Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de octubre de 2018

La Verdad Obrera N° 444

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Egipto: manifestantes ingresan a la embajada de Israel

15 Sep 2011   |   comentarios

La protesta en la embajada de Israel en el Cairo la noche del viernes 9 pasado, que culminó en la entrada de manifestantes al edificio, volvió a poner sobre el tapete las tensiones entre ambos países, que mantienen un acuerdo de paz desde 1979 hoy crecientemente cuestionado por la población egipcia. Las protestas terminaron en enfrentamientos, con 3 personas muertas, más de 450 heridas y 400 detenidas.

El viernes 9/9 se inició con una nueva movilización en Egipto que exigía mayor rapidez en las reformas democráticas. Fue un nuevo “viernes de ira” motorizado por el descontento y la impaciencia popular frente al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) que gobierna Egipto desde que las masivas movilizaciones y huelgas provocaran la caída del dictador Hosni Mubarak en febrero de este año.

Luego de la marcha en plaza Tahrir, un importante sector se acercó a la embajada de Israel a protestar por el incidente en la frontera de Sinaí donde las fuerzas israelíes mataron 5 militares egipcios a fines de agosto. El incidente había sido denunciado por el propio CSFA que, aunque mantuvo el diálogo y el tono conciliador con Israel, denunció como insuficientes las disculpas del ministro de defensa israelí Ehud Barak.

Este incidente en la frontera se inscribe en un marco en el que la lucha del pueblo palestino gana cada vez más simpatía entre la juventud y el pueblo de Egipto y crece la exigencia del fin de las relaciones con el Estado de Israel (un elemento que estaba ausente al inicio de las movilizaciones que terminaron con Mubarak y que fue ganando peso en los últimos meses). El CSFA había anunciado en mayo de 2011 la apertura del paso de Rafah, en la frontera entre Egipto y Palestina, que en los hechos se limitó a un relajamiento de los controles de seguridad. Sin embargo, esta medida tiene un gran peso simbólico por el acuerdo de paz que Egipto e Israel mantienen desde 1979, clave para la seguridad de Israel y la estabilidad de la región.

Luego de que se relajaran los controles, en agosto de 2011 seis israelíes fueron asesinados en la ciudad balnearia de Eilat (zona de Sinaí) y las tropas israelíes persiguieron hasta la frontera a un grupo de militantes palestinos, a quienes culparon del tiroteo en Eilat. El operativo terminó con el asesinato de los 5 militares egipcios en un hecho que nunca se esclareció.

En este marco de creciente descontento, la marcha del viernes 9/9 exigía la renuncia del embajador israelí y el fin del tratado de paz, rechazado por más de la mitad de la población egipcia, que ve que Egipto tiene una actitud servil hacia Israel.

Israel y la primavera árabe: nuevos y viejos conflictos

La llamada primavera árabe en general y la caída de Mubarak en particular plantean un gran problema para la seguridad israelí, un enclave sionista avalado por el imperialismo norteamericano y europeo, pero odiado por amplios sectores de masas de la región. El escenario es de creciente aislamiento para Israel: de los dos países que tienen tratados de paz con el Estado sionista, el principal sigue atravesado por las movilizaciones y el creciente rechazo al tratado de paz. El otro país que tiene tratado de paz con Israel es Jordania.

En Siria, que comparte frontera con Israel y que actúa en los hechos como garante de la estabilidad (conteniendo a miles de refugiados palestinos dentro de sus fronteras) se mantienen las movilizaciones a pesar de la cruda represión, que plantea un signo de interrogación sobre las perspectivas del gobierno de al-Assad.

Los problemas para Israel no se limitan a Egipto. Mientras el Consejo Supremo mantiene un tono conciliador con el régimen sionista, crece el conflicto con Turquía generado por la flotilla humanitaria que en mayo de 2010 llevaba alimentos a la población palestina de Gaza y fue atacado por la Marina israelí y causó la muerte de 9 turcos. Turquía ya anunció que enviaría buques de guerra para garantizar la libre navegación de las nuevas flotillas turcas de ayuda humanitaria que viajarán próximamente a Gaza, para defenderlas de los posibles ataques de Israel. Esta posición se ha vuelto popular entre las masas árabes al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, que acaba de iniciar una gira por los tres países del norte de África donde más se extendió la “primavera árabe”, empezando por Egipto, siguiendo por Túnez y finalizando en Libia.

