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INTERNACIONAL

CENTRO DE ESTUDIANTES DE HUMANIDADES DE LA UNIVERSIDAD DE CAMPINAS

Brasil: La lista “De la Chispa al Incendio” es electa en el CACH

La afirmación de que después de las “Jornadas de Junio” hubo un cambio en la subjetividad de la juventud hacia una mayor politización y cuestionamiento se comprobó en un importante ejemplo, las elecciones del CACH, el Centro de Estudiantes de Humanidades la Universidad de Campinas (Unicamp).

Fernanda Montagner

5 de diciembre 2013

Brasil: La lista “De la Chispa al Incendio” es electa en el CACH

La afirmación de que después de las “Jornadas de Junio” hubo un cambio en la subjetividad de la juventud hacia una mayor politización y cuestionamiento se comprobó en un importante ejemplo, las elecciones del CACH, el Centro de Estudiantes de Humanidades la Universidad de Campinas (Unicamp). La respuesta a la nueva situación nacional alcanza también la necesidad mayor de la organización política de la juventud con ideas revolucionarias y con entidades estudiantiles que estén al servicio de organizar a los estudiantes para la lucha.

En una campaña para retomar la tradición de combatividad del CACH, la lista “De la Chispa al Incencio” (Juventude ˜às Ruas e independientes) ganó por 131 votos a 117 votos a la lista “Sobrevivencia” y con míseros 21 votos para la lista de la antigua gestión, prácticamente toda compuesta por militantes del PSTU. Un resultado saludado por muchos estudiantes como “un cambio de acuerdo con la nueva coyuntura nacional”, que elogiaban y se sintieron representados, parte integrante del cambio del instituto.

Triunfó un programa que se propone el desafío de responder a la nueva situación nacional, ligándose a la juventud que está afuera de las universidades y a los trabajadores para subvertir el carácter de clase elitista que tiene la eduación superior pública en Brasil, colocando la producción de conocimiento al servicio de las reales necesidades de la población trabajadora, luchando para que ésta esté en las aulas, laboratorios y bibliotecas. Para eso, un programa que cuestione el estatuto universitario y su rectorado privilegiado, convenciendo a cada estudiante de que no necesitamos de esta casta burocrática, pero sí que ellos mismos junto a los trabajadores y profesores pueden poner fin al estatuto heredado de la dictadura militar y elaborar el suyo propio según las ideas de aquellos que realmente construyen la universidad.

Este año en la Unicamp pasamos, como expresión de las explosivas manifestaciones en junio al interior de la universidad, por una fuerte huelga con ocupación del rectorado que reavivó al movimiento estudiantil con sus métodos históricos. Ese proceso aceleró la experiencia de los estudiantes con las actuales direcciones, con lo cual la elección del CACH fue uno de los puntos más altos de esa experiencia. La lista de Juventude ˜às Ruas e independientes ganó mostrando que los estudiantes quieren ligarse a las grandes ideas. Diferente de la vieja tradición, escéptica en relación a los estudiantes, que siempre repiten: “para dialogar es necesario hablar de pequeñas cosas de forma corporativa”, estas elecciones mostraron que las ideas revolucionarias tienen la capacidad de organizar a muchas personas, dialogando con sus reales necesidades relacionando cada problema inmediato al cuestionamiento de la estructura de la universidad a la sociedad. O sea, las elecciones materializaron la voluntad de los estudiantes de hacer historia al movimiento estudiantil.

Del proceso electoral y la necesidad de democratizar las organizaciones

Esto ocurre en un proceso electoral de los más politizados y con mayor quorum en años (278 votos en tres días – equivalente a 40% del curso votando al finalizar el año), mostrando en el resultado las ansias de los estudiantes de hacer política, rechazando tanto a las organizaciones autonomistas sin ningún programa y objetivo como las de aparato, desvinculadas de la base estudiantil. Por eso es necesario que el movimiento estudiantil levante la demanda de proporcionalidad en la gestión, uno de los principales debates en las elecciones, no sólo como forma organizativa sino porque responde a la necesidad política de que los estudiantes hagan la experiencia con las diversas concepciones de organización, en un año en que es aun más urgente que todos conozcan qué concepción va a llevar los procesos a victorias reales, y cuáles van a desviar, abandonar o traicionar abiertamente las luchas para mantener sus propios intereses como gestión. Además, impide que una misma gestión se mantenga durante años, burocratizándose dentro del organismo, alejada de los estudiantes e impidiendo que éstos sean sujetos de la política.

