Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de octubre de 2017

Nacional

QUE HACER CON EL SUPERAVIT FISCAL

La economía argentina todavía funciona a media máquina

06 Sep 2004 | Así lo reflejan los indicadores. La industria aún no alcanzó los niveles de 1998.   |   comentarios

Tras el amesetamiento que se registró en el segundo trimestre de este año, cada vez hay más evidencias de que asistimos a una desaceleración del crecimiento económico.
El Gobierno se resiste a admitirlo y argumenta que en el primer semestre la actividad industrial mejoró un 12,2 por ciento y 37 por ciento las inversiones. Se afirma, por otra parte, que en julio, la utilización de la capacidad instalada llegó a 71,7 por ciento, el indicador más alto desde aquel trágico diciembre de 2001. 
Pero en el sector externo hay una desaceleración de las compras en el exterior y más lentitud en las exportaciones. Hasta junio las importaciones habían subido un 139 por ciento, un indicador de pujanza y de mayores inversiones. Pero la tendencia comenzó a frenarse. 
El reciente incremento en las jubilaciones y del salario mínimo, presentados como una respuesta a esa desaceleración, no tiene suficiente fuerza como para cambiar, como se desearía, el rumbo económico. El impacto de las medidas descriptas sobre el consumo es mínimo. Más aún porque debe descontarse la inflación que mes a mes sigue achicando el poder de compra de los argentinos. 
El retoque en las jubilaciones representa 100 millones de pesos mensuales y el del salario mínimo involucra a una porción pequeña de los trabajadores registrados. 
Entre tanto, el Gobierno sigue sentado sobre el altísimo su perávit fiscal sin que ese dinero se vuelque a "mover" la economía. El argumento oficial de que si se vuelca podría haber un "recalentamiento de la economía" no resiste el menor análisis. 
Porque con casi la mitad de la población viviendo bajo la línea de pobreza, con un desempleo oficial del 14,4 por ciento (que se eleva al 19 por ciento si se cuentan los planes sociales), con los bajísimos sueldos de los que están ocupados, con el gasto social en uno de los niveles históricos más bajos, con la producción todavía por debajo de los niveles de 1998, la Argentina es un país que funciona a "media máquina".
Si se siguen las evaluaciones del INDEC, la brecha entre ricos y pobres, según el ingreso por habitante, se elevó 34,4 veces, un promedio de las últimas décadas que no ha podido ser barrido. 
La "teoría del recalentamiento" es funcional a la política oficial de pagar, más allá de todo, sin medir otras consecuencias, la deuda completa con los organismos financieros internacionales. Porque al margen de los intercambios de palabras, lo cierto es que la Argentina se dispone a desembolsar 1.400 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, después de los 8.000 millones de dólares ya abonados a partir de la declaración de "default". 
Esos 8.000 millones de dólares equivalen a unos 24.000 millones de pesos que bien podrían haber ido a financiar obra pública, a mejorar la situación de los jubilados y desocupados, a financiar la creación de empresas, a darle respaldo a las pymes, a reforzar el presupuesto educativo, a capacitar a los desempleados, a invertir en ciencia y tecnología. Son prioridades que hoy se replantean.
 
 

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