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NACIONAL

HUGO MOYANO, LA CGT OPOSITORA Y EL LANZAMIENTO DEL PARTIDO POR LA CULTURA, LA EDUCACIÓN Y EL TRABAJO

El partido de Moyano: soldados del peronismo opositor

Pocos detalles escaparon a los organizadores. Un 7 de mayo, la fecha elegida, nació Eva Perón. Su rostro, y el del general, colgaban en gigantografías a los costados del “ring”. La liturgia justicialista se fundía con la camionera, reflejada en las banderas y en los cantos.

Lucho Aguilar

9 de mayo 2013

El partido de Moyano: soldados del peronismo opositor

Pocos detalles escaparon a los organizadores. Un 7 de mayo, la fecha elegida, nació Eva Perón. Su rostro, y el del general, colgaban en gigantografías a los costados del “ring”. La liturgia justicialista se fundía con la camionera, reflejada en las banderas y en los cantos.

Debajo de las populares, las plateas guardaban lugar para decenas de funcionarios sindicales. Algunos se sacaban fotos junto a modernos carteles: “Necesitamos políticos que trabajen como vos”. ¿Será por el Momo Venegas, que ladeaba a Moyano y aunque hace 30 años que no labura gana por mes lo mismo que tres cuadrillas de peones rurales?

Las primeras filas eran para los políticos invitados. El empresario De Narváez, el ex ministro Lavagna, el ruralista Bussi, ex gobernadores como Puerta y Busti, diputados del “peronismo disidente”, y el carapintada Aldo Rico. El presentador no pudo evitar que una parte de la tribuna se levantara: “hay que saltar / el que no salta es militar”. Son detalles...

Para aplacar el canto, el hombre retomó con voz engolada: “porque hoyyyy arranca un caaaaambio señora”. Y entonces los reflectores y cámaras enfocaron el “ring”. Primero subieron 20 hombres canosos, encamperados. La tribuna los ovacionaba: “Olelé, olalá / a todos los traidores los vamos a matar”. Después, el protagonista de la pelea de fondo, Hugo Moyano.

“Los misterios de la política”

Con quiénes, por qué, para qué: el de Moyano, y cada uno de los discursos previos, fueron revelando los motivos del lanzamiento.
Juan Carlos Schmidt hizo las primeras definiciones. “Nosotros la hicimos ganar y hace dos años que no nos reciben. Ella eligió confrontar con el movimiento sindical. Este partido se forma por culpa del gobierno”.

Es cierto, el lanzamiento del partido fue un nuevo capítulo en la ruptura entre el líder de la CGT opositora y el gobierno. En 2003, el kirchnerismo había sumado a la CGT al esquema de poder. Así lo demandaba la debilidad del régimen tras la crisis de 2001. Y el moyanismo aprovechó para fortalecerse como principal fracción de la burocracia.

En 2010 se envalentonó con el peso ganado en la alianza de gobierno, pero también como expresión distorsionada de la recomposición del movimiento obrero. La burocracia sindical creyó que era el momento de recuperar terreno. Al calor de las derrotas obreras y la desindicalización de las que había sido cómplice, fue perdiendo el 33% en las listas del PJ que Perón le había otorgado. De 47 diputados y tres ministerios que tenía en 1975, pasó a 35 en 1983, 18 en los inicios del menemismo, hasta caer a menos de una docena en estos años.

Pero la pifió: el agotamiento de las condiciones que habían permitido algunas concesiones del kirchnerismo implicaban no sólo medidas contra los trabajadores, sino también una ruptura con sectores de la burocracia.

Ni laborismo argentino ni PT brasileño

Omar Plaini dio más detalles. “Primero fue la experiencia del MTA en los 90, en 2009 lanzamos la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista. Ahora el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo. Queremos que un trabajador pueda sentarse en Balcarce 50, como ya se hizo en otros países”.

Es que muchos analistas vienen diciendo que Moyano podía encarnar un proyecto como el laborismo de los años 40, o los orígenes del partido de Lula.

Pero el moyanismo está lejos de encarnar siquiera esas truncas experiencias. El laborismo fue fundado tras el 17 de octubre de 1945 por dirigentes y militantes de diversos sindicatos, para impulsar la candidatura de Perón. Aunque con un programa reformista, querían que los trabajadores defendieran sus intereses en el terreno político. Con el General en el poder, esas pretensiones serían disueltas, junto al propio partido. Confirmaba así la fisonomía del peronismo: liquidar cualquier tendencia de la clase obrera a su independencia política, para subordinarla a la burguesía.

El PT de Brasil nació en medio de multitudinarias huelgas contra la dictadura, que daban cuenta de la radicalización obrera pero también de la decisión de millones de trabajadores de involucrarse en la lucha política contra el régimen. Incluía a sectores de izquierda, pero fue hegemonizado por Lula y la Iglesia católica. La experiencia terminó dos décadas más tarde en uno de los gobiernos más sirvientes del imperialismo.

Ambos proyectos mostraron los límites de los programas reformistas y las estrategias sindicalistas, y la necesidad de corrientes revolucionarias que lleven las tendencias a la independencia de clase hasta el final.

Los soldados de Moyano (y el peronismo opositor)

“Oh, levanten las manos / los soldados de Moyano”, le cantaba la tribuna.
Y el líder habló. “Creamos este espacio para contener a los peronistas que no se sienten representados por el PJ. Para que surja de las entrañas del movimiento obrero un espacio que nos permita realizar los acuerdos necesarios. Porque tenemos que escuchar a algunos políticos que no pertenecen a nuestros sectores. Un frente para buscar la unidad nacional y conformar un Congreso que no sea una escribanía del gobierno”.
Entonces, en medio de los síntomas de agotamiento del gobierno y el creciente descontento de sectores obreros, Moyano deja clara su estrategia. Está poniendo el aparato conquistado estos años, al servicio de las salidas burguesas que quieren reemplazar al kirchnerismo.

Por eso la puesta en escena no fue sólo de los referentes que aspiran a un lugar en el reparto de cargos. También fue una presentación de sus “soldados”: cientos de integrantes de los sindicatos moyanistas que hoy necesita la oposición para oponer al aparato del gobierno y las organizaciones que el kirchnerismo creó desde el Estado.

Por eso desde el escenario se habló de la “militancia integral” y “no conformarse con la cuestión sindical”.

De parte de quienes (otra vez) quieren arrastrar a los trabajadores detrás de políticos patronales mientras combaten a la izquierda y a todos los que no sigan “la doctrina del general”, el llamado militante es una trampa. Pero también un llamado de atención. Para los compañeros que creen en la “neutralidad” de los sindicatos y en la militancia limitada a la lucha sindical.

En todo caso, el lanzamiento del partido moyanista obliga a extender el debate en los lugares de trabajo (a quiénes representan estos dirigentes sindicales, el rol que el peronismo asigna a los trabajadores). Pero sobre todo a redoblar los combates políticos y la militancia. Para pelear por sindicatos sin burócratas y por una izquierda de los trabajadores.

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