PTS
Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  1ro de julio de 2022
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NI UNA MUERTA MAS POR ABORTOS CLANDESTINOS
Nosotras parimos…¡nosotras decidimos!
26 Jun 2008 |

Hace semanas que a Yamila se la ve decaída. La sonrisa habitual de adolescente, se le borró del rostro. No es para menos, hace más de tres meses que no tiene su “período” y está asustada. No se lo cuenta a nadie, ni a sus amigas, ni a su mamá, ni al compañero del curso con quien tuvo su primera relación sexual.

Yamila vive en Pompeya, uno de los barrios más pobres de la Capital, con su madre y tres hermanitos menores. Hace cuatro años que su padre los abandonó y su mamá, a veces, llora a escondidas. La mamá de Yamila trabajó mucho tiempo en la fábrica Bagley de Barracas, pero después la echaron porque cerraron la planta para reinstalarse en otra zona del país, y tuvo que arreglárselas como trabajadora doméstica, limpiando casas ajenas por un sueldo que no le alcanza para mantener sola a toda la familia. Yamila todavía se acuerda del velorio de Carmen, la mejor amiga de su mamá, que también trabajaba en la fábrica de galletitas. Sabe que Carmen murió desangrada en un hospital. Las obreras decían que había hecho “eso”, porque ya no podía ni quería tener más hijos.

Ahora Yamila tiene miedo y no tiene 3 mil pesos. Tampoco los tenía la amiga de su mamá. No quiere ser madre, ¡nunca lo pensó! Además tiene que terminar la escuela, y están sus hermanitos, y su mamá que gana muy poco que apenas si puede mantenerlos… Se arrepiente de no haberle insistido a su compañero de escuela para que usara un preservativo, pero de nada le vale a esta altura. ¿Qué hacer?

Rosario es de una familia de clase media, fue a una escuela de monjas y se recibió de abogada. Ahora tiene su estudio cerca de Tribunales, junto con su marido que es escribano. Hace quince años que están casados y tienen dos hijos. ¡Y todavía no entienden por qué quedó embarazada si está tomando pastillas anticonceptivas! Algo falló. Pero de lo que ambos están seguros es que no quieren tener más chicos, que eso significaría que Rosario deje su carrera de abogada por un tiempo, quizás un par de años. Hablaron con el ginecólogo que, a su vez, les recomendó ver a un médico amigo. Son 3 mil pesos, pero no hay problema. Resignarán las vacaciones en el sur y se tendrán que ir más cerca, quizás a la costa. Es una intervención quirúrgica sencilla y sin riesgo, apenas unos minutos y Rosario se puede ir a su casa en un taxi, descansar y volver al día siguiente al estudio, como siempre.

Se realiza medio millón de abortos cada año en Argentina. Los hacen mujeres jóvenes y adultas, que fueron violadas, que tuvieron relaciones consentidas, que usaron métodos anticonceptivos, que no los usaron, que están casadas o son solteras, que son viudas o divorciadas, que están solas, que están acompañadas, que tuvieron educación sexual o jamás hablaron de sexo con nadie, que son católicas, judías, evangelistas, que no creen en nada, que creen en otras cosas, que quieren tener hijos, que no quieren tenerlos, que ya los tienen, que los quieren tener más adelante, que son pobres, que trabajan y temen ser despedidas, que no tienen trabajo, que tienen un buen salario, que no tienen nada, que quedaron embarazadas del novio, del marido, del amante, del amigo, de una relación casual, por el abuso del padre, del amigo de la familia, del desconocido, del sacerdote…

Es evidente que su prohibición no evita que las mujeres recurran al aborto cuando, por múltiples circunstancias, se encuentran ante un embarazo no deseado. Pero lo que sí podría evitarse, con sólo establecer el derecho al aborto legal y gratuito en los hospitales públicos, son las muertes de 500 mujeres, cada año, por las consecuencias del aborto clandestino. Ellas, las que mueren, mayoritariamente son las más pobres, las que no pueden pagar las clínicas “truchas” donde atienden profesionales médicos. Por eso decimos que estar en contra del aborto legal, no es estar a favor de la vida, sino a favor del aborto clandestino.

