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DEBATE CON EL PO FRENTE A LOS PRESOS POLÍTICOS EN CUBA
Una postura democratizante
Por: Facundo Aguirre

25 Mar 2010 |

por Facundo Aguirre

El Partido Obrero (Prensa Obrera N°1120) sienta su posición frente a la situación de los llamados “presos políticos” cubanos y las denuncias sobre el trato inhumano brindado por el régimen castrista. PO, criticando a los defensores del gobierno cubano, señala que “así como reclamamos la expulsión de los yankis de Guantánamo, la extradición a Cuba del gusano Posada Carriles y la libertad de los cinco presos cubanos en los Estados Unidos, también reclamamos la satisfacción de los reclamos de la huelga de hambre de Fariñas; para que en Cuba y en todo el mundo nadie sea condenado sin un debido proceso público; que las penas sean proporcionales a la gravedad del delito; que las cárceles cumplan condiciones mínimas de higiene y buen trato; por el derecho a la inspección humanitaria internacional de cualquier centro de detención (y de todo tipo de presos)”. Esta posición del PO mezcla consideraciones generales correctas –como las consignas contra el imperialismo y la denuncia de la burocracia- con una política democratizante, sin delimitación de clase: la de la intervención humanitaria internacional, que hasta ahora ha servido como excusa para la injerencia de las agencias internacionales del imperialismo en los asuntos internos de los países oprimidos. ¿A quién se refiere el PO cuando plantea la idea de intervención humanitaria internacional? ¿A las ONG’s con las que el imperialismo actúa civilmente antes de preparar sus intervenciones activas, como Human Rights Watch y otras? ¿A las organizaciones obreras y revolucionarias del mundo comprometidas en la defensa activa de los derechos humanos frente a la represión capitalista? No lo sabemos, ni el PO se molesta en aclararlo. Lo que si sabemos es que los olvidos son políticos.

La cuestión cubana

La posición del PO olvida el carácter de clase del Estado cubano, centrándose sólo en la forma brutal con que la burocracia ejerce su dominio.

Para los trotskistas el destino de la revolución cubana no es un tema menor. La revolución de 1959 dio origen al primer estado obrero –aunque deformado- de América Latina, y esta es una conquista que debe ser defendida por el movimiento de masas de nuestra América. Sin embargo, en Cuba, la expropiación de la burguesía y los terratenientes, no dio lugar a la formación y el gobierno de los consejos de obreros y campesinos y el pluripartidismo revolucionario, para ejercer el poder, como fue en la Rusia de los soviets en 1917, sino que el poder político quedó en manos de un partido ejército que con el tiempo se constituyó en una burocracia que impuso el régimen de partido único y la línea del “socialismo en un solo país”. Por este motivo el Estado obrero cubano tiene un carácter deformado desde su origen, es decir no revolucionario, ya que la burocracia actúa en defensa de su propia posición social, lo que va degradando las conquistas revolucionarias y las pone en peligro permanentemente. La actual emergencia de una oposición democrática burguesa en Cuba –que se nutre en gran parte con burócratas purgados del PCC- es consecuencia de la política castrista que ejerce una dictadura bonapartista. La política de apertura económica de la burocracia, amplió la brecha de la desigualdad social y generó un sordo descontento que se manifiesta en la apatía obrera frente al trabajo y la crítica cada vez mayor de distintos personajes ligados al régimen, al mismo tiempo que prosperan sectores privilegiados y en la propia burocracia, que preferirían liberarse del control estatal, dando pie al intento de los sectores activos de la oposición, como las Damas de Blanco, de explotar el descontento social para causar fisuras en el régimen. Uno de los referentes de la oposición en el exilio, Carlos Alberto Montaner , así lo expresa: “son muchos los funcionarios del régimen avergonzados por las tácticas represivas del gobierno, deseosos de enterrar de una vez un sistema decrépito (…) Los Castro están abocados a la clásica disyuntiva que suele sacudir a este tipo de régimen caudillista en la etapa final: o abren la mano y toleran que la sociedad exprese sus quejas y escoja sus preferencias paulatinamente, o reprimen con mayor severidad cualquier manifestación de inconformidad. Si eligen el primer camino, entran en un mundo imprevisible en el que a medio o largo plazo pudieran perder el poder, pero en el que también pueden evolucionar y transformarse en otra cosa más adecuada al mundo en que vivimos.” (http://www.firmaspress.com/a-086.htm)

La consigna de intervención humanitaria internacional que agita el PO cede a la campaña de “democracia para Cuba” del imperialismo (que chantajea con el bloqueo para imponer una “apertura política”) y es claramente compatible con los intereses de Obama, del capital extranjero y las fuerzas sociales y políticas que pujan por profundizar en la vía de la restauración del capital, porque les permitiría contar con una ayuda externa en su objetivo de presionar sobre una burocracia limitada por su posición histórica, política y económica para pasarse enteramente y sin crisis al campo de la restauración capitalista abierta.

