Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
10 de diciembre de 2017

Elecciones

Las elecciones no resolvieron la crisis política del régimenación del PTS

El 1° de Mayo todos a Brukman y Plaza de Mayo

29 Apr 2003   |   comentarios


Menem y Kirchner han pasado a la segunda vuelta con poco más del 20% cada uno de ellos y en una contienda electoral cruzada por la apatía, el descrédito y la desilusión.
El "que se vayan todos" nacido en las jornadas de diciembre del 2001 no tuvo expresión política en estas elecciones. Ni la izquierda participacionista (IU-PO) ni el llamado al voto en blanco, impugnado o la abstención (aunque esta fue la más alta de las elecciones presidenciales desde el "83) lograron expresarlo. En primer lugar porque estas elecciones fueron convocadas sólo para elegir presidente (la institución más auoritaria del sistema político vigente que obligó al electorado a utilizar el voto "útil") y de manera de salvar al PJ de la ruptura formal del partido. Con esta maniobra intentaban preservar al viejo régimen político, mientras fue rechazada cualquier tipo de reforma política y ni siquera pudieron ser elegidos nuevos diputados y cargos legislativos; ni hablar del reclamo de una asamblea constituyente libre y soberana para reorganizar el país. En segundo lugar porque la izquierda fue incapaz de ofrecer una alternativa unificada basada en el rechazo a estas elecciones tramposas. Un polo de toda la vanguardia luchadora que hubiera realizado una campaña activa por el rechazo a estas elecciones, podría haber superado los pobres guarismos de la izquierda y del rechazo electoral, pudiendo así haber salido fortalecida políticamente.
Sin embargo el giro a la derecha evidenciado en estas elecciones no debería confundirse con la recomposición del régimen político, el final de las disputas interburguesas, la vuelta a la "normalidad" o la derrota de las fuerzas populares.
Mientras el gobierno de Duhalde se propuso, luego de la masacre de Avellaneda, convocar a elecciones para desviar las luchas populares y sobre todo remozar al régimen político para resolver la crisis de legitimidad de las instituciones burguesas, el resultado para la clase dominante no es satisfactorio. Estas elecciones presidenciales no han sido una solución a la crisis del régimen burgués sino parte de ella. Todos los medios de prensa se han encargado de machacar el retorno del voto popular, -luego del vendaval de las jornadas de diciembre del 2001 y el voto bronca que lo antecedió-, hacia expresiones políticas surgidas de los dos grandes partidos históricos nacionales, el Radicalismo y el Justicialismo. Pero lo característico de este proceso electoral ha sido justamente la descomposición política de estos partidos, divididos en fracciones y subfracciones y uno de ellos, el radicalismo, colocado al filo de su extinción. Al mismo tiempo los comicios han revelado que las disputas en el seno de la cúpula del poder económico siguen siendo feroces. La contienda en torno al "modelo" de los "90 sostenido por Menem y Lopez Murphy o al "modelo" de la "producción y el trabajo" con el que batió el parche Kirchner, no expresa más que la disputa entre las fracciones económicas que de un lado cuentan con los bancos extranjeros, las privatizadas y las empresas trasnacionales, mientras que del otro cuenta con los grandes grupos locales, impulsores de la "patria devaluadora" y campeones de la estatización de sus deudas. Esta guerra entre las distintas fracciones de la burguesía será un factor de desestabilización económica y de chantaje político, como lo estamos viendo a menos de 24 hs. de los comicios con la caída abrupta de más de 8% en los valores de la bolsa que reaccionaron "de mala manera" a la estrecha diferencia que pudo sacar Menem. Pero estas disputas al interior de la clase dominante, la crisis de sus partidos y sus intituciones, incluídas las divisiones y el desprestigio de los principales líderes sindicales, la incapacidad de reganar legitimidad y las brechas que dejan sus disputas, pone a disposición de los trabajadores y las clases explotadas en el próximo período una oportunidad excepcional para desarrollar la lucha de clases, forjar organizaciones de lucha, recuperar los sindicatos usurpados por las burocracias sindicales y construir un partido propio de la clase trabajadora.
Las Jornadas de Diciembre fueron protagonizadas por una atípica alianza heterogénea, que unía a las clases medias altas que exigían la devolución de sus dólares y fueron retratadas manifestando con sus "4x4", por un lado, junto a las clases medias asalariadas y empobrecidas que fueron la base política de las asambleas populares, a fracciones de trabajadores que recuperan fábricas y desocupados que enfrentaron en su momento el estado de sitio. Esta alianza que levantó el slogan "que se vayan todos", se desgajó y dio paso a una mayor polarización social y política. Los primeros le dieron apoyo escencialmente a López Murphy, que intentará luego de su importante elección poner en pie una expresión política partidaria de una derecha "moderna" ligada a la embajada norteamericana y lobbysta de las grandes empresas trasnacionales. La clase media, que fue la base histórica de la centroizquierda en las grandes concentraciones urbanas, careció de una expresión política que representara sus aspiraciones. Elisa Carrió, elegida por muchos de estos como mal menor hizo todo lo posible, empezando por su candidato a vicepresidente el conservador Gutierrez, por mostrarse aceptable para el establishment económico. Y una gran porción de los pobres urbanos y los desempleados engrosaron el voto de Menem y Rodriguez Saa. La izquierda y el voto "bronca" finalmente fueron marginales. Este "bloque de diciembre" estaba destinado a romperse a izquierda y derecha conforme a una lógica inevitable de clase. Pero lo que no estaba escrito era la potencialidad revolucionaria que constituía la unidad de la clase trabajadora ocupada y desocupada con las clases medias empobrecidas y las capas populares. Una alianza social de los explotados que somos la