A casi 50 años de la revolución que terminó con la dictadura de Batista y con el estatus de semicolonia del imperialismo norteamericano, Cuba está ante un cruce de caminos.
El próximo 1 de enero se cumplirán 50 años del derrocamiento de la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista marcando el triunfo de la revolución cubana, que poco después iba a dar lugar al primer Estado obrero de América Latina. Este proceso despertó el entusiasmo de generaciones en nuestro continente y encendió la simpatía de jóvenes y trabajadores en todo el mundo.
En América latina hay un extendido sentimiento de simpatía entre las masas populares y la juventud hacia Cuba por su resistencia frente a la hostilidad permanente del imperialismo. También es un lugar común reconocer las conquistas en el terreno de la salud y la educación, comparada con la entrega de los gobiernos capitalistas de la región. En este sentimiento se apoyan distintas corrientes de la izquierda populista del continente y los debilitados partidos comunistas para sostener una posición de apoyo acrítico del régimen cubano y un embellecimiento de las medidas que ha tomado.
El pasado 9 de abril, el gobierno de Hugo Chávez anunció la nacionalización de Sidor luego de una importante lucha de los obreros de la empresa, donde por primera vez se le arrancó una medida de este tipo, constituyendo un primer triunfo de los trabajadores.
Los últimos hechos de la política del gobierno con repercusión directa hacia el movimiento obrero, como el anuncio de “nacionalización” de Sidor, la nueva central propuesta por el saliente ministro Rivero y su FSBT, el nombramiento de Roberto Hernández como ministro del Trabajo y su anuncio de “constituyente sindical”, hacen más actual la discusión que venimos planteándole al compañero Orlando Chirino y su grupo, Voz de los Trabajadores, autodenominados “Movimiento por la construcción de un partido de trabajadores”.
Según estadísticas oficiales, de una población económicamente activa de 12.436.317, la población ocupada se ubica en 11.503.869 personas, con una tasa de desocupación del 7,2% para finales del 2007.
Antes de la privatización en 1997 había 18.000 trabajadores fijos y 3.000 contratados. Una vez privatizada, Techint redujo la planta a 4.500 obreros fijos y el número de contratados llegó a 9.000 bajo la forma de tercerización. La empresa valuada (antes de ser privatizada) en 8.000 millones de dólares se terminó rematando por US$ 1.200 millones. Hoy la facturación anual, según declaraciones de la propia empresa, asciende a US$ 2.400 millones.
Para quien le reste dudas, veamos, cómo en la Venezuela bolivariana, se distribuye lo que se obtiene de la lucrativa explotación nacional.
Con sólo tres estados pendientes para realizar sus elecciones primarias –South Dakota, Montana y Puerto Rico- la carrera presidencial del Partido Demócrata parece haberse definido a favor de Barack Obama.
El huracán Katrina que destruyó Nueva Orleáns en 2006 desnudó una sociedad donde se margina a millones de pobres, entre los que afroamericanos y latinos son una desproporcionada mayoría.
El Parlamento de la Unión Europea, con votos de la derecha y de algunos “socialistas” españoles, ha aprobado la “Directiva Retorno”.
El 10/8 el gobierno y la prensa celebraron la “fiesta democrática” a la que se sumaron hasta los opositores más recalcitrantes. En las vísperas, el acuerdo entre el gobierno, la CNE y las cortes electorales departamentales pro-autonomistas había “interpretado” la ley adoptando el criterio del 50% +1 de los votos para la ratificación o no de los prefectos, allanando el camino a las urnas.
Fue el enorme proceso de lucha de masas que desemboca en el levantamiento insurreccional de octubre de 2003 (derribando a Sánchez de Losada) y en las Jornadas de mayo-junio de 2005 (expulsando a Carlos Mesa), lo que obligó a la clase dominante a buscar un desvío y aceptar el adelantamiento de elecciones generales, permitiendo el acceso de Evo Morales al gobierno.
Este fenómeno es expresión particular en Bolivia de una “nueva derecha” que actúa en varios países sudamericanos (como es en Argentina el bloque agrario).
Desde hace unos tres años se asiste a un lento pero profundo proceso de recuperación del proletariado boliviano, animado por la gran politización nacional y la mejora relativa en el empleo de los últimos años.
¡Sólo la movilización derrotará a la reacción! Es necesario soldar el combate contra la derecha, las demandas obreras y populares más sentidas y urgentes y la lucha por la “agenda de octubre”.
El proceso político boliviano ha sido una piedra de toque para las distintas corrientes de la izquierda. La mayoría se ha plegado directamente al proyecto reformista de Evo, pero lamentablemente algunos sectores que se reclaman de la izquierda obrera y socialista han fracasado en levantar una política consecuente de clase.
La Liga Obrera Revolucionaria por la Cuarta Internacional es el grupo hermano del PTS en Bolivia.
La asonada autonomista de la pasada semana fue el punto más alto en la escalada reaccionaria lanzada desde mediados de agosto, buscando bloquear el intento del MAS de habilitar el referéndum sobre la nueva Constitución Política del Estado (CPE), iniciativa que el gobierno quería tratar en el Parlamento para llamar a las urnas el próximo 25 de enero.
Aunque el MAS y sus seguidores caracterizaron la arremetida autonomista como un “golpe cívico-prefectural” y sin dudas muchos cívicos hubieran querido sacarse de encima a Evo Morales, los objetivos prácticos del movimiento fueron más modestos y apuntaban a restablecer una relación de fuerzas favorable a la derecha, en un esfuerzo por revertir las secuelas del triunfo electoral de Evo el 10 de agosto, con 2/3 de los votos nacionales y frenar la nueva CPE o imponer una negociación en mejores condiciones.
Frente a la convulsiva situación en Bolivia fue convocada una reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) en Santiago de Chile.
Según la agenda de este preacuerdo, tres mesas de diálogo comenzarán a discutir en Cochabamba los principales puntos en disputa.
Los acontecimientos de septiembre dejan importantes lecciones. La vanguardia necesita dotarse de un programa de acción y defenderlo en las organizaciones obreras y populares.
Hasta hace pocos meses, Brasil, con la tan alardeada “solidez de sus fundamentos económicos”, venía siendo considerada la “estrella” de los BRIC (como se denomina al conjunto de los principales países llamados “emergentes”: China, Rusia, India y Brasil).
En las recién concluidas elecciones municipales, las organizaciones políticas de izquierda deberían haber puesto su intervención política al servicio de preparar a los sectores de vanguardia de la clase trabajadora y de la juventud para enfrentar los impactos de la crisis económica internacional sobre Brasil; con agitación de un programa obrero independiente que responda a los ataques que están por venir o que ya comenzaron a llegar, en la medida que la burguesía va a descargar sus perjuicios sobre las espaldas de los trabajadores.
El severo golpe que está asestando la crisis mundial a la economía brasilera significa nuevos problemas para la economía argentina.
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Presentamos una nueva publicación de Ediciones del IPS. Estos textos de Lenin atraviesan la historia de las tumultuosas décadas del siglo XX en Europa y el mundo. Lee la entrevista a sus editores.
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