Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
22 de octubre de 2017

La Verdad Obrera N° 553

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A propósito de una nota de Gabriel Solano en Prensa Obrera

Viejas y nuevas polémicas

09 Jan 2014   |   comentarios

En el artículo publicado en Prensa Obrera N° 1299 “Un caso único de kirchnerismo tardío”, el dirigente de PO Gabriel Solano nos dedica una extensa nota donde intenta infructuosamente adjudicarnos posiciones que no sostenemos sin lograr contestar las verdaderas diferencias surgidas ante el motín policial y las marchas del 19 y 20 de diciembre, que llevaron a la primera delimitación pública en el Frente de Izquierda respecto a un gran hecho político. El objetivo: defender una posición, como mínimo inconsecuente, ante este tipo de conflictos (un problema que el lector puede comprobar repasando los artículos publicados en PO en el último año y declaraciones en varias provincias). Como los argumentos políticos no le alcanzan, en el artículo se recurre a una serie de acusaciones imposibles de sostener de cara a la realidad, así como insultos varios. Esperamos que no se utilicen las reales diferencias políticas como excusa para impedir la acción común del FIT.

Sobre el “kirchnerismo tardío”

Contra lo que afirma GS defendemos el comunicado del FIT realizado a instancias del PTS. Compartimos con los compañeros que “los acuartelamientos de las fuerzas de seguridad” son “emergente del fin de ciclo kirchnerista, signado por una crisis social y política” (no así la “disolución del Estado” -que no figura en la declaración del FIT a la que se refiere GS en su artículo-). De igual manera, defendemos el alerta planteado en la declaración “contra la ilusión de que esta crisis policial ha transformado a las fuerzas de seguridad en aliada de los trabajadores, o que se ha quebrado su función represiva. Quienes así piensan, serán desmentidos en tiempo récord por los propios acontecimientos”. Pero que el levantamiento policial sea un emergente del fin de ciclo no quiere decir que no sea una manifestación reaccionaria. Es una cuestión elemental para los marxistas discernir entre una acción protagonizada por quienes buscan fortalecer uno de los pilares represivos del Estado y las manifestaciones de descontento de la clase trabajadora o sectores populares. Utilizar el “efecto contagio” para desarrollar las contradicciones que generó el motín con el objetivo de que la clase obrera intervenga con sus métodos y su programa no justifica evadir la clara denuncia del carácter de los motines y los peligros estratégicos que entrañan. Por eso es importante advertir el accionar del Gobierno nacional, los Gobiernos provinciales y la oposición patronal frente a la Policía, a la que le otorgaron todas sus reivindicaciones, mientras que a los trabajadores pretenden imponerles techos salariales. La visión facilista de que “si la Policía pudo, nosotros también” lleva embellecer a los enemigos de clase; por eso es clave para los revolucionarios señalar sin vacilaciones que en su lucha la Policía no será un aliado de los trabajadores, sino un enemigo ante el que deberán defenderse (como demostró la reciente represión a los trabajadores de la salud en Neuquén).
Afirmar que somos “kirchneristas tardíos” porque señalamos que los motines policiales son expresión de un desarrollo embrionario de un “partido policial”, lo que no significa que se trate de un partido “tradicional”, sino de una corriente fascistoide en el seno de las Policías que nutrirá las futuras “Tres A”, como ya ocurrió en los 70 (cuestión que PO por su pacifismo se niega a ver), y que por eso estaríamos ocultando el “partido militar” que los K pretenden armar con Milani, es un dislate. Ocultan, además, que después de los motines acordamos con PO e IS el proyecto de ley contra el ascenso de Milani, donde en los fundamentos hay toda una caracterización común que no menciona tales elucubraciones, por no hablar de que fuimos los principales impulsores de la investigación y denuncia del espionaje ilegal de la Gendarmería, con la complicidad del Ejército (ya que operaban desde Campo de Mayo), en el “Proyecto X”.

