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Editorial

DESBANDE K

Convoquemos una Asamblea Nacional de Trabajadores para levantar una alternativa de independencia de clase ante la crisis

Manolo Romano

24 de julio 2008

La renuncia del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, muestra una desbandada en lo más alto de la camarilla kirchnerista.

Fue una renuncia no acordada con el matrimonio presidencial de alguien que era del selecto grupo de decisiones del Ejecutivo. Cuando los Kirchner trataban de no dar muestras de más debilidad después de la decisión del vicepresidente Cobos de voltear el proyecto oficialista en el Senado y no pensaban anunciar más cambios que el del secretario de Agricultura por un hombre de De Vido, Carlos Cheppi, Fernández renuncia pidiendo “un nuevo elenco” en el gabinete de Cristina.

El Jefe de Gabinete había sido el encargado de anunciar la derogación de la resolución 125, es decir la capitulación en la pelea por la renta con las patronales sojeras. Fue el anteúltimo acto de un ciclo que empezó con el impulso de Losteau al ministerio de Economía, siguió con el fracaso como vocero oficial en las negociaciones con la Mesa de Enlace en medio del lock out, y terminó en una derrota directa del que debía controlar la efectividad de la mayoría parlamentaria y uno de los principales responsables del “armado” de la “concertación” con los radicales K que se desmoronó en la crisis. Pero su renuncia no es suficiente para los vencedores de la pulseada: “Si todos los cambios se limitaran al de Massa por Fernández, el Gobierno habrá quedado peor aún que antes de que el anterior jefe de Gabinete cavara una frontera definitiva entre el pasado conocido y el futuro inédito“ dice La Nación. Los opositores reclaman más renuncias, como la del secretario Moreno y el cajero De Vido, apoyados en la opinión de las clases medias. Pero aún más, sólo verían alguna “oxigenación” del gobierno, si “Kirchner se aparta de las decisiones del poder”.

Pero el divorcio no parece ser el curso de los Kirchner. La improvisada designación de Sergio Massa como Jefe de Gabinete es presentada como “una nueva etapa” por el oficialismo. Pero la crisis seguirá abierta porque el matrimonio presidencial parece mantener la inercia imprimida por Kirchner desde el acto en Plaza Congreso cuando, pensando en un triunfo seguro en el Senado, relanzó el partido K. Después de chocarse de frente contra la pared, el gobierno reconoció la relación de fuerzas en el terreno de la disputa por la renta con las patronales agrarias. Con la derogación de la resolución 125 cedió entre 10 y 12 % en las retenciones para 5000 grandes productores de granos y fideicomisos sojeros, cerca de 4000 millones de dólares si se consideran las 36 millones de toneladas de soja acumuladas que se liberaron a la exportación. Pero los Kirchner no han reconocido aún la derrota de su conducción política. Cuando el Jefe de Gabinete adelantó su renuncia, el gobierno pretendía tomar la iniciativa con la convocatoria al Consejo del Salario junto a Moyano, Yasky y la UIA, con la presentación del rescate del grupo Marsans como una “gesta nacional” al mando de Jaime y De Vido y se preparaba para anunciar medidas hacia los “pequeños productores” en forma unilateral, sin negociación con los vencedores de la pulseada de casi 4 meses. En la presentación del nuevo secretario de agricultura no estuvieron los ruralistas y la pulseada con la Mesa de Enlace no está terminada. Eduardo Buzzi de la Federación Agraria reclama por los reintegros que se perdieron junto a la ley oficialista y que significaron un aumento de 10 puntos en las retenciones para alrededor de 50 mil productores “medianos y pequeños”, y fue respaldado por Hugo Biolcatti de la Sociedad Rural.