inmensa mayoría de la nación. Pero ello era posible a condición de que la clase trabajadora irrumpiera en la escena nacional con sus propias demandas y sus métodos de lucha. Las burocracias sindicales hicieron lo imposible para impedirlo, pero tampoco desde las fuerzas que se reclaman obreras y revolucionarias se postularon estrategias para unir a la vanguardia obrera y popular, construir coordinadoras u otras formas de autoorganización democráticas que sean una alternativa de masas ni se propusieron una estrategia para llegar a las grandes concentraciones de los millones de asalariados sin los cuales no es posible la alianza obrera y popular y en consecuencia imponer los reclamos del 20 de diciembre como el de barrer con el régimen político actual haciendo realidad el "que se vayan todos", reorganizar al país sobre nuevas bases y finalmente superar esos objetivos logrando un gobierno de los trabajadores.
Pero sería caer en un grueso error si se pretendiera traducir el giro político a la derecha que muestra el mapa de votación en una expresión general del agotamiento de las energías de diciembre, de su derrota, y si se pretendiera que esta aritmética electoral exprese fielmente la relación de fuerzas sociales y la conciencia política de amplias masas populares. La existencia de un amplio abanico que repudió la guerra imperialista, que rechaza las privatizaciones y la deuda externa, que apoya la recuperación de las empresas quebradas por sus empresarios, que rechaza la represión del estado y de una u otra manera exige un cambio social es un hecho incontrastable y lo pudimos ver en el apoyo de masas que recibieron las trabajadoras de Brukman y hace 20 dias los obreros de Zanon en Neuquen.
Quienes hoy estarán pensando en llamar a votar a Kirchner contra Menem, las corrientes reformistas como la CTA y la centroizquierda que huyó del Frepaso, mostraron una incapacidad orgánica para ponerse a la cabeza de las aspiraciones populares. No sólo para lograr alguna tibia elección a "todos los cargos" (lo que ellos entendían del "que se vayan todos"), tampoco lograron darle vida a su propio proyecto de capitalizar el triunfo del PT brasilero mediante algún tipo de "movimiento político y social". Ahora han revelado de qué se trataba su peculiar "MPS": la reconstrucción de la "Alianza de los orígenes" junto con el ajustador Anibal Ibarra.
Esta crisis del reformismo es la que aún no han podido capitalizar las corrientes que se reclaman de la clase trabajadora. La IU y el PO han caído en un electoralismo febril al haber avalado con su presentación unas elecciones a medida del régimen y donde no había posibilidad siquiera de consagrar diputados nacionales o legisladores provinciales que sirvan en la tribuna parlamentaria a la causa de los trabajadores. En las actuales condiciones es necesario que todas las fuerzas populares denunciemos que el ballotage del 18 de Mayo no es más que una trampa en la que el régimen intentará obligar a las masas a elegir entre dos verdugos y dos sirvientes de los intereses del imperialismo y los grandes capitalistas, a dirimir nuevamente la interna del PJ, es decir, si el país será gobernado por Menem o por Duhalde. Como ya les advertímos a la IU y al PO, ahora el régimen les impone la alternativa que nosotros les propusimos desde un primer momento como campaña unitaria y organizada por el rechazo. En este ballotage tenemos que lograr lo que no se logró en la primer vuelta: un comando único de las organizaciones obreras, piqueteras y de las asambleas populares. IU y el PO ya han anunciado al voto en blanco. Unifiquemos una campaña contra los que intentarán convencer de que votar a Duhalde-Kirchner es un "voto útil".
En medio de la campaña electoral de los López Murphy, los Menem y los Kirchner, las heroicas obreras de Brukman concitaron un enorme apoyo por parte de las asambleas populares, trabajadores y desocupados, y de la simpatía de franjas enteras de la población. El resultado del 27 no ha cambiado esas condiciones. Esto significa que las batallas de la clase obrera, si tienen un programa claro, pueden consitar el entusiasmo y ofrecer una causa por la cual luchar a amplias masas populares, cuestión que ninguno de los partidos y candidatos del régimen pudo lograr con sus elecciones del 27 de abril. Las obreras de Brukman recibieron este amplio apoyo porque expresan con su ejemplo de lucha el interés de millones de trabajadores y de la Argentina profunda que padece la enfermedad social endémica del capitalismo: una desocupación de más del 25% y una subocupación semejante. La alianza obrera y popular expresada en las calles de la Capital unos dias antes de las elecciones alrededor del conflicto por Brukman necesita expresarse como una fuerza política independiente que le de una bandera por la cual pelear a millones de explotados.
Nuestro partido rechaza la pose estrecha y de pequeño aparato de aquellos que se autoproclaman "el partido de la clase trabajadora" mientras no agrupan al 1% de aquella. Al mismo tiempo denunciamos la falsa "unidad de la izquierda" que no sirva para fortalecer las luchas y para organizar a la clase trabajadora de forma independiente. La perspectiva más realista en las condiciones actuales de crisis capitalista y de definitiva bancarrota de los partidos de la clase dominante, es la construcción de organismo de democracia directa para unir las filas obreras ocupadas y desocupadas, reunir en torno suyo una vasta alianza obrera y popular y poner en pie una poderosa herramienta política propia. Dotada de un programa y una estrategia revolucionaria nuestra clase trabajadora, que ha dado batallas memorables en nuestra historia nacional y que hoy comienza a resurgir bajo nuevas condiciones y bajo un nuevo programa, será invencible.
Para levantar esta perspectiva nuestro partido se hará presente y convoca a todos sus simpatizantes y amigos a concurrir masivamente este Primero de Mayo junto a las heroicas obreras de Brukman. El acto comenzará en Brukman a las 14 Hs. y luego se marchará a Plaza de Mayo donde finalizará el mismo.







