Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
22 de julio de 2019

Internacional

Clandestinos

03 Jul 2008   |   comentarios

La temática del “extranjero/inmigrante” siempre ha ocupado un espacio peculiar en el debate político de la vieja Europa. Históricamente, estos países construyeron su identidad nacional y su rol en el tablero mundial en torno a territorios nacionales relativamente reducidos desde un punto de vista geográfico, en competencia con las otras naciones europeas, en base a un proceso de constitución de importantes mercados internos que absorbían gran cantidad de mano de obra migrante, tanto rural como directamente extranjera, en estrecha correlación con la conquista y luego el dominio colonial.

Hoy en día el debate sobre la inmigración y los extranjeros extracomunitarios que representan en algunos países más del 10% de la población vuelve a adquirir una enorme relevancia mientras el impacto de la desaceleración económica mundial ya empieza a hacer sentir sus efectos en Europa. La reciente adopción por parte del Parlamento europeo de la “Directiva retorno” (ver recuadro) que hace posible un endurecimiento de las ya brutales políticas nacionales antiinmigrantes lo atestigua.

La derechización general de las políticas de los distintos gobiernos de la Unión Europea en relación a la cuestión inmigrante, ya sean de centro derecha o de centro izquierda, estriban en tres razones fundamentales.

- Políticamente los Ejecutivos nacionales, en gran parte en manos del centro derecha, utilizan cierta demagogia antiinmigrante para responder en forma reaccionaria y populista al malestar social latente en Europa, designando a los extranjeros o una parte de ellos (los rom –gitanos- y los del Este europeo en general, por ejemplo en Italia) como los responsables de la degradación de la situación económica y social. Para esta tarea, la burguesía echa mano cínicamente de argumentos “culturales” y directamente racistas, señalando a los inmigrantes como una amenaza para los “valores” de los distintos países, alentando la xenofobia entre los mismos explotados y oprimidos de Europa.

- Bien sabe al mismo tiempo la burguesía que los inmigrantes siempre representaron y siguen representando hoy en día (más aun tal vez tomando en cuenta la actual fase de declive demográfico europeo) un recurso fundamental para la economía de los países imperialistas del continente. Representan una mano de obra presionable, a veces incluso muy calificada, que permite abaratar el promedio salarial general tanto mediante la contratación de trabajadores regulares como la explotación de clandestinos, funcionales también a los intereses patronales en ciertas ramas productivas. De todas formas, la intención de los países europeos es la de racionalizar al máximo los flujos migratorios para responder en forma más adecuada a los intereses patronales, es decir “seleccionar” mejor como si fueran meras variables capitalistas, entre los centenares de miles de candidatos a la inmigración necesarios para el funcionamiento de la maquinaria económica europea.

- Esto implica a su vez que la política de “racionalización de los flujos migratorios” comprenda férreas reglas que permitan, a través de un arsenal represivo, disciplinar a los proletarios inmigrantes y a sus familias aún más que a los trabajadores nativos, manteniéndolos en condición de ciudadanos de segunda categoría tanto desde el punto de vista democrático como social. El despertar a la lucha de sectores hasta hace poco casi ausentes del panorama de la conflictividad laboral en Europa (como es el caso de la lucha de los trabajadores “sans-papiers” de la restauración -hoteles y restaurantes- en Francia) refuerza la necesidad de controlar más estrechamente al proletariado inmigrante, sometiéndolo al chantaje y a la amenaza constante de la expulsión.
Por otra parte, las recientes explosiones sociales en la periferia semicolonial de Europa como en Redeyef (Túnez) y Sidi Ifni (Marruecos) imponen endurecer aun más en forma preventiva la legislación antiinmigrante que Sarkozy, próximo presidente de turno de la Unión Europea, quiere combinar con una ofensiva neocolonial mejor coordinada de Europa hacia la cuenca mediterránea. En este sentido, el proyecto de “Unión por el Mediterráneo” está dirigido especialmente a aquellos países donde los gobiernos autoritarios o directamente dictatoriales vinculados a París aplastaron las revueltas de los desocupados mientras que las multinacionales europeas acumulan pingües ganancias.

El proletariado europeo no puede asistir impasible a esta ofensiva antiinmigrante por dos razones fundamentales. Los ataques a los trabajadores extranjeros, regulares o clandestinos, no son más que un ataque indirecto al conjunto de la clase trabajadora. Tiene como finalidad atomizarla aun más para preparar el terreno de una ofensiva de mayor envergadura, como anuncia simbólicamente otra directiva europea adoptada en los últimos días y que prevé el incremento de la duración legal de la semana laboral hasta 60 horas.

Por otra parte, el papel clave del proletariado inmigrante en los sectores más concentrados de la economía europea hace que cualquier potencial renacer de la conflictividad laboral no pueda prescindir de una fuerte alianza entre los trabajadores nativos, comunitarios y extracomunitarios, una alianza por la cual es menester trabajar desde ahora.

Luchar contra las políticas reaccionarias de los distintos gobiernos nacionales implica hacer nuestras las reivindicaciones específicas de los inmigrantes, empezando por el derecho de residencia y la apertura de las fronteras. Presupone también una lucha contra las políticas neocoloniales económicas y militares que llevan adelante las potencias de Europa occidental, reforzando la miseria y la explotación en el patio trasero de Europa, generando los flujos de inmigrantes desesperados que arriesgan su vida para intentar ingresar a la fortaleza europea”1.

El hecho de que hasta ahora las principales confederaciones sindicales europeas no hayan reaccionado ante los peores ataques antiinmigrantes refuerza la necesidad que tiene la vanguardia de clase y juvenil del continente de organizarse para empezar a defender esta agenda de forma coordinada dentro de sus organizaciones. No tomar este camino ayudaría más aun a la ofensiva derechista actual que tiene como próximos blancos a los trabajadores europeos en su conjunto y acabar con lo que subsiste del “Estado de bienestar” europeo y las conquistas arrancadas en décadas de lucha.

Presentamos en este suplemento dos casos emblemáticos. Italia, donde el gobierno derechista de Berlusconi inauguró su mandato con los pogrom antigitanos, y el Estado Español, donde la mano de obra inmigrante fue central para el “milagro económico” de los últimos años y hoy son perseguidos y expulsados por el gobierno social-liberal de Rodríguez Zapatero.

1 Según datos oficiales (que reflejan sólo una parte de la situación), mueren al mes entre 100 y 200 inmigrantes durante el verano del hemisferio Norte en el estrecho de Sicilia, una de las rutas de navegación entre África y Europa.

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