Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
21 de julio de 2018

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¿Hacia una nueva Ley de Educación?

22 Jun 2006 | El gobierno ha lanzado el llamado a discutir una Nueva Ley de Educación. El Ministro Filmus y personajes como Susana Decibe (Ministra de Educación de Menem), empresarios, emisarios de la Iglesia y dirigentes de CTERA y UDA nos hicieron una “invitación a soñar”. Los mismos que en los ’90 apoyaron la hoy cuestionada por todos Ley Federal de Educación (o fueron cómplices de su aplicación, como los dirigentes sindicales), pretenden ser actores de privilegio en la reforma educativa.   |   comentarios

Carteles en la vía pública anuncian las jornadas pese a que aún no se definieron claramente ni en forma pública el carácter y las fechas. Sólo un documento en internet. Se sabe que hubo una reunión con los gremios para definir las jornadas, pero sin participación directa y democrática de los docentes y de los estudiantes.
 
Continuidades
El doble discurso del gobierno “setentista” de Kirchner se ve también con la nueva ley de educación. Amplios sectores del empresariado y la iglesia dieron su apoyo muy tranquilos ya que Filmus anunció que, en lo sustancial, “nada de la LFE1 será tocado”.

La política educativa de Kirchner no esperó ningún “debate profundo” y ya aprobó leyes parciales pero fundamentales, con el aval de la CTERA: la Ley de Financiamiento Educativo o la Ley de Educación Técnica (ley de pasantías), a fines del 2005. Según estas normas, el estado sigue centralizando el control sobre un sistema educativo, pero descentralizando responsabilidades claves como el financiamiento. Cuando las sancionaron dijeron que resolverían los graves problemas educativos y hoy vemos cómo los secundarios toman escuelas porque no hay gas para las estufas; las escuelas están en condiciones deplorables; y ni hablar del salario básico docente y no docente, que no alcanza los valores de la línea de pobreza. 
Detrás del doble discurso de Filmus y Kirchner los organismos internacionales son los que siguen definiendo las políticas educativas para América Latina, establecidas desde la Cumbre de las Américas para garantizar formidables negocios privados para una educación cada vez más fragmentada en los “servicios educativos de gestión estatal y privada”.
Frente al fracaso de la LFE, el Gobierno promete un cambio y quiere diseñar una ley más acorde a las necesidades del nuevo modelo de país del “3 a 1”, y el relativo crecimiento industrial en ramas como la metalúrgica y automotrices. Necesitan mano de obra medianamente calificada y (sobre todo) barata, para que los grandes empresarios mantengan sus ganancias2. 
Mientras el sistema Educativo Chileno se nos seguia mostrando como ideal por parte de los intelectuales de la reformas de los ´90, que ahora se subieron al gran arco kirchnerista, lo que no esperaban es que en estos días los estudiantes de ese país mostraran que la LOCE3 no es más que un modo de elitizar la educación y a través de la municipalización hacer escuelas para ricos y escuelas para pobres, además del sistema de pasantías que hace que los estudiantes trabajen gratis a cambio de su capacitación. La crisis en Chile muestra a las claras lo que son los gobiernos “progresistas”: este es el camino que nos quiere hacer recorrer K, junto a Filmus, Yasky, la iglesia y los empresarios.
 
Fines de la educación
En el documento oficial dejan claro qué educación definieron para los próximos años, una educación para garantizar mayores ganancias para los capitalistas. “Educar para la productividad y el crecimiento” quiere decir que la educación es parte del proceso de cualificación de la mano de obra. Simplemente definen como función primordial de la educación formar para la “eficiencia” laboral. Pero esta eficiencia es una exigencia en un “mundo del trabajo que no se ha diversificado y donde los índices de desocupación han bajado poco pero acompañando la creación de puestos precarios, inestables y flexibilizados. Quieren alumnos producidos en la “nueva escuela” que tengan un “valor agregado” que son los conocimientos significativos para “competir” y aspirar a un puesto en trabajos hiperflexibilizados, terciarizados, mal pagos, en negro, con contratos precarios, etc. Ellos los definen como “dignos”.
 
Contra la ley de Filmus y Kirchner, los empresarios y la Iglesia
Hay que iniciar el debate sobre esta Ley, sobre cuál es la educación que necesitamos, y los actores que pueden definirlo no son los que hasta ahora diseñaron esta educación en crisis, sino los docentes junto a las organizaciones de trabajadores, el movimiento estudiantil y los padres. Debemos poner en pie un gran movimiento de los estudiantes secundarios y sus organizaciones, terciarios, universitarios, docentes y todas las organizaciones de trabajadores, que prepare un gran congreso sin empresarios ni la iglesia. Debemos empezar a demostrar que los únicos interesados en defender la educación pública somos los trabajadores y sus hijos.
 
1 Ley Federal de Educación votada en 1993 durante el primer gobierno de Menem.
2 Uno de los capítulos del proyecto de Nueva ley de Educación habla de las pasantías, que no son otra cosa que la utilización de la mano de obra de los chicos en las grandes industrias, ya que lo usarán para “aprender el oficio”.
3 Ley Orgánica Constitucional de Educación. Esta Ley la “dejó” como última medida de gobierno el dictador Pinochet, y a lo largo de estos años no fue cuestionada por ningún gobierno de la Concertación. Es la Ley que profundizó el modelo de Municipalización y bajo presupuesto educativo en el país trasandino.
 
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¡Que progresistas!
 
Argentina es uno de los pocos países que desde el siglo XIX separó la Iglesia de la función educadora. Así estableció la laicidad en su ley 1420. 
En la definición de lo que debe ser la calidad educativa aparece un concepto altamente retrógrado: “La calidad educativa debe abarcar la integralidad del sujeto (...) es necesario que la formación básica y universal (...) que fortalezca todas las dimensiones de la personalidad: cultural, social, estética, ética y religiosa”.
“Una educación que permita que las familias elijan para sus hijos una institución educativa que responda a sus convicciones filosóficas, éticas o religiosas”. Con esto la religión, que pertenecería al “ámbito privado” es parte de la “educación”, por lo cual las escuelas confesionales dejan de tener un fin privado, para tener un fin social que justifica no sólo su existencia, si no, como ya dijimos, ser financiadas por el estado, y por qué no, que la religión sea parte de la educación brindada por el estado.

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