dirigentes, cuanto más altos estaban, más a la zaga de las cosas iban"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn5" name=_ftnref5 style="mso-footnote-id: ftn5" title="">[5]</A>. Pese al conservadurismo de las direcciones, el descontento había llegado a las tropas y el 27 los regimientos se alzan uno tras otro siguiendo la dinámica impuesta por la insurrección obrera y provocando la días antes impensada caída del zarismo.  <br>Lenin y la insurrección de Moscú de 1905 <br>Lenin, en el conocido trabajo "Las enseñanzas de la insurrección de Moscú" de diciembre de 1905, muy rico en apreciaciones para las formas que toma la lucha callejera contra las fuerzas de represión, señala una dinámica similar de los acontecimientos en cuanto a la relación entre masas insurrectas y acción de las direcciones que la que Trotsky muestra sobre el febrero. Citemos un tanto extensamente: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"Las formas principales del movimiento de diciembre en Moscú fueron las huelgas y las manifestaciones pacíficas. La inmensa mayoría de los obreros sólo participó activamente en estas formas de lucha. Pero la propia acción de diciembre en Moscú demostró palpablemente que la huelga general, como forma independiente y principal de lucha, ha caducado; que el movimiento, con espontánea e irresistible pujanza, desborda este marco estrecho y engendra la forma más alta de lucha: la insurrección. Todos los partidos revolucionarios, todos los sindicatos de Moscú, al declarar la huelga, sabían e incluso intuían que se transformaría inevitablemente en insurrección. El 6 de diciembre el Soviet de Diputados Obreros decidió "esforzarse por transformar la huelga en insurrección armada". Pero, en realidad, ninguna de las organizaciones estaba preparada para ello; hasta el "Consejo de coalición de los grupos de combate" hablaba (¡el 9 de diciembre!) de una insurrección como de algo remoto, y es evidente que no tuvo participación o control en la lucha callejera que se desarrolló. Las organizaciones <B style="mso-bidi-font-weight: normal">habían quedado a la zaga</B> del ascenso y el alcance del movimiento. La huelga se transformaba en insurrección, ante todo, bajo la presión de las condiciones objetivas creadas después de octubre. Ya no era posible sorprender al gobierno por medio de una huelga general: éste había organizado las fuerzas de la contrarrevolución y éstas estaban preparadas para actuar militarmente. Tanto el curso de la revolución rusa después de octubre (de 1905, N de R), como la sucesión de los acontecimientos de Moscú en las jornadas de diciembre, son una asombrosa confirmación de una de las profundas tesis de Marx: la revolución, al avanzar, engendra una contrarrevolución fuerte y unida; en otros términos, obliga al enemigo a recurrir a medidas de defensa cada vez más extremas y, por lo mismo, crea medios de ataque cada vez más poderosos (...) El proletariado sintió antes que sus dirigentes el cambio en las condiciones objetivas de la lucha y la necesidad de pasar de la huelga a la insurrección... La indicación de levantar barricadas llegó a las barricadas con enorme retraso, cuando ya se levantaban en el centro de la ciudad. Los obreros en masa se pusieron a levantarlas, pero <B style="mso-bidi-font-weight: normal">esto tampoco los satisfacía</B>; querían saber: ¿qué hacer después?, y exigían medidas activas. Nosotros, dirigentes del proletariado socialdemócrata, nos comportamos en diciembre como aquel jefe militar que tenía dispuestas sus tropas de un modo tan absurdo que la mayor parte de ellas no participaban activamente en la batalla. Las masas obreras exigían instrucciones para realizar acciones resueltas y no las recibían."</I> (Destacados de Lenin).