Nuevamente sobre las marchas del 19 y 20 de diciembre

Como ya explicamos, la marcha del 19 impulsada por la CTA no se delimitó de los motines policiales, más aún siendo su principal convocante una organización que cuenta entre sus “sindicatos” al SIPOBA, que impulsó el “conflicto”. Incluso en Bahía Blanca este sindicato policial tuvo un orador en el acto común con ATE y el PO, del que no participó la seccional del SUTEBA (opositora) por decisión aplastante de los y las docentes reunidos en asamblea. Desde el PTS establecimos una delimitación política clara respecto a los motines policiales (que, recordemos, incluyeron “zonas liberadas” que alentaron los saqueos y después “criminalizaron” al pueblo pobre), dejando en claro a su vez que la marcha del 19 no se trataba de una “movilización de masas” reivindicativa, ya que si este hubiera sido el caso hubiéramos participado críticamente. El compañero GS intenta hacer pasar esta movilización como el éxito de la política del FIT de exigencia a los sindicatos y centrales obreras de un paro nacional, con movilización a Plaza de Mayo, lo cual es una verdadera desproporción. Se trató de un acto de una corriente político-sindical como es la CTA michelista, en acuerdo con otras organizaciones como el MST, el PCR y el PO. Los compañeros del PO actuaron con una lógica sindicalista (haciendo primar exclusivamente el problema salarial) y adaptándose a la política de la CTA frente a los motines policiales, mientras que nosotros intentamos actuar en el sentido de ser “tribunos del pueblo” (categoría de Lenin que gusta citar PO sin comprenderla) para marcar la necesidad, no en cualquier fecha, sino en el aniversario del 19 y 20 de diciembre de 2001, de una clara delimitación de clase ante los sectores del aparato del Estado burgués que habían conmovido al país hacía pocos días. Logramos formar un polo con la CORREPI y otras organizaciones de izquierda y hacer un acto en Plaza de Mayo sin diferencias cualitativas en cantidad de gente respecto al del 19, y que tuvo amplia repercusión en la prensa.
Se llega al dislate de afirmar que “el PTS ha transformado a la CTA en una organización parapolicial, con el argumento de que alberga a un sindicato de la Policía”. Que la CTA organice a sectores de la Policía y que nuestros compañeros/as en dicha organización se manifiesten claramente en contra no significa bajo ningún punto de vista que dejemos de considerarla una organización esencialmente sindical y de trabajadores (pese a la presencia creciente en su seno de corrientes “político-territoriales”) y que no participaremos de acciones comunes (paros, movilizaciones) por causas justas, como lo hemos hecho siempre. Ya criticamos en otras oportunidades la participación de la patronal Federación Agraria en actos de la CTA, y no por esto la consideramos una organización “parapatronal”.
Por último, el contenido y el programa de la movilización del 20 hablan por sí mismos. El nuestro sería un raro “kirchnerismo tardío” no registrado por ningún periodista en las decenas de notas que salieron en diarios y portales.

Policía, Ejército y milicias obreras

GS nos aconseja que “hacer abstracción de las instituciones del Estado es impropio de un marxista, para quien toda cuestión social es una cuestión de poder. Y nos pregunta retóricamente: "¿Cómo explican nuestros difamadores que Trotsky haya reclutado quince mil oficiales zaristas para ¡el Ejército Rojo!?". Para profundizar la polémica sobre los revolucionarios y las fuerzas policiales, recomendamos al autor de la nota la lectura del artículo “Las fuerzas policiales y las ilusiones pacifistas de la izquierda”, de los compañeros Matías Maiello y Manolo Romano.
Allí explicamos la condición que hizo posible haber reclutado a los oficiales zaristas (que en realidad no eran quince mil, sino más de treinta mil, según cuenta Trotsky en Mi Vida) e incluso influenciarlos ideológicamente fue la fuerza material de la movilización revolucionaria de los trabajadores y de los campesinos que derrotó al Ejército zarista y lo despojó de su base campesina. Como desarrollamos también en el artículo citado, la diferencia entre esta política hacia los oficiales y el trabajo político que los mismos revolucionarios hicieron entre las masas de los soldados-campesinos para ganarlas para la revolución salta a la vista para cualquiera que se atenga a los hechos.
En la misma línea, según GS es un cretino el que “distrae la atención” hablando sobre “lo ‘injusto’” del aumento policial o sobre los “partidos policiales”. Muy diferente era la visión estratégica de Lenin, para quien “la sustitución de la Policía por la milicia del pueblo es una transformación que se deriva de todo el proceso revolucionario” , y coherente con esta perspectiva no solo se negaba a avalar el financiamiento de la Policía y del Ejército, sino incluso a las milicias burguesas: “En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no somos partidarios de la milicia burguesa, sino únicamente de una milicia proletaria. Por eso, ‘ni un céntimo, ni un hombre’, no solo para el Ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como los Estados Unidos o Suiza, Noruega, etc. Tanto más cuanto […] se la prostituye, movilizándola contra los huelguistas”.