Menem y Kirchner han pasado a la segunda vuelta con poco más del 20% cada uno de ellos y en una contienda electoral cruzada por la apatía, el descrédito y la desilusión.
El "que se vayan todos" nacido en las jornadas de diciembre del 2001 no tuvo expresión política en estas elecciones. Ni la izquierda participacionista (IU-PO) ni el llamado al voto en blanco, impugnado o la abstención (aunque esta fue la más alta de las elecciones presidenciales desde el "83) lograron expresarlo. En primer lugar porque estas elecciones fueron convocadas sólo para elegir presidente (la institución más auoritaria del sistema político vigente que obligó al electorado a utilizar el voto "útil") y de manera de salvar al PJ de la ruptura formal del partido. Con esta maniobra intentaban preservar al viejo régimen político, mientras fue rechazada cualquier tipo de reforma política y ni siquera pudieron ser elegidos nuevos diputados y cargos legislativos; ni hablar del reclamo de una asamblea constituyente libre y soberana para reorganizar el país. En segundo lugar porque la izquierda fue incapaz de ofrecer una alternativa unificada basada en el rechazo a estas elecciones tramposas. Un polo de toda la vanguardia luchadora que hubiera realizado una campaña activa por el rechazo a estas elecciones, podría haber superado los pobres guarismos de la izquierda y del rechazo electoral, pudiendo así haber salido fortalecida políticamente.
Sin embargo el giro a la derecha evidenciado en estas elecciones no debería confundirse con la recomposición del régimen político, el final de las disputas interburguesas, la vuelta a la "normalidad" o la derrota de las fuerzas populares.