<O:P></O:P> <br>Lenin señalaba a su vez la lógica de acción que se derivaba de todo acontecimiento insurreccional: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"Los acontecimientos de diciembre confirmaron otra profunda tesis de Marx, olvidada por los oportunistas: la insurrección es un arte, cuya regla principal es la <B style="mso-bidi-font-weight: normal">ofensiva</B> encarnizadamente audaz, implacablemente decidida. No hemos asimilado de manera suficiente esta verdad. Nosotros mismos no hemos estudiado ni enseñado a las masas de manera suficiente este arte, esta regla de la ofensiva a toda costa. Ahora, debemos corregir con toda energía ese descuido. No basta tomar partido en cuanto a las consignas políticas: es preciso tomarlo también con respecto a la insurrección armada. Quien esté contra ella, quien no se prepare para ella, debe ser arrojado sin piedad de las filas de los partidarios de la revolución, debe ser arrojado al campo de los enemigos, de los traidores o de los cobardes, pues se acerca el día en que el peso de los acontecimientos y las condiciones de la lucha nos obligarán a distinguir amigos y enemigos según este principio"</I>. Como vemos, nada más lejos que la manera profunda de Lenin para sacar lecciones revolucionarias que los balances autocomplacientes de Altamira. <br>Si recordamos, contra las afirmaciones de Altamira, lo señalado por Lenin y Trotsky para remarcar el carácter imprevisto y convulsivo de todo acontecimiento revolucionario, no es para menospreciar que las jornadas del 19 y 20 estuvieron inscriptas en la lógica de la agudísima crisis crisis social, política y económica que vive Argentina y que estas implican la conclusión, para pasar a un estadío superior, de un proceso que venía madurando en las masas. Un proceso de acumulación en métodos de lucha que, embrionariamente, se inicia desde el Santiagazo, que toma mayor envergadura con las huelgas generales y los levantamientos de desocupados en los años "96-"97 contra el gobierno de Menem, y que se retoma y profundiza, luego del desvío en la lucha de clases que significó la Alianza, casi desde el comienzo del gobierno de De la Rúa. Olvidar esto sería cometer una unilateralidad inversa a la de Altamira, pero igualmente errónea. Como marxistas, no adherimos a las explicaciones de los procesos históricos por "generación espontánea". <O:P></O:P> <br>Frente a la pregunta sobre quién había dirigido la revolución de febrero Trotsky afirmaba: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"podemos contestar... de un modo harto claro y definido: los obreros concientes, templados y educados principalmente por el partido de Lenin. Y dicho esto no tenemos más remedio que añadir: este caudillaje, que bastó para asegurar el triunfo de la insurrección, no bastó, en cambio, para poner inmediatamente la dirección del movimiento revolucionario en manos de la vanguardia proletaria"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn6" name=_ftnref6 style="mso-footnote-id: ftn6" title="">[6]</A>. Pero, ¿es válida esta analogía para explicar las jornadas argentinas? Sólo en el limitado sentido de que los nuevos caudillos que surgieron en los acontecimientos recientes aprendieron e imitaron algunas de las experiencias de lucha más avanzadas de las masas y que algunos de ellos habían sido protagonistas de acciones de la lucha de clases en los últimos años: desocupados que habían participado en cortes de ruta y fueron organizadores de las acciones en los super y los hipermercados (unas pocas de estas acciones estuvieron organizadas directamente por las organizaciones piqueteras), estudiantes que habían cortado calles en defensa de la educación pública, estatales que enfrentaron los recortes salariales, militantes y ex militantes que habían enfrentado con piedras uno que otro ataque represivo de la policía, jóvenes con cierta de experiencia en enfrentar la represión de la policía de "gatillo fácil". Y, en cierta medida, de una presencia política, limitada pero persistente, de las distintas corrientes de izquierda en la vida política nacional, en el movimiento estudiantil, entre los desocupados y, en menor medida, en el movimiento obrero. Pero, aunque esto expresa un cierto nivel de subjetividad, creemos que ni Altamira puede pretender que se asemeja a la que tenían los obreros de Petrogrado educados por Lenin que dirigieron la revolución de febrero. <br>3. UNA COMPARACIÓN ENTRE LA SITUACIÓN ACTUAL Y LA ABIERTA POR EL CORDOBAZO <br>Para analizar más en profundidad las jornadas del 19 y 20 y la etapa abierta por ellas se hace ineludible una comparación con el Cordobazo. Ya mencionamos al comienzo la distinción que creemos importante entre jornadas revolucionarias y semiinsurrección. Sobre la superación de todo pronóstico previo de los hechos del Cordobazo, Brennan señala: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"El levantamiento había excedido en mucho las expectativas de los organizadores. Si bien Tosco era el único de todos los dirigentes