Burocracia y restauración

En el Estado cubano la burocracia se presentó siempre como la guardiana de las conquistas de la revolución frente al imperialismo y el bloqueo. Por otro lado recurre a la represión política y el control social para disciplinar a las masas y sus organizaciones, lo que implica el ahogo de las libertades populares y la regimentación de las organizaciones obreras y campesinas.
Con la llegada al poder de Raúl Castro, abrió expectativas sobre un relajamiento de las condiciones represivas y de control social. Esto era alentado por los aires de cambio en las relaciones cubano-norteamericanas de la administración Obama. Sin embargo, ni en la Casa Blanca se dio un giro en la posición sobre Cuba, ni Raúl Castro inició una reforma desde el régimen. El nuevo signo del bonapartismo burocrático se consolidó con la defenestración pública de la generación de reemplazo de la burocracia gobernante en las filas del PCC, que expresaban Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, y por una profundización de las políticas aperturistas y pro-mercado de la burocracia dirigida fundamentalmente por el generalato de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La consecuencia de esta orientación se manifiesta en los llamados del gobierno a aumentar la productividad del trabajo, en el crecimiento exponencial de la corrupción estatal, en el malhumor social y en una lucha fraccional contenida en el seno del PCC, que hacen necesario el fortalecimiento preventivo de las formas policiales del régimen político que hoy sirven para reforzar el encuadramiento burocrático de los trabajadores y campesinos y que van a ser utilizadas abiertamente contra las masas en cuanto estas se pongan en movimiento.

Revolución y contrarrevolución

La definición de Cuba como Estado obrero es un punto de partida obligado para pensar la política de los marxistas. En la lucha y represión frente a la agresión imperialista defendemos el derecho de Cuba a enjuiciar y castigar a los agentes del imperialismo, sobre todo en situaciones de guerra civil o ataques militares. Sin embargo, ni aún en esos momentos donde la represión interna de los contrarrevolucionarios es una necesidad de primer orden, podemos permitir que el trato brindado a los enemigos de la revolución sea vejatorio e inhumano. El socialismo es la instauración a escala mundial de una sociedad donde desaparezcan las clases sociales y su producto histórico, el Estado, con sus fronteras, ejércitos, cárceles, manicomios y todas las instituciones de coerción sobre la sociedad. El Estado obrero establece un periodo de transición entre el capitalismo y el socialismo. Dar pasos en la construcción socialista implica un trato cualitativamente superior con los ciudadanos que quebrantan la ley revolucionaria, en la concepción de la pena y la recuperación social. Mucho más, tendría que ser así cuando no hay peligro de guerra civil o intervención militar extranjera. La utilización del “gulag”, el psiquiátrico y la tortura frente a la oposición política y el delito, es el método clásico de la burocracia stalinista que defiende sus propios privilegios, no sólo contra la presión imperialista, sino ante todo contra la base obrera y popular, no el de los revolucionarios socialistas.

En este sentido la defensa de la política castrista y los métodos stalinistas por parte de sus amigos internacionales, se inscribe dentro de la defensa de los intereses particulares de la burocracia de avanzar en sus medidas anti-socialistas y no de las conquistas de la revolución, que son debilitadas constantemente por el accionar de la camarilla gobernante. Nada han aprendido de la historia. El apoyo irrestricto de la dictadura stalinista y la defenestración de sus opositores no salvo a la URSS y los países del Este del capitalismo, solo sirvió hasta que la burocracia tomo ella misma ese camino en el ’89 (dicho sea de paso, sin cumplir con muchas de las promesas democráticas, como muestra el terrible régimen bonapartista de la Rusia actual).

Democracia burguesa y restauración
El PO en todo su artículo no denuncia el carácter de la actual política imperialista. Peor, su consigna de una intervención humanitaria internacional, sirve como pívot de la injerencia imperialista que levanta hipócritamente la bandera de la democracia burguesa para restaurar el capitalismo en Cuba. Los que avasallaron los derechos nacionales de Irak y Afganistán, del pueblo de Vietnam, del propio pueblo cubano invadiendo Bahía Cochinos. Los que lanzaron bombas nucleares en Japón, los que promovieron las dictaduras sanguinarias de América latina y actualmente promueven al asesino Uribe y la dictadura hondureña, usan los derechos humanos y la democracia burguesa como una consigna colonizadora.

Revolución política o caricatura de revolución

Las dos fuerzas que hoy amenazan la continuidad de las conquistas revolución de 1959 son el imperialismo y la propia burocracia. PO rompe con una base de análisis marxista y con el programa de la revolución política, ubicándose como furgón de cola de la política del imperialismo yanqui y europeo y sus gobiernos títeres como ˜álvaro Uribe y Alan García. La denuncia del trato inhumano a los presos en Cuba y de la represión política para disciplinar a las masas, tiene que estar puesta al servicio de generar una oposición revolucionaria y antiimperialista, es decir socialista, a la burocracia castrista.

La libertad de los presos políticos cubanos que no estuvieron vinculados a actos de terrorismo o apadrinados por la CIA, sin ningún tipo de solidaridad con sus posiciones políticas, es una demanda elemental contra los abusos de la burocracia. Por comisiones obreras y campesinas independientes para revisar caso, por caso.

El programa de la revolución política es la única vía de plantear la defensa de las conquistas de 1959 mediante la lucha contra el bloqueo y las amenazas imperialistas, contra las políticas represivas y los privilegios de la burocracia y los nuevos ricos, exigiendo la revisión de todo el plan económico bajo control de los obreros y campesinos y las más amplias libertades democráticas y políticas para las masas y para todos los partidos que defiendan las conquistas de la revolución de 1959, impulsando la creación de organizaciones independiente de las masas y su movilización revolucionaria en defensa de las conquistas y derechos populares. Se trata de oponer a las dos políticas que empujan las fuerzas de la restauración, la burocracia y el imperialismo, la regeneración del estado obrero mediante la instauración del poder de los consejos obreros y campesinos, donde tengan libertad los partidos que defiendan la revolución.

 

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