El gobierno venía intentando reacomodar el mapa político nacional con el recurso de la causa Malvinas. ¿Qué hay más popular en Argentina que hablar, al mismo tiempo, contra el colonialismo inglés, la dictadura y su desastrosa conducción de la guerra?
La huelga general en Grecia y la resistencia obrera en Francia de la que informamos en estas páginas, son la avanzada de la respuesta a la crisis capitalista internacional que ahora golpea agudamente en Europa. Esta “segunda ronda” de la crisis de la economía mundial viene a recordar la precariedad de los “pronósticos de crecimiento” para la Argentina que hace el gobierno y, a su vez, la consigna de los trabajadores griegos, “que la crisis la paguen los mercados”, es un claro alerta para la oposición patronal que promueve, como alternativa, políticas de ajuste fiscal y “reducción del gasto público”.
El gesto de “soberanía nacional” de los Kirchner que pone trabas a la navegación de buques ingleses de exploración petrolera en la plataforma marina en Las Malvinas, es muy parecido al del tero que pega el grito en un lado para ocultar el nido en el otro. Ahora trascendió que estas petroleras de Gran Bretaña tienen el mismo financista, el inglés Barclays Bank, que las depredadoras mineras que explotan La Alumbrera en Catamarca, en nombre de las cuales el gobernador Brizuela, un radical K ahora con Cobos, reprimió la manifestación popular en la localidad de Andalgalá, contra la contaminación de las empresas multinacionales que gozan de todos los beneficios impositivos con el gobierno de los Kirchner.
Ante la crisis del Banco Central, el gobierno debió reconocer el fracaso del intento de echar a Redrado por decreto y ahora busca sacárselo de encima mediante el trámite de una comisión parlamentaria. Pero la cuestión del Fondo del Bicentenario, es decir, el destino de los 6.500 millones de dólares de las reservas, sigue empantanada.
Justo un día después que el gobierno anuncia que destina 6500 millones de dólares de las reservas para dar “garantías” del pago de la deuda externa al capital financiero, Hugo Moyano, que antes de la crisis del 2001 llamaba a marchas “contra el FMI”, presentó en su acto en Vélez a los Kirchner como el “modelo nacional y popular” a defender. Este giro y la reafirmación de la alianza del gobierno con Moyano va de la mano del veto presidencial que hace aún más proscriptiva la reforma política contra la izquierda que empezamos a ocupar un lugar destacado en las comisiones internas y cuerpos de delegados antiburocráticos.
A 8 años de las jornadas del 2001, las clases dominantes que por entonces se unieron tras la megadevaluación de Duhalde se preparan, otra vez, para volver a descargar las consecuencias de una nueva crisis sobre las espaldas de millones. La tribuna que los dueños de la tierra y de la soja levantan en el Rosedal de Palermo recibe el apoyo de la cúpula de los industriales de la UIA y de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA).
A 8 años de las jornadas del 2001, al gobierno de los Kirchner no se le ocurrió mejor idea que militarizar la Plaza de Mayo para impedir que manifiesten los movimientos de desocupados que piden “trabajo sin clientelismo”. Las clases medias que arremetían contra los bancos confiscadores de sus ahorros y decían “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, han sido ganadas en su mayoría por la propaganda de los medios que demoniza a los pobres.
Cuando se están por cumplir 8 años de las jornadas de diciembre que tiraron a De la Rúa, los Kirchner tratan de emparchar el régimen maltrecho desde el 2001 con una Reforma Política restauracionista del poder de los “grandes partidos”, bloqueando la emergencia de nuevas fuerzas políticas. Pero la “ingeniería electoral” no revierte el rechazo, o la apatía, de amplios sectores de masas con la clase política patronal.
El movimiento de los delegados de base que tiene como símbolos a Kraft y al Subte, es el emergente de un nuevo fenómeno más amplio que está produciendo importantes consecuencias políticas. Ya ha dejado al descubierto el enorme desprestigio en las masas de la dirección de la CGT, uno de los principales aliados y sostenes de la alianza de poder de los Kirchner y el conjunto del peronismo.
La debilidad del gobierno se ha puesto de manifiesto ante las primeras expresiones de un nuevo movimiento obrero. No porque se haya desarrollado aún un ascenso de luchas generalizadas de la clase trabajadora sino porque crece con mayor dinámica el cuestionamiento a uno de los principales sostenes de la alianza de poder de los Kirchner, la burocracia sindical.
