Partido de los Trabajadores Socialistas

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La Verdad Obrera N° 603

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A CUARENTA AÑOS DE LA

huelga general contra Isabel Perón y López Rega

09 Jul 2015   |   comentarios

El 7 y 8 de julio de 1975 Argentina se conmovió por la primera huelga general contra un gobierno peronista. El 4 de junio de 1975 el ministro de Economía de Isabel Perón, Celestino Rodrigo, anuncia las medidas que trascenderán bajo el célebre apodo de “Rodrigazo”.

En un contexto de crisis mundial que desató un escenario catastrófico en Argentina, Isabel pretendía ganar apoyo burgués e imperialista lanzando un brutal ataque contra los trabajadores.

El “Pacto Social”, con el que el gobierno de Juan D. Perón buscó contener el ascenso obrero y popular parido con el Cordobazo, estaba quebrado. El “Rodrigazo” incluía una devaluación que oscilaba entre el 80% y 160%, y un aumento sideral de precios como en las naftas. El ánimo obrero terminará por exacerbarse ante el congelamiento de paritarias y el establecimiento de topes salariales.

La respuesta al “Rodrigazo” corrió por cuenta del activismo y la base obrera, que le impuso a la burocracia y los sindicatos una huelga general histórica. Los combativos trabajadores de la IKA Renault de Córdoba inician la oposición obrera con un abandono de tareas. El ejemplo se extiende en todo el país y los paros se multiplican. La insurgencia obrera se dirige desde las fábricas a los sindicatos y del plano sindical al político. En Gran Buenos Aires y Capital confluyen los fenómenos más avanzados. El enfrentamiento con la burocracia de los gremios y la CGT cobra presión.

Ésta, encabezada por Lorenzo Miguel de la UOM, se ve obligada a cambiar su actitud y a exigir a Isabel la homologación de los convenios. El 27 de junio convoca una jornada contra el plan Rodrigo, en apoyo a la presidenta y por la rápida homologación. Pero, por presión de la base, esta medida se convierte en un virtual paro general y más de 100 mil personas acuden a Plaza de Mayo para exigir la renuncia de Rodrigo y López Rega. La huelga general política Isabel anuncia su negativa a homologar los convenios. La burocracia sindical quedará enfrentada al gobierno, aunque intenta suavizar el enfrentamiento. Pero las movilizaciones obreras espontáneas se extienden en todo el país.

La huelga general es un hecho. La mayoría de las movilizaciones, asambleas y paros son impulsados en el Gran Buenos Aires, La Plata y Capital por nuevas organizaciones donde anida la democracia de base, las coordinadoras interfabriles. En Rosario se ocupa la CGT Regional al igual que en Santa Fe. Las fábricas de Rosario y Córdoba están prácticamente paralizadas. A la CGT nacional llegan manifestaciones obreras con la consigna “14.250 o paro nacional”. En todo el país se grita contra Isabel y López Rega, exigiendo sus renuncias. Las coordinadoras interfabriles mostrarán su gran poder de movilización cercando la ciudad de Buenos Aires. En la zona norte la Policía impide el acceso de decenas de miles de obreros que buscan cruzar a la capital para manifestarse en Plaza de Mayo.

Lo mismo en la zona sur. En La Plata una gigantesca manifestación se dirige hacia la sede central de la CGT donde se producen enfrentamientos violentos con la burocracia y la Policía. Jaqueada por el desafío del gobierno y la movilización de las bases, la CGT se ve obligada a convocar a un paro de 48 horas para el 7 y 8 de julio. La primera huelga general contra un gobierno peronista. El paro es completo y antes que finalice, el gobierno cede y otorga la homologación de los convenios. Un doble poder fabril Durante estas jornadas surgirán las coordinadoras interfabriles.