Una crisis de régimen

El tiempo en que el kirchnerismo arbitraba sobre las fracciones de las clases dominantes, capturando una porción de la renta agraria para distribuirla entre pagos de deuda externa, subsidios a la energía para mantener la rentabilidad de los industriales y fomentar negocios entre los empresarios kirchneristas amigos, se terminó. El Pacto Social, rebautizado Acuerdo del Bicentenario, como intento de institucionalizar esas relaciones, naufragó. Porque suponía un PJ bajo su impronta que ya no existe y porque los gobernadores plantean la conformación de una “Mesa Federal Agropecuaria”, una especie de pacto social con la burguesía agraria. La derrota del gobierno en la pulseada con el campo dejó al gobierno en debilidad ante todos los sectores patronales, incluso sobre sus propios empresarios aliados. En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Scioli es desafiado por cámaras industriales y del comercio por aumentar la presión fiscal. La corporación de las patronales alimenticias (Copal) publicó un documento titulado “El impuesto a los Ingresos Brutos en la provincia de Buenos Aires y la mesa de los argentinos”, en el que rechazan la suba. Por su parte “Los concesionarios de autos (ACARA) y los fabricantes de piezas ligadas al sector (ADEFA y AFAC) también denunciaron que la proyectada suba del gravamen es de nivel “confiscatorio” y advirtieron que de concretarse “la mitad del precio de un auto nuevo será impuestos” (Clarín, 24 de julio). Que la crisis abarca no sólo a los oficialistas sino también a los opositores, lo demuestra la situación que enfrenta el gobernador de Córdoba Schiaretti que lanzó recortes a las jubilaciones que son rechazados en las calles, y debió también aumentar los “ingresos brutos” con el rechazo de las patronales de autopartes y el comercio que la consideran “la 125 de la provincia” (ver página 2). Schiaretti reclama airadamente que el gobierno nacional gire los fondos que retacea a la provincia para hacer frente a la crisis.

La salida de “unidad nacional”

En la oposición que participó unificada junto a las patronales sojeras, no hay posibilidad de recambios en lo inmediato si se precipitara una renuncia de la presidenta, como llegó a amenazar Kirchner luego de la defección de Cobos. Por eso todos predican “que gobierne Cristina”. Pero Carrió lidera una oposición cerril de las clases medias que buscan desgastar al gobierno aún más, en pos de las parlamentarias del 2009. Mientras, entre el proyecto que lideraba Kirchner que está en picada y las reivindicaciones del “modelo agroexportador de nuestros abuelos” del que llegó a hablar De Angeli en Palermo (el único líder agrario que reivindica Carrió), ha surgido un centro de la “unidad nacional”. El Nuevo Movimiento Productivo de Duhalde es la tribuna por la que pasan los ex gobernadores peronistas, como lo hará Das Neves y lo hicieron De la Sota y Busti. El ex gobernador de Entre Ríos definió como “un gran error, haber calificado de golpistas y desestabilizadores a los productores auto convocados, nuestra burguesía nacional a la que debemos defender”. Este sector del peronismo busca un mayor compromiso entre todas las fracciones burguesas y nuevo reparto de la renta, más concesivo hacia las patronales agrarias aunque manteniendo retenciones como lo sostenían todos los proyectos alternativos que presentó el peronismo disidente en el Congreso. El planteo es acompañado por la búsqueda de una dirección del PJ más colegiada entre alas del peronismo, donde el kirchnerismo sea una de ellas. Es decir, una presidenta que se mantenga como prenda de “unidad nacional” pero completamente subordinada a la garantía de “gobernabilidad” del viejo aparato peronista y el poder de los gobernadores del PJ.

Lo que empezó como una disputa por la renta agraria se transformó en una batalla en torno al régimen político que entró en una especie de “cuarto-intermedio” desde la decisión de Cobos. La pelea aun no esta definida.

Asamblea Nacional

El kirchnerismo se ha demostrado incapaz de movilizar las fuerzas sociales que se necesitan para impedir la vuelta de los Duhalde, y muy probablemente tarde o temprano terminen cediendo a él para mantenerse en el poder, o sucumbiendo. Las organizaciones de trabajadores, sociales, estudiantiles y de la izquierda que durante los últimos 4 meses sostuvimos una “tercera posición” independiente de los bandos capitalistas, debemos acelerar los pasos en la unidad ante los nuevos episodios de la crisis y el agotamiento del gobierno que desvió hacia una completa ilusión las energías de masas desplegadas en las jornadas de diciembre de 2001. Insistimos en nuestra propuesta unitaria al Partido Obrero, al Bloque Piquetero Nacional, al MAS, a la FUBA y los centros de estudiantes, a todas las organizaciones sindicales combativas a convocar conjuntamente a una Asamblea Nacional que levante un programa de salida obrera y socialista a la crisis nacional.

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