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Partido de los Trabajadores Socialistas
Buenos Aires   |  22 de noviembre de 2017
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La crisis de Cromañón desnuda la podredumbre de todo un régimen político
04 Feb 2005 |

El plebiscito revocatorio convocado por Ibarra es una trampa con la cual el vapuleado referente de la “transversalidad” y la centroizquierda porteña busca utilizar el voto popular para lograr un manto de impunidad para su persona y su gobierno. No sólo porque le permite a Ibarra volver a jugar la carta de “mal menor” que le permitió ser electo en el pasado tanto contra Cavallo como contra Macri, sino porque según el mecanismo empleado para ser revocado es necesario el voto de la mitad más uno del total del padrón electoral, es decir, alrededor del 70 % de los votantes efectivos si se repitiera la cantidad de votantes de las elecciones del 2003. Además parte de los más directamente afectados por la masacre (familiares de las víctimas y los jóvenes sobrevivientes) que viven en provincia de Buenos Aires -entre quienes se cuentan algunos de los más firmes impulsores de la renuncia de Ibarra- no tendrán derecho a decisión alguna. Una clara maniobra que busca utilizar un típico mecanismo bonapartista presentado con camuflaje “democrático” para zafar de su inocultable responsabilidad política y que intenta condicionar su posible imputación penal. Quiere, cuando día a día salen a luz nuevos entramados de negociados y corrupción entre empesarios, jueces, policías, funcionarios políticos y legisladores, lograr un nuevo “punto final” para las investigaciones de la masacre de Cromañón. 

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Pero a pesar de la cínica algarabía de su reducido séquito ante la maniobra, y del apoyo dado por Kirchner, Duhalde, Solá y otros referentes del PJ, el futuro de Ibarra no está asegurado ni mucho menos. La enemistad con él de los familiares fue manifiesta tanto en las movilizaciones como en los debates en la Legislatura. Durante la segunda sesión, Mariana Márquez -madre de una de las víctimas, Elizabeth, de 17 años- destacó por su aguda denuncia lo que la masacre de Cromañón ha sacado a luz. Allí le dijo a Ibarra: “Míreme a los ojos. Yo soy una madre y ésta es mi hija de 17 años, a la que mataron. Mi hija es un cadáver, pero vos sos un cadáver político (...) Vos sos una circunstancia. Esto le podría haber pasado a De la Rúa, a Telerman, a cualquiera, pero te tocó a vos y sos el responsable político”. Luego de retirarse del recinto declaró ante distintos medios: “La sangre derramada de nuestros hijos no se plebiscita (...) La sesión fue un circo. Ibarra habló en una Legislatura tan corrupta como él (...)La movilización es el camino. Quiero ver preso a Ibarra y a todos los responsables (...) Mi hija tenía toda la vida por delante. Iba a empezar a estudiar en la Universidad de La Matanza y la corrupción entre políticos y empresarios la mató. No culpo solamente a Ibarra, también hay otros funcionarios y empresarios para los que pido cárcel. No creo en la Justicia. Llegué al límite, por eso tengo que movilizarme y hacer algo. Creo que con esto se empieza”. Mariana es parte del sector más combativo de los familiares, el que impulsa la formación de una Comisión Investigadora Independiente –planteo que acompañamos activamente desde el PTS-, al que la experiencia de casos anteriores ha mostrado que si no hay movilización popular y todo queda en manos de las “instituciones” es imposible lograr que se cumpla la demanda de justicia que enarbolan los familiares. Para que luego de la importante movilización del domingo 30 de enero la movilización continúe desarrollándose, sería muy progresivo que los familiares de las víctimas y las Asambleas de Jóvenes Autoconvocados convoquen a todas las organizaciones interesadas en terminar con el pacto de impunidad (organizaciones obreras combativas, centros de estudiantes universitarios y secundarios, partidos de izquierda, etc.) a organizar la lucha para evitar que la masacre quede impune.

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Ibarra se ha sostenido principalmente por el apoyo de Kirchner y Duhalde, el polo que entre disputas y treguas garantiza el mantenimiento de un régimen político que sigue maltrecho y que tiene en la crisis de los partidos burgueses una de sus manifestaciones más agudas, cuestión que es la que está detrás de las tendencias a la concentración del poder en la figura presidencial y al recurso a medidas bonapartistas y plebiscitarias. La Legislatura de la Ciudad es uno de los ámbitos donde esta crisis se muestra más patéticamente, donde continuando la tradición del disuelto Consejo Deliberante los legisladores se compran y se venden a diario; una verdadera “capital del transfuguismo político”. Pero no es sólo la Capital. Como lo señaló el editorialista del oligárquico La Nación, Joaquín Morales Solá, reconociendo la debilidad que esta crisis significa para la democracia burguesa: “lo que exhibió la tragedia de Cromagnon es la patética crisis de los partidos políticos en la Capital. ¿Sólo en la Capital? Quizás este distrito haya sido sólo un pequeño laboratorio del conflicto esencial -y existencial- del sistema político argentino (...) Guste o no, la democracia está renga sin los partidos”1. De ahí que para sobrevivir al menos un tiempo más, a Ibarra, uno de los niños mimados de los “transversales” y –prebendas de todo tipo mediante- del amplio arco de fabricantes de la opinión pública “progresista”, no le quedó más que transformarse en poco más que un títere de la coalición “pejotista” que gobierna el país, con su secretario de “seguridad” –que reporta directamente al duhaldismo- como virtual primer ministro. Por ello, la denuncia de “golpe institucional” realizada por Estela de Carlotto y otras organizaciones sociales no fue otra cosa que una burla al servicio de sostener la impunidad de Ibarra, cuando el verdadero “golpe” en la Capital se produjo con la llegada al gobierno del tristemente célebre Juanjo ˜álvarez, responsable de la masacre de Puente Pueyrredon y de la represión en Brukman. 