Estas organizaciones expresaban un doble poder fabril basado en las comisiones internas y cuerpos de delegados que disputaban a la patronal el control del lugar del trabajo y a la burocracia la dirección de un sector del movimiento obrero. Organizadas zonalmente (norte, sur, oeste, La Plata-Berisso y Ensenada, y Capital Federal), nuclearon a los obreros de las industrias más concentradas: fábricas como Ford, General Motors, Astilleros Astarsa, Del Carlo, Tensa, Editorial Abril, La Hidrófila en la zona norte; Indiel, Santa Rosa, Man, entre otras, en oeste; Rigolleau, Saiar, Alpargatas, Cattorini, Peugeot, frigorífico Serna y las grandes líneas de colectivos en la zona sur; Propulsora Siderúrgica, Astilleros Río Santiago, Petroquímica Sudamericana, el frigorífico Swift, en La Plata, Berisso y Ensenada. En Capital, los trabajadores del subte y los choferes organizaron la coordinadora Interlíneas, mientras que comisiones internas de la Asociación Bancaria coordinaron su actividad y demandas. Las coordinadoras fueron las organizadoras del ascenso obrero, aglutinando una importante fracción de los trabajadores industriales y de servicios (unos 130 mil), agrupando territorialmente a 129 comisiones internas y cuerpos de delegados, sin contar su peso relevante en la región de San Lorenzo y Córdoba.

En ellas actuaba la mayoría de las corrientes de izquierda, aunque la más importante era la Juventud TrabajadoraPeronista, brazo sindical de Montoneros. La extraordinaria importancia de las coordinadoras interfabriles radica en que eran el inicio de una “federación” de las organizaciones de base del movimiento obrero que disputaba en las fábricas el poder a los capitalistas y a la dirigencia sindical burocrá- tica en el corazón de la industria. La huelga y el golpe Esta huelga política fue un acontecimiento histórico que abrió una crisis revolucionaria en la Argentina. El gobierno debió ceder y López Rega y Rodrigo renunciaron.

Pero la debilidad de Isabel era patente. La huelga no se elevó a un plano más ofensivo que impusiera la caída del gobierno de forma revolucionaria. La burocracia corrió a sostener a la presidenta dando sobrevida a un gobierno criminal y antiobrero.

Ninguna de las corrientes que integraban las coordinadoras interfabriles tuvo una política para desarrollarlas como organismos de doble poder y se abstuvieron de plantear el objetivo de tirar al gobierno. La JTP –la corriente más importante–, que reivindicaba el papel revolucionario del nacionalismo burgués, se adaptó a los lineamientos de la burocracia de la CGT en el carácter corporativo de los reclamos. Así fue un gran impedimento para que las coordinadoras desplegaran todo su potencial. Las jornadas de junio y julio terminaron de prender la alarma en la burguesía argentina.

El peronismo era impotente para cumplir su rol de contención de la clase trabajadora cuando la crisis capitalista exigía respuestas inmediatas. La burguesía terminó de decidirse por la salida golpista. La burocracia sindical y el peronismo tienen la responsabilidad –siendo la dirección de las masas– de la derrota de la clase obrera a manos de la dictadura militar. Partidos que se reivindicaban “democráticos” como la UCR fueron a golpear la puerta de los cuarteles. En febrero y marzo de 1976, un nuevo movimiento dirigido por las coordinadoras inició desde las fábricas la oposición en las calles al Plan Mondelli, pero las cartas ya estaban echadas.

El 24 de marzo la Junta Militar se hará del poder para acabar con la etapa revolucionaria abierta con el Cordobazo. La amenaza profunda que significaba la insurgencia obrera para los intereses capitalistas explica el nivel de represión que tuvo como objetivo no sólo terminar con la guerrilla, ya casi inexistente antes del golpe, sino principalmente doblegar a una clase que desde 1969 se mostraba indomable.

*Autores de Insurgencia obrera en la Argentina (1969-76), Ediciones IPS, Bs. As., mayo de 2009.

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