Mientras el gobierno de Duhalde se propuso, luego de la masacre de Avellaneda, convocar a elecciones para desviar las luchas populares y sobre todo remozar al régimen político para resolver la crisis de legitimidad de las instituciones burguesas, el resultado para la clase dominante no es satisfactorio. Estas elecciones presidenciales no han sido una solución a la crisis del régimen burgués sino parte de ella. Todos los medios de prensa se han encargado de machacar el retorno del voto popular, -luego del vendaval de las jornadas de diciembre del 2001 y el voto bronca que lo antecedió-, hacia expresiones políticas surgidas de los dos grandes partidos históricos nacionales, el Radicalismo y el Justicialismo. Pero lo característico de este proceso electoral ha sido justamente la descomposición política de estos partidos, divididos en fracciones y subfracciones y uno de ellos, el radicalismo, colocado al filo de su extinción. Al mismo tiempo los comicios han revelado que las disputas en el seno de la cúpula del poder económico siguen siendo feroces. La contienda en torno al "modelo" de los "90 sostenido por Menem y Lopez Murphy o al "modelo" de la "producción y el trabajo" con el que batió el parche Kirchner, no expresa más que la disputa entre las fracciones económicas que de un lado cuentan con los bancos extranjeros, las privatizadas y las empresas trasnacionales, mientras que del otro cuenta con los grandes grupos locales, impulsores de la "patria devaluadora" y campeones de la estatización de sus deudas. Esta guerra entre las distintas fracciones de la burguesía será un factor de desestabilización económica y de chantaje político, como lo estamos viendo a menos de 24 hs. de los comicios con la caída abrupta de más de 8% en los valores de la bolsa que reaccionaron "de mala manera" a la estrecha diferencia que pudo sacar Menem. Pero estas disputas al interior de la clase dominante, la crisis de sus partidos y sus intituciones, incluídas las divisiones y el desprestigio de los principales líderes sindicales, la incapacidad de reganar legitimidad y las brechas que dejan sus disputas, pone a disposición de los trabajadores y las clases explotadas en el próximo período una oportunidad excepcional para desarrollar la lucha de clases, forjar organizaciones de lucha, recuperar los sindicatos usurpados por las burocracias sindicales y construir un partido propio de la clase trabajadora.

Las Jornadas de Diciembre fueron protagonizadas por una atípica alianza heterogénea, que unía a las clases medias altas que exigían la devolución de sus dólares y fueron retratadas manifestando con sus "4x4", por un lado, junto a las clases medias asalariadas y empobrecidas que fueron la base política de las asambleas populares, a fracciones de trabajadores que recuperan fábricas y desocupados que enfrentaron en su momento el estado de sitio. Esta alianza que levantó el slogan "que se vayan todos", se desgajó y dio paso a una mayor polarización social y política. Los primeros le dieron apoyo escencialmente a López Murphy, que intentará luego de su importante elección poner en pie una expresión política partidaria de una derecha "moderna" ligada a la embajada norteamericana y lobbysta de las grandes empresas trasnacionales. La clase media, que fue la base histórica de la centroizquierda en las grandes concentraciones urbanas, careció de una expresión política que representara sus aspiraciones. Elisa Carrió, elegida por muchos de estos como mal menor hizo todo lo posible, empezando por su candidato a vicepresidente el conservador Gutierrez, por mostrarse aceptable para el establishment económico. Y una gran porción de los pobres urbanos y los desempleados engrosaron el voto de Menem y Rodriguez Saa. La izquierda y el voto "bronca" finalmente fueron marginales. Este "bloque de diciembre" estaba destinado a romperse a izquierda y derecha conforme a una lógica inevitable de clase. Pero lo que no estaba escrito era la potencialidad revolucionaria que constituía la unidad de la clase trabajadora ocupada y desocupada con las clases medias empobrecidas y las capas populares. Una alianza social de los explotados que somos la inmensa mayoría de la nación. Pero ello era posible a condición de que la clase trabajadora irrumpiera en la escena nacional con sus propias demandas y sus métodos de lucha. Las burocracias sindicales hicieron lo imposible para impedirlo, pero tampoco desde las fuerzas que se reclaman obreras y revolucionarias se postularon estrategias para unir a la vanguardia obrera y popular, construir coordinadoras u otras formas de autoorganización democráticas que sean una alternativa de masas ni se propusieron una estrategia para llegar a las grandes concentraciones de los millones de asalariados sin los cuales no es posible la alianza obrera y popular y en consecuencia imponer los reclamos del 20 de diciembre como el de barrer con el régimen político actual haciendo realidad el "que se vayan todos", reorganizar al país sobre nuevas bases y finalmente superar esos objetivos logrando un gobierno de los trabajadores.
Pero sería caer en un grueso error si se pretendiera traducir el giro político a la derecha que muestra el mapa de votación en una expresión general del agotamiento de las energías de diciembre, de su derrota, y si se pretendiera que esta aritmética electoral exprese fielmente la relación de fuerzas sociales y la conciencia política de amplias masas populares. La existencia de un amplio abanico que repudió la guerra imperialista, que rechaza las privatizaciones y la deuda externa, que apoya la recuperación de las empresas quebradas por sus empresarios, que rechaza la represión del estado y de una u otra manera exige un cambio social es un hecho incontrastable y lo pudimos ver en el apoyo de masas que recibieron las trabajadoras de Brukman y hace 20 dias los obreros de Zanon en Neuquen.
Quienes hoy estarán pensando en llamar a votar a Kirchner contra Menem, las corrientes reformistas como la CTA y la centroizquierda que huyó del Frepaso, mostraron una incapacidad orgánica para ponerse a la cabeza de las aspiraciones populares. No sólo para lograr alguna tibia elección a "todos los cargos" (lo que ellos entendían del "que se vayan todos"), tampoco lograron darle vida a su propio proyecto de capitalizar el triunfo del PT brasilero mediante algún tipo de "movimiento político y social". Ahora han revelado de qué se trataba su peculiar "MPS": la reconstrucción de la "Alianza de los orígenes" junto con el ajustador Anibal Ibarra.
Esta crisis del reformismo es la que aún no han podido capitalizar las corrientes que se reclaman de la clase trabajadora. La IU y el PO han caído en un electoralismo febril al haber avalado con su presentación unas elecciones a medida del régimen y donde no había posibilidad siquiera de consagrar diputados nacionales o legisladores provinciales que sirvan en la tribuna parlamentaria a la causa de los trabajadores. En las actuales condiciones es necesario que todas las fuerzas populares denunciemos que el ballotage del 18 de Mayo no es más que una trampa en la que el régimen intentará obligar a las masas a elegir entre dos verdugos y dos sirvientes de los intereses del imperialismo y los grandes capitalistas, a dirimir nuevamente la interna del PJ, es decir, si el país será gobernado por Menem o por Duhalde. Como ya les advertímos a la IU y al PO, ahora el régimen les impone la alternativa que nosotros les propusimos desde un primer momento como campaña unitaria y organizada por el rechazo. En este ballotage tenemos que lograr lo que no se logró en la primer vuelta: un comando único de las organizaciones obreras, piqueteras y de las asambleas populares. IU y el PO ya han anunciado al voto en blanco. Unifiquemos una campaña contra los que intentarán convencer de que votar a Duhalde-Kirchner es un "voto útil".

