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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  29 de noviembre de 2020
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UN "CORRALITO" EN PLENA UNIÓN EUROPEA
Chipre: Una nueva fase de la crisis del Euro
Por: Juan Chingo

21 Mar 2013 | La decisión de la Unión Europea (UE) y el gobierno chipriota de confiscar directamente una parte de los depósitos de los pequeños ahorristas, señala un salto en la voracidad de los países acreedores para evitar por todos los medios la desvalorización de la montaña de deudas (explosión de “capital ficticio”) que se ha acumulado. A su vez, la resistencia (...)

En la madrugada del sábado 16/3 los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea acordaron proporcionar un préstamo de 10 mil millones de euros a Chipre para que el país rescate a su sistema bancario. A cambio, se obliga al gobierno conservador a establecer un impuesto del 6,75% sobre los depósitos de hasta 100.000 euros y del 9,9% en los depósitos por encima de esa cantidad. Con esta medida, el estado chipriota recaudará 5.800 millones de euros. Para evitar la huida masiva de los depositantes, las entidades han retenido desde ese día esa cantidad, y se han limitado las transferencias para impedir una retirada masiva de fondos. Los bancos permanecerán cerrados hasta el jueves 21/3 o incluso hasta el martes próximo (incluso se baraja imponer límites cuando abran), para evitar una corrida masiva de ahorristas para retirar sus depósitos. Es decir, un corralito como el que aplicó el entonces ministro de economía Cavallo en Argentina en la crisis de 2001.

Frente a la cólera que produjo la inesperada decisión en la población, la incapacidad del gobierno chipriota de lograr la aprobación parlamentaria de las medidas y el daño hecho a la confianza del sistema bancario europeo, en especial en los países de la periferia, las autoridades europeas buscaron retroceder en las modalidades de su implementación.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Es que la confianza en el sistema bancario de los países más afectados por la crisis se mantenía en parte por los rescates por la “puerta de atrás” que aplica el Banco Central Europeo (BCE), pero sobre todo a nivel de la población en la creencia de que los depósitos menores a 100.000 euros estaban resguardados. Puesta en duda esta garantía, que se otorgó en 2008 tras el colapso de Lehman Brothers, el riesgo de una fuga de depósitos se ha acrecentado.

Pero en su intento de “desvestir un santo para vestir a otro”, las desavenencias de los líderes europeos no han parado. Tras el malestar generado por la medida tanto dentro como fuera de Chipre, estos instaron al Gobierno chipriota a que elevara la quita a los depósitos por encima de 100.000 euros para no perjudicar a los pequeños ahorristas. En concreto, propusieron una quita del 15,6 por ciento para este tipo de depósitos. Sin embargo, Nicosia (capital de Chipre) se ha mostrado reacia a aceptar dicha medida porque teme que podría ahuyentar a los inversores extranjeros, principalmente rusos, y perjudicar al modelo de negocio del país basado en sus bancos (así como en el turismo y en el negocio inmobiliario ligado a los mismos sectores acaudalados) . El parlamento que rechazó el martes 19/3 por amplia mayoría el impuesto a los depósitos privados planteado por el Eurogrupo, pese a que el Gobierno había presentado una versión suavizada que dejaba exentos los ahorros inferiores a 20.000 euros, ha tomado por sorpresa a los líderes de la UE. Todos los partidos votaron en contra del borrador de ley, con excepción del gubernamental DISY, que se abstuvo.

Una política más dura de Alemania que encuentra fuertes resistencias de abajo y de arriba

Desde el comienzo, Alemania entró en las negociaciones con una postura radical, exigiendo un importante golpe a los depositantes. Con las elecciones a la vista, el gobierno alemán no quiere aparecer como pagando la cuenta él solo para evitar el contagio. Este puede ser un importante punto de inflexión para la crisis de la eurozona. Es que el hecho de que Alemania ya no esté dispuesta a proporcionar rescates a cualquier precio, marca un gran cambio en la crisis. En otras palabras, a través de Chipre, el gobierno alemán podría estar mandando un duro mensaje a Italia y España sumidas en problemas políticos y económicos graves: la primera con la imposibilidad para formar Gobierno, y la segunda, con el Ejecutivo acosado por los escándalos de corrupción. ¿Está en riesgo de ahora en más la aprobación de acceso alemana al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES), con un fondo de 800.000 millones de euros, y al mecanismo de Transferencias Monetarias Directas del BCE? Puede ser que Chipre sea lo suficientemente pequeño para ser un caso especial, pero de ahora en más esto no es algo seguro.

Sin embargo, el resultado de esta dureza de Berlín –quien trabaja en tándem con el BCE, que amenazó con retirar la liquidez a los bancos del país totalmente insolventes si no sacan adelante una propuesta en los términos que quiere Europa- aun está por verse. A la resistencia de los pequeños ahorristas, se suman también los intereses de la casta política chipriota enfeudada en sus relaciones con los inversores rusos. El rechazo de Nicosia de la exacción bancaria y el llamamiento a Moscú para encontrar una vía de financiamiento alternativo, dramáticamente han hecho aumentar las apuestas en la crisis financiera de la isla. Si las autoridades chipriotas no pueden recaudar fondos adicionales de una manera que satisfaga a las autoridades de la zona euro (dinero ruso pero no bajo la forma de un préstamo que haría incrementar la deuda soberana a niveles insostenibles, precisamente lo que el primer plan trataba de evitar), podrían verse obligados a romper el acuerdo propuesto por la Troika y buscar un trato mayor con Rusia. De lo contrario y frente al fracaso de esta variante, la isla se enfrenta al riesgo de un colapso bancario y económico completo y a la posible salida de la eurozona con repercusiones que se pueden hacer sentir en toda la UE.