obreros que había imaginado algo más que una huelga general y una demostración pacífica en la sede central de la CGT, ni siquiera él previó la reacción de la &nbsp;policía o la masiva explosión popular desencadenada por ésta (...) el carácter del Cordobazo fue más improvisado que intencional. Las organizaciones obreras y estudiantiles que habían planeado la demostración del 29 de mayo no pudieron controlar los sucesos que se produjeron cuando gran parte de la población de la ciudad se volcó a las calles, algunos como espectadores intrigados u horrorizados, pero muchos como participantes activos en la protesta. El Cordobazo se había convertido en una rebelión popular, un repudio colectivo al régimen de Onganía..."</I><O:P></O:P> <br>Moreno analiza los levantamientos de la siguiente manera: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"Tanto en Rosario como en Córdoba, hemos presenciado el encuentro de los obreros y los estudiantes con las fuerzas represivas, como la derrota de éstas; es decir, uno de los principales brazos armados del régimen, la policía, fue puesta en retiradas por las fuerzas populares. Es la primera vez que esto ocurre desde la Semana Trágica del "19, y posiblemente desde la huelga general de apoyo a la gran huelga de la construcción del "35. Esta derrota policial se produjo como consecuencia de la concentración de estas fuerzas en los centros de las ciudades, para impedir su copamiento por las fuerzas obreras y estudiantiles, con apoyo de la población. Esto permitió un cercamiento de la policía por el pueblo en lucha, que con las molotovs y las barricadas fue capaz de atomizar primero, agotar después y provocar una estrepitosa retirada, por último, de las fuerzas policiales. Esta es una colosal conquista y triunfo del movimiento revolucionario. En Rosario, este proceso se detuvo allí, ya que la intervención del ejército para imponer el orden fue suficiente para frenar la movilización popular. No ocurrió lo mismo en Córdoba, ya que el ejército intervino violentamente, originando por su actuación, una situación semiinsurreccional, de lucha civil, aunque por la falta de dirección no fue respondida en la misma forma por el movimiento obrero y estudiantil. Hubiera sido suficiente que los trabajadores se hubieran armado para responder al fuego del ejército, para que la guerra civil y la insurrección hubieran sido un hecho. La debilidad que se tenía en el enfrentamiento a la policía, la falta de armamento, que no impidió la victoria parcial contra ésta, se reveló fatal al entrar en escena el ejército"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn7" name=_ftnref7 style="mso-footnote-id: ftn7" title="">[7]</A> <br>Señalemos las diferencias entre estas acciones y las jornadas de diciembre: <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la Batalla de Plaza de Mayo no fueron obreros agrupados en grandes destacamentos sindicales y estudiantes derrotando a las fuerzas represivas, sino jóvenes trabajadores, estudiantes y desocupados, prácticamente sin organización previa, junto con algunos cientos de militantes de las corrientes de izquierda los que en Plaza de Mayo hostigaron con piedras, en acciones que remiten a la Intifada, a la policía, pero sin llegar a derrotarla. En diciembre la victoria fue política, ya que se logró la caída de De la Rúa, no militar. Para derrotar militarmente a la policía era necesaria la entrada en escena de otras fuerzas sociales: los trabajadores y los desocupados organizados. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Cordobazo fue una acción más ofensiva, que se realizó contra un gobierno mucho más fuerte que el de De la Rúa. Si bien contra el "onganiato" las clases medias por intermedio del movimiento estudiantil venían mostrando su descontento y existían algunas luchas obreras previas, nadie preveía la dinámica que cobraría el descontento que empieza a manifestarse con las protestas estudiantiles de mediados de mayo en Corrientes. El de Onganía se consideraba el gobierno más estable desde el golpe fusilador del "55. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1969 la situación económica era incomparablemente más estable que en la actualidad. Entonces fue la lucha de clases la que quebró el equilibrio capitalista. Se venía de algunos años con un acelerado crecimiento industrial (índices cercanos al 6 % anual) que estaban dando los primeros signos de debilitamiento. Nada que pueda compararse a los cuatro años de recesión. Las jornadas actuales se dieron en condiciones donde ya estaba roto el equilibrio capitalista desde el punto de vista de la economía. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando se produce el Cordobazo, el proletariado venía fortalecido estructuralmente. Luego de las derrotas obreras de fines de los "50 y principios de los "60, que permitieron la aplicación de planes de "racionalización" (es decir, superexplotación obrera) se desarrolló un ciclo de afluencia de capital imperialista, con el desarrollo de nuevas industrias, principalmente la automovilística, la pesada y semipesada, la petroquímica, el desarrollo de las explotaciones petrolíferas, las máquinas de calcular, la cohetería y la atómica, que estaban transformándose en las ramas dominantes o en extensión en la estructura económica del país. Moreno señalaba correctamente este aspecto contra aquellos (como Santucho) que veían una decadencia absoluta de la economía nacional apoyándose en la declinación de ciertas ramas de producción como los ingenios azucareros. En la actualidad la clase obrera viene indudablemente más golpeada tras cuatro años de recesión y niveles de desocupación y subocupación inéditos en la historia del país. Viene además de soportar la pérdida de muy importantes conquistas. Sin embargo, como señalamos en el programa del PTS, el proceso que vivimos bajo el menemismo fue un <I style="mso-bidi-font-style: normal">"nuevo espiral de desarrollo desigual y combinado, que significaron simultáneamente una relativa modernización capitalista en algunas ramas e impusieron un retardo más severo e infranqueable al desarrollo nacional, empujando al país más profundamente en el callejón sin salida de la sumisión al imperialismo"</I>. Este ciclo estuvo ligado al desarrollo del Mercosur como un mercado de escala para la inversión imperialista. Los rasgos decisivos de esto proceso fueron: a) el rezago de la productividad del trabajo nacional respecto a los países imperialistas; b) un doble proceso de relativa desindustrialización y especialización productiva de bienes primarios; c) el aumento de la dependencia del capital extranjero; d) el aumento de la relación vasalla del país con el imperialismo. El tequila, la crisis asiática y la devaluación brasileña, produjeron la crisis de este proyecto capitalista, y abrió en el plano interno una dura disputa interburguesa acerca de cómo resolver la crisis, disputa que se concentró en la medida monetaria propugnada por una u otra fracción capitalista: devaluación o dolarización. Del punto de vista de la clase obrera el ciclo capitalista de los "90 implicó el surgimiento de una nueva clase obrera, producto de un retroceso sin precedentes en sus condiciones de vida, que soporta una creciente superexplotación en las fábricas y empresas, que ha sido dividida y fragmentada, con millones arrojados al desempleo y subempleo. Una nueva clase obrera que a la vez ha sido reconcentrada en grandes conglomerados que dan cuenta del grueso de la producción industrial y los servicios. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el punto de vista de la acción revolucionaria de la clase obrera y la conquista de su hegemonía sobre el conjunto de las clases explotadas lo antes señalado provoca tendencias contradictorias. Por un lado, la hegemonía proletaria era claramente visible en el Cordobazo y en el Rosariazo, en el cual las columnas obreras jugaron un rol central. Hoy, a pesar de las huelgas generales donde el proletariado ha hecho pronunciameintos políticos contra ataques de conjunto y ha protagonizado en los últimos años multitud de conflictos parciales, son excepciones (metalúrgicos de Tierra del Fuego en el "95; Ingenio La Esperanza en el &#8217;99; Zanón en la actualidad) los casos en que el proletariado ha tenido enfrentamientos que superen los marcos de la legalidad burguesa, como ha sido característico de los desocupados. Es indiscutible el efecto negativo que ha tenido la altísima desocupación en lograr que los obreros acepten los planes de despidos y suspensiones acordados entre las patronales y la burocracia. Una crisis aguda de la clase obrera acompaña la decadencia de la economía nacional. Pero a la vez, las mismas condiciones de agravamiento de las penurias de las masas, el alto crecimiento de la pauperización y de la desocupación, crean una situación de "leña seca" para levantamientos revolucionarios muy superior a la existente en los años del Cordobazo. Situación que ya se ha expresado en los levantamientos con elementos de guerra civil protagonizados por los desocupados, primero en el "97 y luego en el 2000 y 2001. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una cuestión novedosa del levantamiento actual es el papel explosivo jugado por las capas medias urbanas, en particular de la Capital Federal, especialmente a partir del incautamiento de salarios y depósitos. En realidad en lo que los medios de comunicación describen como las protestas de la clase media, confluyen un conjunto heterogéneo: desde distintos sectores que son parte de la clase trabajadora pero participan de las acciones como "ciudadanos" (trabajadores estatales y docentes, cadetes, oficinistas, empleados de pequeñas empresas y talleres, trabajadores de los servicios, etc.) y estudiantes hasta comerciantes y profesionales "liberales". La juventud constituye sin duda el sector más radicalizado de esta protesta, enfrentándose valientemente con las fuerzas de represión. De alguna manera este proceso de giro a la izquierda de la juventud se venía expresando en el derrumbe electoral de la Franja Morada en las universidades. Sin embargo, en perspectiva, si los acontecimientos revolucionarios se desarrollan, las capas medias tenderán a polarizarse a derecha e izquierda.<O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la actualidad es mucho más profunda la crisis burguesa. Por un lado hoy es más descarnada la "guerra" intercapitalista.&nbsp; Durante sus casi nueve meses al frente del Ministerio de Economía Cavallo intentó un equilibrio imposible entre los sectores burgueses en pugna, lo que sólo prolongó la agonía y aumentó la crisis del régimen. El fugaz gobierno de Rodríguez Saá pretendió hacer los mismo con el plan de emisión de una tercera moneda, finalmente descartado. Detrás de estas acciones está el hecho de que una devaluación (que posiblemente termine siendo inexorable) implica afectar el interés de sectores (las privatizadas y la banca más concentrada) que en los "90 pasaron a controlar parte mayoritaria de la economía nacional. Y está el límite puesto a la ofensiva capitalista por la acción de las masas, que se cobraron un algo costo por cada ataque burgués, que impidió cumplir con la ley de Déficit Cero. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la vez, es mayor la descomposición de las alternativas de dominación burguesa. Mientras que las masas en el Cordobazo se enfrentaron a una dictadura, la caída de De la Rúa tiene significación tanto por ser la primera vez que un movimiento de masas voltea a un gobierno electo por sufragio popular como por el repudio manifestado por la población al conjunto de los partidos burgueses. El peronismo se ha mostrado en lo inmediato, aún en su división y desprestigio, capaz de actuar como "partido de la contención". Pero el también es parte de una "crisis de hegemonía" del dominio burgués. Como señalaba Gramsci, <I style="mso-bidi-font-style: normal">"en cierto momento de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales con la forma de organización que presentan, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de ella (...) la crisis de hegemonía de la clase dirigente ... ocurre porque dicha clase fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas (la guerra por ejemplo) o bien porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeño burgueses intelectuales) pasaron de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantearon reivindicaciones que en su conjunto constituyen una revolución. Se habla de "crisis de autoridad" y esto es justamente la crisis de hegemonía o crisis del Estado en su conjunto" </I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn8" name=_ftnref8 style="mso-footnote-id: ftn8" title="">[8]</A>. Gramsci remarcaba que estas situaciones llevaban a la burguesía a la búsqueda de salidas "cesaristas", es decir, bonapartistas. En lo inmediato, la irrupción de las masas y la magnitud de la crisis hace inevitablemente débil e inestable, de tipo "kerenskystas", a toda perspectiva de recambio burgués. En el período abierto con el Cordobazo, existían Perón y el peronismo como grandes mediaciones, rol que hoy nadie está en condiciones de jugar.