Una de las lecciones que podemos sacar de Junio, y también de los procesos de huelga y ocupación, es que las principales entidades del país no sirvieron a la organización de los estudiantes. En la Unicamp la misma corriente Dominio Público ligada al PSOL, que dirige el DCE (federación de estudiantes) hace 13 años integrados al régimen universitario, fue incapaz de hacer una asamblea para organizar a los estudiantes y ganar las calles. Por el contrario, mantiene una concepción de usar el aparato para promover los propios intereses como ala izquierda del régimen, sin chocarse directamente con éste y asegurando así su posición en el organismo, mientras gestionan la pasividad del movimiento estudiantil, llevando algunas demandas de manera corporativa desligadas de la discusión política amplia del proyecto de universidad, usando esa pequeña política para ganar las elecciones bajo demandas rebajadas. Las consecuencias de esa concepción burocrática de organización se expresan en el contenido de su política: votaron por acabar con la ocupación del rectorado y poner fin a un movimiento en plena dinámica que llegó a más de 20 cursos entre huelgas y paros, frenando la posibilidad de unificarse con los procesos de lucha nacional en curso en ese momento, como la huelga de los profesores de Rio, la de los trabajadores petroleros nacionales y la huelga de la Universidad de San Pablo (USP).

Es ese tipo de organización que los estudiantes del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas (IFCH) optaron por superar con la propuesta de la proporcionalidad. Esa conclusión fue sacada después de tres años de desintegración de las gestiones: en 2011 y 2012, fueron gestiones autonomistas que, al desligar la demanda por ámbitos de convivencia estudiantil [que el Rectorado viene reduciendo] de la lucha contra el rectorado y el régimen universitario, acabaron por no plantear ninguna de las dos y las gestiones se disolvieron en el medio del mandato. En este último año el PSTU en el centro de estudiantes no planteó la necesidad de unificación de las luchas, absteniéndose de ser un factor determinante para traer el espíritu de combate de la juventud en Junio para dentro de la universidad. Sin contar que retrocedieron frente al vaciamiento de ideas y de convivencia que viene imponiendo el Rectorado, prohibiendo fiestas, intensificando la presión académica y la militarización del campus. En vez de eso priorizaron construir otro colectivo que los levante para disputar las elecciones del DCE, abandonando el CACH y evidenciando la concepción de la organización que defienden: un aparato electoralista desligado de las bases. Esa concepción fue ampliamente rechazada por los estudiantes, recibiendo apenas 21 votos.

Entretanto, figuraba otra lista “Sobrevivencia”, en la que JUNTOS aprovechando en forma oportunista el sentimiento de Junio de rechazo a las organizaciones tradicionales y burocráticas, intentaron aparecer como la lista de los “nuevos métodos”. O sea, la “vieja práctica reformista” disfrazada de novedad, para mantenerse en los aparatos, tanto en el DCE ligándose al mismo grupo que hace 13 años burocratiza el organismo, hasta disfrazándose con distintos grados de autonomismo. Ocultando a los estudiantes que no hay nada de “nuevo” en la corriente que dirige las dos principales entidades del país, los DCEs de la USP y de la Unicamp, dueños de un amplio rechazo en la USP por ser los artífices de un sinnúmero de derrotas en la universidad y la completa prostración frente al Rectorado de Rodas.

Un programa revolucionario capaz de organizar nacionalmente a la juventud

Por eso, la lista “De la Chispa al Incendio” levantó la necesidad de superar esas corrientes burocráticas que enchalecan al movimiento estudiantil. Rescatando la historia del CACH como factor político en la ciudad, respondiendo desde los hechos locales hasta los acontecimientos políticos nacionales e internacionales, un centro de estudiantes que incendie la vida politica y cultural del IFCH y organice a los estudiantes para ser aliados estratégicos de los trabajadores. Sirviendo como un polo de combate contra el Rectorado, luchando contra su proyecto de militarizar la universidad que mete a la policía dentro del campus – fusible de la lucha del 2013 – ligado al repudio a la policía en las favelas, barrios, denunciando cada muerte de la juventud negra. Por la necesidad de la democratización radical del acceso con el fin del exámen de ingreso, y que cada estudiante de las escuelas privadas sepa que el CACH es un aliado en la lucha contra la educación paga, por la estatización de los monopolios de la educación. Que cada LGBTTI y mujer puedan actuar políticamente en el conjunto de las decisiones del ME y de la universidad y sean vanguardia, con todo el apoyo del CACH para poner un fin en la opresión. Necesitamos organizaciones proporcionales, democráticas y combativas a la altura de los desafíos del 2014.

Para eso es necesario que el movimiento estudiantil rompa las fronteras de la universidad y se nacionalice, y el CACH puede ser un factor en ese proceso junto a otras posiciones conquistadas bajo las ideas de Juventud as Ruas como el CAFCA en la UFMG (Minas Gerais) y el gremio A-90 en la escuela Américo Brasiliense en el ABC Paulista. Esta es una discusión central para el movimiento estudiantil: queremos fotalecer el movimiento entre los ingresantes, en la perspectiva de avanzar en las bases para los desafíos que tendremos en el movimiento estudiantil nacional en el próximo año, de Mundial en Brasil. Rescatar las demandas de Junio, lucha que explotó por el transporte público, y en la que levantamos o programa de estatización bajo control de los trabajadores y usuarios. Debemos retomar con fuerza esta campaña y, munidos de programa, de las lecciones de Junio y del deseo por construir fuertes organizaciones democráticas y ligadas a las principales luchas, es como nos preparamos para el 2014.

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