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Alimentos y materias primas: nueva burbuja especulativa
17 Jul 2008 | Por Emiliano Trotta

La escalada de los precios de los alimentos, cuyos fundamentos estructurales hemos analizado (ver artículo principal), dio un gran salto en los últimos 2 años. El precio de los granos aumentó un 88% desde marzo de 2007, el trigo un 181% en tres años, y el precio del arroz se triplicó en cinco años (y aumentó un 50% durante los últimos tres meses).

Pero esta suba de los alimentos viene siendo acompañada por una escalada en los precios de otras materias primas como el petróleo (que de u$s 27 el barril en 2003 pasó a u$s 65 en 2007, pegando un salto en 2008 para llegar a los u$s 140), el oro (con una suba del 31% en 2007), y otros.

Esta repentina y acelerada suba de los precios no tiene que ver, como dice el “progresista” Lula, con que en su país “los más pobres están comiendo más y comen cosas que no comían antes, y lo mismo pasa con muchos chinos y muchos indios”1.

Lo cierto es que ante el desinfle de la burbuja inmobiliaria y la debilidad del dólar (que en 2007 cayó un 28% frente al euro), el capital está acudiendo en forma masiva a este nuevo nicho de ganancias extraordinarias, a través de instrumentos financieros, como los “futuros” 2, creados para especular con la escasez de alimento y el hambre de millones de personas.

Solo las colocaciones de los index funds3 pasaron de apenas u$s 13.000 millones en 2004 a cerca de u$s 260.000 millones durante los primeros meses de 2008. De este modo, los contratos especulativos ya representan un 45% de todos los negocios realizados con commodities en el Chicago Board of Trade (el mercado de materias primas más importante del mundo).

El mercado de “futuros” se ha convertido en un negocio altamente rentable (algunos fondos de inversión prometieron en 2007 ganancias del 30% anual). Esto está dando lugar a una nueva “burbuja” especulativa retroalimentada por un volumen cada vez mayor de capitales.

Es que, por distintas razones, se espera que el precio de los alimentos siga subiendo por algunos años. No solo la debilidad del dólar y la huida de capitales hacia nuevas reservas de valor, también la creciente utilización de cereales y de caña de azúcar para la producción de agrocombustibles como el etanol o el biodisel, viene empujando al alza los precios de los alimentos. Se estima que durante 2008 el 32% del total de la producción de maíz de EEUU se destinará al procesamiento de etanol, lo que representa más del 12% de la producción mundial de maíz. Esto ha llevado a que durante 2007 los productores agrícolas empiecen a utilizar mayores porciones de la superficie sembrada a favor del maíz para abastecer la demanda del sector etanol, provocando un aumento de precios en otros productos agrícolas como las soja o el trigo. Pero estos aumentos en la soja y el trigo están llevando en 2008, nuevamente, a un desplazamiento de la superficie sembrada a favor de estos últimos. Solo este ejemplo basta para dejar al descubierto la irracionalidad de la agricultura capitalista que obtiene sus ganancias condenando a miles de millones de personas al hambre y la miseria.

Hay quienes, pronunciándose contra la especulación financiera, propugnan un “capitalismo sano”, eliminando o al menos poniendo límites al mercado de “futuros”. Pero a diferencia del colesterol, no existe un “capital bueno” y un “capital malo”. El capital es uno solo. La fusión del capital productivo y el capital bancario, que conforma el capital financiero, una característica propia del capitalismo en su fase imperialista, y desde hace algunas décadas la hipertrofia del capital financiero, responde a las necesidades del capital mas concentrado de sostener niveles aceptables de rentabilidad, comprometiendo en forma creciente no solo a los grandes conglomerados de capital productivo sino también al sistema bancario. En este sentido cabe destacar que entre los principales especuladores están no solo los fondos de inversión, fondos de pensión y bancos europeos4, sino también y especialmente el llamado “capital productivo”, como el caso de Texaco, Esso y Shell, que lideran las compras a “futuro” de petróleo en el mercado de materias primas de Nueva York.

Probablemente por esta razón la cumbre de la FAO-ONU, siguiendo al FMI, ha desestimado el impacto de la especulación bursátil sobre el alza de los precios, dejando al desnudo su total complicidad hacia los intereses del capital financiero.

 

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