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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  16 de octubre de 2021
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Los apoyos "por izquierda" a las huelgas policiales
Por: Octavio Crivaro

04 Oct 2012 |

Si es verdad que del ridículo no hay retorno, hay corrientes políticas que hace rato sólo tienen pasaje de ida: buscan hasta el hartazgo los rasgos “progresivos” de los reclamos de las fuerzas represivas. Los efectivos de Prefectura y Gendarmería, tropas preferidas del kirchnerismo, han hecho un verdadero desplante a su “mando político” y la desubicación de la centroizquierda y sectores de la izquierda, emergió nuevamente.

La centroizquierda sojera, empeñada en ubicarse junto a la oposición de derecha, salió a apoyar la medida de los gendarmes y prefectos. Pino Solanas, eminente clarinista, dijo que “defienden un salario digno”. El ex sindicalista Víctor De Gennaro, la hija de desaparecidos Victoria Donda y Margarita Stolbizer también apoyaron. Y claro: su provincia modelo, Santa Fe, es líder en impunidad policial, gatillo fácil y torturas carcelarias. Aun tiene impunes los asesinatos de 2001, el de Silvia Suppo y el de tres militantes del FPDS. Todos méritos de Binner y Bonfatti, los líderes del FAP.
De la izquierda que apoyó al lockout encabezado por la Sociedad Rural ya nada sorprende. Pero se las ingenia para liquidar toda posición de clase. Así vimos a Vilma Ripoll y al MST, tan oportunistas como ridículos, solidarizarse con la concentración de prefectos. Ripoll fue expulsada al grito de “andate de acá, zurda” y “no somos piqueteros”. Esta izquierda apoya los reclamos de represores en lugar de tener una conciencia tan clara (pero opuesta), a la de los milicos: “a los piqueteros y trabajadores no nos une nada con los que nos reprimen”.

¿Por qué habría que apoyar sectores que reclaman una mejor remuneración para cumplir su función represiva? El maoísta PCR o corrientes trotskistas que vienen del morenismo (como el MST, IS o el PSTU) sostienen que en las FF.AA. de seguridad, por la extracción social plebeya mayoritaria de sus miembros, habitualmente pueden surgir sectores que cuestionen al mando de los superiores y se unan a los trabajadores. Olvidan un detalle: las fuerzas represivas pueden quebrarse cuando la acción revolucionaria ascendente del pueblo trabajador y la organización de su autodefensa armada, genera una combinación de temor, rechazo a reprimir y voluntad de sumarse a la lucha anticapitalista. Para ese “plato”, insistimos, hace falta un “condimento”: una clase obrera revolucionaria. Es decir, se trata de situaciones de lucha de clases agudas, que evidentemente no son las de hoy. Acercarse a las huelgas policiales a hacer simpáticos saludos no habla de una confianza en este “quiebre”, sino de lo contrario: en una confianza en que se puede reformar el Estado de los capitalistas.

Haciendo gala de un economicismo y pacifismo burdo, algunas corrientes sostienen que al ser sectores asalariados, todo reclamo económico es progresivo y puede acelerar la separación entre jefes y personal subalterno. Pero el salario no es un absoluto. Los gerentes son asalariados. Pero ganan lo suficiente como para acumular capital, además de ser gestores del capitalismo. Por eso no son “clase obrera”. En el caso de las fuerzas represivas el carácter de clase no lo da el origen social de los miembros sino su rol político: mantener el orden burgués, reprimir a los que lo cuestionan. Por ello tampoco son trabajadores. El planteo de sindicalización de las fuerzas de seguridad, ignora este hecho y genera una confianza en que organizados como trabajadores, pueden ser progresivos. Como demuestran los casos de Francia y Uruguay, esta esperanza es sólo un globo de humo.

Los compañeros de PO en ocasiones están a favor de la sindicalización “siempre y cuando las fuerzas de seguridad se nieguen a reprimir”. Sin embargo el rol de esas fuerzas es justamente ese: reprimir. Por izquierda solamente es válido un planteo: disolver las fuerzas represivas, atacar este “foco” de delincuencia, narcotráfico, redes de trata y represión del pueblo trabajador. El Estado capitalista, como define el marxismo, es la organización que monopoliza la violencia, para gestión de los intereses de los capitalistas. Querer superarlo no es utópico: lo ilusorio es querer reformarlo. Nuestra lucha es por destruir este Estado e instaurar un Estado de los trabajadores, basado en su autoorganización, lo que incluye el armamento del pueblo.

 

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