En medio de la campaña electoral de los López Murphy, los Menem y los Kirchner, las heroicas obreras de Brukman concitaron un enorme apoyo por parte de las asambleas populares, trabajadores y desocupados, y de la simpatía de franjas enteras de la población. El resultado del 27 no ha cambiado esas condiciones. Esto significa que las batallas de la clase obrera, si tienen un programa claro, pueden consitar el entusiasmo y ofrecer una causa por la cual luchar a amplias masas populares, cuestión que ninguno de los partidos y candidatos del régimen pudo lograr con sus elecciones del 27 de abril. Las obreras de Brukman recibieron este amplio apoyo porque expresan con su ejemplo de lucha el interés de millones de trabajadores y de la Argentina profunda que padece la enfermedad social endémica del capitalismo: una desocupación de más del 25% y una subocupación semejante. La alianza obrera y popular expresada en las calles de la Capital unos dias antes de las elecciones alrededor del conflicto por Brukman necesita expresarse como una fuerza política independiente que le de una bandera por la cual pelear a millones de explotados.
Nuestro partido rechaza la pose estrecha y de pequeño aparato de aquellos que se autoproclaman "el partido de la clase trabajadora" mientras no agrupan al 1% de aquella. Al mismo tiempo denunciamos la falsa "unidad de la izquierda" que no sirva para fortalecer las luchas y para organizar a la clase trabajadora de forma independiente. La perspectiva más realista en las condiciones actuales de crisis capitalista y de definitiva bancarrota de los partidos de la clase dominante, es la construcción de organismo de democracia directa para unir las filas obreras ocupadas y desocupadas, reunir en torno suyo una vasta alianza obrera y popular y poner en pie una poderosa herramienta política propia. Dotada de un programa y una estrategia revolucionaria nuestra clase trabajadora, que ha dado batallas memorables en nuestra historia nacional y que hoy comienza a resurgir bajo nuevas condiciones y bajo un nuevo programa, será invencible.
Para levantar esta perspectiva nuestro partido se hará presente y convoca a todos sus simpatizantes y amigos a concurrir masivamente este Primero de Mayo junto a las heroicas obreras de Brukman. El acto comenzará en Brukman a las 14 Hs. y luego se marchará a Plaza de Mayo donde finalizará el mismo.



 

Temas Relacionados: Elecciones









moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Conectarse
Su mensaje

Este formulario acepta atajos SPIP [->url] {{negrita}} {cursiva} <quote> <code> código HTML <q> <del> <ins>. Para separar párrafos, simplemente deje líneas vacías.

  • No hay comentarios a esta nota