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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  4 de diciembre de 2022
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POLÉMICAS FABRILES
“Uh, ¿un papa argentino?”
Por: Hernán Aragón

21 Mar 2013 |

En el comedor de una fábrica, alguien atento al televisor da la noticia: “Che, paren un poco. Están diciendo que el Papa es argentino”.

La sorpresa inicial se mezcla con algún que otro chiste. Sobre todo son los obreros más jóvenes los que los hacen: “Uh, ¿Un papa argentino? Seguro que se va a robar todo el Vaticano”. El comentario no es iluso. Más allá de la creencia religiosa personal, para gran parte de la clase obrera, la iglesia está asociada a la política, y la política (entendida la política burguesa como la única posible) al lucro personal. La demagogia “bergogliana”, en última instancia, viene a sanear esa imagen que en la clase obrera industrial (y particularmente en los obreros jóvenes) parece ser más extendida y profunda.

De ahí que en un principio, la noticia no haya despertado gran entusiasmo. Más bien, el comentario de un obrero de Alicorp o de un gráfico de Donnelley, se repetía en casi todas las fábricas de donde nos llegaron los informes: “que haya un papa argentino no va a significar que tengamos una paritaria mejor, ni que se acabe la inflación ni que se elimine el impuesto a las ganancias”. Nuevamente son los obreros jóvenes los que se muestran más reacios e irrespetuosos de la investidura papal: “a mí me importa un carajo. Ningún papa me va a dar de comer”.

La mega saturación mediática, cuyo propósito es mostrar a Francisco como un semi Dios, lógicamente penetró los muros fabriles y tocó en algún punto a los obreros. Pero por más clerical que sea el apasionamiento que los medios chorrean por estos días, ese fervor parece no alcanzan a colmar los corazones de quienes deberán seguir levantándose todos los días a la madrugada por más que quien rece por ellos sea el “papa de los pobres”.

Pero tanto engaño premeditado, tanto sentimentalismo espasmódico, por el momento no alcanza a torcer el escepticismo obrero de que algo bueno le vaya a tocar con este “designio divino”.

Podría decirse que la campaña infinita del zapato gastado y de la cuenta del hotel paga, sirvió para que los que criticaban o se mofaban se mostrasen más cautos y quienes se mantuvieron indiferentes empezaran a mostrar cierta simpatía por algo que entienden como un logro nacional. Pero como sostiene un compañero metalmecánico, “esa especie de simpatía parece ser más parte del folclore argentino de sentir que de estar postergados como país ahora pasamos a jugar a la arena mundial con un papa nativo”.

Más bien la semejante maquinaria ideológica puesta en funcionamiento ha servido (y eso no es cosa despreciable) para sembrar la duda. Este diálogo fabril que cuenta una compañera lo grafica bastante bien:
“Vamos a ver qué va a hacer rodeado de tanto oro, si de verdad ayuda a los pobres tanto que se habla”, dice una obrera. “Quizá pueda interceder por todo lo de Malvinas, ahora que tiene tanto poder”, responde otra.
La clase obrera anarquista a fines del siglo XIX y principios de XX creaba los primeros sindicatos al grito de “ni Dios, ni patria, ni amo”. Sin asumir esa tradición, e incluso desconociéndola, la nueva clase obrera sabe que con Francisco o con otro en su lugar, su vida seguirá siendo trabajar de lunes a sábado por un salario que cada vez alcanza menos.

Mientras la burocracia sindical redacta esquelas afectuosas para el “Santo padre” criollo, la indiferencia de muchos trabajadores muestra un instinto de clase al momento de juzgar a quien representa a una de las instituciones más reaccionarias y anti obrera de la historia.

“Parece que siempre tenemos que dar gracias a alguien que está arriba nuestro: al patrón, a Cristina o al Papa. Tenemos que agradecerle a la empresa que te da trabajo, al gobierno que te da las paritarias, al sindicato que te da la obra social”. En este comentario hecho por un obrero mayor en el comedor de una alimenticia, ese instinto de clase está presente.

Nota escrita en base a informes de fábrica.

 

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