Al día de hoy, el resultado de esta puja es totalmente incierto y todas las opciones enumeradas son posibles. Por el momento, ya el NO chipriota tuvo repercusiones en toda Grecia. Como dicen algunos comentaristas, puede haber inspirado a los griegos a pensar que hay "otro camino", que los haría cuestionar por qué su propio gobierno aceptó los términos del rescate tan fácilmente.

¿Hacia una crisis de la relaciones de Alemania con Rusia?

Lo anterior, muestra que las medidas adoptadas en esta pequeña isla pueden tener consecuencias geopolíticas importantes. Históricamente Chipre, tanto en los últimos tiempos de la ex Unión Soviética como luego con Rusia, fue el destino de inversión ya sea para el gobierno, la elite política, los empresarios y el lavado de dinero. Mismo en momentos del bloqueo de Occidente a la ex URSS, esta isla fue una de las primeras en abrir su sistema bancario a Moscú, como retribución del apoyo de este en las disputas turco-chipriotas de los años 1960-1970.

Cuando empezó la actual crisis en Chipre, Rusia planteó rescatar a los bancos en 2008 y 2011, contando con el aval del anterior gobierno de Chipre (que era comunista) para aflojar la presión de la UE, solución a la que Alemania se opuso. En ese marco, en el último tiempo Putin planteaba su voluntad de ayudar a Chipre pero como parte de un plan de la UE y Rusia, privilegiando su alianza con Alemania. A su vez, y por motivos internos, Rusia no buscó rescatar a Chipre en línea con la actual campaña anticorrupción, que incluye la repatriación de cuentas offshore en el extranjero a Rusia, donde el sector financiero es ahora relativamente más estable.

Sin embargo, ahora que el plan afecta directamente intereses rusos el gobierno moscovita salió a denunciar el plan. Esto puede llevar a Putin a un encontronazo con Alemania (y otros países de la UE), buscando una solución propia para proteger los intereses rusos en Chipre por una vía indirecta (inversión de Gazprombank) que si bien no implica un rescate directo iría en contra de la línea alemana. No está descartado tampoco que la presión de Alemania sobre Chipre termine empujando al gobierno chipriota a estrechar sus lazos con Rusia. Esto se podría concretizar a través de algún tipo de acuerdo financiero entre Chipre y Rusia que le permitiría al primero reducir la presión de la Troika, y a la segunda incrementar su control sobre el sistema bancario de la isla, explotar sus reservas de gas (lo que sería muy importante para el gigante ruso Gazprom en retroceso en el mercado europeo) e incluso no se puede descartar la apertura de un puerto chipriota para estacionar navíos militares rusos en esta estratégica isla del Mediterráneo. Como vemos, las decisiones que van a ser alcanzados por Chipre y su Presidente Nicos Anastasiades a lo largo de los próximos días y semanas van mucho más allá de la cuestión de quién va a pagar la cuenta. Esta nueva situación –de un eventual avance geopolítico ruso en una isla que fue históricamente un peón del Reino Unido contra Moscú- puede generar un salto de las tensiones ya existentes entre Rusia y la UE: las relaciones de Rusia con Gran Bretaña y Francia ya están deterioradas por el envío de armas a Siria y por el apoyo de Rusia a Assad, el rescate de Chipre puede deteriorar las relaciones con Alemania, el socio europeo más importante de Rusia.

Por la expropiación de los bancos privados y la estatización del sistema de crédito

La crisis de la eurozona muestra cómo para salvar a los grandes bancos privados, los estados acreedores no dudan en aplicar las medidas más radicales a favor de sus intereses. Las políticas deflacionarias, o popularmente la austeridad, busca de manera cada vez más arbitraria y violenta garantizar los derechos de giro sobre la plusvalía de un negocio ya no más rentable pero en el que los capitalistas se niegan a admitir las pérdidas.

Como ayer el plan de reestructuración de la deuda soberana en Grecia, son los trabajadores y ahora en Chipre, los pequeños y medianos ahorristas directamente los que deben pagar con su sacrificio la socialización de las pérdidas sobre negocios que ellos no realizaron. En el caso de Chipre, mientras se les hace pagar a los oligarcas rusos parte de la cuenta, se salva a los grandes bancos e inversores europeos (accionistas de los primeros) que han prestado imprudentemente a los bancos chipriotas.

El caso de Chipre y el cuestionamiento a la garantía de los depósitos muestra que la seguridad jurídica es intocable para los acreedores y no lo es para los ahorristas. Sus implicancias sociales de repetirse en otros países más importantes de la UE pueden ser explosivas política y socialmente. Como dijo el analista del Financial Times, Wolfgang Münchau, el 18/3/2013: “Si se quisiera alimentar el clima político de la insurrección en el sur de Europa, esta fue la manera de hacerlo”.

Por eso, frente a la creciente amenaza de “meter la mano” en los ahorros de la población para recapitalizar a bancos y cajas de ahorros, hay una sola salida progresiva: la expropiación de los bancos privados y la estatización del sistema de crédito. Esta salida, “no significa en ningún caso la expropiación de los pequeños depósitos bancarios. Por el contrario para los pequeños depositantes la banca del Estado única podrá crear condiciones más favorables que los bancos privados. De la misma manera sólo la banca del Estado podrá establecer para los campesinos, los artesanos y pequeños comerciantes condiciones de crédito privilegia¬do, es decir, barato” (León Trotsky, Programa de Transición). Frente al estado capitalista y sus partidos que solo buscan salvar a los grandes capitalistas, debemos imponer una salida de fondo, la necesidad de que los resortes centrales de la economía sirvan a los intereses vitales de los obreros y de todos los otros trabajadores, cuestión que solo podrá garantizarse si el poder estatal mismo pasa de manos de los explotadores a manos de los trabajadores.

 

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