&nbsp;&nbsp; <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por último, una comparación de la subjetividad de la vanguardia y de la clase obrera en ambos momentos. La revolución cubana, primero, la guerra de Vietnam y la situación internacional abierta con el Mayo Francés, después, hacían muchísimo más presente para decenas de miles de activistas obreros y estudiantiles la perspectiva de la revolución social entonces que en la actualidad. Se partía de un nivel de subjetividad muy superior al existente actualmente. Este no es sólo un fenómeno nacional. A pesar de la decadencia del "neoliberalismo" aún no se ha revertido, a nivel de masas, la percepción de que no hay alternativa al capitalismo. La expropiación de los capitalistas y el socialismo no son vislumbrados aún como salida por las masas que han volteado al gobierno. Este es un hándicap con el que las clases dominantes pueden compensar hoy la mayor debilidad de mediaciones reformistas y burocráticas con que cuentan. Es esto lo que explica que en lo inmediato, aunque condicionado por la efervescencia de masas, pueda darse el juego entre las diversas variantes burguesas a la hora de enfrentar la aguda crisis de poder. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Igual que en el Cordobazo, no existen en la actualidad organismos de las masas de tipo soviético, aún embrionarios, aunque sí está la experiencia de las Asambleas Piqueteras, que fueron un paso en este sentido, en especial la votación de la última de ellas en el sentido de realizar una tercera asamblea de ocupados y desocupados con un delegado cada veinte. Se puede apreciar en toda su magnitud el rol de sostenedores del régimen de los dirigentes piqueteros, complementario al de las burocracias de la CGT y la CTA, que se negaron a cumplir el mandato de convocatoria a la tercera asamblea. <O:P></O:P> <br><BR>4. LA ACTUALIDAD DE LA "ESTRATEGIA SOVIÉTICA" EN LA LUCHA POR EL PODER OBRERO <br>En una situación con puntos de contacto con la actual, donde grandes acciones de masas abrieron una etapa revolucionaria que sólo sería cerrado con el triunfo contrarrevolucionario en la guerra civil, ocho años después, Trotsky señalaba a los revolucionarios españoles la importancia que cobraba el impulso de organismos de tipo soviéticos: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"El proletariado, si quiere entrar en la senda de las grandes acciones, tiene necesidad, ya en el momento presente, de una organización que se levante por encima de las separaciones políticas, nacionales, provinciales y sindicales existentes en las filas del proletariado y que corresponda a la envergadura tomada por la lucha revolucionaria actual. Una organización tal, elegida democráticamente por los obreros de las fábricas, de los talleres, de las minas, de los establecimientos comerciales, del transporte ferroviario y marítimo, por los proletarios de las ciudades y del campo, no puede ser más que el soviet. Los epígonos han causado un daño incalculable al movimiento revolucionario en todo el mundo al afirmar en muchas mentes el prejuicio de que los soviets se crean únicamente para las necesidades del levantamiento armado y únicamente en vísperas del mismo. En realidad los soviets se constituyen cuando el movimiento revolucionario de las masas obreras, aunque se halle lejos todavía de la insurrección, engendra la necesidad de una organización amplia y prestigiosa capaz de dirigir los combates políticos y económicos que abarcan simultáneamente establecimientos y profesiones diversas. Sólo a condición de que los soviets, durante el período preparatorio de la revolución, penetren en el seno de la clase obrera, resultarán capaces de desempeñar un papel directivo en el momento de la lucha inmediata por el poder"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn9" name=_ftnref9 style="mso-footnote-id: ftn9" title="">[9]</A>. En España el nombre de Juntas obreras era el que correspondía en la historia nacional al de los soviets en Rusia. No sabemos que nombre tomará el desarrollo de tales organismos en nuestro país. La experiencia de los "70 dio embrionariamente las coordinadoras. En el proceso actual, ha existido como organismo con más envergadura nacional la Asamblea piquetera, aunque episódicamente surgieron en otras oportunidades otros organismos a nivel local. En nuestro programa hemos planteado que la primer tarea de la hora es poner en pie a nivel local, provincial y nacional Asambleas de trabajadores ocupados y desocupados, que coordinen la acción con organizaciones de pequeños comerciantes, chacareros, etc.