Desde hace años, en Argentina, las mujeres venimos impulsando una amplia lucha por el derecho al aborto, sin embargo, aún no lo hemos conquistado. En la actualidad, tenemos una presidenta que no se cansó de repetir, durante su campaña electoral, que está en contra de la legalización del aborto. Estas afirmaciones, contrarias al reclamo que venimos haciendo, aún no han generado una respuesta clara y contudente por gran parte del movimiento de mujeres, mientras algunos grupos directamente apoyan sin más al gobierno. Es por eso que consideramos necesario hacer un recorrido por la historia reciente de la lucha por el derecho al aborto en Argentina, para revisar los pasos dados, sacar conclusiones y prepararnos para profundizar y fortalecer la lucha que nos queda por delante.

La irrupción de las mujeres en las calles después de diciembre del 2001

En la crisis abierta el 19 y 20 de diciembre de 2001, las mujeres adquieren un rol protagónico. En la Ciudad de Buenos Aires son muchas las que participan de las asambleas populares y un sector de trabajadoras se destaca en una de las experiencias más importantes de ocupación de fábricas, con la toma de la textil Brukman. Si en los ´90 el derecho al aborto fue una reivindicación casi exclusiva de las organizaciones de mujeres y feministas, a partir de esta nueva situación, este reclamo empieza a escucharse también en las asambleas populares, en los movimientos de trabajadoras y trabajadores desocupados y en los encuentros de fábricas recuperadas. Por un lado, en las movilizaciones emergen las mujeres históricamente relegadas en sus hogares y limitadas a sus roles tradicionales de trabajadoras, madres y amas de casa; por otro lado, algunos sectores del feminismo y, especialmente, nuevas agrupaciones juveniles, intentan superar el repliegue que el movimiento había sufrido durante la década del ’90, en la institucionalización, la oenegización y la estrategia del lobby parlamentario, confluyendo con obreras, desocupadas, otras activistas y mujeres de los partidos de izquierda en la lucha en las calles. Por varios meses, en Buenos Aires, sesionó la Asamblea por el Derecho al Aborto que reunía a asambleístas, piqueteras, feministas, jóvenes, trabajadoras, activistas lesbianas, travestis y militantes de los partidos de izquierda.

Así se llega al XVIII Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en Rosario en 2003. Por primera vez en casi dos décadas de existencia, el Encuentro ocupó la tapa de un diario nacional con un titular que rezaba Aborto libre para no morir, anticonceptivos para no abortar y una foto de la enorme bandera violeta que levantaba la consigna Por el derecho al aborto libre y gratuito. En Rosario se realizó una Asamblea por el Derecho al Aborto de la que participaron más de medio millar de mujeres de todo el país y se votó un plan de lucha que, entre otras cuestiones, resuelve realizar una movilización para el 28 de setiembre, Día de Lucha por el Derecho al Aborto en América Latina y el Caribe. Finalmente, más de 5 mil mujeres se movilizaron por el derecho al aborto en la Plaza de Mayo, por primera vez.

El “doble discurso” de Kirchner y su impacto en el movimiento de mujeres

Sin embargo, la política de reformas “por arriba” impulsadas por el gobierno de Néstor Kirchner (enjuiciar a un puñado de genocidas emblemáticos para mantener incólumes a las FFAA, cambiar el personal de la Corte, pagar 10 mil millones de dólares al FMI para hacernos creer que ya no dependemos de los organismos financieros internacionales, etc.), que asume en mayo de ese año, junto con la reactivación económica y la recomposición del régimen político, hacen que el impulso de aquellas jornadas de diciembre de 2001 se vaya desvaneciendo. Al igual que hizo con la cooptación de referentes de movimientos sociales y figuras históricas de los DD.HH. –como Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto-, el gobierno incorporó figuras femeninas como funcionarias de Estado en carteras destacadas y le permitió al Ministro de Salud, Ginés González García, promover un discurso “progresivo” sobre la despenalización del aborto, aunque no se avanzara un solo paso concreto en este sentido. De todos modos, mientras tanto, la entonces senadora y primera dama Cristina Fernández prometía al Vaticano que no se despenalizaría el aborto en el país mientras durara el mandato de su marido. Sin embargo, los “cantos de sirena” que provenían del Ministerio de Salud repercutieron en el movimiento de mujeres imponiendo la idea, entre la mayoría de las organizaciones y activistas, de que había que “esperar” los cambios “desde arriba”, manteniendo la presión sobre las instituciones, pero sin confrontación.

