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La política revolucionaria frente a Medio Oriente

Fecha: Jueves 5 de febrero de 2009

Por: Christian Castillo

La masacre perpetrada por Israel durante los recientes bombardeos y la ocupación de Gaza llevaron a un fuerte repudio a nivel internacional. Entre quienes hemos repudiado la masacre hay distintas posturas respecto a qué posición tener frente a la lucha nacional del pueblo palestino. El reconocido periodista y luchador por los derechos humanos Herman Schiller ha sostenido, “estoy a favor de la creación del Estado palestino al lado de Israel y no en lugar de Israel. Y estoy por la interacción de las fuerzas revolucionarias y socialistas palestinas e israelíes. Tal como se ratificó hace pocos días en una reunión que mantuvieron delegados del Partido del Pueblo (PC palestino), del Partido Comunista Israelí y del Frente Democrático por la Liberación de Palestina que preside un viejo luchador como Hawatmeh” (“El Israel de las manifestaciones por la paz”, Página 12, 03-02-09). Pero lo cierto es que el PC israelí, si bien impulsó y participó en las movilizaciones contra los bombardeos y acusa de “criminales de guerra” a Olmert, Livni y Barak, sostuvo que la acción del gobierno no hace más que “soldar a la población palestina alrededor de Hamas”.

Por su parte, Claudio Katz ha planteado que la “autodeterminación nacional de los palestinos es la prioridad, pero no podrá concretarse convocando a destruir el Estado de los israelíes (…) Aunque Israel se construyó confiscando a los habitantes del lugar, al cabo de varias décadas ha forjado una nacionalidad propia que no puede abolirse. Se ha conformado un nuevo grupo nacional, tanto en el plano objetivo (lengua, territorio, economía común), como subjetivo (cultura compartida, conciencia de sector diferenciado). La paz será lograda mediante el reconocimiento mutuo de palestinos e israelíes, una vez desmantelados los dispositivos coloniales del sionismo. Sólo este camino pondrá fin a la sangría, abriendo la perspectiva de dos Estados reales, formas federativas binacionales o la mejor opción: un Estado único, laico y democrático” (“Incursiones para sepultar la paz”, 17-01-09).

Sin embargo, lo cierto es que desmantelar “los dispositivos coloniales del sionismo” es algo que no puede realizarse sin terminar con un Estado surgido y mantenido mediante la limpieza étnica y basado en el racismo y la segregación hacia los palestinos y el conjunto de la población de origen árabe. Por ello, la existencia del Estado de Israel, un enclave colonialista y guardián de los intereses imperialistas en Medio Oriente, es incompatible con los derechos nacionales del pueblo palestino.

Esto no significa considerar a toda la población israelí como una “única masa reaccionaria” –no son lo mismo los que han apoyado los crímenes de guerra que los que se movilizan en su contra– ni dejar de considerar que allí también existen explotadores y explotados. A ellos debemos dirigirnos en forma similar a cuando Marx dijo a los trabajadores ingleses que debían oponerse al colonialismo en Irlanda señalando que “ningún pueblo que oprima a otro será realmente libre”. Contra los líderes sionistas, que en común con las potencias imperialistas construyeron un Estado sobre la limpieza étnica de todo un pueblo, debemos decir a la población explotada de origen judío y a quienes se movilizan contra las atrocidades cometidas por el Estado israelí que es necesario romper políticamente con el sionismo y levantar como propias las legítimas demandas nacionales del pueblo palestino. Los revolucionarios nos pronunciamos claramente por terminar con el terrorista y colonial Estado de Israel y defendemos el derecho elemental del pueblo palestino a tener su propio Estado en el conjunto del territorio histórico palestino, un Estado verdaderamente laico, y no racista, donde puedan convivir en paz árabes y judíos, con plenos derechos culturales –y religiosos– para ambos pueblos. Esta perspectiva sólo podrá materializarse íntegra y efectivamente si son la clase trabajadora y las masas explotadas las que se hacen del poder avanzando hacia una Palestina obrera y socialista, como parte de la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente. Una salida por la que tienen planteado luchar no sólo las masas trabajadoras palestinas, las más oprimidas y humilladas de la región, sino los trabajadores de todo Medio Oriente, que repudian los crímenes del Estado sionista, al que ven como gendarme del orden imperialista. No concordamos, por ello, con quienes reducen la perspectiva revolucionaria a la lucha por un Estado palestino democrático –es decir, burgués-, laico y no racista. La defensa de la lucha nacional del pueblo palestino no implica que los marxistas revolucionarios no debamos sostener nuestra perspectiva estratégica u ocultar nuestro programa. El no plantear esta salida de fondo, llamando a luchar por ella a los explotados de toda la región, y en particular a las clases trabajadores más fuertes y con tradición de lucha como la egipcia, significa depositar confianza en que serán las representaciones políticas, islámicas o seculares, de las burguesías de la región las que darán una salida progresiva a las aspiraciones de las masas. Estas direcciones son las que postran a las masas e impiden el desarrollo de su movilización revolucionaria. En algunos casos su colaboracionismo con el imperialismo yanky les está causando un fuerte desprestigio, como a las monarquías petroleras y multimillonarias del Golfo o a los dictatoriales gobiernos de Jordania y Egipto. En otros, su mayor peso político regional y los choques parciales que mantienen con los Estados Unidos y otras potencias imperialistas, no quitan el hecho de que se trata de regímenes fuertemente opresores, que también han colaborado con la primer potencia imperialista en distintas ocasiones, como fue el caso de Irán durante la ocupación de Irak, o como vimos hacer en su momento a Saddam Hussein lanzando la guerra fraticida contra la nación persa en función de los intereses imperialistas luego de la caída del Sha en 1979.

Que nos coloquemos en la misma trinchera militar de determinados Estados y gobiernos cuando son agredidos militarmente por el imperialismo y sus agentes, no quita que los enfrentemos políticamente ni que señalemos con toda claridad lo reaccionario de sus estrategias y programa, como el objetivo de imponer regímenes de tipo islámico –como rige en Irán– que sostienen distintos partidos y movimientos. Ni que denunciemos la opresión que ejercen cuando son gobierno sobre sus propios pueblos o los intentos de transformar justas demandas antiimperialistas en parte de una “guerra santa” contra “Occidente”, cuestión que no distingue la existencia de explotadores y explotados en los propios países imperialistas o que facilita, por ejemplo, la tarea de los dirigentes sionistas de abroquelar a la población de origen judío detrás de su política colonial y terrorista. Algo también facilitado por quienes, como los gobernantes iraníes, alientan también prejuicios antisemitas y pretenden minimizar la existencia del genocidio nazi contra la población judía (y también contra gitanos, comunistas, homosexuales, etc.).

Así como no tenemos el mínimo prejuicio en impulsar la lucha en común con sectores islámicos y/o nacionalistas contra el imperialismo y contra los ataques del Estado terrorista de Israel –como hemos hecho durante los últimos bombardeos junto a la FEARAB y otras organizaciones de la comunidad árabe y musulmana en Argentina–, levantamos nuestra propia estrategia y programa, ligada a unir a los trabajadores y explotados del mundo entero a la lucha por la revolución socialista internacional.

Luchamos, como dijimos por una Palestina socialista y una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente, ya que sólo los trabajadores y los explotados en el poder pueden garantizar que se cumplan verdaderamente las demandas antimperialistas y nacionales de las masas de la región. Una salida que muchos llamarán utópica para justificar su posibilismo, pero que la resistencia de las masas y la crisis capitalista más importante desde 1930 actualizan como perspectiva si queremos terminar con la opresión y la explotación.

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