&nbsp; Distinguimos así nuestra perspectiva de la planteada, por ejemplo, por el PO de Asamblea Popular, formulación que lleva a diluir la lucha por la necesaria hegemonía del proletariado en la alianza obrera y popular. En cierto modo, el PO repite a nivel de la pequeño burguesía urbana la misma adaptación que el stalinismo tenía en los "30 con el campesinado. Trotsky consideraba entonces que <I style="mso-bidi-font-style: normal">"contrariamente a lo que supone la novísima teoría del stalinismo, es poco probable que las Juntas campesinas, como organizaciones electivas, surjan, al menos en un número considerable, antes de la toma del poder por el proletariado. En el período preparatorio, es más probable que se desenvuelvan en el campo otras formas de organización fundadas no en el principio electivo, sino en la selección individual: asociaciones campesinas, comités de campesino pobres, células comunistas, sindicatos de obreros agrícolas, etc. Sin embargo, ya hora se puede poner a la orden del día la propaganda a favor de las Juntas campesinas sobre la base del programa agrario revolucionario"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn10" name=_ftnref10 style="mso-footnote-id: ftn10" title="">[10]</A>. <O:P></O:P> <br>En la actualidad debemos antes que nada estar abiertos a cualquier variante que de la realidad. En etapas revolucionarias como las que estamos viviendo, las masas pueden desarrollar sus organismos de la forma más imprevista, desde la organización para solidarizarse con alguna lucha hasta un reclamo por la represión, como es el caso de los jóvenes y vecinos en el barrio de Floresta en Buenos Aires, que se han comenzado ha organizar tras el asesinato de tres jóvenes. Pero para que tomen envergadura nacional es difícil que organismos de tipo soviético se desarrollen si no son organizaciones de obreros ocupados y desocupados (sindicatos combativos, movimientos de desocupados, comisiones internas, cuerpos de delegados, tendencias de izquierda, sectores de trabajadores en lucha, etc.) los que los impulsen. <O:P></O:P> <br>Nuestra principal tarea pasa hoy por combinar la total audacia y flexibilidad para impulsar todo organismo de frente único para la lucha, buscando comprometer a todas las tendencias del movimiento obrero en el impulso de los mismos, con buscar que en su organización y formas de representación se exprese la preponderancia de la clase trabajadora. Es decir, impulsar con toda audacia los organismos que puedan constituirse en la base del poder de los trabajadores.<O:P></O:P> <br>Por último recordemos como el gran revolucionario ruso veía la relación indispensable entre soviet y partido: <I style="mso-bidi-font-style: normal">"La Junta proletaria será la vasta arena en que cada partido y cada grupo serán sometidos a prueba a la vista de las grandes masas. Los comunistas opondrán la divisa del frente único de los obreros a la práctica de la coalición de los socialistas y parte de los sindicalistas con la burguesía. Sólo el frente único revolucionario hará que el proletariado inspire la confianza necesaria a las masas oprimidas de la ciudad y del campo (...) La Junta tiene necesidad de un partido dirigente. Sin una firme dirección, se convertiría en una forma vacía de organización y caería indefectiblemente bajo la dependencia de la burguesía"</I><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftn11" name=_ftnref11 style="mso-footnote-id: ftn11" title="">[11]</A>.<O:P></O:P><O:P></O:P> <br>Este aspecto que hemos destacado está indisolublemente ligado a la agitación y la propaganda de un programa transicional (como hemos expresado en las declaraciones del PTS frente al desarrollo de la crisis) que parta de las demandas motoras de las movilizaciones en curso, como &#8220;pan y trabajo&#8221;, &#8220;devolución de los depósitos&#8221;, &#8220;castigo a los asesinos&#8221; o &#8220;que se vayan todos&#8221;, y la utilización episódica de consignas como Asamblea Constituyente Soberana frente a los pactos que buscan constituir un &#8220;gobierno de salvación nacional&#8221; o el llamado a adelantar las elecciones presidenciales