Sobre los presuntos ataques morales

GS nos acusa de “sinvergüenzas”, “descompuestos”, “idiotez”, “difamadores” y otra serie de insultos (característicos de su “pluma”), que agotan los sinónimos injuriantes de la Real Academia Española, y al mismo tiempo nos plantea que el PTS es el que “ataca” moralmente a PO… Esto sería gracioso para cualquier lector desapasionado, pero se transforma en algo más serio cuando después de las injurias quieren utilizar esa supuesta “cuestión moral” para impedir el normal funcionamiento del FIT.
Nosotros expresamos por escrito a la dirección de PO que no tenemos ningún cuestionamiento moral a su organización, sino que consideramos que cometieron un grave error político. También rechazamos la calumnia de decir que “la dirección del PTS mandaba (¡sic!) a sus militantes a difamar por las redes sociales”, pero que esta supuesta campaña consistía en “promover injurias anónimas (¡¡sic!!) por las redes sociales”, lo cual de por sí quita seriedad a la discusión, ya que nuestra tradición es expresar por escrito en nuestros materiales las posiciones políticas. El PO tiene una larga tradición en considerar las diferencias políticas como problemas morales (¿será porque opinan que tener diferencias políticas con las posiciones de la dirección del PO constituye un agravio moral?). Somos un frente compuesto por tres partidos con diferencias que nunca hemos ocultado y que discutimos de cara a la vanguardia con el mayor de los respetos. La discusión abierta y dura nos parece un mérito del FIT. Los insultos desaforados van por cuenta del que los utiliza.

Conclusión

Por nuestra parte, tomaremos los agravios verbales de GS hacia nuestra organización como productos de la ausencia de argumentos políticos serios, a no ser que toda esta “guerra de acusaciones” tenga un carácter distractivo para tener “manos libres” y seguir actuando como en CABA (también en Córdoba), donde IS y nosotros nos enteramos por los diarios del “proyecto del FIT” sobre la “emergencia eléctrica”, sin darnos la menor explicación. Hacia esto apunta que también hayan “ninguneado” a los compañeros de IS, con quienes no discuten ningún “planteo moral”, incluso comparten la posición sobre bloque único del FIT y participaron en común en el acto con la CTA del 19.
Al día de hoy la única bancada que reunió a los tres partidos y discutió la actividad parlamentaria fue la de provincia de Buenos Aires. En Capital solo hubo reunión por el pedido insistente de IS y nosotros luego de que el proyecto de Ramal fuera público (y no estuvieron dispuestos a cambiar ni una palabra).
Camaradas del PO: el FIT tiene la obligación de denunciar la política burguesa y promover el parlamentarismo revolucionario para desarrollar la actividad extraparlamentaria del movimiento obrero y de masas como planteaba la Tercera Internacional. Es hora de terminar con discusiones inconducentes y abocarnos a la tarea para la que fuimos votados.

1 Lenin, Las tareas del proletariado en nuestra revolución.
2 Lenin, El programa militar de la revolución proletaria.

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