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La crisis provocada por la masacre de Cromañón está mostrando el profundo imbricamiento existente entre los funcionarios políticos y las mafias empresariales. En esto ninguna diferencia sustancial existe entre el “ibarrismo” y el “macrismo”. Lo que hay es una disputa por las “cajas” que dejan los negociados con los empresarios capitalistas ligados al espectáculo (como los dueños de los boliches), al turismo, a los negocios inmobiliarios, a la salud y la educación privada... No extrañó por ello que ni Ibarra ni sus seguidores se defendiesen de los ataques del “macrismo” señalando lo cínico que resulta que el integrante de un grupo económico que estafó reiteradamente al estado (del no pago del canon por la concesión del Correo Argentino a las denuncias de contrabando de automóviles) sea quien habla de “control estatal”. A su vez, los “macristas” miraron para otro lado a la hora de denunciar las relaciones entre los “ibarristas” y empresarios. Como te fabula narratur2, para ambos es mejor callar y tratar de “no avivar a la gilada”. 

Por ello no se trata meramente de un cambio de hombres. Ibarra se tiene que ir pero no para que lo reemplace Telerman o Macri. Es todo un régimen político al servicio de los negocios capitalistas, (en el que están incluidos tanto el ejecutivo como la Legislatura, la justicia -cuyo papel en impedir la clausura de boliches fue denunciado por el mismo Ibarra- y la policía), lo que manifestó su podredumbre y bancarrota en la crisis de Cromañón. Para que nuevas masacres no se produzcan es necesario un cambio de fondo: desarrollar la movilización para que no quede piedra sobre piedra de este régimen y otro poder político se levante en la ciudad sobre nuevas bases. El reclamo de imponer una Asamblea Constituyente con plenos poderes (ver artículo) apunta en este sentido. 

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Si es claro que Ibarra y Macri gobiernan para garantizar los negocios capitalistas, es en los trabajadores donde está la fuerza social para terminar con este régimen. Embrionariamente esta fuerza volvió a mostrarse en el último período. No sólo en las huelgas que ocuparon la escena política en los últimos meses de 2004 y tuvieron en la Capital uno de sus epicentros; sino también durante la masacre, cuando el cinismo de los funcionarios contrastaba con la solidaridad y el esfuerzo mostrado por los trabajadores de los hospitales haciendo lo imposible para vencer la ausencia de recursos. O por los ferroviarios facilitando los trenes para que los familiares concurran a las movilizaciones. O por los laburantes de Cromañón, ejemplo del proletariado precarizado, que perdieron a un compañero y hoy denuncian los negociados de los hermanos Chabán. A su vez, fueron los sectores combativos de la clase trabajadora los que se pronunciaron en solidaridad con los familiares y su reclamo de ir a fondo en castigar a los responsables penales y políticos, expresado en el grito “Ibarra, Chabán, la tienen que pagar”. No es muy difícil comprender que si la fuerza de los trabajadores no se manifiesta en toda su magnitud es en gran parte porque las gran mayoría de las organizaciones obreras se encuentra bajo el control de dirigentes corruptos y vendidos a las patronales y al poder de turno, como lo mostraron Moyano y el eterno dirigente de los “municipales” de la ciudad, Genta, partícipe histórico de las “coimas” para hacer la vista gorda con los empresarios. Si dirigentes como estos son los que mantienen atados a los trabajadores detrás de partidos patronales como el PJ, corresponde a los de la CTA buscar la subordinación obrera frente a los políticos “progresistas” como Ibarra y otros como él. Poniendo al desnudo la podredumbre del régimen y sus partidos, también la crisis de Cromañón ha planteado la necesidad de los trabajadores de avanzar en su independencia política para poder ser verdadera alternativa para el conjunto de los explotados. Reiteramos en este sentido el urgente llamado que realizamos especialmente a los sectores combativos de la clase trabajadora a dar pasos para poner en pie un gran Partido de Trabajadores. 

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Castigo a todos los responsables de la masacre. Impulsar la Comisión Investigadora Independiente y desarrollar la movilización. Rechazo al plebiscito tramposo. Que se vaya Ibarra. Por una Asamblea Constituyente con plenos poderes. He aquí los ejes para conformar un frente único (en primer lugar con los partidos de izquierda que sostienen estos puntos) para actuar y tratar de derrotar los intentos de ponerle “punto final” a la crisis abierta con la masacre del 30 de diciembre.

1 La Nación, 2-02-05.
2 “Esta fábula habla de ti...”

 

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