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Partido de los Trabajadores Socialistas
    Buenos Aires   |  25 de mayo de 2024
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Tomada tiene que renunciar
Por: Flavio Bustillo

15 Apr 2011 |

Uno de los candidatos de Cristina Kirchner en la Ciudad encubrió a Pedraza y conspiró contra los tercerizados y la izquierda.

El diálogo entre el Ministro de Trabajo y el burócrata preso José Pedraza es la confirmación de algo que La Bordó del Roca y los tercerizados en lucha veníamos denunciando hace mucho tiempo. “Mi querido” le dice el candidato kirchnerista al hombre que organizó la patota que asesinó a Mariano Ferreyra e hirió a otros compañeros. “Mi querido” le dice, a quién se convirtió en socio en la explotación de sus “representados” con el negocio de las cooperativas y la tercerización. “Mi querido” le dice al hombre que apoyó las privatizaciones en el ferrocarril, las decenas de miles de despidos.

Son las cosas del querer: el gobierno y la burocracia

Esa “querencia” es producto de la relación orgánica de la patota sindical con el gobierno. Por eso Cristina Kirchner tiene como pre-candidatos en la Capital a dos hombres avalados por los gremios: el ministro de Trabajo de toda la gestión Kirchner, y el ministro Amado…por la CGT (vale aclarar que Boudou es el jefe de Schiavi, el otro funcionario que queda enganchado en las escuchas).

Como revelamos durante el conflicto del 2010, la relación de Carlos Tomada con Pedraza se remonta a su rol como abogado de la Unión Ferroviaria (o sea como encubridor de todos sus chanchullos y traiciones), durante 18 años. Años que fueron difíciles para los ferroviarios que sufrieron los despidos, los activistas que fuimos perseguidos, los opositores que fuimos proscriptos. Ese asesoramiento a la burocracia evidentemente se mantuvo durante su gestión en el Ministerio. Ha sido uno de las resistencias más duras que hemos tenido que afrontar los que luchamos contra la tercerización.

Pero el acuerdo entre Pedraza y Tomada muestra también que la lucha contra tercerización puso al gobierno de los Kirchner y la burocracia de un lado; y a los trabajadores precarizados y las agrupaciones de izquierda del otro. No había punto medio, como quisieron ver algunos “progresistas”. Por eso juntos, el ministro K y Pedraza dicen querer “hacer un laburo sindical sobre estos tipos que entran porque no son todos del PTS. Meterlos en una especie de curso de capacitación y qué sé yo y empezar a hacerles la cabeza”. El plan implicó, más que “cursos de capacitación”, las permanentes dilaciones, el incumplimiento de los compromisos y la persecución a militantes del PTS y el PO que bregaban porque se hagan efectivas las conquistas de la lucha. Antes había sido el crimen de Mariano.

Contra las visiones puramente “sindicalistas”, el conflicto se convirtió en una lucha política feroz entre el peronismo en el gobierno y su columna vertebral (la burocracia) por un lado, y los trabajadores apoyados en la izquierda enfrente. Una pelea por la influencia política sobre los sectores más explotados, que se rebelaban contra los negociados entre los empresarios noventistas y la burocracia, todos ellos avalados por su “ministro querido”.

No hay neutralidad

La otra cosa que el diálogo pone a la luz es la mentira de la neutralidad de los ministerios en los conflictos que encaramos los trabajadores. Lejos de cualquier carácter de “mediación” entre las partes, la actuación de los funcionarios termina mostrando que siempre están del mismo lado del mostrador. El Estado puso todas las herramientas a su alcance al servicio de mantener el esquema de tercerización, desde las maniobras y dilaciones de los funcionarios de Trabajo y de Transporte, hasta la actuación de las fuerzas represivas, pasando por la licencia gremial a las patotas y las denuncias penales de la Ministra “progresista” Garré. Una muestra más de que todos los instrumentos de este Estado (con cualquiera de los gobiernos) apuntan a mantener la explotación y los negocios capitalistas, y la ocupación de los sindicatos por parte de una casta parásita, que en el caso ferroviario se transformó en un conjunto de sindicalistas empresarios.

El caso muestra que no hay neutralidad de los funcionarios K. Y esto es, para los jóvenes activistas, una enseñanza a tener en cuenta. Y esto también sirve para saldar cuentas con los dirigentes (incluso los que se reclaman “independientes” o de izquierda) que llaman a confiar en Tomada o tienen relaciones amistosas con este enemigo de los trabajadores. Hoy el sapo se llama Tomada (no sólo Pedraza).

Pero como ha demostrado el triunfo de los tercerizados, esa alianza contra los trabajadores no es invencible. En el ferrocarril más grande de la Argentina, la lucha de los trabajadores, junto a la Bordó y la izquierda ferroviaria, logró derrotarla.

Por eso hay que seguir adelante, para echar a la burocracia de Pedraza y Tomada. La Bordó lucha por construir una corriente, política y sindical en el ferrocarril, basada en la confianza en los trabajadores y la lucha de clases, y en la desconfianza en los capitalistas y su Estado.

por Flavio Bustillo, dirigente de la Agrupación Ferroviaria Bordó del Roca

 

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