El objetivo de Erdogan es el de posicionar a Turquía como potencia regional frente al nuevo escenario abierto tras el inicio de las movilizaciones en el mundo árabe a principio de año, con la caída de las monarquías apoyadas por EE.UU. en la región, ganando influencia política entre los gobiernos de transición. Erdogan también va a aprovechar para relanzar sus negocios, teniendo en cuenta que Turquía es uno de los principales inversores en el norte de África. Pero sobre todo tratará de sacar ventaja de la popularidad que ha ganado entre las masas que se han movilizado, con su discurso contra Israel y a favor de un Estado Palestino.

Además, es posible que la Autoridad Nacional Palestina presente un pedido formal para ser reconocido ante las Naciones Unidas, lo cual plantearía un escenario complicado no solo para Israel sino también para Estados Unidos.

A estos conflictos externos se suman las movilizaciones dentro de Israel, que cuestionan al gobierno derechista de Benjamín Netanyahu por la pobreza y la gran desigualdad social (ver LVO N° 440 y 441).

Transición cada vez más dura y menos democrática

La protesta contra Israel se da en un marco de descontento general con el gobierno de la junta militar que encabeza el Gral. Mohamed Tantawi. Aunque el rechazo al tratado de paz con Israel no había formado parte de las exigencias de las jornadas revolucionarias que terminaron con los 30 años de dictadura de Mubarak, esta demanda comenzó a ganar peso en las protestas posteriores. Durante los últimos meses la exigencia del fin del bloqueo de Gaza viene creciendo entre jóvenes y trabajadores, y se han realizado varias movilizaciones a la embajada en el Cairo. Esta última terminó con los manifestantes derribando el muro que protegía el edificio, la invasión de las oficinas y la destrucción de documentos diplomáticos (que fueron arrojados por los manifestantes desde una de las ventanas).

Aunque el CSFA intentó mostrar un cambio en la política hacia Israel con la distención de los controles, una mayor distensión en la frontera representaría un desafío a la seguridad israelí, algo que no permitirán Israel ni tampoco Estados Unidos. Este último ha demostrado la presión que sigue ejerciendo, aun luego de la caída de Mubarak, en la región, cuando llamó para instar al Consejo a que proteja la sede diplomática sionista (presión que agradeció el premier israelí).

Desde los enfrentamientos del viernes, el ejército custodia la sede y la mantiene rodeada de tanques. El CSFA ya ha dejado claro que no romperá relaciones con EE.UU. y sigue dependiendo del importante paquete de ayuda que recibe del imperialismo yanqui, que está supeditado a la continuidad de los acuerdos de paz de 1979 con Israel.

El ministro de Información, Osama Hekal, declaró que Egipto “expresa su compromiso total de respetar las convenciones internacionales, incluyendo la protección de las representaciones diplomáticas”.

Como si faltaran muestras de voluntad conciliadora, Egipto prometió juzgar con dureza a los jóvenes que ingresaron a la embajada, respondiendo así a la exigencia de “dureza” de parte de Israel y Estados Unidos.

Y en una muestra fehaciente de que se mantienen los aspectos esenciales del tejido institucional y de seguridad del viejo régimen, los manifestantes serán juzgados bajo la Ley de Emergencia, en vigencia desde 1981, que la junta militar había prometido derogar. Esto último se suma a los juicios militares a civiles, la prohibición del derecho a huelga y las persecuciones a activistas y periodistas críticos del régimen.

Estos nuevos acontecimientos vuelven a poner de manifiesto la trampa de la transición democrática y los lazos de continuidad con el viejo régimen. Se hace evidente que, a pesar de varias concesiones, la junta militar mantiene las restricciones a los derechos de trabajadores, mujeres y jóvenes con leyes y decretos, empezando por el estado de emergencia que todavía sigue vigente, y la permanencia –aunque reciclado– del viejo aparato de seguridad.

Se vuelve cada día más evidente que la única salida a las grandes expectativas democráticas de las masas egipcias es la lucha por un gobierno obrero y popular basado en órganos de democracia obrera, que expropie a los capitalistas y al imperialismo y sea el primer paso de la revolución socialista en el Magreb y en el conjunto de los países del mundo árabe.

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