manteniendo el conjunto de las instituciones del viejo régimen (Congreso, Corte Suprema, Policía, etc.) desprestigiadas ante las masas. A partir de estos motores toman fuerza en conjunto de las demandas transicionales que apuntan a la &#8220;expropiación de los expropiadores&#8221; (confiscación de los stocks de mercadería de los grandes hipermercados, nacionalización de la banca, reparto de las horas de trabajo, expropiación y puesta en funcionamiento bajo administración obrera de toda fábrica que cierre o despida, etc.) y la conquista revolucionaria del poder político por parte de la clase trabajadora. <O:P></O:P><O:P></O:P> <br>Los acontecimientos se siguen desarrollando a ritmo tumultuoso. Rodríguez Saá renunció finalmente ayer, corrido desde la izquierda por el nuevo cacerolazo y los jóvenes que volvieron a movilizarse a Plaza de Mayo y el Congreso y desde la derecha por el establishment que lo acusó de "populismo". Cuando estamos terminando estas líneas, se anuncia un acuerdo político entre peronistas de la provincia de Buenos Aires, radicales, el Frepaso y la embajada norteamericana para que asuma Duhalde como presidente por dos años en reemplazo de Rodríguez Saá, mientras De la Sota y Kirchner reclaman que se cumpla con el llamado a elecciones. Todo hace prever que el nuevo gobierno tampoco tendrá tregua y que los eventos continuarán a ritmo tumultuoso en las semanas venideras. Una situación en la cual todo el bagaje revolucionario de nuestra organización, en la medida de nuestra modesta influencia, está siendo puesto a la prueba de los hechos <br>Buenos Aires, 31 de diciembre de 2001 <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref1" name=_ftn1 style="mso-footnote-id: ftn1" title="">[1]</A> León Trotsky, "Los problemas de la insurrección y de la guerra civil", julio de 1924. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref2" name=_ftn2 style="mso-footnote-id: ftn2" title="">[2]</A> Nahuel Moreno, "Tesis sobre la situación nacional después de las grandes huelgas generales", junio de 1969, en "Después del Cordobazo"). Por su parte, sin recurrir a categorías marxistas, James Brennan define el Cordobazo como "una protesta popular con carácter predominantemente obrero, pero también contenía elementos de una rebelión popular y una insurrección urbana independientes del control de los trabajadores" ("El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955-1976", cap. 5). <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref3" name=_ftn3 style="mso-footnote-id: ftn3" title="">[3]</A> "Indonesia: un año de movilización de las masas", en Estrategia Internacional N° 11-12, abril-junio 1999. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref4" name=_ftn4 style="mso-footnote-id: ftn4" title="">[4]</A> León Trotsky, "Historia de la revolución rusa", capítulo VII, "Cinco días (23-27 de febrero de 1917)". <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref5" name=_ftn5 style="mso-footnote-id: ftn5" title="">[5]</A> Ídem. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref6" name=_ftn6 style="mso-footnote-id: ftn6" title="">[6]</A> León Trotsky, op. cit., capítulo VIII, "¿Quién dirigió la insurrección de febrero?". <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref7" name=_ftn7 style="mso-footnote-id: ftn7" title="">[7]</A> Nahuel Moreno, op. cit. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref8" name=_ftn8 style="mso-footnote-id: ftn8" title="">[8]</A> Antonio Gramsci, "Cuadernos de la Carcel: notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado moderno", tomo 1,&nbsp; pág. 76, JP Editores. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref9" name=_ftn9 style="mso-footnote-id: ftn9" title="">[9]</A> León Trotsky, "La revolución española y la táctica de los comunistas", 24 de enero de 1931. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref10" name=_ftn10 style="mso-footnote-id: ftn10" title="">[10]</A> Ídem. <br> <br><A href="http://www.pts.org.ar/contenido/argentina31del12.htm#_ftnref11" name=_ftn11 style="mso-footnote-id: ftn11" title="">[11]</A> Ídem.









moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Conectarse
Su mensaje

Este formulario acepta atajos SPIP [->url] {{negrita}} {cursiva} <quote> <code> código HTML <q> <del> <ins>. Para separar párrafos, simplemente deje líneas vacías.

  • No hay comentarios a esta nota