Uno de los lemas de la Reforma Política de los Kirchner puede sintetizarse en la frase dictatorial del ministro Randazzo: “los partidos chicos no merecen existir”. Pero detrás de él, pretenden ocultar el estado deplorable de la existencia de “los partidos grandes”. Con distintos matices y proponiendo que la ley debe salir “por consenso”, desde Duhalde y la UCR hasta Carrió y el Pro, coinciden en la “necesidad” de un nuevo régimen electoral que obstaculice la participación de las fuerzas que los desafíen.
Los Kirchner que llegaron al poder valiéndose de una situación excepcional donde millones reclamaban “que se vayan todos”, pretenden imponer, en su decadencia, una Reforma Política para restaurar el viejo régimen bipartidista. Los opositores solo discuten un problema de oportunidad, pero acuerdan con fortalecer a los grandes partidos patronales e impedir surgimiento de fuerzas políticas que los desafíen.
La gesta obrera de Kraft, en defensa de sus delegados y por la reincorporación de todos los despedidos, atraviesa momentos decisivos. La entrada de los delegados a la planta de Pacheco no sólo fue recibida con entusiasmo por los 2.600 trabajadores que soportan la presencia policial: las imágenes que mostraron por TV al delegado del turno noche, Javier “Poke” Hermosilla, despertaron una enorme simpatía en amplios sectores de la clase trabajadora que siguen con atención este histórico conflicto.
Si algo le faltaba lograr a la fenomenal lucha de Terrabusi era conmover a la propia cúpula de la CGT. Moyano se vio obligado a recibir a miembros de la comisión interna a quienes días antes había acusado de “ultraizquierda” y “politizar los reclamos”. Después de haber colaborado con sus declaraciones en el operativo que preparó el desalojo represivo, el jefe de la CGT ahora se declaró “solidario”. Este giro fue una muestra clara que el intento de “normalizar” la planta con el terror policial y el aislamiento, había fracasado producto de más de 50 días de lucha de los trabajadores despedidos, sus delegados y las enormes muestras de apoyo y acciones solidarias en todo el país e incluso a nivel internacional.
La huelga de Terrabusi marcó un punto de inflexión en la situación política. Ya no son sólo peleas entre los de arriba sino también la irrupción de la clase trabajadora en esas brechas. Quedará en la historia porque involucró a la propia embajada norteamericana.
El cambio de la realidad política más importante a destacar de las últimas semanas es la irrupción de una huelga obrera en la escena nacional. 35 días de conflicto que llevan ya los 2.600 trabajadores de Kraft-Terrabusi, han logrado una repercusión como no se recuerda en décadas de una huelga de una fábrica. Sus acciones no pudieron ser ocultadas en los grandes medios. Se cuentan por centenares los pronunciamientos de organizaciones sindicales, organismos de derechos humanos, autoridades universitarias, diputados y personalidades del arte y la cultura. Terrabusi ha comenzado a mostrar como hacer de una lucha obrera una causa nacional y éste ya es el primer triunfo de la huelga.
Con las concesiones del gobierno para lograr mayoría en el Congreso para la media sanción de la Ley de Medios postergando la entrada de las telefónicas al negocio, los Kirchner ganan una batalla contra el Grupo Clarín y la oposición que, de alguna manera, volverá al contraataque. Pero a pesar que siguen abiertas las peleas entre los de arriba, cierran filas contra los trabajadores.
La “guerra por el control de los medios”, intermonopólica, entre el gobierno aliado a las telefónicas y el grupo Clarín, pasó esta semana por una contraofensiva opositora. La nueva ley de medios que restringe el poder del monopolio de la Sra. Herrera de Noble, recibió como respuesta la denuncia de enriquecimiento ilícito del matrimonio oficial y ahora la virulenta campaña –causa judicial incluida- contra la “mafia de los medicamentos”.
Hugo Moyano encabezó un acto de la CGT para apoyar la Ley de Medios del gobierno, junto a los ministros Tomada y De Vido. “Los trabajadores tendrán una actividad y una presencia protagónica, especialmente el Sindicato de Trabajadores de Televisión, la Asociación Argentina de Actores, los compañeros de FOETRA, de la Publicidad”, les prometió el ministro de Planificación.
Mientras los Kirchner buscan mantener el control de “la gobernabilidad” desde arriba, aprovechando la impotencia y fragmentación de sus opositores en el Congreso, las patronales intentan avanzar sobre el terreno. A falta de un gobierno fuerte, y la imposibilidad de un recambio de poder inmediato, que les garantice la aplicación del plan de reivindicaciones de la Asociación de Empresarios Argentinos que, básicamente, reclama devaluación del peso y ajuste fiscal, los empresarios pretenden establecer otra la relación de fuerzas, directamente, en los lugares de trabajo.
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