En mayo de 2005, se lanza la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto [en adelante, “La Campaña”], agrupando a diversos sectores, impulsando un petitorio que logró juntar miles de firmas. La primera etapa de esta campaña culminó con una masiva movilización, el 25 de noviembre del mismo año, Día de Lucha Contra la Violencia hacia las Mujeres, hacia el Congreso. A esta altura, aunque la movilización unitaria reúne nuevamente a casi medio millar de mujeres, ya existen dos bloques bien diferenciados: uno, encabezado por diversas ong’s y grupos afines al gobierno como la FTV de D’Elía y la CTA; el otro, que marchaba detrás de una bandera que decía Bajo el gobierno de Kirchner las mujeres seguimos muriendo por aborto clandestino, en el que nos encolumnábamos las compañeras de Pan y Rosas y el PTS, algunos grupos de izquierda y diversas agrupaciones feministas autónomas. A los pocos meses, se lanza “la segunda etapa” de “La Campaña”, con una concentración frente al Ministerio de Salud para reclamar que se haga efectivo el Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del propio gobierno. El ministro Aníbal Fernández plantea que “el aborto es un tema que no admite discusión” y “La Campaña” no se pronuncia al respecto, transformándose, en los hechos, cada vez más en un grupo de “presión” sobre el gobierno, cuando no de colaboración conjunta.

Señora Presidenta

Pese a que algunas organizaciones, los medios y ciertas feministas hoy plantean que hay que apoyar a Cristina Fernández porque es mujer, e incluso a pesar de las referencias al “género” que hace la presidenta, los problemas de las mujeres y sus derechos no son parte de su agenda de gobierno. En sólo seis meses, Cristina Fernández liquidó el “doble discurso” que caracterizó a la gestión de Néstor Kirchner. En pos de restablecer relaciones con la Iglesia, la presidenta pasó de un ministro de Salud que bajo la gestión anterior hacía declaraciones favorables a la despenalización del aborto –aunque sin avanzar un ápice en la aprobación de ningún proyecto de ley-, a una ministra, Graciela Ocaña, que, a pocos días de asumir, afirmó que el aborto es un tema de “política criminal”. Algo que muestra a la ministra tan cerca del pensamiento de la actual presidenta como de su anterior dirigente, Elisa Carrió. Como si esto fuera poco, el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva –absolutamente limitado desde sus orígenes- atraviesa una de sus mayores crisis, con el desabastecimiento de anticonceptivos gratuitos en los hospitales públicos.

Semanas atrás, integrantes de “La Campaña” presentaron nuevamente su proyecto de ley ante el Congreso diciendo: “a un año de su primer presentación y sin haber sido tratado, renovamos nuestra exigencia con la firma de diputadas y diputados de diferentes bloques para lograr que el tema del aborto sea debatido en el Congreso Nacional.” Esconden la clara negativa del gobierno a legalizar el aborto. En esta misma sintonía oficialista, varias integrantes de “La Campaña” firman una carta de apoyo a la Presidenta contra las patronales del “campo” y convocan a apoyarla en la Plaza de Mayo, en vez de mantener una posición equidistante de ambos bandos reaccionarios como lo hicieron casi medio millar de intelectuales, periodistas y profesionales que firmaron una declaración titulada “Ni con el gobierno ni con las entidades patronales del campo”.

En su momento señalamos que supeditar el reclamo y la lucha por el derecho al aborto al apoyo al gobierno, aunque esté en manos de una mujer, nos conducía a un callejón sin salida. No nos equivocamos. Del lado de la oposición, tanto Elisa Carrió como Gabriela Michetti son confesas seguidoras de la Iglesia y del cardenal Bergoglio, están en contra de la legalización del aborto, a favor de la “reconciliación” con los genocidas y, en el conflicto que mantiene el gobierno con las entidades patronales del “campo”, se alinearon incondicionalmente con estos últimos oligarcas. Porque ni Cristina Fernández, ni la oposición derechista y clerical de Elisa Carrió o la macrista Gabriela Michetti representan nuestros intereses, los de millones de jóvenes, mujeres trabajadoras y de los sectores populares.

Para que no haya más víctimas del aborto clandestino la única salida es redoblar la lucha, impulsando una gran campaña unitaria por el derecho al aborto que sea totalmente independiente del gobierno, del Estado y los partidos patronales que sostienen y legitiman este sistema de explotación y opresión que condena doblemente a millones de mujeres.

 

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