Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de diciembre de 2017

La Verdad Obrera N° 524

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Para la juventud, ¿una década ganada?

30 May 2013   |   comentarios

La juventud viene estando en boca de muchos. Cristina Kirchner el pasado 25 de mayo en su discurso plantea que “La militancia juvenil, es un logro de la década ganada”. Más que década, será por los millones que ganaron funcionarios de la Cámpora como Mariano Recalde (patrón en Aerolíneas), mientras es cómplice de rebajar las condiciones laborales, mediante la tercerización de miles de jóvenes como los de la empresa HAS en el Aeropuerto. Los “logros” del gobierno se reducen a haber cooptado a sectores de los movimientos sociales y la juventud con recursos del Estado. Una militancia que frente a las inundaciones en La Plata, cuando el Ejército ya había “apaciguado” controlando los barrios y la bronca de quienes lo habían perdido todo, La Cámpora se puso a “militar” la solidaridad, codo a codo con las Fuerzas Armadas.
El kirchnerismo, organizaciones sindicales y hasta los partidos opositores más de derecha empiezan a tomar nota del rol que pueden jugar las nuevas generaciones, y las incorporan a sus discursos. Para todos ellos, podrían ser la “nueva cara” de recambio y recomposición de sus viejas estructuras que empiezan a deslegitimarse. Pero si miramos al resto del mundo, la juventud en los últimos años ha pasado al centro de la escena por ser protagonista de grandes movimientos que cuestionan la crisis capitalista y las políticas que muchos gobiernos llevan adelante contra los trabajadores y el pueblo: volteando junto al pueblo gobiernos como en Egipto, o enfrentando a la herencia pinochetista como los estudiantes chilenos, o copando con cientos de miles las plazas y calles como los indignados españoles.
En nuestro país, luego de 10 años de kirchnerismo, la juventud se está destapando con sus reclamos. No hay medio de comunicación que no tome nota del descontento que expresan las “nuevas generaciones” en fábricas y talleres o porque no creen en los burócratas sindicales que no los representan, o porque el “relato K” choca con su realidad de trabajos en negro, precarios, mal pagos, encerrados hasta 12 horas trabajando. También los estudiantes secundarios protagonizaron importantes procesos de lucha con tomas, asambleas y movilizaciones porque los quieren como mano de obra barata para las empresas y porque la supuesta inversión en la educación no alcanza ni para el gas en las escuelas. En las universidades, las recientes inundaciones en La Plata y Capital, pusieron en movimiento la solidaridad de cientos de estudiantes que se indignaron viendo a los políticos kirchneristas y macristas de vacaciones en la playa mientras familias enteras perdían todo bajo el agua. Lo que el kirchnerismo pretende vendernos como una “década ganada”, son diez largos años para una generación nacida del 2001, que siente cada vez más un profundo descontento con un modelo que se está agotando, que si en diez años no dio respuesta a demandas sentidas de amplios sectores de la juventud, hoy menos que nunca va a poder hacerlo.
El kirchnerismo se pone como abanderado de “la vuelta de la juventud a la política”. Pero ¿de qué política y de qué juventud? Ellos impulsan una militancia creada por y para el Estado, que busca sacarle las arrugas a un Estado al servicio de los grandes empresarios, que subsidia con millones a las empresas a cambio de “masacres de once” o crímenes sociales como el de La Plata, donde miles de genocidas siguen impunes, donde se continúa matando a los pibes en los barrios, un Estado que llena de plata las bóvedas de funcionarios y empresarios amigos, mientras los trabajadores y el pueblo no llegan a fin de mes ni aún trabajando 12 horas. Esa será la “vuelta a la política” de unos pocos como los “pibes” de La Cámpora, que ocupan sillones en algún ministerio o en algún sindicato de burócratas, para llenarse el bolsillo con miles de pesos a fin de mes.
Opuesto a lo que busca el gobierno, hay otra política en la juventud que no pueden cooptar, que empieza a cobrar fuerza en fábricas, colegios y universidades. La de esa juventud que no quiere maquillarle las arrugas a este estado. Quiere arrancarse las marcas de la explotación de la piel, que hoy le exprime hasta los sueños. La de una juventud que empieza a despreciar esa militancia dedicada a gestionar y administrar, y busca construir organizaciones que se liguen a los trabajadores y sectores populares que fueron los “perdedores” de esta década. La que no quiere su título para asesorar empresarios, sino para poner su conocimiento para dar respuesta a los problemas de las grandes mayorías. Hay sectores de jóvenes, que comienzan a oponer al proyecto del kirchnerismo o a cualquiera de las variantes de la oposición. Es una juventud y una política de otra clase. Que puede dar sus primeros pasos cuestionando, organizando y luchando frente a los grandes problemas sociales de los que son responsables el gobierno, la oposición patronal y los empresarios, pero al calor de avanzar en un cuestionamiento profundo del Estado capitalista y sus consecuencias para los millones de explotados. En ese camino la juventud trabajadora estudiantil del PTS apuesta a confluir con estos nuevos procesos, para que la política que cobre fuerza y se imponga en la juventud sea la de esa poderosa alianza entre trabajadores y estudiantes tomando el destino en sus propias manos, tomando el cielo por asalto.

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